Por un trato ético a los dramas en televisión

Parece ser que después de ser archianunciada, el estreno anoche en Antena 3 de La Cúpula, serie de ciencia ficción-o-así producida por Spielberg, fue un superéxito. Personalmente, no me llamaba mucho la atención, pero es que además cada vez me cuesta más engancharme a una serie dramática. Y menos aún si se emite en prime time.

Las sitcom, las comedias en general, se construyen a partir de capítulos autoconcluyentes. Pero una serie dramática es diferente. Es necesario una constancia, un cariño. Un orden y concierto. Es posible ver varios capítulos seguidos de Dos hombres y medio correspondientes a temporadas diferentes y comprobar cómo Jake pasa de niño gordito a adolescente gañán en cuestión de 25 minutos. Pero cuando las prácticas de emisión son irrespetuosas con las historias dramáticas llegan los problemas, y más aún si hay flashbacks o cualquier otra alteración en el planteamiento dramático que complique el panorama.

La muy extendida costumbre, sobre todo en horario nocturno, de alternar capítulos de estreno con otros de reposición sigue, por lo que parece, el criterio de ahora-pon-uno-cualquiera-que-total-así-ocupamos-parrilla. Y no son pocas las ocasiones en la que si la audiencia no responde como se esperaba la emisión se retrasa un par de horitas, cambia de día, desaparece y vuelve a aparecer. El espectador medio, ese que, desengáñense, no tiene tiempo ni ganas de andar descargándose capítulos para verlos después todos seguidos y lo que quiere es entretenerse un rato sin complicaciones, se encuentra con ciertas dificultades para seguir las tramas, rellenar huecos, sacar conclusiones y tener la sensación de que por el camino no ha perdido el tiempo.

Así que tiendo a emocionarme lo justo con una nueva serie antes de comprobar que será posible seguirla sin sobresaltos. Por eso el [Enlace roto.], de momento, no me ilusiona demasiado. Y por eso valoro los esfuerzos que este verano ha estado haciendo Cuatro para proteger Scandal, bautizada como la serie del momento en Estados Unidos -otra más…-, donde esperan para el 3 octubre la tercera temporada y acaban de anunciar la incorporación de Lisa Kudrow al reparto. Y eso implica cierta apuesta a futuro.

Scandal va de una mujer superprofesional, superseria y superefectiva que se dedica a gestionar los conflictos que puedan afectar la imagen de sus clientes. De manejar a la prensa, elegir bien la corbata, descubrir que hay micrófonos ocultos, y almorzar con políticos. Bien, no es la serie definitiva pero se deja ver con mucho gusto. Entre otras cosas porque Cuatro, la cadena que la emite, le ha reservado el miércoles en prime time, respeta el orden cronológico de los capítulos y, al igual que hizo con Homeland, se ha propuesto que la mayoría de sus cortes publicitarios se limiten a tres anuncios. Tres. Los cortes se acompañan de elementos de continuidad y del hashtag #3spots para que el espectador comente en Twitter lo mucho que le gusta a) la serie, y b) que Cuatro no la mutile. Y los anunciantes deben estar contentos porque sus spots consiguen mayor notoriedad y la audiencia no le da al zapeo compulsivo. Todos contentos.

Esta estrategia no llega al mimo compulsivo con el que la cadena ABC trata a una de sus joyitas, Modern Family -atención este post de la semana pasada con las cinco razones por las que Phil Dunphy sería una excelente alternativa a Ben Affleck como el próximo Batman-, pero apuntala la imagen de Cuatro como una cadena que, pese a todo, pese a Mediaset, pese a ‘los manolos’, pese a Callejeros y Ola, Ola, sigue siendo de lo mejor que te puede pasar si eres una serie estadounidense. Compruébenlo mañana.

¡Alguien está haciendo bien las cosas!

A veces ocurre: un resfriado, un día malo, el cansancio acumulado o las ganas de no hacer nada nos conducen al sofá, y todo nuestro mundo real se difumina delante de la televisión, que nos acompaña hasta el final del día sin estridencias y nos permite despegarnos momentáneamente de las tensiones. Esa tarde pudo haber sido la de ayer, o cualquier otra. Y todas ellas usted, lector joven y dinámico, pudo encontrar consuelo en la muy coherente oferta de Neox, uno de las primeros canales temáticos que puso en marcha Antena 3 allá por el año 2005.

Neox es una de las pocas ofertas de la TDT que tiene claro cuál es su público: adolescentes, jóvenes… o cualquier persona a la que le apetezca ver esos programas que supuestamente gustan a los adolescentes y jóvenes. A saber, sit-coms, series de visionado fácil, culebrones juveniles, algún reality gamberrete y cine sin complicaciones. Puede que no le apetezca este menú a todas horas, pero si usted quiere pizza, ¿dónde mejor que en un restaurante italiano?

Los encargados de gestionar los contenidos de Neox lo tienen claro: están apostando por comedias de esas que podrían calificarse de culto –Me llamo Earl, Scrubs-, han acercado a la audiencia títulos estadounidenses que conocíamos sólo a través de internet –Cómo conocí a vuestra madre, Modern Family– y están al quite para hacerse con los derechos de emisión y programar series gringas, como Rising Hope, recién estrenadas incluso en Estados Unidos. Están comprando bien y programando mejor, construyendo parrillas en strip que permiten al espectador familiarizarse con los contenidos y fidelizar su cita. O por lo menos, intuir que cuando encienda la televisión se encontrará con contenidos de un corte homogéneo.

Sí, es cierto que también se nutre de reposiciones de El internado, Física o Química e incluso Aquí no hay quien viva, pero siempre con una lógica. También es verdad que la apuesta por Glee, serie musical con la que pretendían dar la primera campanada de la TDT les salió algo floja, pero en días como el de ayer obtuvieron un 2,6% de audiencia media y habitualmente rondan el 3%, lo cual le sitúa a la cabeza de las cadenas temáticas, sólo superada por la infantil Clan –e invitar a un menor de 1o años a que cambie de canal es un ejercicio peligroso, como cualquiera que lo haya intentado ratificará-. Neox está consiguiendo trabajarse una sólida imagen de cadena, que sus aún contadas producciones ex profeso se encargan de alimentar. Adviertan cómo el inminente Museo Coconut da lustre a la marca aún incluso antes de que hayan comenzado sus emisiones.

No estaría mal que sus programadores les echaran una mano a sus hermanos mayores, porque en Antena 3 van dando bandazos aquí y allá, hasta el punto de que cuando aciertan con una decisión parece fruto de la casualidad.

El único reproche que puede hacérsele a Neox está relacionado con la espantosa política de pauta publicitaria única, en virtud de la cual los anuncios llegan en mitad de una frase, sin que parezca importar la cara de tonto que se le queda al espectador. Sospecho, por otra parte, que sus responsables poco o nada tienen que ver con esta decisión. Pero de esto hablaremos en otra ocasión.