{"id":1043,"date":"2016-12-28T12:47:09","date_gmt":"2016-12-28T11:47:09","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.com\/historiasdelosvascos\/?p=1043"},"modified":"2016-12-28T12:47:09","modified_gmt":"2016-12-28T11:47:09","slug":"nochebuena-de-1836-la-batalla-de-lutxana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/2016\/12\/28\/nochebuena-de-1836-la-batalla-de-lutxana\/","title":{"rendered":"Nochebuena de 1836: La batalla de Lutxana"},"content":{"rendered":"<p><em>Un error en la interpretaci\u00f3n de una orden por parte de un corneta, que toc\u00f3 \u2018al ataque\u2019 cuando le hab\u00edan dicho que tocara \u2018alto\u2019, propici\u00f3 que los liberales derrotaran a los carlistas y tomaran Bilbao. La nieve en Lutxana se ti\u00f1\u00f3 de sangre<\/em><\/p>\n<p>Un reportaje de<strong> Enrique de la Pe\u00f1a<\/strong><\/p>\n<p><span style=\"text-transform: uppercase;\">LA<\/span> localidad de Lutxana fue testigo, hoy hace 180 a\u00f1os, de acontecimientos memorables que cambiaron el devenir de la naci\u00f3n. En aquel reducido espacio, el fiel de la balanza de la historia oscil\u00f3 mientras miles de hombres derramaban su sangre bajo las condiciones climatol\u00f3gicas m\u00e1s adversas.<\/p>\n<p>Diciembre de 1836. Nuestro pa\u00eds sufre desde hace tres a\u00f1os una sangrienta guerra civil, un conflicto ideol\u00f3gico que posteriormente ser\u00eda denominado la Primera Guerra Carlista. A su muerte, Zumalac\u00e1rregui leg\u00f3 a su rey un ej\u00e9rcito aguerrido y un embri\u00f3n de estado que desafiar\u00eda mortalmente a la Espa\u00f1a de Isabel II que contaba con todos los recursos del Estado y con el respaldo de Francia, Gran Breta\u00f1a y Portugal, integradas en la Cu\u00e1druple Alianza. Sin embargo, en agosto de 1836 los liberales m\u00e1s radicales hab\u00edan obligado a Mar\u00eda Cristina, la Reina Gobernadora, a firmar la Constituci\u00f3n de 1812 y cund\u00eda la divisi\u00f3n y el desasosiego en las filas isabelinas.<br \/>\n<img decoding=\"async\" class=\" aligncenter\" src=\"http:\/\/static.deia.com\/images\/2016\/12\/24\/import_9000038.jpg\" alt=\"\" \/><\/p>\n<p>El carlismo ten\u00eda tambi\u00e9n graves preocupaciones y la fundamental era la perenne penuria econ\u00f3mica; precisaba desesperadamente recursos, y Don Carlos fij\u00f3 su mirada en Bilbao. Si la rica villa fuera tomada por sus tropas, podr\u00eda obtener los pr\u00e9stamos necesarios. La junta convocada en Durango en octubre de 1836 acord\u00f3 la conquista de la capital vizcaina y los generales Egu\u00eda y Villareal dirigir\u00edan las operaciones.<\/p>\n<p>El 24 de diciembre amaneci\u00f3 nuboso y fr\u00edo. Llov\u00eda y hab\u00eda nieve en los altos. Aquel domingo, la villa se mostraba triste, oscura y angustiada, y muchos de sus edificios eran montones de escombros humeantes. Se cumpl\u00edan sesenta y cuatro d\u00edas de asedio y la situaci\u00f3n era desesperada, pero la plaza no pensaba en rendirse. Desde los altos de Miribilla se miraba con ansiedad hacia Portugalete, donde el ej\u00e9rcito del Norte, al mando de Espartero, se esforzaba en romper el cerco. Pero la salvaci\u00f3n no llegaba y pasaban los d\u00edas\u2026<\/p>\n<p>Los carlistas eran tenaces; uno a uno hab\u00edan tomado los fuertes que proteg\u00edan Bilbao: Banderas, Capuchinos, San Mam\u00e9s, Burtze\u00f1a, Lutxana\u2026 y en ellos se hab\u00edan