El maqui que desfiló en París junto a De Gaulle

La trayectoria del gudari Kepa Ordoki, que marchó en la capital francesa tras la derrota de los nazis, fue tan excelsa que a veces realidad y exaltación se confunden

Un reportaje de Iban Gorriti

a la hora de escribir la Historia, los investigadores deben ser muy cautelosos. ¿Dónde cohabita la delgada línea roja entre la épica magnificada y la información aséptica contrastada? Cada día desciframos ejemplos más cercanos a la primera enunciación que a la segunda. Una muestra de ambas es la notable vida de Ordoki, gudari que se llamó bien Pedro o Kepa, nacido en Irun en 1913 y fallecido en Baiona en 1993. La labor de este militante de ANV fue tan excelsa que en ocasiones aquellas personas que loaban sus odiseas acababan en el filo de la verdad.

Desfile de las tropas aliadas en París tras la liberación de la capital francesa de la ocupación nazi.Foto: Efe

Antes de trasladar la impresión que personas vivas aún conservan sobre este mando de los históricos batallones vascos San Andrés y Gernika, y que acabó desfilando con Charles de Gaulle en París al vencer a los nazis, resumimos palabras que firmó desde el exilio venezolano Mario Antelo. A su juicio, Ordoki “fue incluido en unas 50 listas de fusilamientos, pero su ejecución siempre fue aplazada por diversas circunstancias”. Lo publicaba en un texto de 1945 en el que también aportaba otras cifras, cuando menos, llamativas. “Fue tres veces detenido por los alemanes” y consiguió fugarse. En una ocasión, los nazis “le obligaron a comer siete ejemplares del periódico clandestino Combat que llevaba consigo”. ¿Verdad o gloria?

El gudari portugalujo José Moreno fue uno de sus soldados, cuando Ordoki estaba al frente de la unidad San Andrés. “Recuerdo muy bien a Ordoki. Era un hombre, como se decía entonces, con muchos huevos. Era de carácter serio y muy buena persona. Le recuerdo cuando estábamos luchando en una ermita de Balmaseda. Él acabó escapándose y cogieron su testigo dos de Erandio, Juantxu y un tal Bilbao”, evoca Moreno, y pone énfasis en que le rindieron un homenaje en vida en Bermeo. “Comimos en el batzoki y allí fue la última vez que le vi, en aquel Gudari Eguna”, concluye el jarrillero que el 10 de noviembre cumplirá 101 años.

Ayuda a refugiados El gudari del batallón Gernika Francisco Pérez Luzarreta falleció el pasado diciembre a los 96 años. Poco antes de su despedida, narró a DEIA que en Pau se encontró con el afamado comandante Kepa Ordoki. “Era de ANV como yo, y venía con un grupo de vascos que estaba formando una unidad para luchar contra los nazis e intentar recuperar la República. Le pregunté cómo lo íbamos a conseguir, pero allá que fuimos”, aseveró.

En 1977 este diario entrevistó al comandante y le cuestionó la razón de luchar contra los nazis. Respondió tajante: “Porque yo era y soy nacionalista y antifascista cien por cien. Había visto aquí los barcos de guerra alemanes y sabía cómo se comportaban. Bien, el caso es que me lancé con unos compañeros a las montañas. Allí vivíamos camuflados y ayudábamos a cruzar la frontera a la gente que quería escapar de los nazis: a algunos los cogían luego los franquistas y los metían en el campo de concentración de Miranda. Había franceses, españoles y vascos conmigo. En el año 43 pedí al Gobierno vasco que me enviara a todos los vascos de la zona de Biarritz y con ellos organicé la Brigada Vasca”.

Después de mucho tiempo pegando tiros y pasando hambre, los de Ordoki entraron a formar parte del ejército regular de Francia, de Charles de Gaulle. Fue un acuerdo del Gobierno vasco y el galo. “Nos mandaron -respondía Ordoki- al frente. Nosotros íbamos con uniforme francés, pero con la ikurriña: nunca llevamos la bandera francesa. Sí, es verdad que me dieron la cruz de guerra, a otros compañeros también. El propio De Gaulle vino a felicitar a la Brigada Vasca por su comportamiento en la guerra. Nos mandaron desfilar por París”, detalló. Pero puso énfasis en que “yo estaba allí, pero nunca quise ir. Tampoco quería que me pusieran la cruz de guerra”.

Rendición nazi En la línea del frente, Ordoki era de pocas palabras, según defiende el gudari del batallón Gernika Miguel Arroyo, burgalés residente en Baiona. “Ordoki era parco en palabras y nunca hablaba de política. El sargento Carlos Iguiniz, también irundarra, siempre le acompañaba. Yo siempre estaba entre los primeros hasta el final de la Pointe de Grave donde se rindieron muchos alemanes”, trasmitía en 2016 en declaraciones a este medio.

Mario Antelo, desde Venezuela, recordó también el sino de los allegados del comandante. “Su familia, apresada en el barco Galdames en viaje de Francia a Euskadi, se hallaba igualmente encarcelada. Una hermana de 22 años pasaría siete en las cárceles de Saturraran, Burgos e Islas Canarias; otra hermana, de 15 años, dos en las de Saturraran y San Sebastián, y sus padres, dos años y medio en diferentes prisiones, sin otro delito que ser sus familiares. ¡Así era la justicia de Franco!”, enfatizaba.

