{"id":119,"date":"2012-06-08T18:42:47","date_gmt":"2012-06-08T16:42:47","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.com\/historiasdelosvascos\/?p=119"},"modified":"2012-06-08T18:42:47","modified_gmt":"2012-06-08T16:42:47","slug":"anselmo-guinea-paisaje-y-costumbre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/2012\/06\/08\/anselmo-guinea-paisaje-y-costumbre\/","title":{"rendered":"Anselmo Guinea, paisaje y costumbre"},"content":{"rendered":"<div>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter\" src=\"http:\/\/static.deia.com\/images\/2012\/05\/26\/import_12194112_11.jpg\" alt=\"\" width=\"584\" height=\"292\" \/><\/p>\n<p><strong>Mikel Lertxundi Galiana<\/strong><\/p>\n<p>EL pasado domingo cerraba sus puertas la exposici\u00f3n Anselmo Guinea (1855-1906). Los or\u00edgenes de la modernidad en la pintura vasca, tras tres meses y medio en el Museo de Bellas Artes de Bilbao, donde pudo verse gracias al patrocinio de BBK Fundazioa. M\u00e1s de 50.000 visitantes han tenido la oportunidad de conocer a un s\u00f3lido artista ignorado por el gran p\u00fablico, aunque muy apreciado por museos, instituciones y coleccionistas particulares. Las 100 piezas que la conformaban (88 pinturas, 8 publicaciones ilustradas por el artista y 4 cartas) permit\u00edan adentrarse en la complejidad de un creador abierto a diversos estilos y g\u00e9neros pict\u00f3ricos. Retratos, paisajes, escenas costumbristas, orientalistas e hist\u00f3ricas a trav\u00e9s de las que recorrer su evoluci\u00f3n del preciosismo al impresionismo, el puntillismo, el modernismo o el simbolismo.<\/p>\n<p>Hijo de un humilde carpintero, Guinea naci\u00f3 en 1855 en la anteiglesia de Abando, para a finales de la d\u00e9cada siguiente recibir su primera formaci\u00f3n art\u00edstica de manos de dos de los maestros de dibujo que entonces ten\u00eda Bilbao, Ram\u00f3n Elorriaga y Antonio Mar\u00eda Lecuona. Con ellos aprendi\u00f3 lo necesario para que sus dotes llamaran la atenci\u00f3n de un reducido grupo de aficionados a las Bellas Artes, miembros de la burgues\u00eda local, que decidieron aunar esfuerzos econ\u00f3micos para ofrecer una mejor educaci\u00f3n al talentoso muchacho. En plena guerra carlista, pero liberado ya Bilbao del sitio, Guinea fue enviado a Madrid para estudiar en su Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado entre 1874 y 1875. A fines de ese \u00faltimo a\u00f1o, y gracias al mecenazgo de Manuel Mar\u00eda Gort\u00e1zar, pudo desplazarse a Roma. En el mes de noviembre daban comienzo cinco meses de estudio en la Academia Chigi y en la Academia Espa\u00f1ola, de aprender visitando los estudios de otros pintores, y de sumergirse de lleno en la animada vida de la ciudad. Casi medio a\u00f1o en el que estrech\u00f3 su compromiso con una pintura de g\u00e9nero que segu\u00eda la estela del exitoso Fortuny; obras intrascendentes ambientadas en \u00e9pocas pasadas y resueltas mediante un minucioso toque preciosista.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter\" src=\"http:\/\/static.deia.com\/images\/2012\/05\/26\/import_12194114_11.jpg\" alt=\"\" width=\"600\" height=\"258\" \/><\/p>\n<p>En abril de 1876 regresaba a Bilbao con la intenci\u00f3n de orientar su producci\u00f3n hacia la pintura de paisaje; un paisaje realista y luminoso al que se dedicar\u00e1 durante el siguiente lustro. Esta trayectoria se vio interrumpida por un nuevo viaje a Roma a finales de 1881, que le har\u00eda sumergirse en los g\u00e9neros triunfantes entonces en el comercio: recreaciones orientalistas con moros y odaliscas como protagonistas, escenas de espadachines y casacones dieciochescos, recreaciones historicistas -o seudohist\u00f3ricas, como es el caso de su <em>Jaun Zuria jurando defender la independencia de Vizcaya<\/em> (1882)-, y escenas costumbristas italianas. La gracia y la solvencia con las que resolvi\u00f3 estas \u00faltimas, especialmente a partir de 1883, le granjearon un notable \u00e9xito comercial, hasta el punto de ser asediado por los marchantes extranjeros que llegaban a Roma a la caza de nuevos pintores. Eran escenas de campesinos laziares o napolitanos, por lo general alegres y luminosas, que sol\u00edan encerrar una an\u00e9cdota humor\u00edstica. Obras como <em>Recuerdos de Capri<\/em> (1884), <em>Idilio<\/em> (1884-1886) o <em>La carta<\/em> (1887).