Eresoinka y la selección de fútbol Euzkadi

En el exilio, la comunicación del Gobierno vasco fue muy difícil por las mentiras de los franquistas. Dos iniciativas, una artística, Eresoinka, y la otra deportiva, la selección de fútbol Euzkadi, contribuyeron a luchar contra la desinformación

Un reportaje de Jean-Claude Larronde

Se lee en Euzko Deya: “Eresoinka es una palabra vasca que sintetiza los conceptos de canto, danza y acción. Así pues, Eresoinka es un resumen plástico y sonoro del pueblo vasco”.

Se crea Eresoinka el 22 de agosto de 1937 por voluntad del lehendakari José Antonio Aguirre quien escribe, hablando de Gabriel Olaizola: Llamando a un notable músico vasco, le hablé así: Es posible que nosotros no podamos salir de aquí. Pero por eso no ha de concluir la lucha, que quiero sea llevada también al campo artístico. Le encargo a usted salga inmediatamente para Francia y forme entre nuestros refugiados el coro más selecto posible.

Los miembros de Eresoinka no podían haber soñado con una directiva más prestigiosa: Manu de la Sota, presidente; Gabriel Olaizola, director del coro; Jesús Luis Esnaola, director del grupo de danzas; Enrique Jordá Gallastegui, encargado de los arreglos musicales; Antonio de Guezala, dirección escénica y decorados, y José Mari Ucelay, delegado de Bellas Artes.

Los ensayos tuvieron lugar en la localidad lapurtarra de Sara durante dos meses, en el otoño de 1937. Entre los 63 cantantes figuraban un tal Mariano González (el futuro Luis Mariano), segundo tenor, de Irun, con 23 años, y la contralto solista Pepita Embil, nacida en Getaria, entonces de 19 años, madre, algunos años más tarde de Plácido Domingo.

La primera etapa fue París, con cuatro espectáculos en la prestigiosa Sala Pleyel, los días 18, 19, 20 y 23 de diciembre, donde cosecharon un gran éxito. Había concebido Antonio de Guezala un cartel donde se leía: Eresoinka. Spectacles d’art basque. Figuraba arriba lo que sería el símbolo de la compañía, un hexágono con una hoja de roble con dos bellotas; tres personajes de perfil y un horizonte simbolizando el mar donde flotaba un barco de vela. En enero de 1938, Eresoinka se dedicó en París a preparar una larga gira. En Bélgica, actuó del 7 de febrero al 2 de marzo con trece espectáculos, la mayoría en Bruselas pero también en Gante, Amberes y Brujas. En este país aparecieron las primeras dificultades, porque aparte de la primera actuación en Bruselas, no se vendieron muchas entradas.

En Holanda, del 4 al 21 de marzo, Eresoinka actuó con diez espectáculos, especialmente en Ámsterdam y La Haya. Eresoinka volvió a París el 25 de marzo. Presentó quince espectáculos del 6 al 19 de abril, en el Teatro de París. El 10 de abril, la contralto solista Pepita Embil cantó por primera vez Aurtxo ttikia, creación de Gabriel Olaizola, la canción de cuna vasca.

Eresoinka fue a Londres para ofrecer en el Aldwich Theatre, del 13 al 25 de junio, 17 espectáculos. Inglaterra estaba en la vanguardia de la investigación sobre folclore. La agrupación disfrutó después de una semana de turismo en la capital inglesa. Pero todavía, a pesar del triunfo, los gastos eran superiores a los ingresos.

A partir del 4 de julio, los artistas de Eresoinka descubrieron su nueva residencia, el Château du Belloy, a pocos kilómetros de Saint-Germain-en-Laye, cerca de París. Se pudo tranquilamente preparar la gira por Iparralde prevista para septiembre, con dos representaciones en el Teatro Municipal de Baiona y una en el Casino de Biarritz. Eresoinka ofreció, en presencia del lehendakari Aguirre, un concierto de música sacra en la iglesia San Andrés de Baiona. La última función la dio el día 21 en Donibane Garazi. Esta estancia en Iparralde fue ocasión de reencuentros emotivos con familiares y amigos.

El otoño pasó en la calma del Château du Belloy. En las primeras semanas de 1939, realizaron 18 grabaciones sonoras. Muchas, como Agur Jaunak, Ama begira zazu, Boga boga, Akerra ikusi degu, Bigarren kalez kale, Aldapeko, Adio ene maitea, Goiko mendian, etc… quedaron como recuerdo clásico del repertorio vasco.

Eresoinka participó en el Aberri Eguna el 9 de abril en el Château du Belloy, en presencia del lehendakari Aguirre. El viernes 26 de mayo de 1939 fue la apoteosis en el Palacio de Chaillot, en compañía del grupo infantil Elai-Alai, ante 3.000 espectadores y en presencia del escritor François Mauriac, gran amigo de los vascos y de José Antonio Aguirre.

