{"id":1202,"date":"2018-01-22T12:40:09","date_gmt":"2018-01-22T11:40:09","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.com\/historiasdelosvascos\/?p=1202"},"modified":"2018-01-22T12:40:09","modified_gmt":"2018-01-22T11:40:09","slug":"nueve-marinos-vascos-y-el-montserrat","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/2018\/01\/22\/nueve-marinos-vascos-y-el-montserrat\/","title":{"rendered":"Nueve marinos vascos y el \u2018Montserrat\u2019"},"content":{"rendered":"<p><em>El 16 de julio de 1950 nueve improvisados marinos iniciaron una aventura que les llev\u00f3 a cruzar el Atl\u00e1ntico con destino a M\u00e9xico en busca de la libertad que les negaba el franquismo<\/em><\/p>\n<p>Un reportaje de Edu Araujo<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/static.deia.com\/images\/2018\/01\/20\/import_9764469.jpg\" alt=\"El \u2018Montserrat\u2019, con parte de su tripulaci\u00f3n y familiares, en el muelle de Veracruz.\" \/><br \/>\nEl \u2018Montserrat\u2019, con parte de su tripulaci\u00f3n y familiares, en el muelle de Veracruz.<\/p>\n<p>A<i>todos aquellos que han tenido que dejar su pa\u00eds y su familia, arriesgando a veces la vida, para emigrar a otras tierras, ofrendando sus talentos y su trabajo en busca de una existencia m\u00e1s pr\u00f3spera y un futuro en libertad.<\/i> (Dedicatoria del libro <i>La traves\u00eda del <\/i>Montserrat<i>, diario de F\u00e9lix San Mam\u00e9s Loizaga<\/i>).<\/p>\n<p>La corriente de la bajamar comenzaba a arrastrar hacia el Abra las rosas y los claveles arrojados por las embarcaciones en recuerdo de los marinos perdidos. La variopinta flotilla que escoltaba la imagen de la Virgen del Carmen de vuelta a su lugar en la iglesia de Santurtzi hab\u00eda cumplido con la parte m\u00e1s importante de la ceremonia y enfilaba de nuevo a puerto. Manuel Algorri ech\u00f3 una \u00faltima mirada a tierra y empuj\u00f3 la ca\u00f1a del reluciente balandro todo a babor hasta que la proa se\u00f1al\u00f3 el oestenoroeste, exactamente el rumbo contrario al resto de la multitud de lanchas y botes. Sentado en la proa, el santurtziarra F\u00e9lix San Mam\u00e9s contemplaba el horizonte y so\u00f1aba con arribar a M\u00e9xico y conseguir la libertad. Por delante, 5.800 millas -10.832 kil\u00f3metros- de una mar repleta de peligros. Eran las 18.45 horas del domingo 16 de julio de 1950. Pasar\u00edan al menos 24 a\u00f1os hasta que, agonizante el dictador que les oblig\u00f3 a emprender aquel viaje, F\u00e9lix pudiese volver a pisar las calles de su pueblo.<\/p>\n<p>Hubo quien una vez afirm\u00f3 que existe un rasgo de car\u00e1cter propio de los vascos que los convierte en magn\u00edficos marinos. Quiz\u00e1 sea objetable tal generalizaci\u00f3n desde un punto de vista puramente antropol\u00f3gico, sin embargo algo debe de unir el alma de los vascos al oc\u00e9ano que pueda explicar por qu\u00e9 un pueblo poco numeroso ha sido capaz de escribir tantas p\u00e1ginas en la historia mar\u00edtima de la Humanidad. Bien fuese la b\u00fasqueda de un futuro m\u00e1s pr\u00f3spero que el que les ofrec\u00eda el cultivo de una tierra dif\u00edcil y monta\u00f1osa, bien la asfixiante falta de libertad y la represi\u00f3n, la mar que agita la costa de los vascos siempre fue para ellos un camino m\u00e1s que una frontera, una esperanza antes que un l\u00edmite.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, resulta muy propio de su condici\u00f3n de euskaldunes que aquellos nueve hombres a bordo del <i>Montserrat<\/i> escogiesen atravesar el segundo oc\u00e9ano m\u00e1s grande del planeta en un velero de apenas trece metros, como el mejor medio para escapar de la dictadura franquista. Salvo uno, Gregorio Solano, que era ingeniero de minas y el \u00fanico con alguna pr\u00e1ctica n\u00e1utica, ninguno ten\u00eda dilatada experiencia como marino y, mucho menos, como navegante de altura a bordo de veleros. Trabajaban en Astilleros ALSA, el peque\u00f1o taller naval de los hermanos Algorri y su enrolamiento hab\u00eda sido una decisi\u00f3n cuidadosamente meditada: otro 16 de julio, un a\u00f1o antes, Manuel y Jos\u00e9 Luis hab\u00edan reunido a sus trabajadores para celebrar una comida. A los postres, quedando solo aquellos que, por su forma de ser noble, trabajadora y leal, les merec\u00edan m\u00e1s confianza, lanzaron su propuesta: \u201c\u00bfA d\u00f3nde viajar\u00edais de poder escapar?