apropiado de artiller\u00eda que engros\u00f3 la suya propia para herir a la ciudad. El fuerte de San Agust\u00edn, en el solar del actual ayuntamiento, era la puerta de entrada al coraz\u00f3n de la villa, y all\u00ed fue donde con m\u00e1s denuedo golpearon. Los intensos bombardeos y asaltos del 17, el 22 y el 27 de noviembre convirtieron el edificio en una ruina que finalmente fue tomada a trav\u00e9s de las alcantarillas. La consternaci\u00f3n se apoder\u00f3 de la ciudad; su p\u00e9rdida parec\u00eda inminente. Sin embargo, en un golpe de audacia, guarnici\u00f3n y milicianos tomaron una suicida determinaci\u00f3n; bajo un tiroteo constante que supuso un sangriento tributo, consiguieron acumular material combustible y dar fuego al edificio, logrando un tiempo precioso para establecer una segunda l\u00ednea en la entrada del Arenal que conjur\u00f3 el peligro. En claro desaf\u00edo, los milicianos bilbainos colocaron en el lugar un gran cartel en el que se le\u00eda <i>Tr\u00e1nsito a la Muerte<\/i>.<\/p>\n<p>Ese mismo d\u00eda, 27 de noviembre, Espartero pas\u00f3 el r\u00edo Galindo y lanz\u00f3 a sus hombres a la conquista del puente de Castrejana sobre el Cadagua. Los batallones alaveses y guipuzcoanos del general Villareal, unos cuatro mil hombres, se defendieron tenazmente de los quince mil liberales y, cuando refuerzos carlistas pasaron el puente de Alonsotegi, los cristinos hubieron de retirarse de nuevo a Portugalete ante el riesgo de verse envueltos.<\/p>\n<p>Dos d\u00edas despu\u00e9s, el general liberal decidi\u00f3 hacer un intento por la margen derecha. La marina espa\u00f1ola y brit\u00e1nica le procur\u00f3 un puente de 680 pies desde Portugalete hasta la orilla contraria abarloando treinta y dos nav\u00edos. El 30 de noviembre los constitucionales marchan por Leioa y Erandio hacia As\u00faa; all\u00ed el puente sobre el r\u00edo est\u00e1 cortado, las defensas son demasiado s\u00f3lidas y los liberales se ven bloqueados en la margen derecha del r\u00edo As\u00faa. Mientras tanto, un violento temporal ha destrozado el puente de barcas y la situaci\u00f3n se hace cr\u00edtica. Los isabelinos son atacados mientras se construye un nuevo puente; el d\u00eda 7 evac\u00faan la margen derecha y regresan a Portugalete donde les espera un refuerzo de cuatro mil hombres.<\/p>\n<p><span class=\"MayusculasNegrita\">Llegan refuerzos <\/span>Un nuevo intento frustrado en Burtze\u00f1a hace cundir el des\u00e1nimo en el ej\u00e9rcito liberal. Sin embargo, una encendida proclama de su general y la llegada de dinero y nuevos refuerzos elevan la moral. La oficialidad liberal considera imposible la liberaci\u00f3n de la villa, pero, alentado por los mandos ingleses, Espartero se impone: no hay alternativa; salvar la plaza o morir en el intento. El general sabe su prestigio en juego y, si es derrotado, Bilbao se perder\u00e1 inevitablemente; pero ha de actuar con presteza, la plaza puede caer en cualquier momento y sus consecuencias ser\u00edan desastrosas.<\/p>\n<p>El apoyo ingl\u00e9s ser\u00e1 decisivo; desde la posici\u00f3n fuertemente artillada por los brit\u00e1nicos en el Desierto, frente a Erandio, se construye un nuevo puente el d\u00eda 17 para el paso de tropas. El 23 pasan el Galindo y los liberales ocupan la margen izquierda frente a Lutxana, a la vez que se posicionan en Erandio.