Pero algunos habían ya dejado la compañía, el movimiento se aceleró, y varios miembros se fueron a Venezuela. La disolución se produjo en agosto por motivos económicos. El 4 de diciembre de 1939, José Antonio Aguirre mandó una carta de agradecimiento y de felicitación al director, Gabriel Olaizola.

lA sELECCIÓN DE eUZKADI Se estudió la posibilidad de crear tal selección a partir de febrero de 1937, en conversaciones de José Antonio Aguirre con Melchor Alegría. No olvidemos que Aguirre había jugado 45 partidos con el primer equipo del Athletic entre 1921 y 1925 (entre sus 17 y 21 años). Por su parte, Melchor Alegría, entonces periodista deportivo, fue uno de los delegados del equipo Euzkadi en Europa y América. Se pensó enviar a Francia una embajada de futbolistas con un objetivo doble: dar a conocer en el exterior la situación política vasca (objetivo propagandístico) y recaudar fondos (objetivo humanitario). El primer partido se jugó el domingo 25 de abril de 1937, víspera del bombardeo de Gernika, en el Parque de los Príncipes de París. Euzkadi ganó 3-0 al Racing de París. Los tres goles los marco Isidro Lángara Galarraga, nacido en Pasaia, que había jugado en el Real Oviedo.

Junto a Manu de la Sota, que había sido presidente del Athletic, el jefe de la delegación era Ricardo Irezabal, vicepresidente de la Federación Española de Fútbol, quien había sido también presidente del Athletic.

El equipo jugaba con los colores de la ikurriña, camiseta verde con banda roja y pantalón blanco. El capitán de este equipo era Luis Regueiro Pagola, nacido en Irun, que jugaba en el Real Madrid desde 1931. El historiador Santiago de Pablo escribió: Aunque el Euzkadi representaba al Gobierno vasco y no al PNV, en la práctica, se identificó con este. En mi opinión, esta frase no es exacta. Lo que ilustra mi convicción, es que por ejemplo Luis Regueiro era republicano. Con ocasión de este partido, declaró este en la radio, alocución insólita en boca de un futbolista: ”Venimos de Euzkadi, donde nuestro gobierno que todos queremos y respetamos ha conseguido fácilmente que las ideas políticas y las creencias religiosas sean respetadas por todos”.

Se puede decir que se trataba de un Athletic reforzado. El Athletic había ganado la Liga en cuatro ocasiones -1930, 1931, 1934 y 1936- y la Copa cuatro años consecutivos, de 1930 hasta 1933. Muchos de los jugadores vascos habían sido internacionales con la selección española.

Otra gran victoria fue la conseguida el 23 de mayo, contra el Olympique de Marsella, campeón de Francia en 1936-37, por 5-2. La semana siguiente, Euzkadi conoció su única derrota en Francia, frente al club de Sète, bajo un calor asfixiante.

El equipo empezó su gira europea a principios de junio, perdiendo en Praga. En Polonia, el equipo jugó un único partido. En este país, muy católico, los jugadores vascos fueron tachados de comunistas y un segundo partido fue suspendido.

El equipo llegó a Moscú, vía ferrocarril, el 16 de junio. Su recibimiento fue apoteósico con ramos de flores y bandas de música. Es en este país donde recibió muestras entrañables de simpatía y hospitalidad por parte de las autoridades, pero también por parte de gentes sencillas. Desgraciadamente, tres días después de su llegada, el equipo se enteró de la caída de Bilbao. Es de destacar el partido en el terreno del Dínamo de Moscú, ante 90.000 espectadores, el 24 de junio, contra el Locomotiv. El partido finalizó a favor de Euzkadi por 1-5, con cinco goles de Luis Regueiro. También Euzkadi jugó en Bielorrusia, Ucrania y Georgia. El 15 de agosto, el equipo visitó una colonia de 500 niños vascos refugiados. Después, pasó por San Petersburgo, Helsinki, en barco hacia Estocolmo y en tren hasta Oslo. Jugó dos partidos en Noruega. El último partido en Europa fue en Dinamarca el 29 de agosto.

Así se acabó la gira europea de Euzkadi con catorce partidos ganados, dos empatados y cuatro perdidos. De regreso a Francia, Euzkadi fijó su residencia en Barbizon, cerca de Fontainebleau, a unos treinta kilómetros de París. En este momento se produjeron dos bajas que hicieron un gran daño moral: las de Guillermo Gorostiza y Roberto Echevarría. Estos dos jugadores no se atrevieron a decir a sus compañeros que abandonaban el equipo. Retornaron al País Vasco donde fueron bien recibidos por los franquistas. El resto de jugadores prepararon el viaje a América y se comprometieron a renunciar a la posibilidad de cualquier fichaje que en América se les ofreciera. La delegación vasca llegó a México D. F. después de varias escalas. Los primeros partidos en México, del 7 de octubre de 1937 al 9 de enero de 1938, se saldaron con ocho victorias, dos empates y dos derrotas.

Los jugadores llegaron a Buenos Aires el 20 de marzo de 1938. Quedaron en Argentina hasta el 4 de mayo, pero no jugaron ningún partido a causa de la oposición de la Federación Internacional de Fútbol (FIFA). El bloqueo en Argentina provocó, además del agotamiento de los recursos económicos, la crispación del ambiente, por lo que algunos jugadores abandonaron el grupo.

El equipo llegó por segunda vez a Cuba; jugaron ocho partidos hasta el 31 de julio, con seis victorias y dos derrotas.

A principios de septiembre se supo que la FIFA dejaba de perseguir a Euzkadi gracias a la Federación Mexicana de Fútbol que lo había acogido en su seno.

La selección vasca fue admitida a participar en la Liga Mayor de México D. F. en la temporada 1938-39, una competición formada por siete equipos. Euzkadi jugó en esta Liga doce partidos del 27 de noviembre de 1938 al 7 de mayo de 1939: siete ganados, un empate y cuatro perdidos. Euzkadi terminó segundo detrás del Asturias, campeón de esta Liga.

