La fuga de los esclavos vascos de Franco

En 1938, dieciocho gudaris y milicianos vascos protagonizaron en grupo una desconocidaevasión desde Huesca a Catalunya

Un reportaje de Iban Gorriti

ES una historia apasionante!”, reconoce Pablo Domínguez, de Ortuella, quien ha investigado la enigmática fuga de 18 vascos de un batallón de trabajadores, es decir, esclavos de Franco en Huesca en 1938, y que huidos en grupo llegaron a territorio republicano vivos; y Beñat Madinabeitia, de Iruñea, familiar de Juan Ganchegui, uno de los reos de aquella “victoria humana”. El investigador pone en valor aquel logro que reúne todos los ingredientes de una película. “Es una historia casi surrealista”, por las circunstancias que rodearon a aquel episodio tan poco conocido en la historia de la Guerra Civil: “Ocurrió en invierno, con montes nevados del Pirineo con ropa que imaginamos ya raída; todos, los 18, son vascos, pasaron las líneas, primero facciosa y luego a la republicana, además, la fuga fue ocultada tanto por los medios de comunicación de un bando como los del otro…”, asegura el investigador, junto a Aiyoa Arroita, del blog Crónicas a pie de fosa.

Imagen histórica de gudaris y milicianos prisioneros en Huesca.Foto: DEIA
Imagen histórica de gudaris y milicianos prisioneros en Huesca.Foto: DEIA

Es enigmático porque hay muchos cabos aún por unir. No se sabe, por ejemplo, cuándo se produjo la evasión. Se conoce, eso sí, que el 20 de febrero de 1938, dieciocho soldados del Ejército vasco de Aguirre que habían sido aprisionados por el bando golpista planificaron en grupo tratar de pasar a territorio republicano, objetivo que consiguieron. De ser esclavos en Huesca volvieron a ser antifascistas en Catalunya y con nuevas tarjetas del Gobierno de Euzkadi facturadas el 1 de marzo de 1938 en las que se les califica como “evadido del campo faccioso”.

“No sabemos -matiza Domínguez- si lo intentaron más y si llegaron todos, ni qué pasó mientras huían. Ha trascendido gracias al informe de un funcionario de la Inteligencia de la República que lo registra en unos documentos que llegaron a manos de un familiar”, subraya el investigador haciendo referencia a Beñat Madinabeitia. “Es una historia -valora este último- que en casa hemos conocido siempre y gracias a que mi madre, su sobrina, quería saber más lo hemos empezado a mover. Y ha sido un descubrimiento tras contactar con Pablo y Aiyoa, que nos han explicado los papeles que hemos conseguido en Salamanca. Nos ha creado más curiosidad”, confiesa, al tiempo que confiesa que constituye “un orgullo lo que logró, lo que lograron.

En el grupo de los 18 fugados había tres cabos y 15 soldados de diferentes ideologías: 14 del PNV, tres socialistas y un comunista. La lista es la siguiente, respetando la grafía que figura en las fichas de la Delegación vasca en Catalunya que conserva el Archivo Histórico de Euskadi: Jerardo Eguia Lausirica (batallón Mungia); Jerónimo Echevarria Lecue (batallón Itxas-Alde); Manuel Cahué Artola (batallón Madrid); Andrés Beltrán Elosegui, cabo del batallón Gordexola; Enrique Barrena Borroño (batallón San Andrés); Andrés Arrizabalaga Inda (batallón Loyola); Nicolás Bilbao Bilbao (batallón Mungia); Jesús Ladislao Bolumburu (batallón Martiatu); Alberto Pérez Peña, cabo del Gordexola; Marcial Inchuspe Rezola (batallón San Andrés); Vicente Iriarte Astola (batallón 2º de Ingenieros); Elías Zabala Sarria (batallón Malato); José Ganchegui Lizarraldesoldado (batallón Amuategui); Francisco Bilbao Gastañaga, cabo del Martiatu; Enrique Iriarte Unzueta (batallón 2º de Ingenieros de UGT); Emilio Hernández Vázquez (batallón San Andrés); Juan Ganchegui Azcagorta (batallón U.H.P); y Agustín Mendizabal Bilbao (batallón Martiatu).

