{"id":1107,"date":"2017-06-05T12:33:41","date_gmt":"2017-06-05T10:33:41","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.com\/historiasdelosvascos\/?p=1107"},"modified":"2017-06-05T12:33:41","modified_gmt":"2017-06-05T10:33:41","slug":"de-tipos-y-estereotipos-la-mirada-de-los-otros","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/2017\/06\/05\/de-tipos-y-estereotipos-la-mirada-de-los-otros\/","title":{"rendered":"De tipos y estereotipos: La mirada de los otros"},"content":{"rendered":"<p><em>Muchos han sido los viajeros que a lo largo de la historia han dejado por escrito su impresi\u00f3n, no exenta de curiosidades, sobre los vascos y el pa\u00eds<\/em><\/p>\n<p>Un reportaje de Marian \u00c1lvarez<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/static.deia.com\/images\/2017\/06\/03\/import_9326764.jpg\" alt=\"\u2018Civitates Orbis Terrarum\u2019, Colonia 1598.\" \/><br \/>\n\u2018Civitates Orbis Terrarum\u2019, Colonia 1598.<\/p>\n<p>Los libros de viajes constituyen, seg\u00fan expresi\u00f3n de Ana M\u00aa Freire, la forma literaria de la materia hist\u00f3rica. En sus distintas expresiones (diarios, apuntes, cr\u00f3nicas, memorias\u2026) proporcionan numerosas noticias sobre las tierras visitadas y, convenientemente sometidas a un an\u00e1lisis cr\u00edtico que elimine la subjetividad que las impregna, se convierten en una fuente de valor incalculable para el conocimiento del pasado. Acercarnos a los relatos, a los testimonios e impresiones de los viajeros extranjeros que, de paso o como destino final, visitaron el Pa\u00eds de los Vascos, es el objetivo de este art\u00edculo.<\/p>\n<p>Son viajeros de todo tipo y condici\u00f3n, que comienzan a dejar testimonios escritos en \u00e9pocas medievales, para florecer en la Edad Moderna y explosionar en el siglo XIX. Voces y miradas ajenas, algunas de ellas te\u00f1idas de prejuicios ante pueblos que consideran inferiores, otras muchas plenas de curiosidad e inter\u00e9s casi cient\u00edfico, que buscan la fidelidad y objetividad del relato y otras, por \u00faltimo, que destilan admiraci\u00f3n por el ambiente rom\u00e1ntico y pintoresco que encuentran en esta tierra. De sus observaciones sobre el Pa\u00eds recogeremos tan s\u00f3lo aquellas que hacen referencia a sus habitantes, su car\u00e1cter, su personalidad, sus costumbres\u2026 dejando para otra ocasi\u00f3n las descripciones del paisaje, la econom\u00eda y, por supuesto, el idioma que, por diferente y extra\u00f1o, fue el elemento que m\u00e1s llam\u00f3 la atenci\u00f3n de todos aquellos que nos visitaron.<\/p>\n<p>Data del a\u00f1o 1140 el primero de estos relatos que, con una cierta extensi\u00f3n, se ocupa de los vascos. Se trata de una especie de gu\u00eda del camino de Santiago, incluida en el Libro V del Codex Calixtinus, escrita por el cl\u00e9rigo franc\u00e9s Aymeric Picaud y su acompa\u00f1ante, la flamenca Girberga de Flandes. Producto posiblemente de una mala experiencia a su paso por estas tierras, son terribles y numerosos los descalificativos que nos dedica: <i>de color negro, de aspecto innoble, malvados, perversos, p\u00e9rfidos, desleales<\/i>, <i>lujuriosos, borrachos, agresivos, feroces y salvajes, desalmados y r\u00e9probos, imp\u00edos y rudos, crueles y pendencieros<\/i>. Junto a esta retah\u00edla, que contin\u00faa en parecidos t\u00e9rminos, se\u00f1alan, sin embargo, que <i>en el campo de la guerra son de buena calidad, y para asaltar el campo o el combate, atrevidos<\/i>. Surge as\u00ed el primero de los estereotipos, la valent\u00eda y fortaleza de los hombres vascos, en el que incidir\u00e1n viajeros posteriores a\u00f1adiendo tambi\u00e9n nuevos rasgos, tales como un f\u00edsico vigoroso, su amabilidad y afabilidad para con los forasteros y su car\u00e1cter alegre. Pero ser\u00e1 el m\u00e9dico Gaspar Stein, en el a\u00f1o 1610, quien introduzca otra caracter\u00edstica que har\u00e1 fortuna posteriormente: <i>son ingeniosos, ilustrados, valientes, \u00e1giles, defensores ac\u00e9rrimos de sus privilegios, diestros en el manejo de las armas, f\u00e1ciles de atraer y sedientos de grandeza.