En abril de 1939, cada jugador vasco recibió 10.000 pesetas, unos 10.000 euros de hoy. Parece poco como salario para dos años, mucho más si comparamos con los salarios de los futbolistas profesionales de hoy.

Euzkadi disputó su último partido el 18 de junio de 1939. En esa fecha, ocho futbolistas vascos jugaban ya en Argentina. Otros jugadores fueron fichados por clubes mexicanos.

En aquellos años trágicos, Eresoinka y la selección de fútbol de Euzkadi fueron dos embajadas originales y pacíficas que dejaron en muchos espíritus una profunda huella y dieron a conocer al mundo el pueblo vasco y su causa.

Una excursión nazi truncada en Urkiola

Investigadores de la UPV/EHU sacan a la luz un suceso de abril de 1937 que evidencia la participación de la Legión Cóndor en la guerra en Euskadi

Un reportaje de Iban Gorriti

UNA metedura de pata de los pilotos alemanes llevó a que los republicanos tuvieran una evidencia más de que la Legión Cóndor apoyó el golpe de Estado que una parte de los militares españoles protagonizó en julio de 1936. El investigador Josu Santamarina resume aquel error geográfico como “una excursión que salió mal, fallida, con final sorprendente”, sonríe quien ha estudiado sucesos como este junto a otro colega de la UPV/EHU, Xabi Herrero.

El suceso ocurrió el 5 de abril de 1937. Tan solo cinco días después del bombardeo de Durango y tres semanas antes del de Gernika. La ofensiva con la que amenazó el general Mola echaba fuego. El encontronazo inesperado entre los aviadores germanos y milicianos podría ser una secuencia de cine. “Sí, tiene aire de película”, asiente Santamarina. “La foto ya muestra a un jeep con gerifaltes nazis que se topan con milicianos y hay un tiroteo. Esto lo hemos visto en películas de la Segunda Guerra Mundial, como hace poco Malditos bastardos o históricas como Doce en el patíbulo. Lo que pasa es que siempre lo hemos visto en Alemania, pero también ocurrió aquí, en Urkiola”, enfatiza el de Urrunaga.

El intérprete Paul Freese tras ser capturado por las tropas republicanas.Foto: diario ‘Euzkadi Roja’

El suceso ocurrió el 5 de abril de 1937. Tan solo cinco días después del bombardeo de Durango y tres semanas antes del de Gernika. La ofensiva con la que amenazó el general Mola echaba fuego. El encontronazo inesperado entre los aviadores germanos y milicianos podría ser una secuencia de cine. “Sí, tiene aire de película”, asiente Santamarina. “La foto ya muestra a un jeep con gerifaltes nazis que se topan con milicianos y hay un tiroteo. Esto lo hemos visto en películas de la Segunda Guerra Mundial, como hace poco Malditos bastardos o históricas como Doce en el patíbulo. Lo que pasa es que siempre lo hemos visto en Alemania, pero también ocurrió aquí, en Urkiola”, enfatiza el de Urrunaga.

Según relatan Herrero y Santamarina, un automóvil con cuatro miembros del grupo de caza 4.J/88 pasó a las líneas leales en misión de reconocimiento de un aeródromo republicano pensando que este ya estaba en poder de los golpistas. Sin embargo, al llegar a las proximidades de Otxandio, fue sorprendido en la carretera de Urkiola por la guardia republicana.

“Algunas informaciones apuntaban que, al percibir la guardia en el vehículo una bandera monárquica, comenzó a tirotear el coche con fuego de ametralladora y fusil, mientras el conductor nazi, al darse cuenta de su error y que probablemente sería capturado, o alcanzado por las balas, empezó a dar marcha atrás a toda velocidad para terminar cayendo por un pequeño barranco al ser herido por una bala”, agregan.

Cada cual sacó su pistola y el tiroteo duró minutos. Los republicanos no registraron bajas y sí los teutones, que acabaron apresados. “Sin embargo -enfatizan los investigadores-, otro relato de los hechos señaló que, mientras la guardia los apuntaba con sus fusiles, el conductor intentó virar en redondo dando la vuelta al coche. Los milicianos les hicieron levantar los brazos a los ocupantes, accediendo solamente tres de ellos, mientras que el conductor, Carsten Woolf Harling, se atrevió a disparar su pistola para defenderse, siendo alcanzado por un tiro certero que le causó la muerte”.

Los investigadores universitarios, que están concluyendo sus tesis, valoran que a los nazis en las fotos se les ve “pinta de juerguistas, de tener todo controlado, pero acabaron yendo a donde no debían”, e ilustran que entonces cada bando solía quitar las señales de las carreteras para que el enemigo se equivocara. “Este es un caso”, defienden.

Cuatro días después del incidente, el cadáver de Harling fue encontrado en la carretera de Otxandio a Mañaria tras ser abandonado por los gubernamentales. El chófer era el citado teniente primero de aviación Carsten Woolf Harling, que desempeñaba el cargo de inspector en el aeródromo de Gasteiz. Otro ocupante era el intérprete con graduación de capitán Paul Freese -llevaba 25 años residiendo en Zarautz, donde tenía una industria o era viajante de maquinaria-, que estaba conmocionado y herido grave en un brazo, falleciendo en el Hospital Militar de Bilbao donde quedó instalado. “Es curiosa la foto en la que le están dado agua. Se le ve con un shock postraumático. Siendo un traductor, se ve envuelto en un tiroteo con muertes. Es más, en un momento en el que los milicianos les tenían ganas”, manifiesta Santamarina.