Del 115 Estos gudaris y milicianos huyeron del batallón de trabajo esclavo 115 que obraba en los municipios oscenses de Yebra de Basa y Sobá. “Es increíble pensar que, de 96 personas vigiladas 18 se escaparan, si no fueron más. Yo he buscado en periódicos de ambos bandos en aquellas fechas y no aparece ninguna fuga. Creo que tratan de encubrirlo”, sostiene Domínguez quien titularía la fuga como “Evasión y victoria” haciendo un juego de palabras con la película Evasión o victoria, en la que un grupo de prisioneros aliados en un campo de concentración nazi durante la Segunda Guerra Mundial. “En el caso de estos vascos, logran la evasión y una victoria porque consiguen su objetivo de llegar a posiciones republicanas. Es todo muy curioso”.

Beñat Madinabeitia es familiar de Juan Ganchegui Azcagorta, miliciano del batallón UHP del Partido Comunista y natural de Bergara. A día de hoy es uno de los miles desaparecidos de la guerra. “Se creía que hizo la mili en Burgos, pero no aparece su registro por ningún lado. Todo es asombroso y nuevo para nosotros. No sabíamos que era de un batallón comunista. Me paro a pensar y creo que fue todo muy injusto. ¡Lo que tuvo que vivir! Seguimos buscando”.

El desaparecido grafiti de aquel teniente coronel

Descubren que el carabinero irundarra Antonio Ortega, Director General de Seguridad del gobierno de Juan Negrín, se encuentra enterrado en una fosa común de Alicante

Un reportaje de Iban Gorriti

el histórico frente de Villarreal contó con un grafiti de la época que voceaba a quien lo leía: Un fusil no vale nada si no hay un pico junto a él. La cita es de Antonio Ortega Gutiérrez, un histórico carabinero comunista vecino de Irun que tras una trayectoria militar que ascendió hasta coronel acabó fusilado en Alicante el 15 de julio de 1939. Según ha podido saber DEIA, su cuerpo espera a la dignidad en una fosa común del camposanto de aquella ciudad. Como curiosidad conocida durante la contienda fue presidente del Real Madrid Foot-Ball Club, denominación de la entidad durante la Segunda República.

Cita original de Antonio Ortega en el frente de Villarreal.KUTXA FUNDAZIOA
Cita original de Antonio Ortega en el frente de Villarreal.KUTXA FUNDAZIOA

Aunque su biografía está al alcance de todos a golpe de tecla en internet, nuevos documentos indagados por Jimi Jiménez, miembro de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, aportan importantes datos que permanecían silenciados entre legajos franquistas.

La sentencia de muerte de Ortega y el libro de actas del cementerio de Alicante que ha cotejado sacan a la luz pormenores esclarecedores de su periplo y entrega antifranquista durante la guerra del 36. Consultado sobre si se procederá a exhumar la fosa en la que está su cuerpo, Jiménez matiza que “no se le conoce familia que pudiera solicitar la exhumación. Tal vez podrían salir sus restos si la familia de algún otro enterrado allí pide la búsqueda de su pariente”, ilustra el técnico de Aranzadi. Lo cierto es que el lugar de la fosa sigue sin tocar desde hace casi 80 años, como prado de hierba en el cementerio alicantino.

El procedimiento sumarísimo de urgencia de Antonio Ortega Gutiérrez, por su parte, detalla “las vicisitudes que vivió, sus grados de sargento, teniente… sus destinos”, agrega el antropólogo durangarra. Gracias a esta búsqueda, a partir de ahora se sabe que Ortega fue procesado antes de la Segunda República siendo sargento de carabineros y expulsado del cuerpo “por motivo de contrabando de armas” relacionado con la Sublevación de Jaca y por asalto al Gobierno civil de Donostia. “Que por ser elemento rabiosamente izquierdista fue readmitido en carabineros al instaurarse la República, siendo ya teniente al iniciarse el Glorioso Movimiento Nacional”, dictamina el texto franquista datado en 1939.

A partir de entonces, intervino en la defensa de Irun como uno de sus referentes “luchando contra las fuerzas navarras”. Ortega, nacido en un pueblo de Burgos, desempeñó el cargo de gobernador civil en Donostia. Mandó a las primeras milicias vascas en el sector de la Ciudad Universitaria donostiarra y ascendió a coronel en la 40 Brigada Mixta y después en la 7ª División.

