Publicidad: ni sabe ni contesta

Telecinco ha demandado a Pablo Herreros porque hace un año invitó a los espectadores a que pidieran a los anunciantes de La Noria que retiraran su publicidad del programa. El tema estaba superado, y yo diría que cerrado en falso porque después de los ríos de bits que corrieron, lo cierto es que entre La Noriay El Gran Debate, que lo sustituyó, no había suficientes diferencias como para plantearse un pasatiempo. En su momento la iniciativa se articuló a través de Internet, y aunque me pareció interesante también la consideré un pelín paternalista. Al fin y al cabo, no hacía falta ver el programa para juzgarlo, valorarlo y pedir no a la cadena, sino a los anunciantes, que le retiraran su apoyo.

En esa tesitura, las marcas no pudieron hacer otra cosa que dejarse llevar por una clara espiral del silencio que, por goteo, iba calificándolas como sensibles o insensibles en virtud de su legítimo interés: colocar sus anuncios ante el mayor número posible de público potencial.

El auténtico éxito de la campaña de Pablo Herreros habría sido que La Noria hubiese desaparecido por su falta de interés. Así el programa sucesor no hubiese sido planteado, al fin, como más de lo mismo. De modo que ahora que, de nuevo, es momento de campañas, en este caso de apoyo al bloguero –esta de Change.org lleva, en el momento en el que escribo estas líneas, 160.000 firmas-, de trending topics solidarios y de solicitudes a las marcas, de nuevo, para que retiren su apoyo en este caso al demandante Telecinco, lo realmente interesante es la posición de la AEA (Asociación Española de Anunciantes). A saber: déjennos en paz, que bastante tenemos con lo nuestro.

Los anunciantes consideran que esta guerra no va con ellos. Dicen respetar tanto la libertad de expresión como la de decisión, que ellos cumplen sus protocolos de autorregulación y que no vengan ahora a castigarnos por querer llegar a donde está la audiencia, que eso es lo que tenemos que hacer. Y parece que se van a mostrar firmes porque así como en la anterior ocasión los anunciantes que iban descolgándose de la pauta publicitaria de La Noria-y lo hacían a golpe de nota de prensa para conseguir una notoriedad que les venía que ni hecha de encargo-, en este caso de momento sólo Trivago se baja del carro. Y los demás ahí siguen, engordando las arcas de Telecinco para poder engordar las suyas propias… o al menos para no hacerlas pasar hambre.

Probablemente esta actitud sea cínica, pero a la vez es bastante racional. ¿Por qué castigar al mensajero? ¿Son los anunciantes quienes tienen que decidir qué se ve en televisión? ¿O las cadenas y los espectadores?