{"id":1159,"date":"2017-11-13T12:53:24","date_gmt":"2017-11-13T11:53:24","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.com\/historiasdelosvascos\/?p=1159"},"modified":"2017-11-13T12:53:24","modified_gmt":"2017-11-13T11:53:24","slug":"el-padre-arrupe-un-hombre-para-los-demas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/2017\/11\/13\/el-padre-arrupe-un-hombre-para-los-demas\/","title":{"rendered":"El padre Arrupe un hombre para los dem\u00e1s"},"content":{"rendered":"<p><em>Pedro Arrupe marc\u00f3 una trayectoria determinante en la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas al llevarla a una nueva realidad con la b\u00fasqueda de la justicia social como compa\u00f1era de la promoci\u00f3n de la fe. El empe\u00f1o le proporcion\u00f3 alegr\u00edas y sinsabores<\/em><\/p>\n<p>Un reportaje de Jon Artabe<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/static.deia.com\/images\/2017\/11\/12\/import_9631086.jpg\" alt=\"En 1938, el padre Arrupe fue destinado a la misi\u00f3n de Jap\u00f3n donde le toc\u00f3 vivir el bombardeo at\u00f3mico de Hiroshima.\" \/><br \/>\nEn 1938, el padre Arrupe fue destinado a la misi\u00f3n de Jap\u00f3n donde le toc\u00f3 vivir el bombardeo at\u00f3mico de Hiroshima.<\/p>\n<p>EL martes 14 de noviembre se cumplir\u00e1n 110 a\u00f1os del nacimiento de Pedro Arrupe, vig\u00e9simo octavo prep\u00f3sito general de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas, el segundo de origen vasco despu\u00e9s de su fundador, San Ignacio de Loyola. Los jesuitas han organizado varios actos de celebraci\u00f3n en Arrupe Etxea, en Bilbao, en honor al jesuita bilba\u00edno que los lider\u00f3 en uno de los momentos m\u00e1s cruciales de su ya larga historia de casi 500 a\u00f1os.<\/p>\n<p>Pero, \u00bfqui\u00e9n fue el padre Arrupe? De padres originarios de Mungia, Pedro Arrupe naci\u00f3 en Bilbao el 14 de noviembre de 1907 en la calle de la Pelota (en la actualidad una placa indica la casa donde naci\u00f3). De familia de clase media, perdi\u00f3 a su madre a los 8 a\u00f1os y, m\u00e1s tarde, mientras estudiaba en la universidad, a su padre. Estudi\u00f3 en el colegio de los Padres Escolapios y desde ni\u00f1o particip\u00f3 en la Congregaci\u00f3n Mariana de San Estanislao de Kostka, promovida por los jesuitas. Curs\u00f3 sus estudios de Medicina en Madrid, donde comparti\u00f3 pupitre con un futuro premio Nobel, Severo Ochoa, y tuvo como profesor al que ser\u00eda presidente del Gobierno de la Rep\u00fablica en 1937, Jes\u00fas Negr\u00edn. Mientras estudiaba Medicina tuvo sus primeras experiencias con la pobreza, asistiendo a familias pobres, marc\u00e1ndole profundamente la experiencia de una visita a una viuda y sus hijos en su hogar de Vallecas. M\u00e1s tarde, tras la muerte de su padre, acompa\u00f1ado de sus hermanas, realiz\u00f3 un viaje a Lourdes en el que tras asistir a tres sanaciones milagrosas decidi\u00f3 hacerse jesuita, ingresando en Loyola.<\/p>\n<p>Durante su preparaci\u00f3n como jesuita, a Arrupe le toc\u00f3 vivir los avatares por los que pas\u00f3 la orden. Entre ellos, la salida de los jesuitas de Espa\u00f1a despu\u00e9s de la llegada de la II Rep\u00fablica y el decreto de disoluci\u00f3n, y, tras la expulsi\u00f3n, durante su estancia en B\u00e9lgica, la huida del avance nazi, pasando a Holanda, y, m\u00e1s tarde, la marcha a los Estados Unidos para proseguir en su formaci\u00f3n.