A su entender, el relato de acciones como las de Kepa Ordoki nos invita a la reflexión y a preguntarnos si hemos sabido corresponder a aquel espíritu de lucha y de sacrificio contando estas historias. “¿No nos moverá la lectura de estos hechos a una curiosidad para editar sus biografías? ¿No creéis que los que pasaron por tales penalidades tienen derecho a no ser olvidados?”, concluye.

Pello María de Irujo Ollo: Historias de amistad y exilio

Pello María de Irujo vivió en primera persona la historia del nacionalismo vasco en buena parte del siglo XX, empezando por su época de estudiante en Lekaroz, siguiendo por los años duros de la Guerra Civil y el exilio en Argentina, y culminando con su regreso a Euskadi. Su hermano Manuel lo definió como “el arquetipo del resistente vasco”

Un reportaje de Mikel Ezkerro

Pello es el arquetipo del resistente vasco. Puede haber quien lo iguale, pero nadie que lo supere” (Manuel de Irujo). Escribir objetivamente sobre un amigo es difícil. Hacerlo sobre el mejor amigo de uno en la vida, y Pello Mari Irujo Ollo lo fue, es aún mucho más complejo.

Cuando en abril de 1949, con 39 años, pisó suelo argentino, debieron haber pasado por su cabeza, como si fuese una película, una serie de hechos que marcaron su vida hasta ese momento.

Recordaría la infancia en la casa familiar de Lizarra-Estella, Nabarra, donde su hermano mayor, Manuel, que le llevaba veinte años de diferencia, fue como su segundo padre, ayudando a la madre. Su progenitor, el doctor Daniel de Irujo Urra, que fue abogado defensor de Sabino de Arana Goiri en 1896 y 1902, falleció cuando Pello Mari tenía poco más de 1 año.

Pello Mari y Andrés Irujo Ollo, en la terraza de la Casa Irujo en 1936.Foto: Archivo Irujo-Amezaga

Le vendrían también a la memoria recuerdos de su etapa de estudiante en el colegio de los Capuchinos de Lekaroz. Durante esa época, en noviembre de 1930, se convirtió en uno de los primeros afiliados en Nabarra del naciente partido abertzale Euzko Abertzale Ekintza-Acción Nacionalista Vasca (EAE-ANV). En 1935 se graduaría en Madrid como abogado.

Llegando a Argentina, también tendría muy presente su actuación en Gipuzkoa, entre julio y septiembre de 1936, en los primeros momentos de la guerra incivil, cuando aún aquel territorio estaba bajo el control de la República. Y su participación en misiones de salvaguardia física de personas afectas al levantamiento franquista cuya vida corría serio riesgo, como en el caso del arzobispo de Valladolid, monseñor Gandasegui, un hecho que fue recogido por el canónigo Alberto Onaindia en su libro Hombre de paz en la guerra.

Igual que recordaría su detención en alta mar, en septiembre de 1936, por los franquistas y su posterior enjuiciamiento por un tribunal militar franquista que lo condenó a una pena de muerte. Esta decisión de los insurrectos haría que, entre otros, personalidades de América Latina pidieran la conmutación de esa pena capital, aunque no pudieron evitar que la condena le mantuviera en capilla durante más tres años, hasta noviembre de 1939. Tras ello, la estancia en prisión hasta 1943, cuando fue puesto en libertad, con la prohibición de residir en los cuatro territorios de Hegoalde.

Este exilio le alejó de su Patria y le llevó hasta Cuenca donde mataba el tiempo leyendo novelas de Pío Baroja. Fue allí donde recibió una tarjeta, firmada por Juan -en realidad Juan de Ajuriaguerra, líder del Partido Nacionalista Vasco-, que le invitaba con la frase bailar un vals a sumarse a la Resistencia Vasca.

Clandestinidad Pello Irujo sin duda recordaría, cómo tras esa invitación, pasó de inmediato a la clandestinidad en Madrid, formando parte de un grupo de patriotas vascos encabezados por Joseba Rezola, grupo del que asumiría su jefatura, entre 1944 y 1946, tras la caída de Rezola. Toda una época repleta de hechos propios de una novela, que le obligaron a pasar a Iparralde el 29 de septiembre de 1946. De allí se trasladó a París, desde donde partió hacia el este de Europa en calidad de agregado cultural de las embajadas de la República Española en Hungría y Bulgaria.

Era un largo y complicado camino el que unía su infancia en Lizarra con su llegada a Argentina. Seguro que todos esos recuerdos se agolparon en su cabeza en aquel momento. Lo que igual no se pudo imaginar es que aquel día iniciaba una estancia de 28 años en la República Argentina, la tierra que acogió y protegió a tantos miles de vascos.

Allí pudo, después de trece años, abrazar a su anciana madre, que fallece en 1950, a su hermana Josefina Irujo de Blanco y a su hermano Andrés María. Todos ellos ya vivían en este país desde la década de los 40.

