{"id":1219,"date":"2018-02-20T11:57:37","date_gmt":"2018-02-20T10:57:37","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.com\/historiasdelosvascos\/?p=1219"},"modified":"2018-02-20T11:57:37","modified_gmt":"2018-02-20T10:57:37","slug":"los-obreros-de-la-musica-y-el-franquismo-en-la-bos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/2018\/02\/20\/los-obreros-de-la-musica-y-el-franquismo-en-la-bos\/","title":{"rendered":"Los obreros de la m\u00fasica y  el franquismo en la BOS"},"content":{"rendered":"<p><em>Las autoridades franquistas controlaron, como todos los \u00f3rdenes de la vida, a la Orquesta Sinf\u00f3nica (entonces Municipal) de Bilbao, quitando y poniendo m\u00fasicos, repartiendo palcos y programando obras del gusto hitleriano<\/em><\/p>\n<p>Un reportaje de Joseba Lopezortega<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/static.deia.com\/images\/2018\/02\/17\/import_9818042.jpg\" alt=\"El belga Armand Marsick, primer director de la Sinf\u00f3nica de Bilbao, al frente de la orquesta en 1923. Es la primera fotograf\u00eda conservada de la BOS. Fotos: Archivo de la BOS\" \/><br \/>\nEl belga Armand Marsick, primer director de la Sinf\u00f3nica de Bilbao, al frente de la orquesta en 1923. Es la primera fotograf\u00eda conservada de la BOS. Fotos: Archivo de la BOS<\/p>\n<p>en los a\u00f1os 20 del siglo XX, Bilbao era una ciudad llena de energ\u00eda y contradicciones; como si una ciudad pudiera padecer las turbulencias caracter\u00edsticas de la adolescencia, en la transici\u00f3n r\u00e1pida e irrefrenable hacia una dimensi\u00f3n m\u00e1s madura, potente y definida que en sus \u00e9pocas anteriores. Aquel Bilbao de r\u00e1pido crecimiento demogr\u00e1fico era apropiado para el surgimiento y consolidaci\u00f3n de grandes industrias y fortunas, algunas de las cuales inclinadas a la filantrop\u00eda, el mecenazgo y las artes. Las mismas calles por las que circulaban los altos burgueses las recorr\u00edan obreros y gentes aferradas a una notoria fragmentaci\u00f3n del trabajo, piezas inquietas de una econom\u00eda precaria y pobre. En los arrabales de las ciudades siempre hay calles y esquinas que parecen estar ah\u00ed para que la prosa de V\u00edctor Hugo pueda describirlas; las hay ahora, y las hab\u00eda en mayor medida en los a\u00f1os veinte y treinta.<\/p>\n<p>Bilbao pose\u00eda muchos de sus tradicionales teatros en activo ya en aquellos a\u00f1os, de ellos bastantes fueron abiertos en la d\u00e9cada de 1910: el Arriaga, un teatro ya veterano y que sustitu\u00eda al anterior Teatro del Arenal en el mismo emplazamiento; el Gayarre, el Campos El\u00edseos, el Coliseo Albia, o con posterioridad a todos ellos el Buenos Aires, de 1925; tambi\u00e9n estaban el Sal\u00f3n Vizcaya, m\u00e1s un cine que un teatro, y la sala de la Sociedad Filarm\u00f3nica. Adem\u00e1s de<i> La Filar<\/i>, obviamente dedicada a conciertos, tres de aquellos teatros tuvieron importancia en la actividad musical bilbaina: el Arriaga, el Buenos Aires y el Campos, y de estos los dos \u00faltimos fueron sede de las temporadas de la Sinf\u00f3nica de Bilbao en algunas etapas. Los teatros generaban a su alrededor peque\u00f1os oficios dependientes de su actividad como, por ejemplo, el de repartidor de propaganda. Repartir los programas de un teatro por la ciudad era una forma de presentar los servicios para repartir la propaganda de cualquier otra actividad o producto, porque representaba una referencia, una garant\u00eda fiable.<\/p>\n<p><span class=\"MayusculasNegrita\">Obreros de la m\u00fasica<\/span> Esos teatros en activo evidencian la existencia de una burgues\u00eda culta, o al menos inclinada a los espect\u00e1culos culturales, pero m\u00e1s all\u00e1 quiz\u00e1 el rasgo principal de las ciudades europeas de aquellos a\u00f1os fuera el ocio, un ocio noct\u00e1mbulo y poco prejuicioso. Y el ocio era el \u00e1mbito en el que encontraban ocupaci\u00f3n y salario muchos m\u00fasicos en el primer tercio del siglo XX. Hasta la llegada de la m\u00fasica grabada y de los consiguientes sistemas de reproducci\u00f3n y amplificaci\u00f3n, la m\u00fasica era en directo o no era. Los salones y locales de esparcimiento ofrec\u00edan m\u00fasica en vivo para bailes, para amenizar o para acompa\u00f1ar actuaciones, y el trasiego de m\u00fasicos entre locales deb\u00eda ser importante. Clarinetes, flautas, violines o trompetas