Aunque las credenciales consultadas no lo citan, Ortega pasó después a la zona centro (Madrid) para asumir el mando de la Columna Vasca. Allí, sería director general de Seguridad del gobierno de Juan Negrín, presidente de la Segunda República en 1937.

Detenido en 1939 Siguiendo con la fuente franquista consultada, también fue destinado a Valencia donde fue director general de Seguridad entre mayo y julio de 1937. Su disposición continuó como jefe del 6º cuerpo del Ejército Republicano hasta mayo de 1938, fecha en la que fue ascendido a coronel y nombrado jefe de un cuerpo del Ejército, cargo que ocupó hasta el final de la guerra. Con la llegada del franquismo, Ortega llegó a Alicante “para embarcar y huir al extranjero, siendo detenido en el puerto”, apostilla el acta. Fue detenido el 13 de abril de 1939.

Por un “delito de adhesión a la rebelión” y por apoyar “la causa marxista” sufrió un consejo de guerra que falló condenar a Ortega a la pena de muerte el 12 de junio de 1939. A las cinco horas del 15 de julio siguiente fue fusilado con “cadáver reconocido” de aquel nacido en Rabé de las Calzadas en 1888, “hijo de Víctor y Ángela, casado y padre de cuatro hijos, de cabello entrecano, piel morena, cejas al pelo, nariz grande, cara redonda y de talla 1,630”, según el expediente procesal.

Jimi Jiménez valora que Ortega fue “una figura importante”. Argumenta que existe un grafiti de la época sobre una zona que estaban fortificando en el frente de Villarreal en la que aparece su frase “un fusil no vale nada si no hay un pico junto a él”. “Para el carabinero era tan importante el arma en la guerra como la labor de quien construía trincheras. Valoraba el trabajo en equipo, aquello que no se ve, y que, al menos en fotografía, ha trascendido hasta hoy”.

La consulesa de ‘Vasconia’

La irunesa Felipa Domínguez Taguada pudo ser la única mujer miembro de las Milicias Vascas Antifascistas (MVA)

Un reportaje de Iban Gorriti

‘Domi’, en la entrevista que publicó ‘Estampa’. Foto: Benítez Casaux (’Estampa’)
‘Domi’, en la entrevista que publicó ‘Estampa’. Foto: Benítez Casaux (’Estampa’)

el papel de la mujer aún es motivo de investigación en aquella guerra del 36 que no fue ni civil ni únicamente española, sino incivil y de aliados internacionales. Felipa Domínguez Taguada pudo ser la única muchacha integrante de las Milicias Vascas Antifascistas (MVA) que se gestaron en Madrid y Barcelona. Sin embargo, también pudiera ser que junto a ella hubiera más. El estudio para conocer más datos, como el tiempo, no se detiene.

La asociación Sancho de Beurko ha sido quien ha puesto el foco en la existencia de esta enfermera de Irun que fue entrevistada por la publicación de la época Estampa bajo el apelativo de Domi y que en el reportaje posaba sonriendo con una pistola. “Nuestra Domi no puede sino ser Felipa Domínguez Taguada, la única chica que responde a ese diminutivo de las siete que formaban parte del comité de milicias de Irun. Las otras seis eran Gabriela Zuazo del Tuero, Francisca Estomba Ayesta, María Luisa García Berrio, las hermanas María y Juana Arregui Urteaga y Benita Sánchez Laso”, detalla Guillermo Tabernilla, miembro de Sancho de Beurko, quien va más allá en su reflexión: “Es la única mujer de las Milicias Vascas Antifascistas, por el momento”.

Y es que, ¿quién dice que entre aquellos grupos de personas que evacuaron de Irun por la frontera y que regresaron en tren, vía Francia, a la España Republicana y entraron por Catalunya no había más mujeres? “Recordemos que en las milicias de Irun había las siete citadas”, enfatiza Tabernilla.