En Buenos Aires comenzó a trabajar en la prestigiosa Editorial El Ateneo y en su tiempo libre ayudaba a su hermano Andrés, cofundador en 1941 con el doctor Isaac López Mendizabal de la editorial vasca Ekin. También se integró como guionista y asesor literario en la Agrupación Artística, Musical y de Danzas Vascas Saski Naski, dirigida por el donostiarra Luis Mújica, y que estaba conformada, entre otros muchos nombres, por el padre Francisco Madina, autor del famoso Aita Gurea, o el que sería luego afamado escultor Néstor Basterrechea. Será Pello Mari el introductor en Argentina del popular Baile de la Era, originario de Tierra Estella, que había bailado de joven junto al que sería alcalde de Lizarra, el nacionalista Fortunato de Aguirre Luquín, fusilado por los franquistas el 29 de septiembre de 1936.

Yo conocí a Andrés y a Pello Irujo un día de 1953, cuando yo tenía 15 años. Fue en la editorial vasca Ekin, donde fui con mi madre, vasca nacida en Bilbao, que deseaba comprar unos libros. Pero mi relación más profunda con Pello se inició al año siguiente, en 1954, cuando al ver mi interés por la Historia Vasca, en especial de los siglos XIX y XX, comenzó a aconsejarme libros e, incluso con el tiempo, a prestarme obras de su biblioteca particular. Mi relación se fue haciendo cada vez más frecuente en conversaciones de café. A él debo el haberme facilitado el conocer y tratar a personas de la talla vasquista del argentino doctor José María Garciarena Aguerre, en mi opinión, junto con el doctor Tomás Otaegui, los únicos dos teorizadores argentinos -y me atrevería a decir latinoamericanos- del nacionalismo vasco, o a vascos con probado currículo como Ildefonso Gurruchaga, Justo Garate, Luis González de Echevarri, el expárroco de Altsasu, Marino Ayerra, etc.

Llegada del lehendakari En diciembre de 1955, tras trece años de ausencia debido a la existencia del régimen peronista, se produjo la llegada del lehendakari Aguirre a Argentina, lo que me permitió escucharle en el Centro Laurak Bat de Buenos Aires.

Al año siguiente reapareció en la capital argentina, en forma de mensuario, Eusko-Lurra-Tierra Vasca, el órgano partidario oficial de Acción Nacionalista Vasca. Costeado desde Venezuela, sus responsables iniciales fueron el periodista José Antonio Olivares Larrondo, Tellagorri, y Pedro María de Irujo Ollo, asumiendo el primero de ellos el cargo de director. Tellagorri enfermó seriamente y falleció en 1960. Fue entonces cuando Pello Mari se hizo cargo de la dirección de Eusko-Lurra-Tierra Vasca, ocupación que mantendría hasta la desaparición del periódico en 1975.

Leyendo la colección completa de Eusko-Lurra-Tierra Vasca y en especial el periodo 1960-1975, es fácilmente verificable su línea editorial, democrática, vasca pluralista y republicana.

Pello Mari Irujo era la persona que estaba mejor informada de lo que sucedía en la Euskadi bajo la bota del franquismo, de los hechos que se producían en la clandestinidad. Dirigía un periódico que no era similar al resto de los existentes en la Diáspora Americana, destinados a los exiliados y antiguos emigrados. Este estaba destinado a ser leído clandestinamente en Nabarra, Bizkaia, Gipuzkoa y Araba, aunque, por supuesto, tuviese también lectores en Iparralde, París, Inglaterra, Suecia, Noruega, Suiza, Canadá, Andorra, la isla china de Formosa, Argelia, etc.

Sus contactos hacia 1960-61 con hombres de la nueva generación vasca explican la aparición en la publicación, bajo seudónimos, de nombres como José Luis Álvarez Emparanza, Julen Madariaga, José María Benito del Valle, José Manuel Aguirre Bilbao, Federico Krutwig Sagredo, etc.

Todo esto en momentos en que hay una consigna del silencio sobre estas personas y su ideario político. Consigna que Pello Mari Irujo no aceptó nunca. Junto a aquellos continuaron publicando otros como Ildefonso Gurruchaga, Marín Ugalde, Gabriel Goitia, Josu Osteriz, Carlos P. Carranza, Mikel Orrantia, etc.

Desde Buenos Aires, Pello Mari confeccionó una red de colaboradores que escribían directamente, desde Bilbao, el escolapio Justo Mokoroa; desde Donostia, Julio Ugarte, o desde Iruñea, Pedro Turullols. También colaboraban otras firmas conocidas desde México y Venezuela.

Desde París, Inglaterra o Donibane Lohitzune, allí donde se encontrase, su hermano Manuel de Irujo Ollo, que era lector desde la A a la Z del periódico, le enviaba todos los meses sus comentarios sobre los distintos artículos publicados, dando su opinión favorable o desfavorable.

El editorial era responsabilidad exclusiva de Pello Mari, como antes de 1960 lo fuera de Tellagorri. Yo, hasta mediados de 1960, me limitaba a ayudarle a hacer algunas labores administrativas, pero nada más.

Un día me sorprendió invitándome a escribir en Eusko-Lurra-Tierra Vasca y acepté. A partir de esa fecha, escribí bajo seudónimos cuatro artículos por número hasta el último publicado. Nunca tuve censura alguna, pero alrededor de unos pocillos de café -creo haber consumido cantidades fabulosas de fruto del cafeto con Pello- me comentaba en lo que coincidía y en lo que disentía.

