Chicas de la tele

Como pueden suponer, comparto con bastante frecuencia transporte público con chicos y chicas universitarios así que, de vez en cuando, los observo de refilón durante el trayecto. No se trata de espionaje industrial: algunos son bastante ruidosos y a veces el libro que voy leyendo no es tan interesante como sus conversaciones. Ustedes también escuchan en ocasiones retazos de diálogos ajenos, así que no me afeen la conducta porque no soy más voyeur de lo normal. Porque hay momentos en los que es imposible no enterarse de lo que dicen, lo que hacen, lo que piensan y cómo se comportan.

Hoy, 8 de marzo, comparto con ustedes 20 minutos de autobús hace un par de días. Hora punta, ocupación plena. De pie, a mi lado, un chico y una chica; en segundo plano, una chica y dos chicos. El primero exhibía plumas sin un ápice de prudencia delante de su compañera, que le escuchaba entre arrobada y avergonzada; los otros dos chicos dedicaron el trayecto a “bromear” con su compañera de clase, a la que de paso manoseaban, empujaban e incluso llegaron a tirar del pelo, entre risas. La chica les seguía el juego pero se le notaba bastante incómoda y creo que sintió alivio al llegar al final del trayecto.

No pretendo con esto ni generalizar ni sugerir apuntes para un tratado sobre el comportamiento juvenil, los estereotipos de género o las relaciones desiguales entre hombres y mujeres. Pero permítanme que arrime el ascua a mi sardina, ahora que llevo oyendo demasiadas veces que la juventud está dando la espalda a la televisión, que le dedica menos tiempo y prefiere echar las horas, muertas y vivas, a las redes sociales y a Internet en general.

Porque no es cierto: porque mes a mes, a lo Serguéi Bubka, se baten récords de consumo televisivo diario; porque en febrero en Euskadi se vieron, de media, 262 minutos de televisión al día -259 en enero, y [Enlace roto.]-, y los sectores de audiencia más jóvenes no se quedan atrás. Porque Internet no sustituye a la televisión, sino que permite ver, en descarga o en streaming, los mismos contenidos a la hora que más convenga -y esos minutos no los computa un audímetro-. Porque El Barco es El Barco y Mario Casas es Ulises en Antena 3 y también en la pantalla del portátil mediante el cual cualquier adolescente hace los deberes o pasa los apuntes a limpio.

Telecinco es la cadena líder entre mujeres y en el target comercial, arrasa en el País Vasco y es la favorita de los televidentes de 13 a 44 años. Y además de lo que se aprende en casa, en la escuela y con el grupo de pares, parte de lo que se ve en televisión cala como lluvia fina en nosotros. Y a veces, el chaparrón resulta de todo menos ejemplar. Sólo hagan el esfuerzo de analizar cómo son tratadas las chicas y las mujeres jóvenes en gran parte de los programas de televisión -y no me refiero únicamente a Mujeres, Hombres y Viceversa, que daría para un capítulo aparte-. Probablemente se den cuenta de que tanto en ficción como en entretenimiento hay ocasiones en que las lecciones de igualdad y respeto se quedan en el muy deficiente, muy lejano o muy teórico. Y sin modelos a seguir a veces es complicado ser una chica y disfrutar por el camino.

Cerdos y gallinas de oro

Ayer la noticia corría como la pólvora: se había decidido el nombre para el nuevo circo que Telecinco empezará a emitir en septiembre. Y también se confirmaba que Raquel Sánchez Silva acompañaría en las labores de presentación al imprescindible Jorge Javier Fernández. El programa se llamará Acorralados, y es una versión hard de La granja de los famosos, cuyas dos ediciones españolas emitió, hace ya seis años, Antena 3. La premisa es similar a las nueve ediciones de Basetxea en ETB1, que estaba protagonizado por personas desconocidas para el gran público, angelitos comparados con la fauna que habitualmente pulula por realities y platós.

El programa ya cuenta con su entrada en Wikipedia en la que se explica su funcionamiento: un grupo de personajes famosos merced a la televisión serán encerrados en una granja que habrán de convivir durante dos meses sin electricidad ni agua corriente. Se enfrentarán a las tareas propias de una explotación agrícola del siglo pasado y el tiempo que les quede libre lo dedicarán a enfadarse entre ellos, a reconciliarse, a permitir que en el estudio de Telecinco se aireen sus trapos sucios o les organicen una pelea de barro, y quien pueda, a lucir palmito.

Con el paso a Telecinco y el cambio de productora -Gestmusic por Magnolia-, la modificación del nombre original se hacía imprescindible. El programa podría haberse llamado La granja de los polémicos, de los sinvergüenzas, de los farsantes… o simplemente La granja del estiércol, del que, como ustedes supondrán, no van a andar escasos. Pero han optado por Acorralados, así que quédense con ese nombre porque, como el formato tenga fortuna, van a encontrarse hasta en la sopa esta continuación de Supervivientes 2011.

Telecinco opta por Acorralados por la similitud que guarda con el programa que les ha dado de comer durante todo el verano, y por la facilidad y garantía que supone que lo lleve a cabo la misma productora -también responsable, por cierto, de Mujeres, hombres y viceversa-. Repiten, por tanto, cadena, presentadores, esquema de producción, criterio para seleccionar protagonistas de chuscas polémicas y voluntad de sobre-explotar hasta el más mínimo minuto de grabación. De Supervivientes 2011 se aprovecha todo, hasta el know how. Igualito a lo que pasa con el cerdo: el jamón de bellota va a beneficio de la cadena y la productora, y el público se queda con la casquería.