{"id":1214,"date":"2018-02-13T12:14:12","date_gmt":"2018-02-13T11:14:12","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.com\/historiasdelosvascos\/?p=1214"},"modified":"2018-02-13T12:14:12","modified_gmt":"2018-02-13T11:14:12","slug":"pero-existio-alguna-vez-un-exilio-vasco","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/2018\/02\/13\/pero-existio-alguna-vez-un-exilio-vasco\/","title":{"rendered":"Pero&#8230; \u00bfexisti\u00f3 alguna vez un exilio vasco?"},"content":{"rendered":"<p><em>La Guerra Civil y el franquismo forzaron un exilio que, en el caso vasco, fue muy diverso en ideolog\u00eda e identidad nacional<\/em><\/p>\n<p>Un reportaje de \u00d3scar \u00c1lvarez Gila<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/static.deia.com\/images\/2018\/02\/10\/import_9804692.jpg\" alt=\"Entrada de las tropas franquistas en Bilbao, el 19 de junio de 1937. Fotos: Sabino Arana Fundazioa\" \/><br \/>\nEntrada de las tropas franquistas en Bilbao, el 19 de junio de 1937. Fotos: Sabino Arana Fundazioa<\/p>\n<p>LA cuesti\u00f3n que encabeza este art\u00edculo no es ret\u00f3rica. O quiz\u00e1 s\u00ed lo sea. En todo caso es una pregunta que se nos ha planteado en muchas ocasiones a los que, de un modo m\u00e1s o menos frecuente, nos hemos acercado al conocimiento de ese interesant\u00edsimo, y a la vez esperanzador y triste momento de nuestro pasado m\u00e1s reciente que, a pesar de los a\u00f1os transcurridos, a\u00fan sigue gravitando en la memoria de la poblaci\u00f3n vasca actual: la Guerra Civil.<\/p>\n<p>Entre 1936 y 1939, un grupo de militares sublevado, apoyado por sectores de la derecha tradicionalista y diversos movimientos de corte totalitario, aliados con los estados que eran los m\u00e1ximos exponentes del fascismo europeo, acabar\u00eda derrotando en una sangrienta guerra al gobierno leg\u00edtimo de la II Rep\u00fablica emanado de las urnas. En Euskadi, la Guerra Civil, aparte de provocar una dolorosa divisi\u00f3n interna entre los vascos, trajo tambi\u00e9n consigo la puesta en marcha de la tan ansiada autonom\u00eda y el nacimiento del primer Gobierno vasco, que intent\u00f3 organizar la resistencia frente a la maquinaria b\u00e9lica franquista entre 1936 y 1937. Tras varios meses de infructuosa defensa, la ca\u00edda a fines de junio de 1937 de Bilbao y los \u00faltimos resquicios de territorio vizcaino en manos de los facciosos traer\u00eda consigo, entre otras muchas dolorosas v\u00edas de represi\u00f3n que tendr\u00edan que sufrir los vascos leales, una espec\u00edfica: la obligaci\u00f3n de abandonar forzosamente su patria para marchar hacia un exilio tan incierto como indeseado.<\/p>\n<p>Las motivaciones, caracterizaci\u00f3n, ritmo y volumen del exilio fueron cambiantes a lo largo de la guerra. Desde este punto de vista, quiz\u00e1 tendr\u00edamos que hablar m\u00e1s de la existencia de exilios en plural, antes que de un exilio homog\u00e9neo y uniforme. Por su localizaci\u00f3n, la Euskal Herria peninsular presentaba unas caracter\u00edsticas particulares en el contexto de los diversos territorios que se mantuvieron leales a la legalidad republicana. En los primeros compases de la guerra, la proximidad de la frontera hizo que se produjera un notable movimiento de personas desplazadas que hu\u00edan de la propia guerra en busca de seguridad f\u00edsica, m\u00e1s que de protecci\u00f3n ideol\u00f3gica. El avance de las tropas sublevadas por Gipuzkoa llev\u00f3 a que esta corriente de refugiados tomara dos direcciones: algunos pudieron cruzar la frontera hacia Iparralde, otros, en cambio, se vieron obligados a buscar protecci\u00f3n en Bizkaia, donde el reci\u00e9n creado Gobierno vasco pronto establecer\u00eda un sistema de auxilio a los desplazados.