Partiendo de su relato, es muy probable que el paso del tiempo, y quedar relegadas al anonimato, “salvo a Domi, las ha invisibilizado a todas”. El periodista que hizo la entrevista fue Eduardo de Ontañon. El texto comienza descriptivo: “La vasca rubia. La rubia de la Cruz Roja. La consulesa de Irun…”. Tras el golpe de Estado, el 20 de julio de 1936 Felipa ya se presentó voluntaria para curar de urgencia a heridos en el frente. Entre las primeras vendas y bombonas de oxígeno un hombre se extrañó al verla allí. “¿Qué haces aquí sola? ¿No tienes miedo?”, le espetó. Ella, “ingenua”, detalla la divulgación, les respondió: “No he tenido tiempo…”.

Y no quiso perder tiempo en el hospital. Supo que un miliciano estaba herido y acudió monte arriba junto a dos soldados. Entre zarzas consiguió llegar al “exangüe”. Estampa aseguraba que durante los 54 días de asedio, la guipuzcoana no cesó en su entrega. “El médico que me habían mandado al botiquín se me volvió loco”, valoró al cronista.

Sabedora de que la ocupación facciosa era inminente, Domi buscó una pequeña lancha para pasar a Iparralde. Una vez, en tierra en paz, en el Estado francés no hizo caso a su familia, vecinos y compañeros que le pedían que se quedara allí. “Mientras haya un trozo de tierra nuestra donde se pueda luchar, allí estaré”. De ese modo, pasó a Barcelona, donde estaban sus paisanos formados en columna vasco-catalana, “también conocida como Ramón Casanellas en homenaje al comunista catalán fallecido en 1933”, ilustra Tabernilla. Y de allí a Madrid. Según Ontañón, “aquí, sus episodios de heroína de la independencia se repiten. Aseguran que consiguió ella sola dar una segunda vida a medio centenar de heridos y ante un fascista que le denunció”.

Su periplo continuó, según Estampa, en Brunete. “La actividad de Domi lo abarca todo. Sus vascos parece que andan quejosos, sin una dirección firme, sin una voz conciliadora. Domi la adquiere. Les habla, alienta. Lo necesario es luchar. Ella se encarga de resolver lo demás”.

Felipa llega al Madrid sitiado de 1936-1937. Habla con Manuel Irujo y con el militar Ortega, con quien va a Sevilla, a un hospital de sangre. “Se presentó voluntaria para la transfusión de sangre a un herido”. “Me ofrezco esa vez y cincuenta que hiciera falta”, aseguró.

El periodista le cuestiona lo siguiente: “¿Y por qué es eso de concretar en tu título consulesa de Irun? ¿Por qué? Si eres consulesa de toda Vasconia…”. El reportaje continúa: “Domi ríe, un poco avergonzada”.

La curiosa respuesta no se hace esperar: “¡No, hombre, no! Me llaman la consulesa de Irun porque todo vasco, sobre todo de allí que se presentaba en Madrid, solía tener la atención de venir a saludarme. Y claro, si no tiene recursos o le hace falta dirección, yo le atiendo siempre”.

El encuentro entre Eduardo de Ontañon, Felipa y el fotógrafo Benítez Casaux pone fin con declaración de intenciones ideológicas: “Yo era de Izquierda Republicana antes del 19 de julio, pero ahora soy comunista; por menos no lucho”.

A este respecto, Tabernilla hace un inciso. “Sobre la cuestión de las mujeres y los diferentes roles que los partidos de la España republicana les asignaban ya han corrido ríos de tinta. Solo añadir que el PCE, donde terminaron muchas, incluida ella, al producirse una ascenso tremendo de este partido, promulgaba que fuesen retiradas del frente y relegada a un papel secundario. Desde luego no parece el caso de Domi”.

Hoy vuelve a ser una realidad aquella enfermera por vocación que sirvió con el doctor Gayano en el hospital de Txarodi, desde donde se desplazaba al frente siempre que se le requería y quien acabaría vistiendo el uniforme de la Sanidad Militar del Ejército de la República, como aparece en las fotografías. En cuanto a la que se le ve de civil con una pistola en sus manos , la revista puntualiza la imagen con un pie de foto que enuncia: “El entusiasmo de Domi son las armas, pero no sabe más que curar”.