<\/p>\n<p><span class=\"MayusculasNegrita\">Destinado a Jap\u00f3n <\/span>Tras su periplo europeo y norteamericano, Arrupe fue destinado como maestro de novicios a Jap\u00f3n, tierra recorrida por su querido San Francisco Javier. La historia le llev\u00f3 a estar en Hiroshima el 6 de agosto de 1945, d\u00eda en el que la ciudad japonesa fue bombardeada con la bomba at\u00f3mica. La onda expansiva le sorprendi\u00f3 al futuro general de los jesuitas en la sede del noviciado, a pocos kil\u00f3metros del epicentro de la explosi\u00f3n. La violencia de la deflagraci\u00f3n le arroj\u00f3 al suelo de su despacho, desde donde pudo observar que las agujas del reloj se hab\u00edan detenido. Seg\u00fan explicaba el padre Arrupe, algo se par\u00f3 tambi\u00e9n en su vida en aquel momento. Pero, sin detenerse ante la adversidad, el jesuita bilbaino hizo del noviciado un hospital de campa\u00f1a, donde atendi\u00f3 a cientos de v\u00edctimas de la explosi\u00f3n. Fue tambi\u00e9n el primer occidental que entr\u00f3 en la ciudad devastada. Aquella experiencia lo marc\u00f3 para el resto de su vida, y, en adelante, le hizo recorrer el mundo para dar testimonio de su experiencia.<\/p>\n<p>En Jap\u00f3n, don Pedro descubri\u00f3 que la injusticia del hombre para con su pr\u00f3jimo pod\u00eda ser inmensa y, a la vez, la necesidad del cristiano de tratar de evitar la injusticia en todas sus expresiones. Su fama como testigo de Hiroshima se extendi\u00f3 por todo el mundo, llev\u00e1ndole primero a ser nombrado provincial de la orden en Jap\u00f3n y, m\u00e1s adelante, en 1965, tras la muerte del prep\u00f3sito general Jean-Baptiste Janssens, a ser elegido en la trig\u00e9simo primera Congregaci\u00f3n General de los jesuitas nuevo l\u00edder de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>A partir de entonces, al jesuita bilba\u00edno le correspondi\u00f3 dirigir una de las organizaciones m\u00e1s importantes de la Iglesia cat\u00f3lica, en uno de los momentos m\u00e1s inestables tanto para la Iglesia como para la Humanidad. Eran los a\u00f1os posteriores al Concilio Vaticano II, que correspondieron con el Mayo del 68, la guerra fr\u00eda, la cultura jipi, el Che Guevara\u2026 Un mundo en constante ebullici\u00f3n en el que el cambio se acelerar\u00e1 a todos los niveles como jam\u00e1s se hab\u00eda visto. En este clima, la Iglesia trat\u00f3 de actualizar su mensaje para responder a los nuevos retos planteados por la Humanidad y en esta labor Arrupe condujo a la Compa\u00f1\u00eda entre los que quer\u00edan seguir como hasta entonces, y los que pretend\u00edan cambiarlo todo.<\/p>\n<p><span class=\"MayusculasNegrita\">Fe y justicia <\/span>Y aqu\u00ed se labr\u00f3 su obra m\u00e1s imperecedera. Arrupe, fiel al seguimiento de Cristo, trat\u00f3 de llevar a la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas a la nueva realidad, constatando que ya no se pod\u00edan dar respuestas antiguas a los problemas del momento. Trat\u00f3 de orientar la vida religiosa, no s\u00f3lo promoviendo la fe, sino tambi\u00e9n la justicia. Entendi\u00f3 que los jesuitas, por fidelidad al Evangelio, tal y como ven\u00edan haci\u00e9ndolo a lo largo de la historia, deb\u00edan promover la justicia social, aunque fuera a costa de la vida de muchos de ellos y de la incomprensi\u00f3n de algunos sectores de la Iglesia y de la sociedad.<\/p>\n<p>Los jesuitas no s\u00f3lo deb\u00edan amar y servir, estaban obligados a defender a los d\u00e9biles y a los sufrientes. Esto supuso un tiempo nuevo para la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas, que seg\u00fan algunos estudiosos signific\u00f3 una tercera etapa en la historia de la orden ignaciana. La primera corresponder\u00eda a la fundada por San Ignacio en 1540, la segunda comenzar\u00eda con la restauraci\u00f3n de la orden tras la supresi\u00f3n de 1773, y la tercera estar\u00eda marcada por el liderazgo de Arrupe y caracterizada por el denominado <i>giro social<\/i>.