Pello Mari fue mi mejor amigo en Argentina. Pasamos juntos cientos de horas de trabajo, de lectura de originales y de correcciones, de ayudar al armado en la imprenta, de llevar paquetes al correo, colocar sellos, escribir nombres con letras diversas…

Pello Mari vivió físicamente en Argentina durante 28 años, pero su corazón y su mente estuvieron siempre en Euskadi.

Eusko-Lurra-Tierra Vasca llegó al número 231 en septiembre de 1975 y dejó de publicarse porque Pello Mari cayó seriamente enfermo, siendo hospitalizado y soportando una larga convalecencia. Un día de 1977 me dijo que su hermano Manuel regresaba a Nabarra y que lo iba a acompañar a partir de entonces. Así lo hizo. Primero en Donibane Lohitzune y luego ya en Iruñea. Allí estuvo junto al León de Nabarra, siempre en un segundo plano, con esa humildad sobre la que el padre Iñaki de Azpiazu solía decirle, “Pello no es una virtud, es un vicio de tanto que abusas de ella”.

En Iruñea, primero en la calle Aoiz y, después del fallecimiento de don Manuel, en el piso de Iturralde y Suit, siguió trabajando por la confraternidad entre Nabarra y el resto del País Vasco.

Recordaré mientras viva las grandes lágrimas que le vi derramar en la plaza del Castillo de Iruñea tras el fracaso de una larguísima negociación política para conseguir una candidatura unitaria de todo el abanico aber-tzale en Nabarra.

En noviembre de 1982 lo visité. Estaba internado en el hospital de Iruñea. Allí estuve por espacio de varias horas hasta que llegó su sobrino, Pello Irujo Elizalde. No hizo más que hablarme de la necesidad de la coordinación de las distintas fuerzas abertzales. Algo que le obsesionaba y cuyo fracaso le dolía en el alma…

Fue la última vez que le vi.

El 24 de febrero de 1983, a los 73 años y dos días, falleció Pedro María de Irujo Ollo.

De él le oí decir, y más de una vez, a su hermano don Manuel, “Pello es el arquetipo del resistente vasco. Puede haber quien lo iguale, pero nadie que lo supere”.

Pello María de Irujo Ollo espera de parte de los jóvenes historiadores de Euskal Herria un merecido y profundo trabajo de investigación histórica. Lo mío ha sido apenas un intento de acercamiento a un hombre, a mi mejor amigo, al patriota cuya entrega a su Patria Vasca merece ser conocida y reconocida en la tierra que se extiende entre el río Adour y el río Ebro, porque así lo sintió siempre quien hoy descansa en su natal y querida Lizarra-Estella.

Este texto lo preparó Mikel Ezkerro para la Hermandad de Nuestra Señora de Aranzazu de Lima, fundada por miembros de la ‘nación vascongada’ en 1612, con motivo de los actos de conmemoración de los 75 años de la visita del lehendakari Aguirre a esta ciudad dentro de su primera gira americana (1942).

De seminarista a revolucionario comunista

También sindicalista y vasquista, El comandante Jesús Larrañaga fue uno de los comunistas más célebres en los primeros años del franquismo antes de morir en el paredón .

Un reportaje de Iban Gorriti

El comandante Jesús Larrañaga, conocido como Goierri, está considerado como el dirigente comunista de Gipuzkoa más conocido de todos los tiempos. El paredón puso fin a su lucha en vida hace 77 años. Entre sus continuos avatares, formó parte de otro episodio trágico desconocido. Según él mismo relataba, el final de la guerra le cogió en Alicante donde se amontonaron los derrotados. Consultado al respecto, el escritor Miguel Usabiaga explica a DEIA los pormenores de aquel episodio. “Se vivió una situación dramática. Se registraron 136 suicidios entre republicanos. Solo uno fue comunista, según especificó el propio Larrañaga al PCE. Tras ser detenido, fue llevado al campo de prisioneros de Albatera [municipio valenciano], con 25.000 presos”, señala el hijo de los también históricos comunistas guipuzcoanos Marcelo Usabiaga y Bittori Bárcena.

Jesús Larrañaga ‘Goierri’ interviene durante un acto en favor de la amnistía celebrado por el Partido Comunista. Fotos: PCE-EPK

Larrañaga fue cambiando sus ideales desde niño hasta llegar a ser un referente revolucionario. Nacido el 17 de abril de 1901 en Urretxu, era hijo de contratista de obras y de planchadora, descendiente del héroe de Trafalgar, el almirante Cosme Damián Churruca. Fue el tercero de cuatro hermanos.

Mudados a Beasain, los hermanos mayores -influenciados por la madre, muy religiosa- fueron jesuitas que marcharon de misioneros. Murieron jóvenes. Jesús también inició el camino religioso. Ingresó en el Colegio Apostólico de Javier, en Nafarroa. Tras tres cursos, hizo uno de seminario y otro en la Universidad Pontificia de Comillas, en Cantabria.

