{"id":1231,"date":"2018-03-26T11:27:58","date_gmt":"2018-03-26T09:27:58","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.eus\/historiasdelosvascos\/?p=1231"},"modified":"2018-03-26T11:28:27","modified_gmt":"2018-03-26T09:28:27","slug":"la-historia-de-las-trabajadoras-de-hogar-en-bizkaia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/2018\/03\/26\/la-historia-de-las-trabajadoras-de-hogar-en-bizkaia\/","title":{"rendered":"La historia  de las trabajadoras  de hogar en Bizkaia"},"content":{"rendered":"<p><em>La situaci\u00f3n de las trabajadoras de hogar ha pasado por diversas fases, siempre bajo el influjo del momento pol\u00edtico y social del pa\u00eds. Su movimiento reivindicativo ha simbolizado como ning\u00fan otro la lucha por la igualdad<\/em><\/p>\n<p>Un reportaje de <strong>Eider de Dios Fern\u00e1ndez<\/strong><\/p>\n<p><span style=\"text-transform: uppercase;\">E<\/span>L pasado 8 de marzo el Bilbao Metropolitano amanec\u00eda con un acto en homenaje a las trabajadoras de hogar frente al Puente Colgante. En el imaginario de todos los vizcainos y vizcainas, el Puente de Portugalete aparece muy ligado a estas trabajadoras. Como observamos a ra\u00edz de las reivindicaciones que se llevaron a cabo el D\u00eda Internacional de la Mujer, todav\u00eda queda camino por recorrer para igualar el trabajo de cuidados y del hogar al resto de sectores laborales. Es por ello por lo que vamos a reflexionar unos minutos sobre la historia reciente de estas trabajadoras.<\/p>\n<p>Con la llegada de la II Rep\u00fablica, el servicio dom\u00e9stico empez\u00f3 a ser contemplado como un trabajo. La Ley de Contrato de Trabajo extendi\u00f3 las relaciones laborales al servicio dom\u00e9stico. Sin embargo, no se acabaron promulgando disposiciones que regularan su situaci\u00f3n. De todas maneras, el hecho de que las empleadas del servicio dom\u00e9stico pudieran, entre otras cosas, sindicarse, caus\u00f3 un gran impacto en la sociedad, de hecho se convirti\u00f3 en una met\u00e1fora del cambio social.<\/p>\n<figure style=\"width: 600px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/static.deia.eus\/images\/2018\/03\/24\/import_9892740.jpg\" alt=\"Cartel, de principios de los 90, de la Asociaci\u00f3n de Trabajadoras de Hogar\/Etxe Langileen Elkartea en colaboraci\u00f3n con otros muchos movimientos feministas. Foto: Centro de Documentaci\u00f3n de\" width=\"600\" height=\"447\" \/><figcaption class=\"wp-caption-text\">Cartel, de principios de los 90, de la Asociaci\u00f3n de Trabajadoras de Hogar\/Etxe Langileen Elkartea en colaboraci\u00f3n con otros muchos movimientos feministas. Foto: Centro de Documentaci\u00f3n de<\/figcaption><\/figure>\n<p>Sin embargo, con la Guerra Civil las expectativas de cambio y de igualaci\u00f3n laboral se vieron truncadas. Durante la guerra, en un contexto extremadamente polarizado coexistieron dos im\u00e1genes contrapuestas sobre las sirvientas. La primera de ellas la encontramos en la delatora, y es que familias ligadas al bando nacional cre\u00edan que las sirvientas hab\u00edan estado detr\u00e1s de la denuncia y, por tanto, de la depuraci\u00f3n de algunos <i>se\u00f1oritos<\/i>. Por otro lado, encontramos el reverso de la moneda, la sirvienta que entiende el servicio a una familia como una absoluta abnegaci\u00f3n. El r\u00e9gimen lig\u00f3 la imagen de la delatora a la concepci\u00f3n del servicio dom\u00e9stico como trabajo y, de esa manera, lo entendi\u00f3 como un s\u00edmbolo de todos los males que hab\u00eda representado el periodo democr\u00e1tico. En cambio, el segundo modelo constitu\u00eda la l\u00ednea a seguir, el servicio dom\u00e9stico significar\u00eda <i>servir<\/i> y, por lo tanto, deb\u00eda quedar ajeno a regulaciones laborales.<\/p>\n<p>Durante los primeros a\u00f1os del franquismo, varias circunstancias distorsionaron el horizonte de las mujeres en todos los \u00e1mbitos. Junto a las dificultades socioecon\u00f3micas de la posguerra, cabe se\u00f1alar las caracter\u00edsticas propias de un r\u00e9gimen autoritario y conservador. Ante estas circunstancias, quedaron muy reducidos los trabajos a los que las mujeres de clases humildes pudieron optar y, con ello, cualquier posibilidad de promoci\u00f3n y autonom\u00eda. El servicio dom\u00e9stico fue uno de los escasos trabajos femeninos que aument\u00f3 tras la contienda hasta dar lugar a una edad de oro. No obstante, antes que los motivos econ\u00f3micos que justifican el incremento de este sector, estaban los motivos pol\u00edticos: el r\u00e9gimen interpret\u00f3 el servicio dom\u00e9stico como un m\u00e9todo de reordenaci\u00f3n social y de reeducaci\u00f3n de las clases humildes, clases vinculadas con quienes perdieron la Guerra Civil. No quiero decir con esto que todas las sirvientas fueran hijas de republicanos, pero todas ten\u00edan una caracter\u00edstica en com\u00fan muy ligada a la perdedora de la guerra: la pobreza. Hab\u00eda que mostrar que el orden social que se hab\u00eda quebrantado durante la Rep\u00fablica deb\u00eda ser repuesto y, entre otros medios, se iba a hacer gracias al servicio dom\u00e9stico. De hecho, ellas se convirtieron en el s\u00edmbolo de la recuperaci\u00f3n del orden <i>natural<\/i> de las cosas.