Hacer el bien

Vaya por delante que he esperado un par de semanas desde el estreno de Entre todos, en la sobremesa de TVE1, para animarme a juntar unas letras sobre este supuesto mirlo blanco que nos vendieron como una auténtica “joya de valores”. Por si la cosa mejoraba. Allá por el fin de agosto se estrenaba como una de las principales novedades de la cadena, y un golpe de timón frente a la debilidad de las ficciones que la pública llevaba ofreciendo desde el final de Amar en tiempos revueltos y su consabida transformación en Amar es para siempre, ya para Antena 3.

Revolución (o así): después de chopocientos años sirviendo culebrón tras las noticias, TVE1 se arrancaba con un programa en directo. Y nada de un programa cualquiera, sino un espacio solidario. Sobradamente rodado en Canal Sur -mismo planteamiento, misma presentadora, parte del equipo…-. Tanto, que la autonómica andaluza incluso [Enlace roto.], aunque tras varios aspavientos todo parece haber quedado en agua de borrajas.

Cierto es que la descripción del programa no auguraba nada bueno: “historias humanas de superación, esfuerzo y generosidad desinteresada”; “un programa útil y positivo”, “televisión, al servicio del ciudadano que necesite ayuda». Llámenme cínica, pero estas mareas de solidaridad impostada me ponen inmediatamente en guardia. Así que cuando descubrí un telemaratón diario de dos horas y media no me pilló de sorpresa.

La presentadora, Toñi Moreno, es la simpatía en persona. En pantalla vemos a un desgraciado que recurre a la tele para conseguir juntar unos euros para poder seguir adelante y ella se encarga de animarle, nos cuenta lo difícil que ha sido su vida, intercala sonrisas con bromas, le cuenta al público como si tal cosa que ha comenzado a ir al gimnasio para ponerse bombón y que recorre el plató en zapatillas porque no puede utilizar tacones, y le pide a usted, al otro lado del aparato, que sea solidaria. Que llame, que ayude. Que haga el bien. Porque es maravilloso estar rodeada de tantas personas que desinteresadamente donan cien euros, doscientos, unas muletas viejas, una litera que ya no usan. Cada cual lo que pueda, que aporte algo a la causa. Interviene Javier Urra. Entran llamadas de telespectadores que quieren hacer el bien y Toñi, la antidiva, se alegra, se emociona. Es evidente que la música pastelona de fondo resulta efectiva. Usted, en casa, también se queda enganchada: ¿cuánto tiempo más seguirá dándole palique al benefactor anónimo, ese que quiere contribuir a sacar del arroyo al desgraciado? To er mundo e güeno, «y menos mal, porque con la que está cayendo…». Y así, más de dos horas de niños enfermos, madres adolescentes, abuelos coraje y cornadas de la vida.

Lo que más me sorprende de Entre todos, ahora que lleva varias semanas en antena, es que TVE siga sin apearse del burro y continúe aprestándose, cual oficina de prensa rauda y eficiente, a dar cuenta de los logros del programa: Alicia consigue una silla elevadora para su hijo con parálisis cerebral, Giovanna reforma su casa gracias a la solidaridad

Entre todos tuvo ayer una audiencia del 7.5%: 874.000 espectadores. Lejos quedan los líderes de la franja, ambos en Antena 3: Amar es para siempre primero (1.750.000, 14,4%),  El secreto del puente viejo (2.036.000, 18.6%) después. Lo deseable de verdad sería que todo el mundo sin excepción pudiera elegir a qué culebrón engancharse, los de ficción o los que realidad -a la misma hora, Sin ir más lejos (ETB2) y Sálvame (Telecinco), por ejemplo- sin necesidad de escenificar su desgracia y ponerse a pedir en la puerta a quienes pasan por ahí, dispuestos a ayudar a título personal, probablemente bienintencionados, pero sin cuestionar desde la raíz las injusticias, la pobreza o qué hay detrás de la penuria.

Entre todos no es solidaridad: es show barato llenaminutos. Sería auténtico servicio público, y realmente pondría el dedo en la llaga si cuestionase los porqués: ¿por qué la Ley de la Dependencia no se aplica cuando es preciso? ¿Por qué no hay ayudas sociales que garanticen la calidad de vida de los enfermos? ¿Por qué no funcionan adecuadamente los servicios sociales? Eso, y no lo bonito que es hacer el bien, es lo que yo querría escuchar en una televisión pública. Todo lo demás es palabrerío hueco y caridad.