Sin embargo, “motivado por su rebeldía, abandonó los estudios religiosos”, explica Usabiaga. Aún así, en Beasain se afilia a Juventud Vasca-Euzko Gaztedia. “El vasquismo sentimental de su madre, en el que ha sido formado, le orienta. Le influyen las ideas de la insurrección irlandesa contra la corona británica de 1916, y se alinea con el grupo de Gudari, sección izquierdista en el nacionalismo vasco”, agrega.

En 1923 acudió a un congreso de la Juventud Vasca en Bilbao que acentúa su izquierdismo. Contactó con comunistas e ingresó en el sindicato nacionalista y católico SOV (antecesor de ELA-STV). Fue despedido de una empresa por llevar a cabo una huelga y decidió irse a Boucau, en Iparralde. “Boucau es un soviet, de hegemonía comunista. Ese ambiente precipita un cambio radical en Jesús durante el año y medio que vive allí”. Tras irse el padre de casa y su madre ponerse a trabajar en el Hotel María Cristina, Jesús se afincó en la capital guipuzcoana.

Influido por su experiencia en Boucau, ingresó en la Federación Vasco Navarra del PCE. Su prestigio en las luchas obreras de la ciudad crece. Fue el comunista más célebre del momento. Fueron frecuentes las detenciones, también de Larrañaga, dando con sus huesos en la cárcel de Ondarreta. Frecuentó el periódico Euskadi Roja “donde conoció a mi padre, el joven Marcelo Usabiaga, a quien tomó cariño y le llamó El Estudiante”, explica el escritor.

Tras producirse el golpe de Estado y Larrañaga, respetado por obreros y campesinos, fue nombrado comisario de Guerra de la Junta de Defensa de Donostia y de Gipuzkoa. A Larrañaga le encargaron encargarse del batallón MAOC-1, del que fue comandante. A partir de entonces el grupo fue bautizado como Batallón Larrañaga y posteriormente fue nombrado comisario general de todo el Ejército del Norte.

Detenido en Lisboa Tras la derrota en Asturias, marchó a Valencia donde intervinó en el Comité Central del PCE. “Explicó ante el buró político del Partido Comunista las causas de la derrota en el Norte, ante el que hizo autocrítica”, precisa el escritor que, a renglón seguido, añade que fue detenido al final de la guerra en Valencia e ingresó preso en el campo de concentración de Albatera. Mantuvo secreta su identidad y se fugó del campo llegando a Francia, a Boucau y París. Envió a toda la familia a la URSS, mientras que él marchó a la República Dominicana y a Cuba para unirse a la dirección del partido en el exilio.

Desde Cuba, partió a Lisboa como puente para llegar a España con la misión de introducir un grupo dirigente para reorganizar el Partido Comunista en la clandestinidad. Allí fueron detenidos y entregados. En el juicio, el grupo de siete persona fue condenado a muerte, uno evitó el paredón, el resto no. Sus compañeros de Porlier le despidieron cantando La Internacional desde sus celdas.

Larrañaga y sus cinco camaradas fueron fusilados el 21 de enero de 1942 en el cementerio del Este, en Madrid. “Siempre prefirió la primera línea, la más expuesta, una vida marcada por la valentía y la entrega a la causa”, concluye Usabiaga.

Encartaciones 1870-1975: El esplendor de la arquitectura contemporánea

El Museo de las Encartaciones impulsa un proyecto de investigación para poner en valor la arquitectura contemporánea de la comarca que ha dado pie a dos iniciativas: la publicación de un libro y la realización de una exposición, ambas con el mismo título

GORKA PÉREZ DE LA PEÑA OLEAGA

EL patrimonio arquitectónico contemporáneo conforma uno de los conjuntos más decisivos e importantes de Bizkaia porque la imagen actual de sus núcleos de población es fruto de ese momento histórico. Todo ello como consecuencia de su fuerte desarrollo industrial, lo que exigió la construcción de urbes de nueva planta y de numerosas dotaciones públicas.


El libro Encartaciones, 1870-2019. El esplendor de la arquitectura contemporánea constituye una aportación decisiva en la historiografía de la arquitectura contemporánea de Euskal Herria porque es la primera vez que se hace una recensión global de uno de sus territorios. Pero su transcendencia no se agota en la contribución historiográfica sino que lo es igualmente por su metodología pionera e innovadora en la bibliografía europea en la manera de evaluar este patrimonio. Esta publicación es una de las pocas que aborda un estudio de conjunto fundamentado en una selección de los elementos más representativos de su patrimonio arquitectónico a partir de un análisis completo de todos los elementos con un presunto valor patrimonial. Esta metodología supone un salto cualitativo enorme frente a la práctica generalizada de hacer elecciones previas a partir de presunciones preestablecidas.