son f\u00e1ciles de transportar, no as\u00ed otros instrumentos como los contrabajos. Los contrabajos eran propiedad de los locales o se transportaban de forma planificada (hay facturas de estos transportes en archivos de la \u00e9poca), pero los peque\u00f1os instrumentos deambulaban del brazo de sus propietarios. Era un trasiego. Es de imaginar c\u00f3mo deb\u00edan ser aquellas calles en las que coexist\u00edan el armi\u00f1o y el harapo, la beatitud y el golfer\u00edo, el barro y el bet\u00fan, el madrug\u00f3n y el trasnocho, la sacrist\u00eda y el garito, el rigor y la laxitud, calles en las que los m\u00fasicos eran obreros al servicio del ocio y necesitaban el pluriempleo. Los registros de la Sinf\u00f3nica de Bilbao ilustran bien esa situaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La formaci\u00f3n de la Sinf\u00f3nica bilbaina fue el producto de una visi\u00f3n pragm\u00e1tica de la situaci\u00f3n musical de la villa. La Filarm\u00f3nica programaba a algunas de las grandes personalidades musicales de la \u00e9poca y sin una orquesta no era posible programar conciertos, as\u00ed que desde la Filarm\u00f3nica se decidi\u00f3 formar una orquesta -y otras cosas- porque sencillamente se hac\u00eda necesaria. Desde el primer concierto la Sinf\u00f3nica remuner\u00f3 a sus integrantes, y se convirti\u00f3 en el objeto de deseo de los m\u00fasicos m\u00e1s capacitados y formados de Bilbao. Vinculada estrechamente a la Filarm\u00f3nica, la orquesta proporcionaba a sus profesores no s\u00f3lo una remuneraci\u00f3n, sino tambi\u00e9n un plus de prestigio. Lo ideal era valerse de ese prestigio para disfrutar de un buen nivel de actividad en las distintas necesidades del entorno: caf\u00e9s que programaban conciertos, bailes en salas y teatros y otros espacios, o proyecciones con m\u00fasica en directo: la banda sonora de una ciudad que en s\u00f3lo treinta a\u00f1os, los que median entre 1900 y 1930, estaba a punto de duplicar su poblaci\u00f3n. Cu\u00e1nta energ\u00eda.<\/p>\n<p>El pluriempleo se convirti\u00f3 pronto en un enemigo de la actividad orquestal, porque afectaba al r\u00e9gimen de ensayos, como es l\u00f3gico m\u00e1s exigente y menos flexible en horarios para un concierto sinf\u00f3nico que para un cuarteto en un caf\u00e9. La empresa estableci\u00f3 pronto un r\u00e9gimen de sanciones por inasistencia a los ensayos de sus trabajadores, multas con cierta capacidad disuasoria para los m\u00fasicos. La existencia de ese r\u00e9gimen de sanciones forma parte de una realidad que no se debe perder de vista cuando se piensa en la represi\u00f3n posterior a la entrada franquista en Bilbao en 1937: la depuraci\u00f3n franquista de la Sinf\u00f3nica de Bilbao se produjo en un entorno laboral dependiente del trabajo, es decir sobre -y contra- un conjunto amplio de obreros cualificados. Esa dependencia laboral se vio agudizada, como es l\u00f3gico, en la privaci\u00f3n generalizada de la postguerra.<\/p>\n<p><span class=\"MayusculasNegrita\">\u201cP\u00f3ngame a los pies de su se\u00f1ora\u201d <\/span>La literatura generada por los procesos de depuraci\u00f3n subsiguientes a la ca\u00edda de Bilbao posee aspectos dram\u00e1ticos y al mismo tiempo propios de un sainete. Describen un franquismo hiperb\u00f3lico y enf\u00e1tico, pues los declarantes no quieren dejar lugar a dudas sobre su vehemente amor al caudillo y su simpat\u00eda por el Movimiento, la Falange y lo que sea menester. Es un franquismo probablemente instrumental y nada sincero, el santo y se\u00f1a para avanzar en el proceso y para no atraer la suspicacia del r\u00e9gimen en a\u00f1os de venganza y ultraje. Era com\u00fan: los vivas a Franco y a Espa\u00f1a y la profusi\u00f3n de adjetivos para describir la grandeza del r\u00e9gimen est\u00e1n en las cartas manuscritas, pero tambi\u00e9n en los membretes de las cartas de empresas y en cualquier trozo de papel que se considere, salvo quiz\u00e1 el higi\u00e9nico. Esta exigencia vigilante de sumisi\u00f3n y aceptaci\u00f3n, ese tr\u00e1gala, es un rasgo com\u00fan a los fascismos y totalitarismos y adquiere su pleno regusto franquista cuando son los potenciales represaliados y depurados quienes tienen que afirmar su lealtad por pura necesidad. Humillar tambi\u00e9n est\u00e1 en el ADN del franquismo.