Sabino Arana y el euskera: ¡Qué dijo y qué dicen que dijo!

El padre carmelita Lino Akesolo afirmó en su día que no se puede conocer en toda su dimensión a Sabino Araba Goiri sin conocer su faceta como estudioso del euskera

Un reportaje de Gotzon Lobera Revilla

Desde que Sabino Arana toma conciencia sobre su situación respecto del euskera quedó avergonzado por no saber el idioma original de los vizcaínos y empezó a corregir ese vacío.

La situación social del euskera se le presenta como un espectáculo doloroso: el euskera, lengua originaria de los vascos, no tiene en su propio pueblo el nivel social ni la dignidad que por derecho le corresponde. Entonces, Sabino decide cambiar esta situación: quiere dar a la lengua vasca el lugar que le corresponde.

Para ello, Arana estudia e investiga el euskera, y, además, lo divulga. Lo hace en ambos ámbitos, sobre todo por el impulso que dio al euskera: la Resurrección Vasca (Euskal Bizkundea) posterior se debe a Arana. Hay pocos que no le hayan reconocido este mérito.

Sabino de Arana y Resurrección María de Azkue, junto a otros actores, en la representación de ‘Vizcay’tik Bizkai’ra’. Fotos: Sabino Arana Fundazioa

Realiza estudios profundos y los publica en revistas vascas o por su cuenta. Mencionaremos aquí Tratado etimológico de los apellidos euskéricos (inacabado, y, según Mitxelena, obra profunda e ilustrativa), Egutegija (el primero de pared), y Umiaren lenengo aizkidia (1897), trabajo en que encontramos al Arana renovador, estudioso y crítico exigente.

En sus Lecciones de ortografía del euskera bizkaino establece pautas sobre la influencia de la fonética en el metro vasco.

Por otro lado, Arana no es un seguidor ciego de Larramendi o de Astarloa. Así, Koldo Mitxelena, dice que el trabajo de Arana sobre el euskera no está bien estudiado. Según él, a menudo se le atribuyen opiniones que no son suyas. Le parece que sería muy útil separar las opiniones que se le atribuyen a Sabino de las suyas propias.

Larramendi encuentra un crítico severo en Sabino. Este criticará con rigor el trabajo de aquel, sobre todo por la necesidad de aquel de dar equivalentes en euskera a muchas palabras del castellano. Por ello, criticará igualmente el diccionario de Aizkibel. Y considera vergonzante el diccionario de Novia Salcedo.

Astarloa también encuentra un crítico en Sabino. De hecho, si rechaza y critica el vocabulario de Novia, lo hace porque cree que este sigue en exceso a Astarloa.

Para el hijo de Abando, las palabras no permanecen estáticas, experimentan variaciones por influencia de determinadas leyes. Arana no cree en la supuesta pureza del euskera.

Además, creará sus propias revistas y escribirá en ellas. Arana solo o en compañía de sus seguidores. Y lo encontraremos solo desbrozando los primeros caminos, en acciones singulares sobre el euskera, con nuevas ideas y por nuevos caminos. Veamos algunos de ellos:

Reforma de la ortografía

Se dice que realizó innovaciones contra los castellanoparlantes. De ahí la necesidad de crear nuevas palabras, de ahí una nueva ortografía especial para el euskera, de ahí el nuevo nomenclátor: la conducta de Arana es de pura soberbia.

Esta creencia tiene más de prejuicio interesado que de juicio riguroso. Por ejemplo, realizó la renovación y adecuación de la ortografía porque lo vio necesario: porque había que unificar los distintos tipos de ortografía que se utilizaban. Hoy en día no son pocos quienes creen erróneamente que había una única ortografía entre los escritores vascos, consolidada desde antiguo.

Esta creencia es falsa. Así, dicen que la letra k nunca se había utilizado en euskera hasta Arana. La verdad es que los escritores de Iparralde la utilizaban desde el siglo XVI. También era profusamente utilizada en Bizkaia, empezando por el bilbaino Juan Mateo Zabala (1777-1840) y el arratiarra de Area tza Pedro Antonio Añibarro (1748-1830).

Los esfuerzos de renovación de la ortografía vasca se iniciaron en Iparralde durante el siglo XIX, pero, aunque todos quisieran la unificación, no se conseguía, ni entre los mismos de Iparralde ni mucho menos entre los de Hegoalde y los de Iparralde. En esta situación aparecen los intentos de Arana, de Azkue y las asambleas transfronterizas de principios del siglo XX.

¿Y la letra h? Aquí también existe una opinión equivocada. Muchos creen que Arana odiaba esa letra. También esta es una falsa creencia. No, no quitó esta letra al dialecto que ya la tenía, pero no se la impuso al que no la tenía.

¿Y Euzkadi? Este nombre genera no pequeños líos y controversias. Algún erudito internauta asocia euzko con eguzki (sol), y dice que incorpora el sufijo -di para dar la idea de pueblo y tierra.

Evidentemente, este internauta es capaz de andar por el espacio, pero ni se acerca a las bibliotecas terráqueas. ¿Era tan complicado acudir al primer número de la revista Euzkadi, donde el hijo de Abando propone su terminología? Evidentemente, euzko nada tenía que ver ni con el sol, ni con la luna, ni con nada astral.