<\/p>\n<p>El d\u00eda de Nochebuena, Espartero se halla enfermo; aquejado de c\u00f3licos se encuentra encamado en Erandio, en el palacete de D. Jos\u00e9 Mar\u00eda Jado, rico propietario bilbaino. Ser\u00e1 su lugarteniente el general Or\u00e1a quien elabore los planes de asalto y dirija las operaciones; Espartero, desde su cama, recibir\u00e1 informaci\u00f3n y dar\u00e1 las \u00f3rdenes oportunas.<\/p>\n<p>Al amanecer, un intenso bombardeo golpea las defensas carlistas en Lutxana que disponen de una bater\u00eda en Montecabras, a 50 pies de altura, un fort\u00edn en la <i>Casa de la P\u00f3lvora<\/i> y un reducto de un solo ca\u00f1\u00f3n junto al destruido puente sobre el As\u00faa. Sorprendentemente, el mando carlista no es consciente de lo que se avecina y muchas de las tropas, ante un tiempo realmente horrible, han sido acantonadas en los alrededores.<\/p>\n<p>Or\u00e1a sabe que la clave es el puente de Lutxana y ha puesto en marcha todo su ingenio. Tres batallones se han situado en la margen izquierda y sus ca\u00f1ones causan estragos en la otra orilla. Repentinamente, hacia las 4 de la tarde, el d\u00eda se oscurece y cae una tromba de granizo y nieve; el momento es aprovechado y ocho compa\u00f1\u00edas de soldados escogidos son transportadas desde la margen izquierda en treinta lanchas. Dos balsas brit\u00e1nicas se dirigen al puente; aportan materiales para su pronta reconstrucci\u00f3n. La niebla y la cellisca impiden a los carlistas divisar a sus enemigos hasta que ya los tienen encima, y son muy pocos frente al masivo e inesperado desembarco. A pesar de la obstinada defensa, los carlistas han de replegarse y sus contrarios toman las posiciones una a una, apoder\u00e1ndose del puente y de Montecabras. Las balsas permiten el paso de varios batallones mientras los ingenieros se afanan febrilmente en la reparaci\u00f3n del puente, que quedar\u00e1 apto en el plazo de una hora y media.<\/p>\n<p><span class=\"MayusculasNegrita\">A la bayoneta <\/span>Los liberales se lanzan monte arriba, pero a mitad de camino topan con una obstinada defensa que les detiene en seco. De Banderas bajan refuerzos; muchos de ellos son castellanos, hombres extenuados que han llegado cinco d\u00edas antes con el general G\u00f3mez tras seis meses de un recorrido por toda la pen\u00ednsula que les ha llevado hasta Algeciras. Los siete batallones que pueden oponer los carlistas est\u00e1n incompletos, alguno de ellos no cuenta m\u00e1s de trescientos efectivos.<\/p>\n<p>A pesar de la enorme desproporci\u00f3n, los carlistas resisten y los cristinos se ven en una situaci\u00f3n cr\u00edtica; el temporal ha destruido el puente que le une con la margen izquierda y la nieve cubre el paisaje y los cad\u00e1veres. Se dan violentos ataques a la bayoneta y nadie cede. Hacia las once y media, Or\u00e1a acude a Espartero y le expone lo apurado de la situaci\u00f3n. El general pide un caballo y sobreponi\u00e9ndose a sus dolores acude al lugar del combate siendo recibido por los soldados como a su salvador. En primera l\u00ednea, el general Iribarren ha enardecido a sus hombres y se han lanzado de nuevo contra los facciosos. Espartero se ve frustrado; su idea era esperar el amanecer, aunque su situaci\u00f3n es muy comprometida rodeada por montes infestados de enemigos y con dos r\u00edos a retaguardia. Ante la precipitaci\u00f3n de Iribarren exclama con irritaci\u00f3n: \u201cS\u00ed, ya