Ni descafeinado ni desgastado

Fíjense en la teoría con la que me he encontrado estos días: la flojera de la actual edición de Gran Hermano podría estar motivada porque parte del público potencial, después de haberse aficionado a Gandía Shore, encuentra descafeinado el programa. Personalmente, pienso que esta suposición está un poco traída por los pelos: el programa de MTV, ríos de tinta aparte, consiguió en su momento de mayor esplendor un máximo de 948.000 espectadores. Gran Hermano 14, dirigido a un target que en parte coincide, pero supera al de Gandía Shore, está lejos de sus momentos de máximo esplendor. Pero aún así, y habiendo marcado su mínimo de audiencia el lunes pasado, sigue jugando en «la liga de los mayores».

Cierto es que observando la curva de las galas de Gran Hermano de este año la tendencia es clara: hacia abajo. De 19,3% de share en el estreno (3.061.000 espectadores) al 16,5% (2.506.000) de esta semana. Pero dudo de que esto se deba a que “la audiencia de Telecinco eche de menos ahora el sexo explícito, la violencia y el alcohol de MTV”, como sugiere El Confidencial Digital. Probablemente la bajada esté más relacionado con la estrategia de programación de Telecinco, cuestionada incluso por Mercedes Milá: al ser lanzado como killer format contra Antena 3 se ha encontrado con rivales que, por una vez, han estado más que a la altura: la final de Tu cara me suena y el estreno de Splash! Faletazo incluido.

Sinceramente, no aprecio demasiadas diferencias entre unos y otros. El supuesto color blanco y familiar de la oferta de entretenimiento de Antena 3 me parece más bien blanco roto o marfileño. La lucha cainita entre Telecinco y Antena 3 asfixia al resto de cadenas, que en ocasiones poco pueden hacer más que mirar los toros desde la barrera y aguantar el tipo intentando arañar un puñado espectadores algo más sibaritas.

Big Brother sólo ha llegado a catorce ediciones en Estados Unidos -donde preparan la decimoquinta para junio- y es previsible que en mayo lo haga en el Reino Unido, donde estas semanas han estado buscando estrellas a través de un casting (todo el mundo tranquilo, no se me ha pasado por la cabeza). Y aunque de manera periódica se oye la cantinela del desgaste del formato, pienso que en cuanto la competencia se relaje, Telecinco volverá por sus fueros con relativa tranquilidad. Su maquinaria, esa que lo mismo sirve para promocionar el estreno de Llama a la comadrona este domingo como para engrasar el reality de turno, no descansa ni un minuto. Al tiempo.

Todas las entradas que, como esta, pertenecen a la categoría Una vasca en Oxford, están redactadas mientras disfruto de una estancia como investigadora visitante en el European Studies Centre de la Universidad de Oxford y observo, desde fuera, cómo somos y cómo nos ven. 

¿Se deshincha La que se avecina?

La que se avecina era una de las apuestas de la temporada de Telecinco. Es una veterana en la parrilla de la temporada: aterrizó en abril de 2007 después del relativo culebrón que se montó cuando la empresa gestora de la cadena compró parte de Miramón Mendi, la productora que hasta entonces había hecho triunfar Aquí no hay quien viva en Antena 3. Desde entonces sus tramas se han ido perfilando, ha surgido algún personaje memorable, los guionistas han acertado con algún que otro latiguillo de los que acaban por pasar a la calle, y en general, podemos considerarla exitosa. Sólo eso justifica su renovación, curso tras curso.

Al mismo tiempo, la buscada sobreactuación de sus actores se ha puesto al servicio de unas historias más y más soeces. De un lenguaje más y más chabacano. De un guión más y más zafio. Dicen del equipo técnico y artístico de La que se avecina, como decían también del de Aquí no hay quien viva, que controla exhaustivamente cada frase, cada gesto, cada momento que podría pasar por espontáneo. Así que lo que se ve en pantalla es exactamente lo que el equipo quiere trasladar: la versión en colores brillantes de una comedia propia de otra época. De la de Esteso y Pajares, más concretamente.

Así que comprobar cómo este año La que se avecina está perdiendo fuelle lunes tras lunes me hace pensar que quizá la audiencia esté un poco cansada de tanto pinchito, jamona, cuernos y topicazo. Por supuesto, la flaqueza de la serie sólo puede entenderse en términos relativos: anoche tuvo 3.989.000 espectadores. Pero su share, 21,7%, fue el mínimo desde el comienzo de esta temporada. Quizá el personal esté cansado, también, de una estrategia de programación tramposa que para no hacerla competir con Isabel (TVE1) -que es lenta pero al menos termina antes de que definitivamente nos caigamos de sueño-, ni con el comienzo de Tu cara me suena (Antena 3) -otro de los éxitos de la temporada- alarga el comienzo del capítulo hasta cerca de las once de la noche. Un lunes. Víspera de martes. No se equivoquen: no es por esperarle a usted, que llega del trabajo. Es porque la franja está competida y Telecinco no quiere repartir el pastel más de lo imprescindible y sabe que le va mejor cuanto más tarde.

En la mayoría de los países serios el prime time, horario de máxima audiencia, comienza sobre las ocho. De acuerdo, responda usted que las costumbres y los usos son diferentes según en qué lugar. Pero no creo que invitar al público a que alargue su jornada televisiva ofreciendo programas de relleno, de manera sistemática, antes del que se quiere ver de verdad, sea la mejor manera de predisponerle en positivo a presenciar enredos de revista. Y por supuesto, siempre quedarán varias eternas horas repetidas cada día en Factoría de Ficción para alimentar ese placer.