Los otros dos ocupantes del vehículo eran los tenientes de Aviación de escuadrilla de caza Walther Kienzle y Godofredo Schulze Blanck. En la Comandancia de Durango prestaron declaración los detenidos sin mostrar inquietud alguna, de los que solamente Paul Freese conocía el castellano.

vivos Los dos supervivientes del suceso, Kienzle y Schulze, fueron conducidos a la cárcel de Larrinaga, donde el periodista sudafricano George Lowther Steer llegó a conversar con ellos. Entre los documentos y materiales capturados a los germanos, estaban el diario del joven Schulze, publicado de forma incompleta por la prensa internacional en un intento de cambiar la postura política francesa e inglesa respecto a la “no intervención” en España.

Este piloto había llegado a Euskadi en marzo de 1937. Su diario tras participar en la ofensiva contra Bizkaia dejaba opiniones sobre el territorio: “Fantástica belleza del paisaje, sobre todo en los alrededores de Vitoria. Salida para San Sebastián. Impresión enorme, maravillosamente situada a la orilla de un mar nimbado de montañas. Altas y bonitas casas, largas calles bien conservadas, buenos cafés, parques y plazas. Poca gente, como abandonada”.

Navegar en la costa vasca a finales de la Edad Media

El derrotero redactado a finales del siglo XV por el marinero francés Pierre Garcie cita una veintena de lugares de la costa de Gipuzkoa y Bizkaia, con dibujos y textos

Reportaje, fotografías y mapas de Michel Bochaca

En junio de 1484, el marinero francés Pierre Garcie, alias Ferrande, acabó de redactar un derrotero, equivalente atlántico de los portulanos del Mediterráneo. El manuscrito, hoy desaparecido, se conoce por la edición realizada en 1520 por Enguilbert de Marnef, librero e impresor de Poitiers. Se conserva un único ejemplar de esta primera edición en la biblioteca municipal de Niort (Deux-Sèvres). El libro conoció un cierto éxito y fue reimpreso varias veces hasta 1643. Todas las ediciones posteriores a la de 1520 se basan en esta.

La costa vasca según el Grand Routier de Pierre Garcie (mapa 1).

Se sabe poco de Pierre Garcie, marinero de Saint-Gilles-sur-Vie (hoy Saint-Gilles-Croix-de-Vie), pequeño puerto del Poitou (hoy Vendée). Nació en torno a 1440. Se desconoce su fecha de fallecimiento. En 1463 formó parte de la tripulación de un barco de Olonne. Cuando redactó el derrotero entre 1483-1484 había ascendido probablemente a patrón o a piloto. Su apellido y su mote, afrancesamiento de García y Fernández, indican un origen castellano. En el siglo XV, una importante comunidad castellana vivía en Nantes, a pocos kilómetros al norte de Saint-Gilles-sur-Vie.

La obra consigna instrucciones náuticas (distancias en leguas y rumbos a seguir entre puertos, profundidad del agua y naturaleza de los fondos marinos, presencia de bancos de arena y de rocas, orientación de las corrientes de las mareas…) para navegar desde el Zwin (l’Eclusa) hasta Gibraltar. Abarca principalmente el sur del mar del Norte, el canal de la Mancha y el golfo de Bizkaia. Describe rápidamente el mar de Irlanda y las costas portuguesas y andaluzas hasta el estrecho de Gibraltar. Pierre Garcie puso por escrito lo que adquirió de joven durante su aprendizaje y, al hilo de su carrera, como lo sugiere una de las escasas confesiones personales que se le escapan: “Lo sé por experiencia”. Considerando que sabe leer y escribir, es posible también que incorporara datos de otros derroteros que circulaban en su época entre marinos. La originalidad del suyo se debe a la presencia de 31 dibujos (xilografías) de lugares de referencia (cabos, islas, montes, algunos con una torre o una iglesia). A partir de una trama narrativa común a los pocos derroteros y portulanos conocidos a finales de la Edad Media, Pierre Garcie introduce desarrollos propios para los sectores que conoce bien. Las costas del norte de Castilla hasta el cabo Finisterre forman parte de este espacio familiar donde se intuye que navegó personalmente, entre otras las de Gipuzkoa y de Bizkaia.

A lo largo de unos 200 kilómetros de costa vasca, Pierre Garcie menciona una veintena de lugares. Completa su descripción con 16 de los 26 dibujos incluidos en el derrotero (mapa 1). Siete dibujos representan un monte situado más o menos lejos en el interior del territorio pero visible desde el mar e inconfundible con los montes cercanos. Unos son aislados (Larrun, peñas de Aia, el monte Ulia, el monte Izarraitz), otros agrupados como los montes que dominan Deba o los montes Jata y Jatatxiki. El perfil de las puntas y de los cabos incorpora la parte interior de las peñas, desde el monte Jaizkibel hasta el islote Amuitz para el cabo Higer o desde el monte Andutz hasta la punta Aitzandi cerca de Deba. Habitualmente, Pierre Garcie describe los montes, y a veces los dibuja, sin nombrarlos. Rompe tres veces con esta costumbre en la costa vasca. Peñas de Aia, que confunde con Larrun del lado francés, esta erróneamente llamada la Lune. La deformación del topónimo se repite con el monte Jata llamado Zadde. Pero Hyssaris evoca sin duda posible el monte Izarraitz. Pese a las aproximaciones onomásticas, Pierre Garcie estaba muy bien informado. También señala la presencia de una torre o de una iglesia para ayudar la identificación: el castillo de la Mota en la cumbre del monte Urgull, una capilla (Santa-Catalina) en la punta Aitzandi, otra en Getaria (San Antón) o en la isla de Izaro, cerca de Bermeo (Santa María). El dibujo más simple de la torre en la punta del cabo Matxitxako parece corresponder a una atalaya. Estos edificios revelan una presencia humana escasa a lo largo de un litoral rocoso, dominado por un tras-país montañoso y poco poblado. Todos los dibujos presentan las mismas deformaciones: exageración sistemática de la altura en comparación con la longitud, y talla exagerada de los edificios que son representados de manera simbólica.