est\u00e1 empe\u00f1ada la lucha y vamos a morir\u201d. Hacia la una de la madrugada un violent\u00edsimo aguacero hace imposible el combate. En la noche, Espartero cre\u00eda perdida la batalla; no sab\u00eda que el frente enemigo era extremadamente d\u00e9bil y ve\u00eda su posici\u00f3n en Lutxana muy precaria. Sin embargo, un hecho fortuito, cuando ordenaba el relevo de tropas, le entreg\u00f3 la llave de la victoria. Or\u00e1a orden\u00f3 a un corneta tocara <i>alto<\/i>; pero el soldado confundi\u00f3 la orden y se\u00f1al\u00f3 la de <i>ataque<\/i>. Y, milagrosamente, aquellos soldados extenuados y ateridos se lanzaron adelante como aut\u00f3matas. Or\u00e1a hizo amago de atravesar con su espada al infeliz corneta, pero Espartero al ver la reacci\u00f3n de sus hombres, cogi\u00f3 del brazo a su lugarteniente y permiti\u00f3 que continuara la acci\u00f3n.<\/p>\n<p>Los carlistas se hallaban extenuados y faltos de munici\u00f3n, y, ante aquel ataque inesperado, se desmoron\u00f3 su voluntad y las l\u00edneas cedieron; todo fue confusi\u00f3n y los voluntarios no obedec\u00edan ya a sus oficiales. Incre\u00edblemente, sus mandos no hab\u00edan reaccionado y los combatientes no recibieron los refuerzos que hubieran podido derrotar a los cristinos como hicieron d\u00edas antes en Kastrexana.<\/p>\n<p>Hacia las 4 de la ma\u00f1ana, los liberales tomaron el fuerte de Banderas mientras los carlistas se desbandaban hacia As\u00faa, Sondika y Derio. Tras la ocupaci\u00f3n del molino de viento y las casas de Artxanda, la liberaci\u00f3n de Bilbao era ya un hecho.<\/p>\n<p>A las 9 de la ma\u00f1ana, Espartero hizo su entrada a pie en Bilbao, y quiso hacerlo pasando junto a las ruinas de San Agust\u00edn, recorriendo el <i>Tr\u00e1nsito a la Muerte<\/i>. En el Arenal formaba la Milicia Nacional y all\u00ed abraz\u00f3 a todos sus jefes haci\u00e9ndoles patente que \u201cenvidiaba mucho la justa y merecida gloria que hab\u00edan adquirido\u201d.<\/p>\n<p>La liberaci\u00f3n de Bilbao reson\u00f3 en toda la Espa\u00f1a liberal y desat\u00f3 el j\u00fabilo de los partidarios de la Reina. La villa fue declarada <i>invicta<\/i>, adem\u00e1s de <i>muy noble y leal<\/i>, se otorgaron pensiones a viudas y hu\u00e9rfanos y Espartero obtuvo el t\u00edtulo de Castilla con el apelativo de <i>Conde de Luchana<\/i>; empezaba para \u00e9l una carrera fulgurante que le llevar\u00eda a lo m\u00e1s alto en el estado liberal.<\/p>\n<p>Para los carlistas la batalla de Lutxana fue un absoluto desastre que de un plumazo hizo in\u00fatiles los enormes sacrificios realizados ante la villa. Egu\u00eda y Villareal fueron destituidos, cundi\u00f3 el des\u00e1nimo y se habl\u00f3 de traici\u00f3n. S\u00f3lo la inactividad de Espartero impidi\u00f3 la total destrucci\u00f3n de las fuerzas realistas, que, no obstante, supieron sobreponerse a la adversidad. Pocas semanas despu\u00e9s de Lutxana, plantar\u00edan cara nuevamente a sus bien armados oponentes. La guerra durar\u00eda todav\u00eda tres largos a\u00f1os\u2026<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un error en la interpretaci\u00f3n de una orden por parte de un corneta, que toc\u00f3 \u2018al ataque\u2019 cuando le hab\u00edan dicho que tocara \u2018alto\u2019, propici\u00f3 que los liberales derrotaran a los carlistas y tomaran Bilbao. 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