Se dice que el sufijo -di está mal utilizado, que no se usa más que en las plantas, que la z es inventada por Arana, que no ha sido utilizada anteriormente por nadie, que ya tenemos el nombre de Euskalerria, un nombre originario.

Acerca del sufijo -di, este ha sido usado en ámbitos que nada tienen que ver con las plantas. Joanes Etxeberri de Ziburu (siglo XVII) utilizó gizondia y uhindia. Euzcadia fue creada por Eusebio María Azkue antes del nacimiento de Arana, con otro sentido, es cierto, pero utilizando el sufijo -di en un ámbito que nada tiene que ver con las plantas.

Por último, acerca de la -z, encontramos Heuzcara y Heuzcaldun, en el siglo XVIII, en Iparralde. Así, con h, y con z. Arana aquí tampoco está solo, ni es el primero en utilizar dicha grafía.

Nomenclátor

El Nomenclátor de Arana recibió múltiples y acerbas críticas. Apareció en su calendario, no con la intención de traducir al euskera los nombres castellanos, sino para dar forma vasca a esos nombres.

Si se quería que el nombre distinguiera entre mujeres y hombres, se necesitaba una norma. Y Arana creó una. Él sabía que esta innovación encontraría grandes inconvenientes. Es de entender que a los que estaban acostumbrados a los nombres castellanos del sur del Bidasoa se les hiciera duro poner a los hombres nombres similares a los de mujeres. Por eso, puso otros finales a los nombres: Sabin, Mikel, Andoni, Iker…

En cuanto a estos nombres masculinos con terminación en -a, estos han sido muy utilizados por los escritores de Iparralde. El libro más editado en Iparralde es Ejerzizio. En la edición de 1857, encontramos Tita, Satira, Salma, Kalista, Sixta, Hipolita, Dominica… Tenemos otra buena cosecha en libros de los siglos xviii y xix: Moisa, Dositea, Anselma, etc. De los que tienen otro final también hay una buena cantidad: Seberin, Paulin, Sabin, Justin, etc. No está, pues, Arana solo y no resulta tan original ni tan exótico.

Hoy en día, el uso de los vascos ha dado la razón a Sabino Arana. ¿Son extraños los nombres de Joseba, Gotzon, Kepa, Mikel, Jone, Edurne, Koldo, Josu, Josune…? Es más, ¿no son cada vez más habituales, incluso entre los castellanoparlantes, los nombres de Iñaki o Iker?

A Arana se le ha achacado purismo, excesivo purismo. Arana crea nuevas palabras, no tantas, puesto que en cada publicación en que aquellas aparecen las enumera. Y muchas de las creadas por Arana siguen muy vivas: aberri, abertzale, abixen, azkatasun, euskeltzale, erdeltzale, garagardo, idatzi, zenbaki, etc. Decir que lo que Arana Goiri ha hecho en esta materia ha sido siempre perjudicial es decir demasiado.

Clima social y unificación

A comienzos del siglo XX, las asambleas de los de arriba y abajo del Bidasoa no tenían nada que ver con el euskera unificado, sino con la escritura u ortografía vasca. Y Arana estuvo presente en ellas. Lo que no se consiguió en aquellas asambleas, la unidad ortográfica, se consiguió más tarde, cuando se creó Euskaltzaindia, y, en gran medida, por el camino mostrado por Arana.

El problema de hacer el euskera más unificado lo anunció y explicó Arana en otra ocasión, cuando expresó su opinión sobre el nivel y situación que se debía a nuestra lengua en el ámbito social. Quiere que el euskera se convierta en la lengua de todos los vascos, en una lengua con todos sus derechos y para todas las funciones.

El euskera deberá implantarse en todas las escuelas, desde las inferiores hasta las superiores, en todas las asambleas y reuniones populares y en todos los documentos sociales. Y después de la idea, la acción, la acción para llegar al objetivo que se ha puesto: crear escuelas vascas, editar libros, difundir las canciones vascas, publicar revistas, en primer lugar, bilingües; luego, en euskera.

Por el camino de Arana discurre la acción de hoy: educación en euskera, redacción de los documentos oficiales en euskera, poner nombres vascos a los recién nacidos…

Y no olvidemos Euskaltzaindia. Para Arana, el principal cometido de una academia de la lengua vasca era trabajar, enriquecer y limpiar el euskera.

La muerte de Arana se produjo cuando Azkue publicaba su gran diccionario en Francia, y, aunque no era aranista, nos dejó dentro del diccionario el dolor que le generó la muerte de Sabino Arana, y su reconocimiento hacia él: “Malogrado y profundo vascófilo Arana Goiri”, dice en la introducción de la letra N.

Años más tarde, en un discurso sobre la poesía vasca, Azkue se pregunta a quién debía él que impartiera conferencias sobre música vasca, y a quién se debía la resurrección vasca: se debía al difunto Sabino Arana Goiri.

Después de la muerte de Sabino Arana, tanto Kirikiño como Orixe, ensalzan la labor del hijo de Abando en la recuperación del prestigio social del euskera. Terminemos con estas palabras de aita Luis Villasante, nada aranista, como final: “Él ha aportado sobre todo una fuerza. Una fuerza que se siente realmente presente y que ha sacudido hondamente la conciencia del país, impulsando a los vascos al trabajo por el cultivo y vida del viejo idioma”.

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