<\/i><\/p>\n<p>En efecto, el sentimiento de pertenencia a un pueblo y la conciencia de su singularidad se convertir\u00e1 en otro de los aspectos m\u00e1s destacados y repetidos a partir de ahora en las descripciones de los viajeros, quienes reflejar\u00e1n el amor de los vascos por su tierra y sus compatriotas, su car\u00e1cter orgulloso y su empe\u00f1o en la defensa de sus libertades.<\/p>\n<p><span class=\"MayusculasNegrita\">M\u00e1s instruidos y activos <\/span><i>Respecto a los hombres de Vizcaya se dice com\u00fanmente en Espa\u00f1a, como tambi\u00e9n en Francia, que prefieren robar a mendigar; no porque sean notables por robar, sino porque desprecian pedir. (\u2026) en Madrid se tiene en general la idea de que los vizca\u00ednos son m\u00e1s instruidos y activos que otros espa\u00f1oles; los vizca\u00ednos se apoyan mucho unos a otros siempre que se encuentran fuera de su provincia, y promueven los intereses unos de otros (\u2026) pero en cuanto los vizca\u00ednos adquieren en Madrid alguna fortuna, abandonan el lugar y se retiran a sus amadas monta\u00f1as, donde se construyen buenas casas y viven el resto de su vida con holgura y comodidad<\/i> (Giuseppe Baretti, 1770).<\/p>\n<p><i>\u2026el m\u00e1s amable, m\u00e1s hospitalario y m\u00e1s preventivo del mundo cuando el extranjero es un visitante en paz, el vasco es un le\u00f3n excitado cuando la planta de un invasor profana su suelo libre, y apela a sus energ\u00edas en defensa de su amada libertad que le fue trasmitida desde tiempo inmemorial<\/i> (Sydney Crocker, 1839).<\/p>\n<p>Las mujeres vascas, por su parte, merecieron muchas m\u00e1s p\u00e1ginas que los hombres. Pr\u00e1cticamente todos los viajeros que pasaron por el Pa\u00eds les dedicaron su atenci\u00f3n y pr\u00e1cticamente todos ellos tambi\u00e9n coincidieron en destacar los mismos extremos, mayoritariamente en tono elogioso, aunque no faltaron algunos, de moral quiz\u00e1s m\u00e1s r\u00edgida, como nuestro ya conocido Picaud, que las calificaron de imp\u00fadicas y de costumbres licenciosas.<\/p>\n<p>Los extranjeros que recorrieron el Pa\u00eds hasta el siglo XVIII manifestaron en primer lugar su sorpresa por la peculiaridad de sus peinados y tocados. Se asombraron sobremanera con los ya muy conocidos tocados corniformes propios de las mujeres casadas, pero no olvidaron poner tambi\u00e9n el acento en el aspecto de las solteras, que llevaban la cabeza descubierta y rapada hasta la coronilla, dejando s\u00f3lo algunas mechas en la frente y los laterales.<\/p>\n<p><i>\u2026las mozas con las cabezas rapadas, salvo algunos mechones que se dejan de cabello largo<\/i> (Le\u00f3n de Rosmithal, 1465).<\/p>\n<p><i>Las doncellas no casadas van con la cabeza descubierta y llevan sobre la cabeza desnuda \u00e1nforas, vasijas y cualquier cosa no ligera\u2026 Inmediatamente despu\u00e9s de casarse cubren su cabeza con un velo y la tapan, como con un casco, con una cinta de lienzo de color dorado que enrollan de manera que sobresale un poco sobre la frente a la manera de un cuerno. Es gente afable, elegante y alegre. Los hombres nunca van sin armas y menos a\u00fan sin arco y flecha, ni siquiera a la iglesia<\/i> (Georg Braun, Civitates Orbis Terrarum, 1575).<\/p>\n<p>A partir del siglo XVIII los visitantes for\u00e1neos registrar\u00e1n el cambio de las modas y pasar\u00e1n a elogiar ahora los cabellos de las j\u00f3venes, peinados en largas trenzas y adornados con lazos de colores, un arreglo que contribuir\u00e1 a aumentar, m\u00e1s si cabe, su belleza natural, otra de las cualidades ensalzada en todos los relatos que estudiamos. Hermosas, esbeltas, coquetas, altas, gr\u00e1ciles, alegres, de cutis fresco y tez lozana\u2026 ser\u00e1n expresiones repetidamente usadas en sus escritos para describir a las mujeres vascas.<\/p>\n<p><i>Su fresca tez, sus ojos negros y fogosos, su hermosa cabellera, la plenitud y la proporci\u00f3n de su talla, la vivacidad de sus modales, todo ello es encantador para el forastero<\/i> (Christian August Fischer, 1797).<\/p>\n<p><i>De talla superior a la media, con hermosa figura, ojos negros, pelo trenzado hasta casi los pies, pa\u00f1uelos de alegres colores coquetamente colocados en las cabezas, algunas ten\u00edan caras muy bellas, con una expresi\u00f3n viva e inteligente en el semblante<\/i> (Alexander Slidell Mackenzie, 1834).