<\/p>\n<p>Seg\u00fan Arrupe, la Iglesia no pod\u00eda dar la espalda a las injusticias humanas, y deb\u00eda ser verdaderamente prof\u00e9tica, denunciando cualquier injusticia, y tratando de transformar el mundo en un lugar m\u00e1s justo. Sin embargo, para algunos cr\u00edticos del general jesuita, el <i>giro social<\/i> significaba olvidarse de la fe y abandonar la verdadera misi\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda, una mera claudicaci\u00f3n frente al comunismo. Estos cr\u00edticos resum\u00edan su pensamiento con la frase: \u201cUn vasco cre\u00f3 la Compa\u00f1\u00eda, y un vasco la destruir\u00e1\u201d. A pesar de esta oposici\u00f3n, alimentada por unos medios de comunicaci\u00f3n que amplificaron la imagen de conflicto entre la Compa\u00f1\u00eda y el Vaticano, Arrupe no desfalleci\u00f3 en su empe\u00f1o.<\/p>\n<p>La llegada de Juan Pablo II no logr\u00f3 suavizar las cr\u00edticas a la Compa\u00f1\u00eda, y la incomprensi\u00f3n con el Vaticano aument\u00f3. El voto jesuita de obediencia al Papa llev\u00f3 al general vasco a renunciar a su cargo, pero Juan Pablo II no acept\u00f3 la dimisi\u00f3n, e hizo que el padre Arrupe tuviera que continuar al frente de la Compa\u00f1\u00eda a pesar de no sentirse con fuerzas para ello.<\/p>\n<p>En sus \u00faltimos viajes, dej\u00e1ndose interpelar por el sufrimiento de los <i>boat people<\/i> del sudeste Asi\u00e1tico, t\u00e9rmino con el que se conoci\u00f3 a los m\u00e1s de dos millones de vietnamitas que, a bordo de embarcaciones precarias, trataban de escapar del r\u00e9gimen comunista de su pa\u00eds entre 1975 y 1992, ide\u00f3 la creaci\u00f3n del Servicio Jesuita al Refugiado, primera organizaci\u00f3n internacional dedicada exclusivamente a la ayuda a los refugiados y que hoy en d\u00eda contin\u00faa en su labor de ayuda a los desplazados.<\/p>\n<p>En 1981, a la vuelta de un viaje a Filipinas, el padre Arrupe sufri\u00f3 una trombosis cerebral que le dej\u00f3 incapacitado, adem\u00e1s de limitarle severamente la comunicaci\u00f3n. Esto era suficiente para convocar una nueva Congregaci\u00f3n General con el fin de elegir un nuevo sucesor. Sin embargo, el Vaticano intervino eligiendo una comisi\u00f3n que, durante dos a\u00f1os, organiz\u00f3 la transici\u00f3n. Fueron momentos dif\u00edciles para la Compa\u00f1\u00eda, que solo se superaron con la elecci\u00f3n del nuevo general en la persona de Peter Hans Kolvenbach en 1983.<\/p>\n<p><span class=\"MayusculasNegrita\">M\u00e1s cerca de Dios <\/span>Mientras, Arrupe, desde su habitaci\u00f3n en la curia de Roma, cuidado por su enfermero, vivi\u00f3 diez a\u00f1os m\u00e1s, iluminando con su fragilidad y su testimonio la nueva etapa de la Compa\u00f1\u00eda que \u00e9l lider\u00f3 en su renovaci\u00f3n. Como \u00e9l dijo, aquellos momentos de sufrimiento, significaron un momento de m\u00e1xima dependencia respecto a Dios, lo que para Arrupe supuso la experiencia m\u00e1s cercana a Dios de su vida. Pedro Arrupe falleci\u00f3 en 1991, dejando un imperecedero recuerdo en la Compa\u00f1\u00eda y en la Iglesia.