<\/p>\n<p>Regreso a Bizkaia<\/p>\n<p>Tras m\u00e1s de un lustro en Roma, en mayo de 1887 regres\u00f3 a Bizkaia; inicialmente, y hasta 1888, se establecer\u00eda en Lekeitio. El cambio de aires motiv\u00f3 tambi\u00e9n un cambio en los temas de su pintura, que retorn\u00f3 a los paisajes locales y a las escenas costumbristas vizcainas, en las que se dejaba sentir la influencia argumental de la literatura de Antonio Trueba. La transformaci\u00f3n, sin embargo, no fue traum\u00e1tica, ya que su pintura continu\u00f3 siendo deudora, pl\u00e1stica y compositivamente, del tratamiento que hab\u00eda <!--more-->dado al g\u00e9nero en Italia. No fue hasta pocos a\u00f1os despu\u00e9s, gracias al influjo del pintor Adolfo Guiard y de un primer viaje a Par\u00eds en 1891-92, cuando aclar\u00f3 su paleta, realiz\u00f3 ensayos puntillistas y sintetistas, y renov\u00f3 los esquemas compositivos mediante los que articular sus cuadros, que durante la primera mitad de la d\u00e9cada de los noventa desecharon la lectura narrativa para acercarse al naturalismo.<\/p>\n<p>A partir del verano de 1892, instalado ya en Deusto, convirti\u00f3 la r\u00eda y las huertas de sus alrededores, as\u00ed como la actividad humana tradicional que en ellas se desarrollaba, en los protagonistas absolutos de su producci\u00f3n. 1894, sin embargo, marcar\u00e1 el inicio de la importancia creciente que adquirir\u00e1n en su obra las escenas vinculadas directa o indirectamente a la celebraci\u00f3n de ritos religiosos por el campesinado; una predilecci\u00f3n que tendr\u00eda su inicio en un cuadro al \u00f3leo con el que ser\u00eda premiado con una de las tres medallas de oro de la Exposici\u00f3n Art\u00edstica de Bilbao de ese a\u00f1o: Primavera. Debe tenerse en cuenta que, ante el sentimiento de p\u00e9rdida de las tradiciones que ocasionaba la industrializaci\u00f3n en la que estaba inmersa Bizkaia, Guinea decidi\u00f3 elevar un canto glorificador a la feliz y espiritual sencillez de la existencia rural, que ya no se limitar\u00eda a las escenas del trabajo campesino, sino que, a partir de mediados de la d\u00e9cada de 1890, incluir\u00eda tambi\u00e9n las manifestaciones de su religiosidad (bautizos, primeras comuniones, responsos, misas o procesiones).<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter\" src=\"http:\/\/static.deia.com\/images\/2012\/05\/26\/import_12194116_11.jpg\" alt=\"\" width=\"600\" height=\"375\" \/><\/p>\n<p>Arratia, zona de evocaciones<\/p>\n<p>Su tendencia a obviar la industrializaci\u00f3n y sus efectos aument\u00f3 cuando, a partir de 1896, comenz\u00f3 a pasar los veranos en el valle de Arratia, una zona de evocaciones arc\u00e1dicas que le suministr\u00f3 temas para ahondar en su reacci\u00f3n nost\u00e1lgica. Durante los periodos estivales pint\u00f3 muchos de los encargos de los principales coleccionistas bilbainos, caso de Alejandro Anitua o Ram\u00f3n de la Sota. Para Anitua ejecut\u00f3 un importante n\u00famero de pinturas, al tiempo que trabajaba activamente en la conformaci\u00f3n de su colecci\u00f3n, asesor\u00e1ndole sobre los artistas a los que deb\u00eda recurrir y mediando con ellos. En cuanto a Sota, las salidas al mar con el empresario naviero le inspiraron diversas obras ambientadas en su yate (<em>Regatas en el Abra<\/em>, c.1899-1900, y <em>Salvamento de la lancha Josephita<\/em>, 1900), pero el encargo de los bocetos de las vidrieras de su nueva residencia -Ibaigane-, le llevaron a adoptar las claves del lenguaje modernista, que en estos a\u00f1os emplear\u00eda tambi\u00e9n en otros proyectos decorativos para Jos\u00e9 de Orueta o Luis Ocharan, o en las portadas de varias publicaciones peri\u00f3dicas.<\/p>\n<p>Durante los a\u00f1os de entre siglos, Guinea particip\u00f3 junto con Adolfo Guiard, Manuel Losada y Dar\u00edo de Regoyos en la experiencia asociacionista que les llev\u00f3 a perge\u00f1ar las l\u00edneas maestras de una Sociedad de Arte Modernista, que tendr\u00eda su plasmaci\u00f3n en las Exposiciones de Arte Moderno de Bilbao. Ambas actividades tuvieron la voluntad de aunar voces contra el academicismo, pero un desencuentro entre sus protagonistas motiv\u00f3 el regreso de Guinea a Roma, donde residir\u00eda casi exclusivamente entre 1902 y 1905. Aqu\u00ed pint\u00f3 los lienzos para los techos del Palacio Provincial de Bizkaia: alegor\u00edas basadas en modelos barrocos y una composici\u00f3n de tema hist\u00f3rico.