Palacete Hurtado de Saracho La realización de este libro tuvo que salvar una dificultad máxima, la falta de libros específicos sobre la arquitectura contemporánea de los municipios de las Encartaciones salvo en los casos de Barakaldo, Portugalete y Sestao, de los que hay publicaciones realizadas por Gorka Pérez de la Peña Oleaga. Este hándicap se salvó con la realización previamente de monografías de los diecisiete municipios restantes que conforman esta comarca, de acuerdo a la denominación histórica que aplica el Museo de Las Encartaciones en su formulación museística. Estos son los siguientes: Abanto-Zierbena, Alonsotegi, Artzentales, Balmaseda, Galdames, Gordexola, Güeñes, Karran-tza, Lanestosa, Muskiz, Ortuella, Santurtzi, Sopuerta, Trapagaran, Tur-tzioz, Zalla y Zierbena. Igualmente, se incluyó Portugalete únicamente para el periodo entre 1960-1975. En total, este territorio cuenta con una población de 293.363 habitantes y una superficie de 557,79 kilómetros cuadrados.

El resultado de estos estudios, lo que viene a evidenciar el acierto de su realización, es la determinación de 1.200 elementos de interés patrimonial, que en más del 60% son completamente inéditos.

Edificios y estilos Para el libro se han seleccionado los elementos correspondientes con los grados de protección de calificable e inventariable de acuerdo a las categorías de protección de la Ley de Patrimonio Cultural Vasco, que son en total 450. El discurso del libro se ordena cronológicamente en función de los estilos dominantes y las tipologías presentes para facilitar, de una manera pedagógica, una fácil comprensión de su evolución y articulación. En la arquitectura contemporánea de las Encartaciones, el intervalo que se prolonga entre 1870 y 1975 y que conforma un tiempo histórico homogéneo y coherente, los lenguajes imperantes son los siguientes: eclecticismo, neomedievalismo y estilo Segundo Imperio; neovasco; modernismo; regionalismo; art déco; racionalismo; Estilo Nacional y racionalismo de postguerra; Modernidad de los Cincuenta; y funcionalismo y organicismo. Las tipologías que se desarrollaron fueron las siguientes: Edificios plurifamiliares, Edificios plurifamiliares y unifamiliares obreros, Edificios unifamiliares, Edificios dotacionales, Edificios sedes institucionales, Edificios religiosos y Edificios industriales.

De esta publicación se puede concluir, que el patrimonio arquitectónico contemporáneo de las Encartaciones es uno de los más decisivos e importantes de Bizkaia por la brillantez de sus obras, entre las que se encuentran obras de relevancia internacional, caso de las siguientes:

En Barakaldo: en eclecticismo, el Palacio Munoa del arquitecto Ricardo de Bastida de 1916 (Llanos 61); en modernismo, el Asilo Miranda (hoy Conservatorio Municipal) del arquitecto Ismael Gorostiza de 1911 (avenida Miranda 4); en racionalismo de postguerra, el edificio de viviendas del arquitecto Ismael Gorostiza de 1941 (Portu 1-5 y Auzolan 3); y en Modernidad de los Cincuenta, el Hospital de Cruces del arquitecto Martín José Marcide de 1949-1953 (plaza de Cruces 12).

En Gordexola: en modernismo, la Villa José del arquitecto Mario Camiña de 1905 (Sandamendi 10); y en regionalismo, la Villa Cuba del arquitecto José María de Basterra de 1931 (Sandamendi 2).

En Güeñes: en neovasco, el Palacete Hurtado de Saracho del arquitecto Manuel Ignacio Galindez de 1921 (Gallarraga 41); y en art déco, el edificio de viviendas del proyectista Manuel Gutiérrez de 1932 (Gallarraga 2).

En Ortuella: en Modernidad de los Cincuenta, la Escuela de Formación Profesional del arquitecto Celestino Martínez Diego de 1955 (avenida del Minero 9).

En Portugalete: en arquitectura del hierro, el Puente Bizkaia del arquitecto Alberto de Palacio de 1890-1893; en neovasco, el edificio de viviendas del arquitecto Santos Zunzunegui de 1915 (Muelle Churruca 58); en modernismo, el edificio de viviendas del arquitecto Julio Sáenz de Barés de 1913 (María Díaz de Haro 56); en racionalismo, el edificio de viviendas del arquitecto Juan José Olazabal de 1933 (General Castaños 12) y el Batzoki, del arquitecto Juan María de Uribe de 1934 (Casilda Iturrizar 4); y en racionalismo de postguerra, el Mercado Municipal del arquitecto Santos Zunzunegui de 1938 (Casilda Iturrizar 1).

En Santurtzi: en eclecticismo, el Hogar y clínica de San Juan de Dios de los arquitectos José María de Basterra y Emiliano Calixto Amann de 1914-1922-1926 (avenida Murrieta 70).

En Sestao: en eclecticismo, el grupo de viviendas Vista Alegre del arquitecto Santos Zunzunegui de 1914 (Vista Alegre 1-11); y en racionalismo de postguerra, La Naval de 1939-1947 (La Naval 1).

En Sopuerta: en funcionalismo, la Iglesia de San Cosme y San Damián del arquitecto Rufino Basañez de 1958 (Bezi 19).

En Trapagaran: en eclecticismo, el Poblado de La Arboleda de finales del siglo XIX; en neovasco, el Funicular de la Reineta del arquitecto Diego de Basterra de 1926 (La Reineta 59); en racionalismo, la fábrica General Eléctrica del ingeniero Oswaldo Wildhagn de 1930 (Galindo 3); en racionalismo de postguerra, la General Eléctrica del arquitecto Fernando Arzadun de 1945-1947 (Galindo s/n); y en Modernidad de los Cincuenta, la General Eléctrica del ingeniero Ángel Ojambarrena de 1957 (carretera de San Vicente 10).