La CNT, ante el horror del nazismo

El sindicato en Bilbao perfila una lista de 24 de sus miembros de Euskadi que sufrieron el terror de los campos de concentración nazis

Un reportaje de Iban Gorriti

Por nuestras mujeres de CNT que combatieron al comienzo de la guerra en batallones vascos en Gipuzkoa; por nuestros hombres que también lo hicieron contra los fascismos y por la libertad y unos ideales”. Las palabras de Iñaki Astoreka continúan como aquellos trenes que llevaban a la muerte. “Muchas de ellas y ellos acabaron en campos de exterminio nazis”, particulariza.

Sabedor de esto, el Comité de Memoria Histórica de CNT Bilbao al que Astoreka pertenece trabaja de forma minuciosa un muy avanzado listado de personas que fueron militantes del sindicato mayoritario en el Estado en 1936 y que acabaron con sus huesos -sin apenas carne ni fuerzas- en almacenes de humanos como Gusen, Dachau, Mauthausen o Feldkich, entre otros muchos.

Hasta la fecha, la Confederación Nacional de Trabajo ha registrado 426 personas afiliadas a sus siglas que fueron hacinadas en campos nazis. De ellas, 24 provenían de la CAV y Nafarroa. Es decir, el 5,63%. “Hay que reconocerles que antes de comenzar la guerra de 1936, antes del golpe de Estado, ya denunciaron que el fascismo estaba en auge, como ocurre ahora en Europa y aquí”, lamenta Astoreka. Agrega que “los cenetistas combatieron hasta el límite de sus fuerzas y muchos se vieron obligados a exiliarse. Continuaron, sin embargo, luchando en Francia en la resistencia. Algunos regresaron a España y fueron represaliados, y otros acabaron en campos de concentración donde muchos conocieron la muerte”.

Ahora, esos hombres y esas mujeres englobados en el término genérico de republicanos del Estado en aquellos barracones han visto rescatados sus nombres, en una lista “siempre sujeta a errores u omisiones, para que permanezcan en la memoria histórica. Queremos rendir homenaje a nuestras compañeras y compañeros de la CNT, víctimas del fascismo europeo”, enfatiza. Hace a su vez un doble llamamiento para que “quien lea este reportaje se ponga en contacto con CNT Bilbao para darnos pistas sobre familiares suyos que estuvieron en aquellos campos. Y queremos colaborar con el banco de ADN del Gobierno vasco por si aparecen exhumados más cuerpos de cenetistas”, lanza el guante Astoreka.

Los cenetistas prisioneros en campos de exterminio nazis fueron diez vizcainos, siete guipuzcoanos, seis navarros y un alavés. Todos fueron hombres. “Estamos seguros de que no son todos, que hubo más. Por eso pedimos la colaboración de familiares”, insiste.

Uno de aquellos vascos fue el vizcaino Marcelino Bilbao Bilbao, con una vida digna de película porque fue trágica desde su nacimiento cuando sus padres lo tiraron al río de Alonsotegi. Acabaría siendo un experimento humano del nazi Aribert Heim, conocido como Doctor Muerte, quien le inyectó benceno en el corazón.

Vicente Moriones Belzunegui era de Sangüesa. Pertenecía a la Red Ponzán. Utilizó pasaportes falsos gracias a la habilidad de compañeros de la organización bajo las identidades de José Luis Márquez Boya o Enrique Martínez. “El 14 de octubre de 1942, debido a la traición de un amigo zaragozano, la Policía irrumpió en la casa de Ponzán, en Toulouse, y detuvo a todos los presentes, entre ellos Moriones y el propio Ponzán”, relata Antonio Téllez en Cultura Libertaria.

EN FRANCIA A juicio de Iñaki Astoreka, estos cenetistas que cruzaron el Bidasoa durante la mal llamada Guerra Civil “huían de las bestias fascistas, tanto nacionales como internacionales, a las que habían combatido. Esos hombres y mujeres intentaron acogerse al país de la libertad y fueron recibidos como diablos que encarnaban una plaga”, valora, y va más allá: “Fueron internados en Francia en campos de concentración inhumanos y tratados como bestias, salvo excepciones. Muchos, además, fueron capaces de engrosar las filas de la resistencia, pagando con su muerte o sufriendo los campos de exterminio de Hitler”.

