Las mentiras del duque de Alba sobre Gernika

El historiador Xabier Irujo defiende que, superado el negacionismo sobre el bombardeo de la villa en 1937, la corriente reduccionista continúa. En su último libro señala al duque de Alba como el relator de las mentiras de Franco

Un reportaje de Iban Gorriti

Franco ordenó mentir. También consumó este propósito en el caso del bombardeo aéreo contra la villa de Gernika-Lumo del 26 de abril de 1937. Al día siguiente, este general golpista se apresuró a dictaminar a su embajador no oficial en Londres, el duque de Alba Jacobo Fitz-James Stuart y Falcó, que difundiera en inglés dos mentiras más al mundo: que no existió aquel raid aliado y que los rojos quemaron la localidad vizcaina en su retirada. Sin embargo, el tiro le salió por la culata al castrense.

Así lo defiende el historiador Xabier Irujo (Caracas, Venezuela, 1967), quien recibió hace un mes el Premio Gernika por la Paz y la Reconciliación. “El duque de Alba no fue el ideólogo de Franco en Londres como se ha malinterpretado estos días. Fue Franco quien le mandó mentir a él”, asegura.

El duque de Alba, Jacobo Fitz-James Stuart y Falcó y en la otra imagen el dictador Francisco Franco junto con Eva Perón. Foto: DEIA

Los hechos documentados por Irujo acontecieron de la siguiente manera y a modo de efecto dominó. Tras el perverso bombardeo aliado coordinado por militares golpistas españoles junto con la aviación nazi e italiana fascista, el duque de Alba -el padre de la duquesa de Alba, Cayetana Fitz-James Stuart, fallecida en 2014- le urge a Franco que el Reino Unido conoce la verdad de lo ocurrido amplificado por los corresponsales internacionales. “Le dice que en Londres no se tragaban la versión de que Gernika no fue bombardeada. Allí, como en el resto de países democráticos, no había censura de prensa. No cabía la mentira”, enfatiza Irujo, autor del libro estrenado esta semana Gernika. Genealogy of a lie, versión en inglés de un volumen que publicó años atrás en castellano, y, en esta segunda vida, con inéditos datos.

Es en esa encrucijada cuando el XVII duque de Alba solicita a Franco un relato con apariencia científica en el que se admita que Gernika-Lumo vivió un “pequeño bombardeo, de unas 8 o 9 bombas, en vez de las miles que se arrojaron” y ‘denunciar’ que “los rojos aprovecharon para quemar con gasolina” la villa.

Este es el origen -según el analista- del Informe Herrán, un dossier traducido al inglés y publicado solo en este idioma para ser distribuido en Gran Bretaña. Como curiosidad, esta versión estaba en las antípodas de la “oficial” difundida en las mugas del Estado español, es decir: “Gernika no había sido bombardeada en absoluto”.

Sin embargo, las ópticas de cada militar implicado eran en ocasiones, incluso, contradictorias. No hubo una comunicación única por el bando sublevado contra la legítima Segunda República. “Queipo de Llano, por ejemplo, argumentó que no hubo bombardeo porque ese día hubo sirimiri y los aviones no podían volar. Pero hemos demostrado que ese día ni llovió, gracias a los documentos de la estación meteorológica de Donostia que entonces estaba en Bilbao”.

Aquel informe, a juicio de Irujo, es el germen del “reduccionismo” con ideas como que el objetivo era “derribar el puente de Errenteria, cuando el bombardeo fue un experimento”. El autor de esta primera obra de habla inglesa sobre esta temática desde hace medio siglo estima, no obstante, que ya no existe negacionismo. “No, ni entre la gente menos seria que sigue a autores como Salas Larrazabal, hermano de quien bombardeó Otxandio. Todo el mundo sabe que Gernika fue bombardeada, sin embargo el reduccionismo goza de excelente salud, dentro y fuera de Euskadi. Muchos autores siguen aún el Informe Herrán, propaganda pura y dura. No es fiable porque es obra de un régimen que trató de ocultarlo”, subraya.

El historiador lamenta que se indique, además, que Gernika era un punto estratégico bélico a destruir en el marco de la guerra y se reduce tanto la cantidad de bombas lanzadas como el número de aviones que participaron y otros detalles técnicos. De hecho, también se incrementa la altura de vuelo de los aviones, señalando que “el error se debía a que los lanzaron a 3.500 metros, lo cual no es cierto es, ya que está documentado que bombardearon a 800 metros”.

LOS MUERTOS EN GERNIKA Irujo pone sobre la mesa que la campaña de bombardeos en suelo vasco y catalán era, según el general golpista Mola, “una acción” para “extirpar el nacionalismo”. El de Gernika, una de las mas de 1.200 operaciones de bombardeo sobre territorio de Euskadi fue un “bombardeo de terror”, cuyo fin último era “minar la moral del enemigo” y exigir su rendición con la amenaza de seguir bombardeando y destruir Bilbao, así como arrasar Bizkaia.

El escritor analiza en su libro cómo se construye la mentira, sus inconsistencias, cómo se reproduce a día de hoy y “adquiere vida propia con pequeños ingredientes nuevos que diversos autores añaden haciéndola crecer a lo largo del tiempo”.

Irujo anuncia que este no va a ser el último libro sobre el episodio de Gernika. “Todavía hay mucho que escribir”, subraya y concluye: “Es importante dar un paso más en la lucha contra la mentira establecida. Hubo más de 2.000 muertos y fue un bombardeo de terror cuyo objetivo era el mismo que en Hiroshima: la rendición del enemigo”.

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