En Zalla: en eclecticismo, el Almacén de Pasta y Taller Eléctrico de la Papelera Española de 1924 (Nicolás María Urgoiti); en neovasco, la Casa Barata Cadagua, del arquitecto Faustino Basterra de 1926 (particular del Cadagua 1-11) y el Batzoki del arquitecto Antonio de Araluze de 1935 (Hermanos Maristas 8 y Taramona 2); y en funcionalismo, la Estación Depuradora de Aguas de los arquitectos Juan de Madariaga y Lander Gallastegui de 1962-66 (Codujo 1).

Este libro no es tan solo una aportación historiográfica decisiva, sino que es una herramienta fundamental para desarrollar una serie de aplicaciones prácticas, la articulación de un Centro de Documentación sobre la Arquitectura de Las Encartaciones centrado en la etapa contemporánea, la ejecución de una serie de exposiciones especializadas de arquitectura contemporánea y de artes decorativas, la posibilidad de colaborar con los ayuntamientos de la comarca en la elaboración de catálogos de protección dentro del documento de planeamiento, la ejecución conjuntamente con otras instituciones de la comarca fórmulas de promoción turística, etc.

Formulación novedosa La exposición es muy transcendente porque plantea una formulación muy novedosa frente al discurso expositivo tradicional de la arquitectura contemporánea, que se ha caracterizado por la utilización preferentemente de planos y fotografías. La opción innovadora ha consistido en la combinación de planos y fotografías con una serie de elementos que explican todo lo que implica la edificación contemporánea, que son los siguientes: materiales constructivos (azulejos, hierros de balcones, aldabas, manillas, etc.) artes decorativas (vidrieras, porcelana, jarrones, papeles pintados, etc.), placas de autoría del arquitecto, diseños de interiores, libros, catálogos comerciales, mobiliario, cuadros, esculturas, etc.

La idea ha sido ofrecer elementos más cercanos y atractivos para así facilitar la explicación del discurso de la arquitectura contemporánea. El hándicap que ha conllevado este planteamiento, ha sido la carencia de contar con elementos en el grado suficiente en las colecciones públicas de Bizkaia. Ello se ha compensado con los materiales disponibles en colecciones privadas. El resultado es espectacular, se han reunido casi 200 piezas, que se ordenan por estilos, completamente inéditas y todas vinculados a Euskal Herria porque proceden de edificios derribados de este territorio o realizados por diseñadores o artistas de este ámbito. Las piezas son de excepcional calidad, como lo evidencia que algunos podrían estar perfectamente expuestos en el Museo de Bellas Artes, caso de los dibujos relacionados con la industrialización de Bizkaia.

Esta exposición implica otra variable decisiva, constituye el embrión de lo que pudiera ser un Museo del Diseño de la Casa Contemporánea de Euskal Herria, lo que vendría a ser una propuesta muy inédita en el panorama museográfico europeo.

En fin, el Museo de las Encartaciones con este libro y esta exposición da cumplida satisfacción a su objetivo de dar a conocer un patrimonio cultural encartado muy desconocido tanto en la historiografía de la arquitectura como por la sociedad en general, para así garantizar su salvaguardia para las generaciones futuras a través de su puesta en valor por parte de las instituciones y de la ciudadanía.

El misterio del último magnate de Bilbao

El industrial y político republicano Horacio Echevarrieta fue declarado en rebeldía por no presentarse ante un consejo de guerra franquista en 1937

Iban Gorriti
Las biografías del magnate bilbaino Horacio Echevarrieta, aquel republicano que fundó Iberia o Iberdrola, que urbanizó la Gran Vía de Madrid y creó el buque escuela Juan Sebastián Elcano, tienen un denominador común: todas ellas pasan por alto su papel y sus vicisitudes durante la Guerra Civil española. Esa ausencia historiográfica no es menor y resulta muy llamativa porque su vida y obra son una continua cascada de proyectos empresariales internacionales, luchas políticas y una final decadencia que dio con su figura en la quiebra, hipotecado. Su biografía está documentada al detalle, como en una escaleta de película, a excepción de sus andanzas durante el trienio bélico de entre 1936 y 1939 que siguen siendo un misterio

El magnate y el documento de la auditoría de Guerra.Foto: Sociedad Aranzadi

Las investigaciones señalan que el vizcaino residió en Madrid durante la Guerra Civil. “Sin ser molestado”, afirman algunos historiadores. Consultada la Sociedad de Ciencias Aranzadi al respecto, aportan a este diario, al menos, un caso en el que se vio envuelto el oligarca en aquellos años. Echevarrieta junto a otros diez famosos empresarios vascos fueron “declarados en rebeldía” por no comparecer ante un consejo de guerra en un proceso sumarísimo ordinario. Ocurrió en Bilbao el 27 de agosto de 1937. La lista de acusados la protagonizaron Ramón de la Sota Aburto, Miguel Garteizgogueascoa Barandiarán, Jesús Rodríguez Villachica, Alejandro de la Sota Aburto, Antonio Sierra Castet, Manuel de la Sota Aburto, Nicolás Landa Garay, Jesús Aqueche Lahera, Eduardo Aburto Uribe, Nicomedes Mendialdua y Horacio Echevarrieta Maruri.