Pierre Garcie contempla dos tipos de navegación: una norte-sur al venir de alta mar, la otra este-oeste siguiendo la costa. El primer tipo adopta el punto de vista de un marino que cruza el Golfo de Bizkaia de norte a sur. A partir de 8 puntos situados en las costas francesas, se describen 10 rutas que arriban a la costa peninsular entre el cabo Higer y el cabo Matxitxako (mapa 2). Una distancia en leguas marinas (5.555 metros según la medida establecida en la Época moderna), asociada a una dirección (uno de los 32 rumbos de la rosa de los vientos), define cada derrota. Por ejemplo: “La isla de Yeu y San Sebastián yacen norte y sur, y toma un cuarto de noroeste y un cuarto de sueste, y hay de uno a otro 66 leguas. La isla de Yeu y Machichaco yacen norte et sur y hay de uno a otro 68 leguas”. La formulación simple y repetitiva facilitaba la memorización de los datos, conforme a la transmisión oral de los conocimientos náuticos entre gente de mar. Para ir de la isla de Yeu, última posición conocida antes de perder de vista la costa francesa, hasta el cabo Matxitxako, el barco debía recorrer unos 370-380 kilómetros (204 millas náuticas), rumbo al sur. Se supone que durante la travesía el patrón o el piloto estimaba la posición a partir de la apreciación de la velocidad. Tenía que tomar en cuenta la deriva y los cambios de rumbos que apartaban el barco de la ruta directa norte-sur. En el caso de una travesía entre Yeu y San Sebastián había que dirigirse al sur un cuarto de sureste (168º 75’) 66 leguas (360-370 kilómetros o 198 millas náuticas). La precisión del compás era de un cuarto de viento, es decir de 11º 25’, lo que creaba un margen de error entre dos rumbos contiguos. A partir del ejemplo de una travesía entre Belle-Île y Santoña (80 leguas norte-sur), Pierre Garcie señala que por un cuarto de viento de desvío el barco se aparta de la ruta directa de 4 leguas por 20 leguas recorridas, de 8 por 40 y de 16 por 80. La difícil apreciación de las largas distancias, en general sobrevaloradas, introducía otro tipo de error. Aunque la conversión de las 68 leguas entre Yeu y San Sebastián da un resultado bastante exacto (370 kilómetros), son 360 los kilómetros que separan Yeu del cabo Matxitxako, 10 a 20 kilómetros menos de lo que suponen las 68 leguas. Los datos cuantitativos recopilados tienen que ser valorados en relación con los conocimientos de la época. Proporcionaban una ayuda que los marineros completaban con la experiencia práctica y una vigilancia visual.

Dibujos y textos Viniendo de alta mar, una vez avistada tierra, o bien haciendo una ruta este-oeste paralela a la costa, los marinos se orientaban visualmente ayudados por los 16 dibujos del derrotero, que van acompañados de descripciones textuales reconocibles desde el barco. La descripción de la topografía se apoya en formas y colores (fotos 1-5). “El Fier [cabo Higer] es un cabo y a los que son debajo del se muestra alargado et bajo en la mar. Fuera del, hay una pequeña isla cerca del cabo que se muestra como un farallón [Amuitz], y más arriba del Fier la punta próxima es tierra roja [punta Santa Ana]”.

“Sepa que entre Deva y Zumaya es tierra blanca en la costa”.

“Para bien conocer Lequeitio […] veras un pequeño monte puntiagudo que es dentro [monte Lumentza], antes que veas [la iglesia] Santa Catalina y antes que veas la isla de San Nicolás”.

Se indican cuatro fondeaderos con más o menos detalles para anclar en ellos. Pasaia, “abra de todas mareas”, ofrece una protección “de todo tiempo”. La presencia de “un bajo a la entrada […] hacia el oeste”, que no parece, obliga a entrar “en el medio”, con viento de oeste u oeste cuarto de oeste o con calma porque “hay grande resaca”. “Si quieres posar en Guetaria posa en el sureste de la isla [San Antón] y cerca, y tendrás protección [del viento] de norte, noroeste y de oeste, y te vendrá [el viento de] oeste suroeste entre la isla y tierra, y suroeste encima de la tierra y sur y sureste también. Y tendrás doce brazas y buena cogida [del ancla]”. Se menciona el abra de Lekeitio sin más detalles. En caso de una ruta este-oeste, el cabo Matxitxako ofrece una protección temporal contra los vientos contrarios soplando desde el suroeste hasta el noroeste: “posa en 12 brazas o en 14 y tendrás buen refugio”. Las maniobras complejas para entrar en Plentzia indican un fondeadero de difícil acceso al contrario del “abra de Bilbao” en la “bahía de Portugalete” (mapa 3).