A pesar de su entrega total en batallones vascos de la CNT y en el resto del Estado, su ideología fue perdiendo adeptos. “Era muy difícil para aquellas personas transmitir unas ideas que estaban muy perseguidas, más con todo lo que había pasado en España con la guerra. Era un handicap, una barrera infranqueable. Por eso, hubo miedo a hablar a los descendientes sobre ello. Fuimos y somos rehenes de quienes firmaron los Pactos de La Moncloa”, analiza Astoreka.

El miembro de CNT Bilbao recuerda a otras personas que engrosan su lista, como el santanderino Luciano Allende Salazar, conocido como Toto, que protagoniza una fotografía que corta la respiración. “Es el hombre que carga en sus espaldas con un compañero exhausto”, subraya. Allende participó en diversas acciones armadas contra las tropas alemanas hasta ser detenido por la Gestapo en marzo de 1944.

“No pudieron sacarle nada y lo deportaron a Neuengamme, una antigua fábrica de ladrillo utilizada como fábrica de horror por las SS”, agrega. Murió en 1983. Tampoco quiere olvidar, por ejemplo, al bilbaino Francisco Foyo, que fue liberado de Mauthausen en mayo de 1945, o a la aragonesa Alfonsina Bueno, que fue condecorada por las autoridades británicas, estadounidenses y francesas por su participación en la resistencia. Falleció en Toulouse en 1979. Astoreka concluye orgulloso de estas figuras ya históricas: “Nuestros compañeros y compañeras fueron personas que nunca se rindieron”.

EGI, la antorcha de los gudaris del 36 de grafía celta

El catalán independentista Juan Queralt creó el célebre logotipo picassiano de Eusko-Gaztedi en 1960.

Un reportaje de Iban Gorriti

El logotipo de EGI es posterior a la guerra de 1936 a pesar de que la fundación de Euzko-Gaztedi data del 14 de febrero de 1904. No obstante, la manufactura del histórico símbolo parte de aquel conflicto bélico surgido tras un fallido golpe de Estado militar contra la legítima democracia de la Segunda República, y nacerá impreso en 1960 como Eusko-Gaztedi. Es decir, se abandona la z y pasa a ser Eusko-Gaztedi.

“El logo es posterior y cuenta con la mano y la antorcha, idea tomada del cuadro Guernica de Picasso. Además, era el logo de la revista Gudari, trabajo de personas exiliadas por la guerra civil en Venezuela. Era la forma de continuar la lucha desde la trinchera de la propaganda”, abrevia el exsenador jeltzale, Iñaki Anasagasti.

Logotipo de EGI, con la antorcha que simboliza la transmisión generacional del nacionalismo. (Foto: PNV)

Euzko-Gaztedi -primero Juventud Vasca- fue refundada en Venezuela, donde quedó integrada en la estructura política del PNV en el exterior. Cabe confirmar que las siglas de EGI surgieron tras haber editado la revista Gudari y ver la necesidad de crear una nueva organización juvenil. El catalán independentista Juan Queralt fue el creador del famoso logotipo, y como bien apunta Anasagasti tomando como idea el testigo de los antiguos gudaris pasado a las nuevas generaciones e inspirándose en la antorcha del cuadro Guernica, icono que se convirtió en su símbolo. Alberto Elósegui fue uno de los hombres que impulsaron este emblema y “alma de la revista Gudarien Venezuela”, de la que fue cofundador y editor hasta que desapareció en los años 70.

Este donostiarra -preso en Martutene durante la guerra- mantiene que históricamente siempre ha habido “cierto confusionismo” creado en torno a las siglas de EGI, a sus símbolos y a su acción.

Él atracó una mañana muy calurosa de 1956 al puerto venezolano de La Guaira, en un exilio sin esperanzas de retorno. “Me estaban esperando dos miembros de Euzko- Gaztedi”, rememora. Uno, el encartado Isaías de Atxa y el segundo, uno de Bergara. Comieron en Macuto. “Después de oír mi exposición de la situación de Euzkadi, tal cual la había experimentado, hicimos la firme promesa, casi el juramento, de intentar una reorganización a fondo de Euzko-Gaztedi (Juventud Vasca) a nivel internacional y alentar y apoyar su recuperación en el interior dotándola de los medios precisos. Era como para reírse de nuestra audacia”.

