La nada

Les aseguro que hoy pensaba hablar sobre lo sugerente que me parece que Maite Iturbe vaya a ser, según parece, [Enlace roto.]. Porque proviene de la producción audiovisual; porque es imposible no subrayar su perfil profesional por encima de consideraciones políticas; porque es “de la casa”, con lo cual se le entiende capacidad continuista para enlazar con la mejor tradición de EITB; porque ha dirigido el centro de Miramon, con lo cual es probable que tenga sensibilidad y determinación suficiente para dar impulso a la creación propia; y porque es mujer. Que aunque es un apriorismo, no me parece cuestión baladí.

También me habría gustado traer a estas líneas el estreno del programa de Ana García Lozano, que volvía ayer a las tardes de TVE1 con su eterno talk show sin, por lo visto, levantar muchas pasiones. Un 4,8% de audiencia no puede ser un buen comienzo. Sin embargo, voy a seguir con atención su evolución. Dediqué bastante tiempo al género de testimonios como para llegar a la conclusión de que una de sus características es que se intenta reinventar cíclicamente: lo hizo a finales de los 90, y es probable que tenga que volver a hacerlo ahora si es que pretende sobrevivir ofreciendo algo más que minutos de televisión a bajo coste.

Sin embargo, me encuentro con la noticia de que el programa de Antena 3 que pone a famosos a saltar en una piscina fue lo más visto ayer, y de que tenemos un nuevo artista multimedia dispuesto a dejarse despellejar a cambio de otro ratito más de gloria. Por supuesto que llevo tiempo leyendo informaciones, difundidas por goteo, referidas a Splash! -que, por cierto, se ha emitido en al menos otros siete países; en el Reino Unido por la ITV, cosas del formato (g)local-, sus participantes, su dinámica y su némesis en Telecinco.

Pero desde la distancia en la que me encuentro, sin posibilidad de tantear cómo respira el público, cuántas sonrisas displicentes provoca la sola mención de una recua de celebrities dispuestas a volver por sus fueros, o con cuánta intensidad se promociona el invento, les aseguro que el dato de audiencia no ha dejado de sorprenderme:  5.400.000 espectadores aguantando el bostezo a las doce y media de la noche para ver a Falete tirarse desde un trampolín. Así de trascendente. Ahí es nada. Esa es la nada. No tengo palabras.

Todas las entradas que, como esta, pertenecen a la categoría Una vasca en Oxford, están redactadas mientras disfruto de una estancia como investigadora visitante en el European Studies Centre de la Universidad de Oxford y observo, desde fuera, cómo somos y cómo nos ven.