<\/p>\n<p><span class=\"MayusculasNegrita\">\u00c9xodo por mar <\/span>Pero ya en la primavera de 1937, la ofensiva contra Bilbao y el repliegue de las fuerzas leales del ej\u00e9rcito, las milicias republicanas y los batallones del Euzko Gudarostea hacia Cantabria llev\u00f3 a un nuevo \u00e9xodo, esta vez por mar, hacia Francia. Desde all\u00ed, las autoridades francesas obligar\u00edan a muchos a una repatriaci\u00f3n forzada hacia Catalunya. Y ya en 1939, el fin de la Guerra Civil volver\u00eda a poner a muchos en el camino de Francia; y pocos meses m\u00e1s tarde, el inicio de la Segunda Guerra Mundial a\u00f1adir\u00eda para muchos un nuevo cap\u00edtulo de aquello que parec\u00eda un exilio sin fin, buscando la protecci\u00f3n en el continente americano.<\/p>\n<p>Por sus caracter\u00edsticas, a\u00fan siguen siendo imprecisas las cifras que alcanz\u00f3 el exilio de los vascos, entre las cifras elevad\u00edsimas que en su momento ofrecieron pol\u00edticos vinculados del Gobierno vasco (los 160.000 exiliados de los que hablaba Ram\u00f3n Mar\u00eda Aldasoro, delegado del gobierno en Buenos Aires, en 1938) hasta cifras m\u00e1s modestas pero no por ello menos sangrantes, como los 80.000 exiliados que propone Koldo San Sebasti\u00e1n, o los 50.000 que reconoce Jes\u00fas Alonso Carball\u00e9s. En todo caso, una sangr\u00eda de muy grandes proporciones para un pa\u00eds tan peque\u00f1o.<\/p>\n<p>La Historia no es el pasado, sino una ciencia que se encarga del an\u00e1lisis del pasado. Y para ello, lo hace usando una herramienta: el lenguaje. Los historiadores hacen, por as\u00ed decirlo, como dec\u00eda aquella canci\u00f3n de Bob Dylan que recordaba que <i>el hombre puso nombres a todos los animales<\/i>: es decir, estudian el pasado mediante la elaboraci\u00f3n de definiciones que sirvan para clasificarlo y comprenderlo. Y por mucho que se esfuercen, las etiquetas que usan los historiadores para ello nunca son neutras, sino que est\u00e1n ligadas a la propia experiencia vital del historiador, a sus ideas, sus intereses y su propia visi\u00f3n del mundo.<\/p>\n<p>El pasado es uno, la Historia es una ciencia, pero los relatos que hacen los historiadores pueden ser m\u00faltiples, siempre que se hagan desde el respeto a los principios del trabajo cient\u00edfico. Esto no es una debilidad, sino una caracter\u00edstica propia de la historia, por lo que debemos entenderla desde un punto de vista positivo, ya que es desde el debate entre los diferentes relatos hist\u00f3ricos donde se afianza el verdadero avance de la historia como memoria compartida.<\/p>\n<p>El exilio vasco ha sido, de este modo, uno de esos campos donde han chocado diferentes interpretaciones de la historia. As\u00ed, por un lado, se sit\u00faan aquellos que niegan su misma existencia. No me malinterpreten: no me refiero a los negacionistas -que haberlos, haylos- que consideran que la guerra no fue sino un divertimento y niegan incluso la existencia de la represi\u00f3n, los asesinatos y las fosas comunes. Hablo de aquellos que, reconociendo la realidad del exilio y estudi\u00e1ndolo a fondo, son renuentes a aceptar la existencia de un exilio <i>vasco<\/i>, diferenciado en sus particularidades de forma cualitativa del exilio general de los republicanos espa\u00f1oles. Son quienes arguyen la unidad de las fuerzas leales a la Rep\u00fablica incluso en su marcha forzada m\u00e1s all\u00e1 de las fronteras, y que a lo sumo solo aceptan hablar de una <i>participaci\u00f3n vasca<\/i> en lo que consideran el \u00fanico objeto de estudio posible, el exilio republicano espa\u00f1ol.