<\/p>\n<p>La llegada del Papa Francisco ha revitalizado el legado de Arrupe. Ambos se conocieron, ya que Francisco fue provincial de los jesuitas en Argentina entre 1973 y 1979. El estilo de Francisco, su preocupaci\u00f3n por los inmigrantes, refugiados, enfermos, ni\u00f1os, hasta su estilo medi\u00e1tico, alegre y jovial ante las masas, recuerda al de Arrupe; entusiasmado y comprometido con acercar el mensaje del Evangelio a las personas y realidades que necesitan salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Francisco, al inicio de su pontificado, en la misa que celebr\u00f3 en 2013 el d\u00eda de San Ignacio en la iglesia del Ges\u00f9, iglesia madre de los jesuitas en Roma, se acerc\u00f3 a la tumba de Arrupe y acarici\u00f3 la imagen que aparece en la l\u00e1pida. Fue todo un reconocimiento al padre Arrupe y a su legado. Un legado que hab\u00eda sido, en cierta manera, silenciado debido a las tensiones que hab\u00edan surgido con ciertos sectores de la Iglesia, pero que ahora van afloj\u00e1ndose, y que poco a poco hacen que el legado de este vasco universal vaya haci\u00e9ndose cada vez m\u00e1s visible. Todo ello apunta a que el legado de Arrupe en los pr\u00f3ximos a\u00f1os florecer\u00e1.<\/p>\n<p>Pero es quiz\u00e1s el momento tambi\u00e9n para que no s\u00f3lo los jesuitas, sino todos en general, especialmente los vascos, seamos capaces de recuperar el recuerdo de un bilbaino, cuya vida y obra contribuy\u00f3 a formar su \u00e9poca. Como \u00e9l dec\u00eda: \u201cNo me resigno a que, cuando yo muera, siga el mundo como si yo no hubiera vivido\u201d. Y verdaderamente, el mundo no sigui\u00f3 siendo el mismo.<\/p>\n<p>Por ello, no es vano decir que Arrupe fue un vasco universal. Le correspondi\u00f3 estar en algunos de los lugares y momentos m\u00e1s cruciales de los a\u00f1os que le toc\u00f3 vivir, pero, sobre todo, en su b\u00fasqueda de un mundo en el que los m\u00e1s d\u00e9biles y los que m\u00e1s sufren tuvieran cabida en la historia, intent\u00f3 transformar al mundo.<\/p>\n<p>Don Pedro Arrupe fue un hombre que tuvo que navegar en una \u00e9poca hist\u00f3rica tempestuosa, pero que trabaj\u00f3 sin descanso para que la Iglesia y la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas fuesen capaces de ser m\u00e1s fieles al Evangelio.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pedro Arrupe marc\u00f3 una trayectoria determinante en la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas al llevarla a una nueva realidad con la b\u00fasqueda de la justicia social como compa\u00f1era de la promoci\u00f3n de la fe. El empe\u00f1o le proporcion\u00f3 alegr\u00edas y sinsabores Un reportaje de Jon Artabe En 1938, el padre Arrupe fue destinado a la misi\u00f3n de &hellip; <a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/2017\/11\/13\/el-padre-arrupe-un-hombre-para-los-demas\/\" class=\"more-link\">Sigue leyendo <span class=\"screen-reader-text\">El padre Arrupe un hombre para los dem\u00e1s<\/span><\/a><!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1544],"tags":[37162,89912,89911],"class_list":["post-1159","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-sin-categoria","tag-historia-de-los-vascos","tag-jon-artabe","tag-padre-arrupe"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1159","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1159"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1159\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1160,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1159\/revisions\/1160"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1159"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1159"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1159"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}