Las distancias en leguas que separan distintos lugares aportan datos complementarios. Se podía anticipar la aparición del punto de referencia siguiente (cabo, punta, monte, fondeadero, edificio…) y adaptar la navegación según la fuerza y la dirección del viento, el estado de la mar o el momento de la marea. Así, a la altura del cabo Villano el patrón podía elegir entre varias opciones: ir a Plentzia, a Portugalete o a Castro Urdiales, o bien seguir su ruta hacia Cantabria y más allá, hacia Asturias y Galicia.

*Michel Bochaca acaba de publicar un libro dedicado a la navegación bajomedieval: ‘Michel Bochaca et Laurence Moal (dir.), Le Grand Routier de Pierre Garcie dit Ferrande. Instructions pour naviguer sur les mers du Ponant à la fin du Moyen Âge, Rennes, Presses Universitaires de Rennes, 2019’.

El matadero franquista que toneladas de tierra no taparon

La verdad acaba saliendo siempre a la luz, es el caso de las fosas navarras de Franco en Ollakarizketa de 1936 con testimonios que ponen la piel de gallina

Un reportaje de Iban Gorriti

APARECIERON dos coches, el primero con bandera nacional y una camioneta con toldo. Mi padre y mis hermanas se apartaron. Yo me quedé y vi los fusilamientos. Aquel día trajeron diecisiete esposados de dos en dos. Los metían como a corderos en la primera borda, la borda Roncal. Los sacaron ya sin atar. En la parte izquierda de la fosa, un pistolero le pegaba un tiro en el corazón y caía. En la parte derecha, el segundo pistolero le pegaba un tiro de gracia. Los echaban a la fosa medio tiesos, de pies, para que cupieran más”.

Trabajos de Aranzadi en la zona de Nafarroa donde se exhumaron tres fosas con 20 cuerpos el pasado septiembre.Foto: Pablo Domínguez

El escalofriante testimonio pertenece a Félix Echalecu, navarro que en 1936 fue obligado a cavar y tapar diversas fosas en Ollakarizketa tras presenciar diferentes ejecuciones. Hicieron, según narra, una fosa de unos 100 metros de largo por 0,60 de ancho y un metro de profundidad para enterrar los cadáveres. “La gente miraba para otro lado mientras los asesinos mataban con total impunidad”, agregan los investigadores del suceso Pablo Domínguez y Aiyoa Arroita, de Ortuella.

El lugar fue elegido para ocultar las muertes de, por ejemplo, sacas que se hacían del penal provincial de Iruñea y tal vez otros producidos por “paseos” de vecinos de lugares de la zona de Iruzkun, Valle de Juslapeña. “Se ha demostrado que las historias que se contaban de boca en boca eran ciertas, no una leyenda urbana inventada por los rojos republicanos”, dice Domínguez.

En la actualidad, este “matadero franquista” es también conocido como “coto redondo”. Es propiedad de Miguel Vidart Falcón, nieto del que fue alcalde, Pedro Vidart, cuando “se produjeron los viles asesinatos en noviembre de 1936”. La orden de cavar la fosa la recibió el propio alcalde del Gobernador Militar de Navarra, según han cotejado.

Domínguez transmite que los crímenes fueron presenciados por una pastora de nueve años llamada Plácida Ibero. Nunca olvidó el lugar donde los enterraron, “tras asesinarlos impunemente”, y que indicó personalmente en 1979. Testigos de aquella primera exhumación popular recuerdan, 40 años después, la enorme emoción que sintieron y lo que vieron a medida que excavaban en la fosa. “Entonces todavía quedaban vivos muchos hijos de fusilados. A algunos se les reconocía quiénes eran por la ropa, por las zapatillas”, afirma una testigo de las exhumaciones de 1979.

A juicio del investigador, siempre se supo dónde estaban las fosas de la borda de Ollakarizketa. Pero mantiene que durante la dictadura de Franco era impensable hacer algo por rescatar los cuerpos de los familiares sepultados. “El miedo estaba latente y los que ganaron la guerra ocupaban puestos políticos y sociales que impedían las inhumaciones de personas republicanas, pero que Franco sí hizo por decreto en 1936 para exhumar a los muertos de su bando. En el mismo se pedía un censo de desaparecidos de la guerra y encargar a un grupo de expertos un protocolo de exhumación, además de preservar por ley las fosas comunes para que no se construyera sobre ellas”, explica.

Sin embargo, en Nafarroa hubo lo que se ha denominado exhumaciones tempranas, que comenzaron en la posguerra en 1939-1941 con la actuación en fosas con autorización del Gobernador Civil, tal y como consta en los archivos. Las siguientes se llevaron a cabo en 1952, 1959 y 1964 con la recuperación de restos, incluidos los del alcalde republicano de Lizarra, Fortunato Aguirre, enterrado junto al cementerio de Tajonar. “Entre ellas no estaba ninguna de las de Ollakarizketa”, matiza Domínguez.

Estas primeras exhumaciones, según los especialistas, se hicieron más con el corazón que con la ciencia médico-forense y terminaron de forma brusca tras el golpe de estado de Tejero en 1981. “Regresó el miedo a una nueva masacre y se abandonó todo hasta el año 2000, cuando regresaron las exhumaciones, pero ya por medios científicos”, pormenorizan.

Pese a todo ello, en más de 80 años el propietario de la finca nunca ha hablado. “Lo que no sabían es que después, alguien relacionado con el terreno o con permiso de éste, alteró la superficie de las fosas que se veían a simple vista y las cubrió con toneladas de tierra, hasta una altura de más de un metro en algunas zonas. La intención no era ocultarlas, pues ya se sabía dónde estaban, sino dificultar el trabajo de buscarlas”, agrega.