<\/p>\n<p>Durante esta nueva estancia italiana, su producci\u00f3n sigui\u00f3 dos vertientes. Inici\u00f3 un breve y personal acercamiento al realismo social, aunque alejado de cualquier intenci\u00f3n de denuncia, a la vez que recuper\u00f3 tem\u00e1ticas historicistas y costumbristas olvidadas durante m\u00e1s de una d\u00e9cada, pero que reinterpret\u00f3 con pinceladas y cromatismos novedosos, y, en algunos casos, con marcadas conexiones con el simbolismo.<\/p>\n<p>En febrero de 1905 Guinea regresaba enfermo a Bilbao, para fallecer un a\u00f1o despu\u00e9s en su domicilio de la calle Henao.<\/p>\n<p>Tras la clausura de la muestra, el Museo de Bellas Artes de Bilbao continuar\u00e1 ofreciendo la posibilidad de revisitar algunas de las obras m\u00e1s importantes del pintor en las salas de su exposici\u00f3n permanente. Adem\u00e1s de varios dibujos, m\u00e1s de una decena de \u00f3leos y acuarelas de su colecci\u00f3n permiten recorrer pr\u00e1cticamente todos los periodos del artista, que est\u00e1n magn\u00edficamente representados por obras fundamentales de su carrera.<\/p>\n<p>La m\u00e1s temprana es <em>Retrato de Juan Rochelt<\/em> (c. 1880), un interesante pintor aficionado amigo de Guinea. <em>La bandera del profeta<\/em> (1882), <em>Una maja<\/em> (c. 1884-87) y <em>Recuerdos de Capri<\/em> (1884), permiten acercarse a varios de los g\u00e9neros que trabaj\u00f3 durante su segunda etapa romana: el orientalismo, los temas castizos, y las pintorescas, alegres y luminosas evocaciones de sus estancias en el Golfo de N\u00e1poles. En cambio, <em>Idilio en Arratia<\/em> (1889) representa perfectamente su inicial reencuentro con el costumbrismo vizcaino; una escena de amor casto entre aldeanos tratada con un candor que contin\u00faa la estela argumental de la obra del literato rom\u00e1ntico Antonio de Trueba, al que conoci\u00f3 de ni\u00f1o y al que retrat\u00f3. <em>Retrato de Amada Esturo <\/em>(1893), <em>Retrato femenino<\/em> (1894) y <em>Retrato de do\u00f1a Asunci\u00f3n Lazurtegui Gonz\u00e1lez <\/em>(189?), son tres ejemplos de los encargos que recib\u00eda de la burgues\u00eda local para ver sus fisonom\u00edas trasladadas al lienzo. Las dos primeras, adem\u00e1s, son extraordinarios exponentes de las influencias renovadoras que se trajo de su primer viaje a Par\u00eds.<\/p>\n<p><strong>Acercamiento al realismo social<\/strong><\/p>\n<p>La especial atenci\u00f3n que concedi\u00f3 a las manifestaciones de la vida espiritual del campesinado vizcaino se resumen en <em>\u00a1Cristiano!<\/em> (1897), <em>Pascua florida<\/em> (1899) y <em>Despu\u00e9s de la misa en la iglesia de Arteaga <\/em>(1899), que, adem\u00e1s de su atractivo pl\u00e1stico, tienen un alto inter\u00e9s como documento etnogr\u00e1fico. Su dedicaci\u00f3n a las artes decorativas en los a\u00f1os de entre siglos tiene tambi\u00e9n representaci\u00f3n en el Museo con <em>La vuelta de la romer\u00eda<\/em> (1899), uno de los tres bocetos que pintara en Arratia para las vidrieras de la caja de la escalera del palacio de Ibaigane. Finalmente, <em>Gente<\/em> (1904), tal vez su mejor obra, representa su acercamiento a un realismo social te\u00f1ido de cierto humorismo de sus \u00faltimos a\u00f1os romanos.<\/p>\n<p>Asimismo, desde hace un a\u00f1o se cuelga junto a ellas un dep\u00f3sito de la Galer\u00eda Michel Mejuto, <em>Retrato de caballero<\/em> (1894), que sirve de magn\u00edfico y elegante contrapunto al <em>Retrato femenino<\/em> del mismo a\u00f1o.<\/p>\n<p>Aquellos que disfrutaron con la exposici\u00f3n contin\u00faan as\u00ed gozando de la oportunidad de reencontrase con Anselmo Guinea, y los que se la perdieron, de descubrir a este refinado creador.<\/p>\n<\/div>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mikel Lertxundi Galiana EL pasado domingo cerraba sus puertas la exposici\u00f3n Anselmo Guinea (1855-1906). 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