Telepríncipes de Asturias

Hace un par de semanas publicaba una entrada quejándome del poco fuste de gran parte de las piezas que pueblan los informativos digamos… serios. Si bien esto es más evidente en algunas televisiones que en otras, mi asombro ante los criterios periodísticos empleados para diseñar la escaleta va menguando, a base de haberlos visto forzados día sí y día también. Y pensando en esto, cayó en mis manos la columna mensual dedicada a la televisión que Ramon Colom firma en Fotogramas, que incluía una interrogación retórica que hago tan mía como la mayoría de las ideas de quien fue Director General de TVE en los noventa: “¿Por qué, en todo el mundo occidental, los telediarios duran 30, 40 minutos como máximo, y nosotros necesitamos media hora más?”. Con una pizca de colmillo, Colom se pregunta si los presentadores españoles son “tartamudos”, asegura que los Telediarios son tan largos que “ni los jefes de Prado del Rey son capaces de ver uno completo”, y que en las televisiones comerciales lo que hay “son, simplemente, no-noticias”.  

En otros momentos se afirmaba que un informativo debería incluir todas aquellos temas que al día siguiente ocuparán la portada de los periódicos. Ni menos ni más. Un espacio de este tipo habría de servir para echar un vistazo panorámico a la actualidad diaria. A mí me gusta el informativo de Pepa Bueno, pero cincuenta minutos de visionado escapan al límite humano de atención real. Y si le sumamos el rato largo de información meteorológico, ya estaríamos hablando de hazañas. Óiganse de nuevo aplausos para Colom, que “está de puestas de Sol, amaneceres y aguas que salen de su cauce hasta el gorro”. Porque en realidad, para anunciar si la semana que viene hará buen tiempo no hace falta un cuarto de hora -que por cierto, es la mitad de lo que dura el TeleNorte- . Por cierto, ayer Mónica López prácticamente pedía disculpas por anticipado, previendo un asumible error en la previsión –en el noveno minuto de los ¡10! que dura el espacio que presenta-; la gente es muy susceptible en puertas de las vacaciones. Y Ana Urrutia tampoco se queda a la zaga, sus largos minutitos también le corresponden día sí y día también, y por muy querida que sea por el público, de verdad que no hace falta extenderse tanto marea arriba, marea abajo, isobaras van y vientosur viene.

Pero qué quieren les diga, sobre todo en un día como hoy: casi prefiero bonitas instantáneas de admirable Naturaleza e imponentes tormentas, que la sesión casi diaria de las aventuras de la pareja principesca . La televisión, pública y privada, sigue preparando la pasarela necesaria para el hijo de Juan Carlos II, El Campechano, y en una seguro que nada improvisada campaña de imagen, le muestra junto con su esposa hoy en la entrega de un premio literario, mañana reunido con dirigentes más que discutidos -la Diplomacia, para los diplomáticos, por favor-, presidiendo un desfile militar o muestrándose cercano con los niños, recomendándoles que sean buenos, aplicados y estudiosos. Usted puede pensar que Barbie Princesa y su preparadísimo marido trabajan muchísimo, y es evidente lo apretado de sus agendas públicas. Pero piense que cada paso que ellos dan le será a usted servido en su informativo de confianza, entre noticias importantes, noticias menos importantes y noticias sobre Twitter. Para que se vaya acostumbrando, y tal…