\u201d.<\/p>\n<p>El destino elegido, naturalmente, deb\u00eda de estar al otro lado del Atl\u00e1ntico pero, \u00bfqu\u00e9 lugar? Venezuela sufr\u00eda una dictadura militar y era aliada de Espa\u00f1a; de viajar a Estados Unidos corr\u00edan el riesgo de ser repatriados\u2026 Manuel Algorri les habl\u00f3 de M\u00e9xico y todos convinieron en que aquel pa\u00eds, que con tanta generosidad hab\u00eda abierto sus fronteras a los refugiados pol\u00edticos, ser\u00eda su destino.<\/p>\n<p>La trascendencia de aquella decisi\u00f3n no se le escapaba a ninguno: en un ambiente de feroz represi\u00f3n, desde aquel preciso instante, los hombres confiaban la vida a la discreci\u00f3n de sus futuros compa\u00f1eros de tripulaci\u00f3n (el padre de uno de ellos, Ismael, hab\u00eda sido detenido por sus ideas pol\u00edticas, desapareciendo para siempre poco despu\u00e9s).<\/p>\n<p><span class=\"MayusculasNegrita\">El barco <\/span>Al d\u00eda siguiente comenzaron la construcci\u00f3n del barco, un balandro, de trece metros de eslora, tres metros y ochenta y cinco cent\u00edmetros de manga y treinta toneladas de desplazamiento. El nombre escogido, <i>Montserrat<\/i>, formaba parte de la estrategia que los Algorri hab\u00edan dise\u00f1ado para ocultar el plan a las autoridades fascistas: a quien preguntara -y no fueron pocos los que lo hicieron- hab\u00eda que decirles que un supuesto empresario catal\u00e1n les hab\u00eda encargado aquel velero con el nombre de su hija. A lo largo de los siguientes 364 d\u00edas los sobresaltos se sucedieron: la casualidad hab\u00eda querido que hubiese un cuartel de la Guardia Civil a unos metros de Astilleros ALSA. Una noche, mientras trabajaban en el barco, llamaron con rudeza a la puerta. Al abrirla se encontraron con dos agentes que tra\u00edan un saco con las velas del balandro. Lo hab\u00edan olvidado en la calle. Los de verde no llegaron a sospechar nada y todo qued\u00f3 en un tremendo susto.<\/p>\n<p>El mismo d\u00eda de la partida, a punto ya de embarcar, se cruzan un grupo de muchachas que les gritan en tono de broma: \u201c\u00bfNos llev\u00e1is con vosotros a Argentina?\u201d. Palidecen. No saben ellas lo cerca que han estado de acertar\u2026 Zarpan. Se suman a la procesi\u00f3n, en la que tambi\u00e9n participan las lanchas con las autoridades militares que ejercen, en la pr\u00e1ctica, de carceleros de una poblaci\u00f3n civil sometida por la fuerza de las armas. Destacamentos de infanter\u00eda de marina patrullan por los muelles y las embarcaciones que parten, deben de ser inspeccionadas para evitar, precisamente, lo que pretende conseguir la tripulaci\u00f3n del <i>Montserrat<\/i>.<\/p>\n<p>Tratando de despistar, llegan a pintar la l\u00ednea de flotaci\u00f3n del velero por encima de la real, para que nadie sospeche que van demasiado cargados para una traves\u00eda tan corta.<\/p>\n<p>Los recursos econ\u00f3micos no son muchos y alguno no puede aportar nada m\u00e1s que su trabajo. Se planifican los v\u00edveres y el agua para algo m\u00e1s de un mes, confiando en navegar la mayor parte del tiempo a motor y hacer una buena media de millas diarias, pero este -que era un motor de cami\u00f3n marinizado- se estropea al llegar frente a las Canarias y han de hacer el resto de la traves\u00eda a vela, lo que les supone otros dos meses extra de singladura. La raci\u00f3n de agua queda establecida en un \u00fanico vaso al d\u00eda por tripulante y la comida se conf\u00eda a la pesca. Pero los aparejos que llevaban resultan no ser de buena calidad y no podr\u00e1n pescar hasta llegar al Caribe y hacerse con unas ca\u00f1as. Cuando lleguen a su destino estar\u00e1n fam\u00e9licos y con un hambre voraz.