<\/p>\n<p>Por el otro lado, est\u00e1n los que defienden (defendemos) que el exilio vasco ha de ser considerado como una categor\u00eda de an\u00e1lisis propia y definida, claramente relacionada con -pero nunca confundida- el exilio republicano en su conjunto.<\/p>\n<p><span class=\"MayusculasNegrita\">\u2018Sociedad distinta\u2019 <\/span>Lo que se esconde detr\u00e1s de este debate no es sino un reflejo de las particularidades que el caso vasco present\u00f3 dentro del conjunto de la evoluci\u00f3n pol\u00edtica estatal durante la \u00e9poca de la Rep\u00fablica y, m\u00e1s visiblemente, a lo largo de la Guerra Civil e incluso tras su finalizaci\u00f3n. Muchos a\u00f1os antes de que Canad\u00e1 usara el t\u00e9rmino <i>sociedad distinta<\/i> para reconocer el car\u00e1cter nacional de Quebec, el lenguaje pol\u00edtico de la Rep\u00fablica espa\u00f1ola hab\u00eda acu\u00f1ado un t\u00e9rmino similar, aunque no desde el respeto institucional sino desde la cr\u00edtica ideol\u00f3gica: el Gibraltar vaticanista del que hablara Indalecio Prieto para referirse al primer proyecto de estatuto vasco (el Estatuto de Estella) ven\u00eda a reflejar, en cierto modo, la realidad de una diferente estructuraci\u00f3n y pr\u00e1ctica pol\u00edtica en Euskadi. El estallido de la guerra hizo a\u00fan m\u00e1s visibles estas diferencias. Por un lado, en Euskadi, a diferencia de Espa\u00f1a, no se estableci\u00f3 una ruptura entre los dos bloques, de izquierdas y derechas, en los bandos opuestos, defendiendo y atacando a la Rep\u00fablica, respectivamente.<\/p>\n<p>El partido mayoritario en Euskadi, el PNV, no ocultaba su ideolog\u00eda moderada y su filiaci\u00f3n cat\u00f3lica, moldeados por una generaci\u00f3n de pol\u00edticos que hab\u00eda desarrollado, a lo largo de los a\u00f1os de la Rep\u00fablica, lo que podr\u00edamos considerar como un antecedente directo de lo que tras la guerra mundial se conocer\u00eda como <i>democracia cristiana<\/i>. Para la sorpresa de muchos valedores de los sublevados, en la desorientaci\u00f3n de los momentos iniciales del alzamiento militar pes\u00f3 mucho en el nacionalismo vasco el decidido apoyo a las reivindicaciones de autogobierno por parte de las instituciones republicanas, antes que las llamadas a la unidad de los cat\u00f3licos lanzadas por la jerarqu\u00eda de la Iglesia, en Espa\u00f1a y en el Vaticano. De este modo, la vinculaci\u00f3n del PNV con el bando republicano, y por lo tanto, el involucramiento de un amplio sector de la feligres\u00eda y del clero vasco en contra del bando alzado, contribuy\u00f3 a desvirtuar la imagen de <i>Cruzada<\/i> que hab\u00edan querido imprimir a la guerra los valedores pol\u00edticos, militares y religiosos del bando franquista.