Según se desprende de los legajos franquistas, el juez instructor de la Auditoría de Guerra de Bilbao suspendió “las actuaciones hasta que se presenten o sean habidos, pasando las actuaciones al Servicio de Información, a efectos de antecedentes y archivándose después en esta auditoría sin otro trámite”. Todos ellos eran consejeros, gerentes o directores de empresas o sociedades bilbainas, como las firmas Franco-Española, Compañía Siderúrgica del Mediterráneo, Naviera Sota y Aznar, Euskalduna y Remolcadores del Ibaizabal. “Posteriormente, en 1941 se presenta Antonio Sierra y en 1943, Alejandro de la Sota. Se les juzga y son absueltos”, confirman desde Aranzadi con los documentos oficiales del régimen totalitarista.

Mientras tanto, al parecer, quien había sido diputado por un partido republicano residía en su inmueble de la calle Claudio Coello, vía madrileña en la que décadas más tarde el presidente franquista Luis Carrero Blanco fue asesinado por ETA. Echevarrieta también acumulaba palacios en Málaga, Getxo (Punta Galea) y Barakaldo (Munoa), en este último falleció nonagenario. En su inmueble de Madrid funciona en la actualidad el hotel Meliá Los Galgos.

Quien fuera alcalde de Bilbao, Iñaki Azkuna, recordó el día de la presentación de una de las biografías sobre Echevarrieta cómo se autodefinía el magnate. “Soy españolista y republicano, no tengo nada de bizkaitarra ni de clerical. Por España, por mi patria siento verdadero amor”.

Historiadores preguntados sobre la ausencia de datos sobre la vida del de Neguri entre 1936 y 1939 opinan que Echevarrieta vivió “en una neutralidad”. Fue oligarca republicano, pero también tuvo muchos amigos de la derecha que, tal vez, le hicieron más llevadero el trago de la Guerra Civil. En su biografía poliédrica también hay que recordar que, tan solo tres años antes, en 1934 fue apresado y encarcelado junto a su amigo, el socialista Indalecio Prieto, entonces exministro de Obras Públicas del Gobierno español.

Ocurrió en San Esteban de Pravia desembarcando del mercante Turquesa un cargamento de armas que tenían como destino la conocida como Revolución de Asturias. Fue ingresado en la Cárcel Modelo de Madrid. El autor de la biografía titulada Horacio Echevarrieta: empresario republicano da a conocer con qué histórico político coincidió en la prisión. “Compartió presidio con Santiago Carrillo. Lo explicaba él mismo en sus memorias, cómo se encontró con Horacio Echevarrieta a quien veía como una persona muy alta…”, asevera el catedrático Pablo Díaz Morlán, docente de la Univesidad de Alicante.

NEGOCIaciones con ABD EL-KRIM Díaz Morlán pone en valor también en su divulgación los tratos que Echevarrieta mantuvo con el líder militar rifeño que encabezó la resistencia contra la administración colonial española y francesa durante la denominada Guerra del Rif, Abd el-Krim, para la explotación de las riquezas mineras de Marruecos. “Tras el desastre de Annual en 1921, las negociaciones para la liberación de los prisioneros españoles en manos de los rifeños fracasaron hasta que Horacio Echevarrieta tomó las riendas”, relata el investigador “Por fin, en enero de 1923 las gestiones tuvieron éxito gracias al valor de Horacio, que arriesgó su propia vida al ofrecerse como rehén a cambio de los cautivos”, apostilla.

Su intermediación le valió el reconocimiento del rey Alfonso XIII que le quiso otorgar el título de marqués del Rescate, “alto honor que él rechazó por su condición republicana”. Lo negó aquel famoso dueño de astilleros que construyó el submarino más adelantado de su época, de los años 20 y 30, y que acabó siendo el modelo de las embarcaciones sumergidas de alemanes y soviéticos que batallaron en la Segunda Guerra Mundial. Financió, asimismo, una revolución en Portugal.

Tras la Guerra Civil, Franco le devolvió aquello cuanto le había requisado el régimen dictatorial. Echevarrieta intentó reflotar sus astilleros, pero en agosto de 1947, detalla Díaz Morlán, se produjo una enorme explosión en la fábrica de torpedos, convertida en polvorín, que, además de matar a 150 personas en la ciudad de Cádiz, destruyó todas las instalaciones de la factoría.

El empresario decidió entonces, con 77 años, entregar sus factorías al Instituto Nacional de Industria y retirarse de los negocios. Murió en su finca de Munoa, en el barrio de Burtzeña (Barakaldo) en 1963, a los 92 años. “Aún puede admirarse la belleza de este palacio, y la formidable galería del que fue su chalet de Punta Begoña. Y en las afueras de Málaga puede visitarse la hermosísima finca de La Concepción, convertida en jardín botánico-histórico, donde recibió las visitas de mayor relumbrón y donde se rodó la película Los últimos de Filipinas. Un decorado idóneo para quien ha llegado a ser calificado como el último magnate de Bilbao”.