El nombre de EGI fue, a juicio del periodista Elósegui, “más el producto de una casualidad que el de una larga meditación”. Y es que existía por entonces en la capital una organización juvenil vasca, local, en el seno del Centro Vasco, que se llamaba Euzko-Gaztedi de Caracas. Era una organización política pero no partidista con integrantes de Acción Nacionalista Vasca, Jagi, PNV… “Sin distinción”, enfatiza.

Partiendo de ello, y tras conversaciones con los directivos de Euzko Gaztedi de Caracas se estableció la conveniencia de que en los recibos y documentos que se les pasara, como organización que era del PNV, se añadiera “algo que nos identificara plenamente, para evitar la confusión entre el Euzko-Gaztedi local y el Euzko-Gaztedi (Juventud Vasca) Resistente”. De ahí surgieron leyendas como Pro Juventud Resistente de Euzkadi. La aparición, además, de EKIN que acabaría adoptando las siglas de ETA, hizo que los recibos en 1957 y 58 fueron impresos como Euzko-Gaztedi del Interior, es decir, Euzko-Gaztedi Resistente, que fue ganando adeptos en Venezuela, México, Colombia y Argentina y reforzando no solo sus cuadros en América sino también en Iparralde y Hegoalde. “Basta echar una ojeada a nuestro órgano da prensa Gudari -creado también por un servidor en 1960-, para cerciorarme de que Euzko-Gaztedi (Juventud Vasca) o Euzko-Gaztedi (del) Interior estaba en marcha, tal como habíamos proyectado en aquella ahora histórica reunión de 1956”, ordena.

diseño de un catalánPronto, a Elósegui, redactor-jefe de la revista venezolana Momento y compañero en ella del periodista y literato a la postre Nobel Gabriel García Márquez, se le ocurrió que hacía falta dar un paso al frente: “Necesitábamos unas siglas que sintetizaran no solo la acción de apoyo nuestro hacia Euzko-Gaztedi del Interior, sino de grito activista digno de ser escrito con brea en las paredes de Euskal Herria. Entonces, no existía el cómodo spray”. Fue en ese momento cuando recuerda que lanzó las siglas EGI. A Peli de Irizar, Lucio de Aretxabaleta -Delegado del Gobierno Vasco en Venezuela- y al otro lado del Atlántico a Joseba Rezola les pareció bien. Como curiosidad, los símbolos de EGI no fueron diseñados por un vasco sino por un catalán, compañero de Elósegui y Gabo en la revista Momento. Fue en 1960 cuando Interior solicita al PNV logotipos para la propaganda. “Hablé con Queralt”. Era catalán nacionalista, exiliado del tiempo de la guerra que había luchado contra Franco y que se sumó al maqui en Francia contra los alemanes.

Propuso que la imagen de EGI fuera una mano con una llama para significar “el paso de la antorcha de la generación de los gudaris de la guerra a la nuestra”. Y, con arreglo a ello, el catalán recordó a Picasso. “No era tomado del Guernica real, sino de un boceto anterior publicado en un libro sueco que detallaba, paso a paso, cómo había ido haciendo el pintor su obra. Pronto vino a la redacción con los símbolos a gran tamaño”.

Al recibir el original -que ya lleva escrito Eusko-Gaztedi con s- lo entregó en la siguiente reunión. “El precio de los símbolos fue de una taza de café que nos tomamos en la cafetería de la revista y que costó 0,25 de bolívar. Al cabo de unas semanas pasaron a ilustrar la revista Gudari y a ser reproducidos en hojas multicopiadas que EGI sacaba clandestinamente en Bilbao”.

La tipografía, como Queralt, tampoco era vasca, como algunos presuponían. El autor confirmó que era “celta, pero dada la urgencia del asunto y la aceptación que desde el primer momento tuvieron en el interior, nunca cambiamos las letras”, agrega.

Elósegui desea que no se creen más dudas al respecto. “Esta es la historia simple de unos símbolos que, buenos o malos, sirvieron en unos momentos muy azarosos y que registró legalmente el partido. Y sobre cuya pertenencia, espero, no haya la menor duda en el futuro”.