<\/p>\n<p>No olvidemos que fue el territorio bajo el control del Gobierno vasco el \u00fanico lugar de dominio republicano en el que la Iglesia cat\u00f3lica mantuvo sus actividades en un ambiente normalizado, sin cortapisas ni persecuciones. Fue aqu\u00ed donde se organiz\u00f3 el \u00fanico cuerpo de capellanes militares con los que contaron los efectivos del bando republicano. El propio exilio vasco, encarnado en la legalidad de su gobierno y lehendakari, intento desde el principio centrar su discurso, como recoge Ander Delgado, en \u201cdemostrar que la dicotom\u00eda izquierdas revolucionarias que defienden la rep\u00fablica frente a derechas cat\u00f3licas de orden enfrentadas a ella no pod\u00eda ser aplicada en el Pa\u00eds Vasco\u201d.<\/p>\n<p>Estas diferencias trascender\u00edan al terreno del exilio, una vez que se consumar\u00eda la ca\u00edda del frente vasco y, m\u00e1s tarde, la victoria franquista en la guerra.<\/p>\n<p><span class=\"MayusculasNegrita\">Diversidad ideol\u00f3gica <\/span>El exilio vasco, en primer lugar, presentar\u00eda de este modo una mayor diversidad ideol\u00f3gica en su composici\u00f3n. M\u00e1s a\u00fan, lleg\u00f3 a existir incluso un exilio religioso, como un cap\u00edtulo m\u00e1s de la represi\u00f3n que sufrieron amplios sectores de la clerec\u00eda vasca por parte, en una inmensa paradoja, de un Estado que se defin\u00eda a s\u00ed mismo como cat\u00f3lico y defensor de la religi\u00f3n. Adem\u00e1s de los religiosos asesinados, encarcelados o extra\u00f1ados a regiones alejadas, no menos de 500 sacerdotes tuvieron que ser enviados por sus superiores fuera de territorio estatal, en muchos casos reconociendo que lo hac\u00edan por prudencia, debido a las sospechas que el r\u00e9gimen franquista ten\u00eda sobre su lealtad ideol\u00f3gica. Conocidos son casos, por ejemplo, como el de F\u00e9lix Markiegi: huido a Argentina, el obispo de Bah\u00eda Blanca lo tuvo en cuarentena envi\u00e1ndolo a una remota poblaci\u00f3n de su di\u00f3cesis, temiendo que como buen rojo-separatista fuera un mal ejemplo para sus sacerdotes. Adem\u00e1s, como recuerdan Coro Rubio y Santiago de Pablo, \u201cotra de las caracter\u00edsticas del exilio vasco fue que mantuvo a lo largo de todo el franquismo una continuidad org\u00e1nica muy superior a la de otras instituciones del exilio republicano\u201d. La supervivencia del Gobierno vasco en el exilio fue, de hecho, el modo de establecer un puente de legitimidad entre la primera experiencia auton\u00f3mica y su recuperaci\u00f3n tras la muerte de Franco.<\/p>\n<p>\u00bfExisti\u00f3, por lo tanto, un exilio vasco? Sin negar la base com\u00fan que compart\u00edan todos los exiliados -su oposici\u00f3n al r\u00e9gimen franquista y su derrota en la guerra-, es preciso reconocer que incluso los propios protagonistas de aquella situaci\u00f3n eran conscientes, no solo de los elementos que los un\u00edan, sino tambi\u00e9n de los que los diferenciaban. Incluso entre los propios vascos, las lealtades ideol\u00f3gicas y las afinidades de origen se entrecruzaban en ocasiones, basculando entre los diversos polos de un exilio plurinacional y polic\u00e9ntrico. Es tiempo que en la recuperaci\u00f3n de la memoria en la que estamos ahora inmersos, hagamos reconocer la diversidad del exilio como el reflejo de la diversidad ideol\u00f3gica y nacional del Estado del que proced\u00eda.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La Guerra Civil y el franquismo forzaron un exilio que, en el caso vasco, fue muy diverso en ideolog\u00eda e identidad nacional Un reportaje de \u00d3scar \u00c1lvarez Gila Entrada de las tropas franquistas en Bilbao, el 19 de junio de 1937. Fotos: Sabino Arana Fundazioa LA cuesti\u00f3n que encabeza este art\u00edculo no es ret\u00f3rica. 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