{"id":1121,"date":"2017-07-03T12:45:38","date_gmt":"2017-07-03T10:45:38","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.com\/historiasdelosvascos\/?p=1121"},"modified":"2017-07-03T12:45:38","modified_gmt":"2017-07-03T10:45:38","slug":"centenario-de-la-obra-maestra-un-viatico-en-el-baztan-de-javier-ciga","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/2017\/07\/03\/centenario-de-la-obra-maestra-un-viatico-en-el-baztan-de-javier-ciga\/","title":{"rendered":"Centenario de la obra maestra \u2018Un vi\u00e1tico  en el Bazt\u00e1n\u2019, de Javier Ciga"},"content":{"rendered":"<p><em>Hace un siglo, la Exposici\u00f3n Nacional de Bellas Artes celebrada en Madrid acogi\u00f3 el cuadro \u2018Un vi\u00e1tico en el Bazt\u00e1n\u2019, una de las obras maestras, junto a \u2018El mercado de Elizondo\u2019, del pintor navarro Javier Ciga; una pintura que es un tratado de etnograf\u00eda<\/em><\/p>\n<p>Un reportaje de Pello Fern\u00e1ndez Oyaregui<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/static.deia.com\/images\/2017\/07\/01\/un-viatico-en-el-baztan-javier-ciga-1917.-museo-de-navarra_25999.jpg\" alt=\"\u2018Un vi\u00e1tico en el Bazt\u00e1n\u2019, Javier Ciga, 1917. Foto: Museo de Navarra\" \/><br \/>\n\u2018Un vi\u00e1tico en el Bazt\u00e1n\u2019, Javier Ciga, 1917. Foto: Museo de Navarra<\/p>\n<p>El 28 de mayo de 1917 en los Palacios de Exposiciones del Retiro de Madrid, con toda pompa y boato, se inaugur\u00f3 la Exposici\u00f3n Nacional de Bellas Artes de 1917, presidida por la familia real y m\u00e1ximas autoridades del Estado, y se clausur\u00f3 el 1 de julio (justo hace cien a\u00f1os). En la organizaci\u00f3n, se encontraban grandes artistas: Sorolla, Mu\u00f1oz Degrain, Anglada Camarasa, Romero de Torres L\u00f3pez Mezquita y un largo etc\u00e9tera. El pr\u00f3logo se hac\u00eda eco, de la dif\u00edcil coyuntura que viv\u00eda especialmente Europa a causa de la Primera Guerra Mundial. Se expusieron 404 obras de pintura, grabado y dibujo; muchas de ellas, hab\u00edan sido previamente rechazadas.<\/p>\n<p>En 1917, Javier Ciga present\u00f3 su obra <i>Un vi\u00e1tico en El Bazt\u00e1n<\/i> a esta exposici\u00f3n, que figura con el n\u00famero 76 del cat\u00e1logo. Ciga ven\u00eda precedido de su \u00e9xito parisino (1912-1914), e iniciaba su fecunda etapa de madurez.<\/p>\n<p>Se trata de su otra obra maestra, junto con <i>El mercado de Elizondo<\/i>. En ella, narra con incalculable valor etnogr\u00e1fico y sociol\u00f3gico, con personajes reales de su tiempo, una costumbre religiosa habitual en la \u00e9poca. Ciga participa de una constante en la pintura finisecular que es el progresivo tratamiento de los temas religiosos desde una perspectiva m\u00e1s costumbrista, acorde con ese nuevo papel protagonista que el pueblo adquiere en esta \u00e9poca tardorrom\u00e1ntica.<\/p>\n<p>La elecci\u00f3n de los figurantes era fundamental para dar veracidad y realismo a la escena. Ciga era consciente de que estas pinturas etnogr\u00e1ficas eran un retrato colectivo, en el que pod\u00eda elegir a sus personajes atendiendo a sus caracter\u00edsticas f\u00edsicas y psicol\u00f3gicas. Los modelos que aparecen en el cuadro son reales. El tema recoge el momento en el que el grupo de mujeres enlutadas provistas de cirios, forman el cortejo procesional precedidas por el prelado dom\u00e9stico de su Santidad (monse\u00f1or Mauricio Berekoetxea), que revestido con capillo de vi\u00e1tico protege el cop\u00f3n. Se disponen a entrar en la casa del enfermo para administrar los santos \u00f3leos y \u00faltimos sacramentos. La figura del monaguillo (Juan Lasa), es un ejemplo de placidez y rostro angelical, resaltado por un espl\u00e9ndido contraluz. El rito y el t\u00e9rmino, hacen alusi\u00f3n a la v\u00eda o camino y al alimento espiritual para emprender este \u00faltimo viaje. El acto se realizaba en absoluto silencio, tan solo roto por la campanilla del monaguillo, que lo iba anunciando para que la gente se arrodillara a su paso y acompa\u00f1ado todo ello por el ta\u00f1ido de campanas de vi\u00e1tico, que preced\u00edan a los posteriores toques de agon\u00eda y \u00f3bito.