<\/p>\n<p>En la pel\u00edcula <i>Atraco a las tres<\/i>, de Jos\u00e9 Mar\u00eda Forqu\u00e9 (1962), el trabajador bancario interpretado por Jos\u00e9 Luis L\u00f3pez V\u00e1zquez empeque\u00f1ece y repta cada vez que habla con su superior y al despedirse le dice: \u201cP\u00f3ngame a los pies de su se\u00f1ora\u201d. Esa expresi\u00f3n simboliza otro rasgo: la importancia de la jerarqu\u00eda, que hizo ilustr\u00edsimos y excelent\u00edsimos por doquier, colaborando en la construcci\u00f3n de esa sociedad de casino de pueblo de provincias tan de los a\u00f1os de esplendor franquista. La lista protocolaria de un concierto destacado de la posguerra da la medida de c\u00f3mo se observaba esa jerarqu\u00eda. En una nota se reparten las localidades del teatro para estos cargos reservando palcos (de m\u00e1s a menos importantes): ministros y secretarios con su s\u00e9quito, tres palcos; y despu\u00e9s palcos para gobernador militar, gobernador civil, jefe de la Falange, Diputaci\u00f3n, Sociedad Filarm\u00f3nica y Orquesta Municipal (as\u00ed se llam\u00f3 la Sinf\u00f3nica por un tiempo), Ayuntamiento, jefatura de propaganda, comandante de Marina, delegado de Hacienda, prensa y radio (dos palcos), sociedad Nuevo Teatro (Arriaga), delegado de trabajo, c\u00f3nsules en Bilbao, empresa del Teatro Buenos Aires y Conservatorio. No parece dif\u00edcil imaginar c\u00f3mo deb\u00edan funcionar en esas alturas prebendas y favores, siempre dentro de un c\u00edrculo: el de la dirigencia franquista.<\/p>\n<p><span class=\"MayusculasNegrita\">Orquesta \u2018depurada\u2019 <\/span>Esta dirigencia pod\u00eda abrir o cerrar puertas vitales para quienes estaban fuera del c\u00edrculo. Algunos m\u00fasicos apoyaban sus argumentos en defensa de su postura sin tacha en las referencias que pod\u00edan dar sobre ellos personas del r\u00e9gimen, de modo que estas disfrutaban del poder de ayudar o no a los peticionarios. Como par\u00e9ntesis, o no, ese poder unido al sentido jer\u00e1rquico y a la necesidad de mostrar sumisi\u00f3n, explica por qu\u00e9 la est\u00e9tica nazi y fascista se relaciona con el sadomasoquismo. La disecci\u00f3n del fascismo que hizo Pier Paolo Pasolini en la cruda <i>Sal\u00f3 o los 120 d\u00edas de Sodoma<\/i> sacaba a relucir precisamente esos tendones poderosos de las ideolog\u00edas totalitarias. Desde un punto de vista cronol\u00f3gico, hablando siempre de la Sinf\u00f3nica de Bilbao, el franquismo tuvo m\u00e1s prisa en perseguir a sus enemigos que en defender a sus afines, esa era la prioridad. Pero cuando lleg\u00f3 el momento de reconstituir la Orquesta, ya rebautizada de forma pasajera como Orquesta Municipal de Bilbao, se convoc\u00f3 a m\u00fasicos del bando franquista para que pudieran integrarse a los conciertos. Estas convocatorias se hicieron por carta, y evidencian el placer con el que se hac\u00eda uso del poder para pedir favores y el placer con el que se conced\u00edan. <i>Ru\u00e9gole, afectuoso saludo, solicito encarecidamente, su atento telegrama, me complazco<\/i>\u2026 estas expresiones afectadas y horteras abundan, y dibujan un franquismo ansioso por dejar en el armario el olor a p\u00f3lvora para perfumarse con las buenas maneras. Los franquistas tambi\u00e9n se limpiaban las botas de barro para adormecerse en el palco en los conciertos, pero los obligados modales y las interminables sinfon\u00edas eran parte del precio a pagar para tratar de levantarse como una \u00e9lite dirigente, una pseudo aristocracia franquista que, puesta a emular a la culta corte hitleriana, no s\u00f3lo recompuso una orquesta tras depurarla, envi\u00e1ndola a las f\u00e1bricas a deleitar a los pobres obreros, sino que program\u00f3 m\u00fasica alemana en abundancia en el pat\u00e9tico esfuerzo de alinearse con la admirada dictadura hitleriana. Que en algunos conciertos llegaran a colgar esv\u00e1sticas en los teatros no es pues casual ni anecd\u00f3tico, sino elocuente y sintom\u00e1tico. Y debe ser, por encima de todo, inolvidable.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las autoridades franquistas controlaron, como todos los \u00f3rdenes de la vida, a la Orquesta Sinf\u00f3nica (entonces Municipal) de Bilbao, quitando y poniendo m\u00fasicos, repartiendo palcos y programando obras del gusto hitleriano Un reportaje de Joseba Lopezortega El belga Armand Marsick, primer director de la Sinf\u00f3nica de Bilbao, al frente de la orquesta en 1923. 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