“Fosas del odio” Pero llegó 2019. Y llegaron al lugar los técnicos especializados de la Sociedad Aranzadi con el antropólogo forense Paco Etxeberria y la arqueóloga Lourdes Herrasti a la cabeza, siguiendo un protocolo y dentro del programa de colaboración Institucional firmado con el Gobierno de Nafarroa.

Pablo Domínguez acudió al lugar el 30 de septiembre a ayudar con las exhumaciones como miembro colaborador de Aranzadi. “Lo que presenciamos allí fue dantesco. Había tres fosas localizadas junto al edificio pastoril. Una de ellas estaba casi excavada y con los restos de nueve personas asesinadas a la vista. Detrás había otra fosa múltiple que dejaba entrever los restos de, por el momento, cinco personas y un gran hoyo central de una época antigua donde en 1979 habían rescatado los restos de dos personas de forma parcial y sin tocar al resto”.

En total localizaron 20 cuerpos en esas tres fosas y “no 16 como informaron los periódicos ese día, a causa de la falta de excavación de la segunda fosa que no estaba visible en su totalidad”, confirma.

A pesar del hallazgo de las tres fosas este año y la que se exhumó en 1979, se cree que aún quedan más enterramientos por descubrir. “Se sospecha de otra con cerca de 16 personas en las inmediaciones y varias más con un número indeterminado de cuerpos cercanas a las localizadas. Son fosas del odio de un pasado reciente de nuestra historia que nos causan vergüenza en pleno siglo XXI”, lamentan.

Individuas Peligrosas

El relato de las mujeres republicanas presas en Amorebieta durante el franquismo

Un reportaje de Ascensión Badiola Ariztimuño

ES un día lluvioso y hace frío en el norte. Un grupo nutrido de mujeres, que se aprietan la ropa contra el pecho para no tiritar, desciende de los vagones de mercancías del tren en la estación de Amorebieta y se sumerge en la nube de lluvia. Ha sido un viaje duro en esos vagones que son para transportar ganado. Vienen de la estación del norte en Bilbao, pero antes de eso han sido obligadas a subir al tren en otros lugares de la península. De este primer grupo, la mayoría procede de Madrid, pero pronto llegarán muchas más de otros sitios.

Taller de costura de las presas en Amorebieta; a la derecha, expediente de Antonia Torres y Orden por la que se reconvirtió el penal en prisión central de mujeres.

Las mujeres forman en fila de a dos, con disciplina casi castrense y atraviesan el pueblo hasta un edificio situado en la plaza del Kalbario nº 4, custodiadas por guardias civiles y militares. Están flacas, demacradas, desgreñadas, con los vestidos sucios y los zapatos de barro y algunas llevan un bebé en brazos o están embarazadas.

“¿Quiénes son?”, se preguntan los pocos viandantes que circulan por el pueblo a esas horas tan tempranas y alguien contesta: “Creo que son rojas”. “¿Para qué las traen aquí?” -pregunta otro-. “No lo sé, pero parece que las llevan al antiguo seminario, que ahora es cárcel de mujeres”.

Así comienza el periplo de las republicanas enviadas a Zornotza a partir de septiembre de 1939, cuando ya ha acabado la guerra. Llegan desde todos los puntos de la España franquista y el primer grupo procede de la cárcel de Ventas de Madrid, donde ya no caben más presas. Las envían a las cárceles del norte, donde todavía hay sitio y pueden repartirse entre Amorebieta, Durango y Saturraran. La mayoría pasará por las tres cárceles y por otras muchas más, de entre las que integran el circuito carcelario creado por el Régimen para encerrar a todas las individuas peligrosas, que hayan sido calificadas como tal en el correspondiente consejo de guerra y condenadas a cadena perpetua o a penas desde seis hasta veinte años.

La de Amorebieta será solo una prisión más del entramado carcelario que se reparte por toda la península, desde la cárcel de mujeres de Girona, la de Oblatas de Tarragona; Les Corts en Barcelona; Santa María del Puig en Valencia; Can Sales en Palma de Mallorca, la prisión de mujeres de Málaga, la de Guadalajara; Las Ventas y La maternal de San Isidro, ambas en Madrid; otras cárceles castellanas, gallegas, asturianas… hasta las cárceles vascas: Saturraran, Amorebieta y Durango.

Todas ellas tienen en común el ser prisiones centrales o de cumplimiento de pena, diferenciadas de las prisiones provinciales existentes en todas las capitales de provincia y de las prisiones habilitadas, figura esta última recurrentemente utilizada durante la guerra para recluir a hombres y mujeres republicanos o sospechosos de serlo, que ya no caben en las prisiones oficiales, pero que a partir de 1940 serán sustituidas por las prisiones centrales, creadas por la Dirección General de Prisiones.

‘Hospital prisión’ Es el caso de la de Amorebieta que, instalada en el edificio carmelita construido entre 1931 y 1933 con el fin de servir como seminario sin que llegue a funcionar como tal por estallar la guerra, es en 1939 Hospital prisión de mujeres, una cárcel habilitada creada para descongestionar la provincial bilbaina, hasta que el 13 de marzo de 1940, el director general de prisiones, Esteban Bilbao Eguía, recibe la orden de reconvertir la prisión habilitada de Amorebieta en prisión central de mujeres que funcionará hasta su cierre en 1947.