<\/p>\n<p>Son recibidos por el se\u00f1or del palacio (Vidal Apeztegu\u00eda); a la derecha, en primer plano, aparece un grupo de tres mujeres (Isabel Elizalde es la m\u00e1s joven y se coloca al fondo con el resto de figurantes, que eran asiladas de la Misericordia de Elizondo). La escena se desarrolla en el palacio de Askoa en Elbete y culmina con el paisaje del fondo, donde aparecen la antigua iglesia de Elizondo, la sinuosidad de los montes, el verdor de los prados, todo ello impregnado de ese bucolismo, que lo enmarca magistralmente.<\/p>\n<p><span class=\"MayusculasNegrita\">An\u00e1lisis formal <\/span>En un aut\u00e9ntico alarde compositivo, sit\u00faa un primer grupo de figuras en el \u00e1ngulo inferior derecho, compuesto por el se\u00f1or de la casa que recibe al cortejo procesional junto al grupo de mujeres enlutadas (colocadas siguiendo un esquema piramidal, contrastan la juventud de la \u00faltima figura con la vejez de las que aparecen en la primera fila), una vez m\u00e1s Ciga trata simb\u00f3licamente el paso del tiempo y las edades del ser humano; hace un estudio psicol\u00f3gico, a trav\u00e9s de estos rostros que son registros de vida, marcados por la dificultad, vejez, pero a la vez revestidos de enorme dignidad moral.<\/p>\n<p>Este grupo conduce hacia el otro conjunto compacto de figuras en la zona central, ocupada por el eclesi\u00e1stico y las mujeres enlutadas que van detr\u00e1s. En el espacio vac\u00edo intermedio irrumpe el monaguillo separando los espacios exterior e interior. Ciga era un maestro en el juego de contrastes: luces (artificiales y naturales) y sombras con sus fases intermedias y penumbras, exteriores e interiores, masas y vac\u00edos, grupos e individualidades, movimiento y quietud. Entre los grupos de personajes deja huecos estrat\u00e9gicos que permiten la circulaci\u00f3n por dentro del cuadro.<\/p>\n<p>Es la luz la protagonista indiscutible, la que marca esa idea de diagonalidad y profundidad. Adem\u00e1s, hay un conjunto de perspectivas que, a trav\u00e9s de l\u00edneas, de luces y sombras, dan credibilidad a un espacio que se nos presenta con visos de absoluta realidad. La luz es a la vez real y simb\u00f3lica, a veces utilizada de manera violenta, ilumina los rostros creando ese efecto caravaggiesco, pero sobre todo tiene un sentido trascendente, que remarca la fugacidad de la vida y espiritualiza los rostros con ese tono cobrizo que los transforma al estilo de Georges de La Tour. El propio monaguillo porta el farol de vi\u00e1tico, que para este rito ten\u00eda tres velas, para resaltar la importancia de la luz en tan crucial momento. La llama tratada por Ciga es tan real, que aparece ladeada por el viento que cobra presencia en el lienzo. El cirio as\u00ed como la argizaiola, son continuaci\u00f3n de aquel fuego del rito inici\u00e1tico en el momento del Bautismo, que ahora acompa\u00f1ar\u00e1 el \u00faltimo viaje. Constituye el elemento simb\u00f3lico de los dos sacramentos del inicio y del final de la vida. La luz disipadora de las tinieblas de la muerte, era el elemento que garantizaba ese tr\u00e1nsito o vi\u00e1tico a la otra vida. Ciga reproduce de manera magistral el ritual en torno a la muerte, que en la cultura vasca, tiene sus propias peculiaridades. Una vez producido el fallecimiento, la luz se colocaba en las tumbas ubicadas en el suelo de la iglesia o jarlekua y m\u00e1s tard\u00edamente en los cajones, fuesas o cestas, sobre los que se pon\u00eda la vela enroscada.<\/p>\n<p>En cuanto al color, contrasta la sobriedad de negros y pardos con el rabioso rojo y blanco del monaguillo. La matizaci\u00f3n del color as\u00ed como el empleo de claroscuros, resaltan la volumetr\u00eda y corporeidad de los personajes. Por \u00faltimo, cabe resaltar el preciosismo al que llega en el roquete plisado del monaguillo, los brocados del eclesi\u00e1stico, el claveteado de la puerta y el brillo de los objetos.<\/p>\n<p>La obra, ha figurado en importantes exposiciones: la mencionada de 1917 en Madrid, la Exposici\u00f3n-Homenaje en el Museo de Navarra en 1978, en 1986 en la exposici\u00f3n Medio siglo de pintura navarra en San Adri\u00e1n del Bes\u00f3s (Barcelona) y en 2014 en Aranda de Duero, en la exposici\u00f3n de Arte Sacro m\u00e1s importante a nivel estatal &#8211;<i>Las Edades del Hombre<\/i>-.<\/p>\n<p>Esta obra fue ampliamente glosada, tanto en la prensa local, como en la cr\u00edtica art\u00edstica del <i>Heraldo de Madrid<\/i>, donde le dedicaron grandes elogios.