Fútbol para listos

Me llamo Estefanía y, lo confieso, no sé de fútbol. Por eso no suelo hablar del tema aquí: podemos hablar de audiencias de partidos, de rentabilidad social o de ilusión en rojiblanco. Pero no comentar un partido. Para eso están los narradores y los comentaristas, que son esas personas que otorgan sentido a las imágenes que ofrece la televisión y tienen sensibilidad para interpretarlas. Como Manolo Sanchís.

Sanchís cobra 6.000 euros por cada partido que comenta, y el último de ellos fue la final de la Champions League el pasado sábado 19:  Bayern de Munich-Chelsea -que no todo puede jugarlo el Athletic…-. La 1 retransmitió la señal oficial del partido, y en lugar de desplazar efectivos a Munich para cubrir este tipo de eventos “vistió” esa realización, que es común para todo el mundo -calculen 100 millones de espectadores-, desde un estudio de Madrid, con la narración de Sergio Sauca y los comentarios del exfutbolista. Esa realización ofrecía tanto en “los lances del juego” como primeros planos de jugadores e imágenes de espectadores y del palco de autoridades, e incluso del estadio. La ocasión perfecta para explicar, completar, comentar, ilustrar.

No sé de fútbol, pero sí soy capaz, como ustedes, de identificar qué es emocionante y dramático. Y hubiera agradecido todas esas historias que alimentan la épica de un partido como éste. Podría haber escuchado atentamente cuánto ha cambiado el Chelsea con un nuevo entrenador a mitad de temporada, cómo ha sufrido Robben las sucesivas ocasiones en las que se ha quedado con la miel en los labios. Cómo consiguió no sé qué jugador aclimatarse a la disciplina inglesa, y qué extraordinaria ha sido la trayectoria de este año de no sé qué otro cuando a punto estaban de darle por jubilado. Las diferencias entre la liga alemana y la inglesa explicadas con argumentos y algo de chispa. Cuestiones “trascendentes” y anécdotas relevantes o no tanto. Todo eso habría conseguido interesarme.

No sé de fútbol pero les aseguro que por 6.000 euros habría hecho un rastreo sistemático de informaciones y e incluso chascarrillos con los que complementar las imágenes. Probablemente me habría enterado de quién preside el Bayern de Munich, y así, cuando la cámara enfocara su cara no me habría quedado en blanco. Es posible que hubiese llenado un par de folios con cuestiones que podrían haber complementado la narración, con lo cual si algún espectador quitaba el volumen a la retransmisión se habría perdido información realmente valiosa. No habría tenido que esperar a que aparecieran en imágenes porcentajes y estadísticas para ofrecer alguna información al respecto. Y es seguro que encontraría a cientos de personas mucho más apropiadas que yo para realizar esa tarea. Y a ninguna de ellas se les habría escapado, ante un empate, un “el fútbol es así” digno de entrenador argentino echando balones fuera.

¿Se imaginan a Sanchís preparándose el trabajo? ¿O más bien con el Marca debajo del brazo? Ojear los titulares del Marca quizá sirva, entre otras cosas, para seguir los culebrones de turno que atañan a campos o despachos relacionados con el Real Madrid y el Barça. Pero no vale para comentar un partido en el que sólo intervienen un par de jugadores españoles. Resulta sangrante que en estos tiempos TVE siga apostando por comentaristas inapropiados y pagando minutas que voces no cualificadas no merecen. Los registros dicen que el partido fue visto en algún momento de su retransmisión por más de 11 millones de espectadores en La1, y algunas decenas de miles más en ETB1 que, al menos, asistieron a un producto digno relatado en euskera. No dicen cuántas de ellas quitaron la voz de su televisión.

El mismo día en el que nos enteramos de que TVE se ahorrará los magazines de producción propia durante el verano, 6.000 euros se iban por el desagüe. Y como diría una persona cuya experiencia en gestión doméstica valoro sobremanera, “la economía empieza por la sal”. Aunque tampoco de salero, precisamente, creo que ande sobrado Sanchís…

Fútbol de salón

Quizá recuerden que el año pasado por estas fechas Telecinco se enfadó muy mucho porque consideraba imposible competir con los 36 millones de euros por año que TVE firmó por emitir dieciséis partidos de cada temporada de la Champions League entre 2012-2015. Les parecía demasiado dinero -lo cual a principios de este mes no les ha impedido plantearse la compra, por una cantidad equivalente, de los derechos de emisión de la Fórmula 1 que soltaba LaSexta, pero eso es otra historia…-.

RTVE tiene que ahorrar 200 millones del presupuesto con el que contaba para este año, así que su Consejo de Administración aprobó la semana pasada una serie de medidas acordes a la situación: un 10% menos de directivos y supresión de sus coches oficiales, bajadas de sueldos para la plantilla acordes a los salarios, reducción de las retribuciones de los presentadores estrella, moderación en las dietas para colaboradores y tertulianos. Probablemente lo que de ese ahorro se derive sea poco más que el chocolate del loro, pero es una declaración de intenciones.

En marzo el Consejo tendrá que decidir sobre la continuidad de Águila Roja y Cuéntame, pilares de la cadena que acaban de terminar sus respectivas temporadas, lo cual ha generado algo parecido a una alarma social, y ha dado la posibilidad a los responsables de la programación de dar un metafórico puñetazo encima de la mesa: ¿que nos cierran el grifo? Pues vamos a ofrecer cine clásico en prime time, ya verán qué risas -de audiencia, ya…-.

Arriesgar el capital inmaterial acumulado por RTVE en los últimos años, en informativos y en series de éxito, no parece sensato. Si hay que recortar gastos, más lógico parece que se haga en elementos prescindibles. Y les aseguro que una ficción solvente y reconocida alimenta más la imagen de una cadena que las retransmisiones de fútbol en abierto, que hoy se emiten aquí y mañana allí aportando poco valor añadido a unas imágenes cuya impecable realización ya viene dada, repartidos los derechos de las competiciones entre distintas empresas y soportes. ¿Recuerdan en qué cadena vieron la semana pasada el Athletic-Mirandés? ¿Y en qué cadena siguieron la final de la Copa de hace tres años? ¿Y les importa? ¿O lo que importa de verdad en esas circunstancias es el resultado, son los colores, la espectacularidad de las jugadas, el regate prodigioso, con quién se ve el partido o el recuerdo que se tiene del mismo.

Las retransmisiones deportivas, el fútbol en particular, suelen conseguir astronómicas audiencias que suben la media y complacen la estadística. Pero donde de verdad se elabora la personalidad de la cadena, se trabaja a medio plazo y se incide en la percepción de los espectadores no es emitiendo partidos de fútbol, y menos cuando se conoce la remuneración de algunos comentaristas -derechos de emisión aparte-. O cuando se comprueba que aunque la narración no sea in situ, la audiencia ni se inmuta. El martes, primer partido en el que Sergio Sauca y los suyos ahorraron un pico a RTVE quedándose en Madrid en lugar de viajar a Alemania, el partido de Champions League tuvo un 35% de share. Y no olviden que la economía comienza por la sal…