<\/p>\n<p><span class=\"MayusculasNegrita\">Huracanes <\/span>Pero la fortuna sonr\u00ede por lo bajito a estos valientes, aunque las calamidades les hagan rozar la desesperaci\u00f3n a veces: al haber zarpado en plena temporada de huracanes, el <i>Montserrat<\/i> se cruza hasta con siete de ellos, sin embargo, todos quedan suficientes millas a barlovento como para que ni barco ni tripulaci\u00f3n peligren por los fort\u00edsimos vientos y las olas furiosas que levantan.<\/p>\n<p>Guiados por las estrellas y su intuici\u00f3n, a la vieja usanza, como miles de marinos cientos de a\u00f1os antes que ellos, van recortando las millas de mar que les separan de tierra hasta que a las dos de la tarde del d\u00eda trig\u00e9simo octavo de navegaci\u00f3n divisan la isla de Trinidad. Botan la txalupa y tratan de alcanzar la costa a remo. Las fuertes corrientes arrastran la diminuta embarcaci\u00f3n y acaban desembarcando muy lejos de d\u00f3nde ha quedado fondeado el balandro. Los que permanecen a bordo ven que pasan las horas primero y luego los d\u00edas sin que regresen los del bote. Al cuarto d\u00eda, cuando ya los dan por desaparecidos, los ven llegar con boga cansada, pues luchan contra la marea. Con la yola, van en su ayuda, pero los dos remeros, orgullosos, no aceptan el remolque y, aunque extenuados, llegan por sus propios medios hasta la cubierta. En esas 96 horas en tierra han vivido lo que Robinson Crusoe en veintiocho a\u00f1os: encuentros con nativos, lucha con tiburones, encalladas en los arrecifes\u2026 hasta, picados por el orgullo de exbogadores de la Sotera, han ganado una improvisada <i>regata<\/i> a remo contra una embarcaci\u00f3n de pescadores locales de ocho tripulantes.<\/p>\n<p>Como apenas tienen dinero, tratan de cambiar algo del alcohol que llevan por cocos y otras vituallas, pero las autoridades les proh\u00edben el intercambio. Decididos a aprovisionarse ante los d\u00edas de mar que todav\u00eda les quedan por delante, emprenden <i>incursiones<\/i> nocturnas para hacerse con todos los cocos que puedan antes de partir. A la vez, se limpia la obra viva del <i>Montserrat<\/i>, se adecenta el barco, reparan el motor y se hacen con aparejos de pesca. En la ma\u00f1ana del 2 de septiembre, viran el ancla y emprenden la que, conf\u00edan, ser\u00e1 la parte m\u00e1s breve de la traves\u00eda. Se equivocan: conocen Jamaica antes que M\u00e9xico y a punto est\u00e1n de perder el barco al encallarlo en unos baj\u00edos, hasta que, finalmente, arriban a Veracruz, su \u00faltimo puerto, pasados otros cuarenta y un d\u00edas.<\/p>\n<p>Sin cartas de navegaci\u00f3n detalladas; sin electr\u00f3nica a bordo; sin radar, GPS, sonda ni AIS, los nueve valientes que partieron de Santurtzi han sido capaces de llegar a su destino, esquivando en el camino a sus carceleros, siete huracanes y algunas de las costas m\u00e1s dif\u00edciles del planeta.<\/p>\n<p>M\u00e9xico les acoge y les ofrece asilo, los medios de comunicaci\u00f3n cuentan su historia y la de su barco. Sus familias pronto reciben el consuelo de saberlos vivos, aunque en la dolorosa distancia. Comienzan a tratar de establecerse. Su capacidad de trabajo y su bonhom\u00eda har\u00e1n que pronto lo consigan. Para Ismael, por ejemplo, habr\u00e1n de pasar dos a\u00f1os hasta que consiga ahorrar lo suficiente para poder llevar con \u00e9l a su familia, compuesta por su mujer y sus hijas.<\/p>\n<p>Es cierto: el viaje del <i>Montserrat<\/i> no tiene la \u00e9pica de las grandes epopeyas mar\u00edtimas. No hay en \u00e9l oro, conquistas ni descubrimientos. Es un hecho humilde, de gente sencilla que decidi\u00f3 arriesgarlo todo a cambio de la esperanza de libertad.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El 16 de julio de 1950 nueve improvisados marinos iniciaron una aventura que les llev\u00f3 a cruzar el Atl\u00e1ntico con destino a M\u00e9xico en busca de la libertad que les negaba el franquismo Un reportaje de Edu Araujo El \u2018Montserrat\u2019, con parte de su tripulaci\u00f3n y familiares, en el muelle de Veracruz. 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