La pluralidad era esto

A partir del 6 de mayo desaparecen nueve canales de la TDT cumpliendo una sentencia del Tribunal Supremo. Otros tantos penden de un hilo. El “terremoto” televisivo lleva semanas trayendo de cabeza a la industria, la prensa más o menos especializada, la Academia de la Televisión y, ahora, con el spot de denuncia pergeñado por Atresmedia, es de suponer que la mayoría de la ciudadanía está más o menos al tanto de que “algo” va a pasar.

En 2010 el gobierno español del momento, aquel que comandaba Rodríguez Zapatero, otorgó el derecho a un múltiple completo de televisión a todos los licenciatarios: Antena3, Cuatro, Telecinco, laSexta, Veo TV y Net. En aquel momento, la Ley General de Comunicación Audiovisual exigía que para otorgar canales hubiese un concurso. Y que fuese el ganador del mismo quien obtuviera el derecho a explotar nuevas cadenas. Pero aquel procedimiento no se siguió: los canales se otorgaron sin concurso, al margen de la ley.

A partir de ahí se puso en marcha un proceso de subsanación de una decisión errónea, mal tomada. De un “error administrativo”. Pero tú ve funcionando, da por hecho que el tema no va contigo, otorga personalidad a esas cadenas que te han caído del cielo -es un decir-, encuéntrales un sitio en tu estrategia multicanal. Y ahora que, tras los trámites administrativos y judiciales, llega la sentencia del Tribunal Supremo que dice que tienes que renunciar a ellas, quéjate de que el Gobierno te las cierra.

Probablemente, lo más extraordinario de toda esta historia es que haya conseguido compinchar a Mediaset y Atresmedia, que junto a Unidad Editorial, y a través de UTECA, anunciaban esta semana una demanda a la Administración por los daños y perjuicios derivados de la suspensión de esos canales. A todos les van en ello muchos cuartos en forma de ingresos publicitarios, porque se esfuman, entre otras, laSexta3, Xplora y Nitro, de Atresmedia, laSiete y laNueve de Mediaset, y con ellas la posibilidad de facturar publicidad por bloques.

Dicen, las empresas sobre el gobierno, que ya podría ser más laxo en su interpretación de la sentencia del Tribunal Supremo en lugar de hacerlo cumplir directamente. Y que lo que de verdad le importa es favorecer a los operadores de pago, por cable o por internet, y por eso ahora no les apoya ahora ni una mijita. Podría ser. Pero por favor, que no recurran ahora los señores de la tele al pataleo con el argumento de que restar canales implica reducir la pluralidad televisiva o el número de empleos en el sector. Pasados unos años desde que fuimos bombardeados con las bondades de la TDT, y desde que quien más quien menos tuvo que apoquinar lo que el antenista le pidió por poner al día su instalación o el vendedor por su nuevo televisor, pluralidad pluralidad no es lo que perdemos con la desaparición de las reposiciones de series en bucle, documentales gringos enlatados y monocultivo del culebrón viejuno.

No la perdemos ahora porque, honestamente, no la habíamos ganado con el desembarco de las nuevas cadenas, como deducíamos cuando hablábamos del tema en Radio Euskadi. Y además nos quedamos con la duda de si el gobierno actual, inmerso, dice, en la redacción de una nueva ley para el sector, es más papista que el papa o, efectivamente, prefiere velar por los intereses de la televisión de pago.

No es de extrañar que la protesta ciudadana al respecto, que pivota alrededor de Change.org, sólo esté suscitando un interés tibio. 85.000 firmas tras casi tres semanas no son desdeñable pero, desde luego, no auguran una matxinada. Quizá es porque, en realidad, ni nos importa tanto ni nos interesa perder lo que no teníamos.

TDT: llegó, vio y… ¿venció?

Este domingo Mertxe Peña le dedicaba en [Enlace roto.] una doble página al primer aniversario del apagón analógico . El 2 de abril de 2010 comienzó la era digital -que para 300.000 hogares vascos convive con la era de la televisión por cable-. Evidentemente, ya entonces gran parte de la ciudadanía vasca había accedido a la TDT. Seguro que recuerdan con cariño aquellos meses tan divertidos del «¿me compro un decodificador o ya aprovecho para cambiar de televisión?», «cómo elegir el mejor modelo, comparativa de precios y características» e incluso de reclamos locos: «¡con la compra de una batería de cocina, decodificador de regalo!».

La sustitución del parque de receptores analógicos por otros capaces de reconocer las señales digitales debería haber venido acompañada de cambios en la oferta televisiva. Y lo cierto es que las cadenas se han multiplicado y los espectadores hemos asumido que la ronda zapineadora puede llevarnos un rato más. Las empresas se han intentado ir posicionándose, ocupando sus frecuencias con contenidos para algunos públicos más o menos definidos -niños, jóvenes, mujeres, hombres…-, y el consumo de TDT sigue subiendo. Pero aún está en franca minoría con respecto al de las cadenas convencionales.

En el reportaje (aquí en PDF) se recogen varias opiniones respecto a este primer año: la de Manuel Campo Vidal -presidente de la ATV y director y presentador del programa Los anuncios de tu vida, los jueves por la noche en TVE1-, la de Javier López, gerente de Análisis de Barlovento Comunicación, la de María Zalbidea de Ateleus y la de quien suscribe estas líneas, entre otras. ¿A ustedes qué les parece? ¿Ha merecido revolucionar el patio? ¿Están bien aprovechadas las posibilidades que ofrece la digitalización de la señal? ¿El menor atisbo de tormenta les priva de la señal o se la pixela? ¿Hay más ruido que nueces detrás de este forzado paso adelante? Por de pronto, los hábitos televisivos de la mayoría no han cambiado . Pero sí vamos accediendo a más y más contenidos, las cadenas se atreven a utilizar a sus filiales como plataforma para hacer pruebas, los padres y madres en apuros saben qué cadena conviene enchufar para aparcar a los niños en caso de necesidad, y además casi todas las televisiones permiten activar opciones para ver las películas y series en idioma original, con o sin subtítulos. Y eso, amigas y amigos, no tiene precio…