A partir de ese momento, empezarán a llegar mujeres de todos los rincones del Estado español. Mujeres activas, políticamente hablando, como Tomasa Cuevas, afiliada comunista, pero también mujeres campesinas que no saben leer ni escribir y cuya única relación con el marxismo tiene que ver con haber llevado comida a un hermano que pelea en el bando republicano en la zona de Santander, como es el caso de Palmira Marcos Abascal, acusada de auxilio a los guerrilleros de Cabárceno y enviada a Amorebieta. También habrá andaluzas que han robado los mantos de la Virgen en su iglesia para confeccionarse vestidos con los que ir guapas a visitar al marido a la cárcel, o han saqueado objetos eclesiásticos de valor, como cálices, cruces, portacirios, para revender y alimentar así a la prole, que tiene hambre.

Muchas son analfabetas, pero las hay enfermeras y maestras republicanas, que serán las encargadas de alfabetizar a sus compañeras dentro del programa de redención que se establece para reducir condena por día de trabajo, como es el caso de Marina, la madre de la entonces niña Marina García, encarcelada en Amorebieta.

El sistema carcelario franquista pone especial énfasis en la moralidad y la reeducación en prisión con arreglo al modelo de mujer defendido por el Régimen. Se acabó lo de no oír misa, o lo de ir vestida de miliciana o lo de intentar equipararse al hombre en el trabajo y en la calle. A partir de esta reeducación moral, las mujeres encarceladas aprenden los nuevos valores, los nuevos cantos, los nuevos gestos, como el del saludo brazo en alto, las oraciones… La nueva moralidad consistirá básicamente en ejercer las tres obediencias: al padre, al esposo, y al sacerdote.

De todo esto se encargarán las monjas, que usarán los malos modos, con favoritismos para las reclusas que rezan en misa y castigos crueles para las presas que se niegan a rezar. La madre superiora de las Hermanas de San José, Simona Azpiroz, forma parte de la Junta de Disciplina y de ella dependen los castigos y las propuestas de libertad condicional de las presas a su cargo.

Simona Azpiroz censurará las cartas de algunas presas, su única vía de comunicación con el mundo exterior. Los motivos que argumenta en uno de los casos es: Antonia Díaz trabaja bien formando a las reclusas, dada su calidad de maestra, pero últimamente, dado su nerviosismo la hemos tenido que retirar, hasta tal punto de que algunas cartas de la citada reclusa han sido rotas sin ser enviadas (…) la deficiencia que muestra la reclusa es típicamente izquierdista, se niega a que su cuñado sacerdote meta a su hijo en un hospicio y de ahí las malas relaciones con su familia.

Y es que la reclusa Antonia Díaz tiene a su hijo fuera de la cárcel, seguramente es mayor de tres años, la edad reglamentaria en la que los hijos son separados de sus madres para entregarlos en adopción bien a la propia familia, bien a una familia del régimen o si no para quedar bajo la tutela del Estado. Hasta esa edad, los hijos permanecen con sus madres dentro de la cárcel, algunos incluso han nacido entre cuatro paredes, sobre el suelo donde da a luz la madre sin ningún tipo de asistencia.

El testimonio de Trinidad Gallego, una de las presas de esta cárcel, madrileña y matrona de profesión dice: En Amorebieta las madres solo ven a sus niños un ratito al día (…) Los oyen llorar, pero las monjas no les dejan ir. Y si los niños están enfermos, tampoco. Y la que pare va cinco minutos a darle el pecho, pero nada más.

Lo peor es cuando los bebés enferman y mueren. La cárcel dispone de un médico, pero este solo acude a certificar la muerte para solicitar asistencia de enterramiento de beneficencia al ayuntamiento de la localidad. Así le ocurrió a la presa Julia Manzanal, una cigarrera madrileña, que llega a Amorebieta por haber sido miliciana comunista, cuando ve morir a su hija de nueve meses, sin que acuda nadie a remediarlo y tras haber pedido auxilio a gritos durante toda la noche. El médico certifica muerte por sarampión y las monjas le prohíben dar el último adiós a su hija muerta por ser “de las que no comulgan”.

Los niños ‘no existen’ Los niños solo adquieren identidad si están muertos y solo al ser registrados en el Juzgado de Paz, si no, no existen. Están junto a sus madres, pero no están inscritos en ningún sitio. Sus nombres ni siquiera figuran en el oficio que la superiora de la cárcel redacta para permitir la salida del cadáver del edificio ni en la solicitud al ayuntamiento para el enterramiento. El cuerpo anónimo es llevado en un carro con una mula hasta el cementerio. Alguna de las presas, como Tomasa Cuevas, cuando sale de Amorebieta y es conducida de nuevo a Ventas, llama a esta cárcel del norte El cementerio de las vivas.

No tienen nada que perder. El tiempo pasado en Amorebieta es un tiempo huero, desafortunado. El sufrimiento y la disciplina les ha hecho perder peligrosidad, como quien muda de piel y algunas han aprendido a leer y escribir, incluso han recibido instrucción elemental y educación religiosa básica. Cuando salen son menos peligrosas, aunque habrá que vigilarlas.

Cuando se clausura la cárcel en 1947, las mujeres regresan al tren, algunas para volver a sus casas en libertad vigilada; otras para ir al destierro y el resto, con destino a otra prisión, la de Segovia, más nueva y moderna, pero también más fría y hostil.

El castigo aún no habrá terminado para la mayoría.