<\/p>\n<p>Con ser la belleza uno de los elementos recurrentes, habr\u00e1 sin embargo otro aspecto que concitar\u00e1, m\u00e1s si cabe, el inter\u00e9s y la atenci\u00f3n de estos <i>turistas<\/i> en su caminar por el Pa\u00eds. Ser\u00e1 la laboriosidad y la capacidad de trabajo de la mujer vasca, a la que visionaron desempe\u00f1ando los m\u00e1s duros oficios y labores, provocando su sorpresa y admiraci\u00f3n.<\/p>\n<p><span class=\"MayusculasNegrita\">Mujeres en la fragua <\/span><i>En Bilbao ellas son ganapanes y mozos de cordel de la Villa, que cargan y descargan los nav\u00edos. Van descalzas de pie y pierna, y desnudos los brazos y por la robustez de los m\u00fasculos que se las ven, se puede conjeturar la fuerza que alcanzan (\u2026) sostienen y llevan sobre la cabeza fardos tan pesados, que son menester dos hombres regulares para pon\u00e9rselos encima<\/i> (William Bowles, 1775).<\/p>\n<p><i>En ninguna parte he visto como aqu\u00ed tantos trabajos y tan penosos ejecutados por mujeres. En la parte espa\u00f1ola labran frecuentemente, inclinadas sobre la agria laya, (\u2026) en Bilbao llevan los m\u00e1s grandes pesos sobre la cabeza, en particular barras de hierro; hasta en la fragua las vi ocupadas con el martillo y el yunque<\/i> (Wilhelm Von Humboldt, 1801).<\/p>\n<p>Valientes y aguerridos los hombres, bellas y trabajadoras las mujeres. Alegres, todos ellos. Ser\u00e1 \u00e9sta, la alegr\u00eda, el gusto y la pasi\u00f3n por el baile y la fiesta como colof\u00f3n de todas las actividades, otra de las caracter\u00edsticas innumerables veces repetida en los libros de viajes. Fue Diego Cuelbis en 1599 el primero en mencionarla al describir a las mujeres que se le acercaron <i>saltando a la morisca, con las casta\u00f1uelas y el tamboril<\/i> y ser\u00e1n, dos siglos m\u00e1s tarde, Fischer y Humboldt quienes nos ofrecer\u00e1n una descripci\u00f3n m\u00e1s elaborada al darnos cuenta de las romer\u00edas a que asistieron a su paso por Bizkaia.<\/p>\n<p><i>Una romer\u00eda es una fiesta para todo Bilbao y es para el espectador no menos fiesta que para el bailar\u00edn, porque es general la pasi\u00f3n hacia esta diversi\u00f3n<\/i> (Christian August Fischer, 1797).<\/p>\n<p><i>En medio de esta laboriosidad, son los vascos el pueblo m\u00e1s animoso y expansivo que pueda verse, y al d\u00eda de labor m\u00e1s fatigoso sigue a menudo m\u00fasica y baile<\/i> (Wilhelm Von Humboldt, 1801).<\/p>\n<p>Con la afici\u00f3n por la m\u00fasica y el baile y una curiosa cita de W. Bowles finalizan estas breves pinceladas que intentan resumir las descripciones de los tipos, t\u00f3picos y estereotipos m\u00e1s comunes en la literatura de viajes referidos a los vascos. Queda a nuestro criterio y particular reflexi\u00f3n dictaminar y valorar lo que de cierto, verdad y fundamento pudieran contener y lo que de ellos pudi\u00e9ramos hoy todav\u00eda conservar.<i> <\/i><\/p>\n<p>Sea como fuere, me pareci\u00f3 que los ingleses y alemanes son sobrios en comparaci\u00f3n de muchos vizca\u00ednos que yo vi; y con todo eso, es cosa muy rara hallar un borracho (\u2026). Yo creo proviene la diferencia de que los vizca\u00ednos rara vez beben sin comer bien. Hombres y mujeres almuerzan, comen, meriendan y cenan; y si no fuese por los achaques que a veces resultan de esto, vivir\u00edan ociosos los pocos m\u00e9dicos que hay en Vizcaya (William Bowles, 1775).<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De tipos y estereotipos: La mirada de los otros<br \/>\nMuchos han sido los viajeros que a lo largo de la historia han dejado por escrito su impresi\u00f3n, no exenta de curiosidades, sobre los vascos y el pa\u00eds<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1544],"tags":[37162,89896],"class_list":["post-1107","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-sin-categoria","tag-historia-de-los-vascos","tag-miradas"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1107","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1107"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1107\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1108,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1107\/revisions\/1108"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1107"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1107"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1107"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}