<\/p>\n<p>En cuanto a la propiedad y al precio pagado, sabemos que fue adquirida por la Diputaci\u00f3n Foral de Navarra por 1.625 pesetas, cantidad esta, muy por debajo de su valor art\u00edstico.<\/p>\n<p><span class=\"MayusculasNegrita\"> Antecedentes y significado <\/span>Si bien el tema fue tratado en el Barroco con Rubens, o por los disc\u00edpulos de Goya, Alenza y Lucas Villamil; en el caso de Ciga, tendr\u00edamos que referirnos a la influencia francesa y en concreto a Courbet o a Lucien Simon, con su <i>Procesi\u00f3n en Breta\u00f1a<\/i>. Su autor fue profesor de las academias Grand Chaumi\u00e8re y Colarossi, frecuentadas por Ciga.<\/p>\n<p>Pero refiri\u00e9ndonos a obras m\u00e1s cercanas, como son los cortejos procesionales, tendr\u00edamos que citar las procesiones del Corpus de Bidarrai de Marie Garay y la de Lezo de su amigo Salaverr\u00eda, con la que comparte realismo, profundidad y devoci\u00f3n reflejados en los eclesi\u00e1sticos, pero sobre todo en la reciedumbre del pueblo llano y en las doloridas mujeres enlutadas que nutren ambos cortejos. Salaverr\u00eda dec\u00eda, que hab\u00eda recogido la imploraci\u00f3n: <i>Libra gaitzazu, Jaunak, gaitz guztietatik<\/i>. Esto mismo transmite Ciga a trav\u00e9s de su obra, que no solo recoge con absoluta fidelidad la escena religiosa, sino la s\u00faplica dolorida de un pueblo, que gime en las puertas de la muerte. As\u00ed mismo, refleja muy bien el sentido omnipresente que ten\u00eda la muerte en la cultura vasca, que se plasma en ese recogimiento profundo y natural, muy lejos del gesto pla\u00f1idero de otras culturas, que reflejan pintores coet\u00e1neos, como el granadino L\u00f3pez Mezquita en su lienzo <i>El Velatorio<\/i>.<\/p>\n<p>Hace un estudio individual y colectivo, que nos trasporta al concepto de <i>etnos<\/i> (pueblo que comparte sentimiento, lengua, cultura, tradici\u00f3n) y <i>ethos<\/i> (espacio f\u00edsico y comportamiento del grupo). Bazt\u00e1n profundo y eterno, palpita en la obra de Ciga. Esta obra constituye un documento sociol\u00f3gico y etnogr\u00e1fico, siendo Ciga una vez m\u00e1s, int\u00e9rprete del alma y de la sociedad de su tiempo. El naturalismo, es su v\u00eda suprema de expresi\u00f3n art\u00edstica. Hace suya la idea de Alberti, expresada en 1436 en su tratado <i>De Pictura<\/i>: \u201cUna historia conmover\u00e1 los \u00e1nimos de los espectadores, cuando los personajes pintados expresen sus emociones con claridad\u201d. Esto es precisamente lo que consigue Ciga, llevando a la \u00faltima consecuencia su Pintura de Verdad.<\/p>\n<p>Si t\u00e9cnicamente podemos calificarla de sobresaliente, m\u00e1s lo es su significado. Nuestro pintor no se qued\u00f3 en el virtuosismo t\u00e9cnico, sino que trascendi\u00f3 este, consiguiendo plasmar la emoci\u00f3n religiosa, el profundo recogimiento y el hondo misticismo que refleja la escena, en definitiva, el latir de un pueblo a trav\u00e9s de sus gentes. Esta obra supone un ejercicio de introspecci\u00f3n, que indaga en lo m\u00e1s profundo y conceptual del arte, defini\u00e9ndola como un ejemplo de Metapintura. Est\u00e1 llena de esencialidad, ya que detr\u00e1s de escenas realistas, siempre est\u00e1 el ser, dot\u00e1ndoles as\u00ed, de ese h\u00e1lito existencialista y trascendental que va m\u00e1s all\u00e1 y que nos transporta a un realismo metaf\u00edsico y a la idea de lo sublime en el arte.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Centenario de la obra maestra \u2018Un vi\u00e1tico  en el Bazt\u00e1n\u2019, de Javier Ciga<br \/>\nHace un siglo, la Exposici\u00f3n Nacional de Bellas Artes celebrada en Madrid acogi\u00f3 el cuadro \u2018Un vi\u00e1tico en el Bazt\u00e1n\u2019<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1544],"tags":[22872,37162],"class_list":["post-1121","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-sin-categoria","tag-baztan","tag-historia-de-los-vascos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1121","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1121"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1121\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1122,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1121\/revisions\/1122"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1121"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1121"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1121"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}