<\/p>\n<p><span class=\"MayusculasNegrita\">Seguridad <\/span>\u00bfC\u00f3mo se hizo esta reordenaci\u00f3n? Por una parte, durante la dura posguerra estar de interna en una casa al servicio de una familia, que aparentemente no tuviera un pasado republicano, brindaba a la muchacha cierta seguridad ante la brutal represi\u00f3n que se estaba llevando a cabo. El servicio dom\u00e9stico constituy\u00f3 as\u00ed una forma de huir a la ciudad, en este caso Bilbao, donde se cre\u00eda que se iba a estar m\u00e1s a salvo. Tambi\u00e9n fue el medio de asegurarse la manutenci\u00f3n en un tiempo de escasez y hambruna. Por otra parte, existieron instituciones religiosas que instru\u00edan a las chicas pobres para que fueran sirvientas. Adem\u00e1s, con esta preparaci\u00f3n se las iba formando en los valores que impulsaba la dictadura: la obediencia y el respeto al orden establecido. Durante el primer franquismo (1939-1959), el servicio dom\u00e9stico se bas\u00f3 en unas relaciones de poder sumamente desigualitarias y a menudo no estuvo remunerado econ\u00f3micamente.<\/p>\n<p>Sin embargo, no debemos pensar que todas las experiencias de las sirvientas en aquella \u00e9poca fueron negativas. La relaci\u00f3n con la familia, si bien era jer\u00e1rquica, se basaba en mutuas obligaciones, de tal manera que la abnegaci\u00f3n de la muchacha se recompensaba, entre otras cosas, con que la familia empleadora cuidara de ella en caso de que esta estuviera enferma o que tuviera un problema. Es cierto que hab\u00eda casas donde las condiciones en las que ten\u00edan que vivir las muchachas fueron extremadamente duras, sin embargo, el hecho de que hubiera tanta demanda de servicio dom\u00e9stico favorec\u00eda que las muchachas cambiasen de casa con total facilidad para as\u00ed mejorar su situaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Hasta la d\u00e9cada de los cuarenta, el cuerpo mayoritario de las muchachas estaba formado por mujeres locales y vizcainas de \u00e1reas rurales que tuvieron que abandonar el euskera para aprender a marchas forzadas el idioma en el que se serv\u00eda en la ciudad, el castellano. Aunque en el servicio dom\u00e9stico siempre hubo una proporci\u00f3n menor de burgalesas, a partir de 1950 la trabajadora tipo ser\u00e1 la procedente de provincias lejanas.<\/p>\n<p>Las mujeres que llegaron aqu\u00ed en la d\u00e9cada de los cincuenta ya no lo hicieron huyendo de la miseria o de la represi\u00f3n derivada de la posguerra, sino por el deseo de ampliar sus expectativas de juventud. Estas migraciones se inscriben dentro de la llegada masiva de inmigrantes al \u00e1rea metropolitana de Bilbao en el contexto de la segunda industrializaci\u00f3n, que tuvo lugar entre 1950 y 1975. En el caso de las mujeres, el servicio dom\u00e9stico era una de las mejores f\u00f3rmulas para emigrar. Las mujeres que empezaron a servir a finales de los cincuenta no lo hicieron, por tanto, en las mismas condiciones que lo hab\u00edan hecho sus antecesoras: el servicio dom\u00e9stico estaba convirti\u00e9ndose en un empleo. Si bien en el primer franquismo las \u00f3rdenes religiosas hab\u00edan servido para encuadrar a las muchachas dentro de los valores del r\u00e9gimen, durante el segundo franquismo (1959-1975) algunas instituciones pertenecientes a la Iglesia trabajaron para que se las equiparara al resto de sectores. La m\u00e1s importante en este aspecto fue la Juventud Obrera Cat\u00f3lica (JOC). Con este cambio hacia el empleo no es casualidad que apareciera un nuevo personaje, la interina, la trabajadora que acud\u00eda por horas a limpiar una casa y\/o a realizar labores de cuidados. El trabajo en r\u00e9gimen interno se redujo a partir de los a\u00f1os sesenta a favor de la interina, la empleada de hogar, y es aqu\u00ed de donde surge la imagen ampliamente compartida de las mujeres de la Margen Izquierda del Nervi\u00f3n que a diario cog\u00edan el Puente Colgante o el <i>gasolino<\/i> para cruzar a la Margen Derecha, en donde trabajaban.<\/p>\n<p><span class=\"MayusculasNegrita\">Siempre corriendo <\/span>Mujeres que siempre parec\u00edan ir corriendo porque deb\u00edan combinar su vida laboral con el cuidado de su familia en una \u00e9poca en la que el reparto de tareas parec\u00eda ciencia ficci\u00f3n.<\/p>\n<p>Con la llegada de la democracia, el testigo de la JOC fue recogido por los sindicatos y algunos partidos pol\u00edticos que dise\u00f1aron proyectos para regular el servicio dom\u00e9stico. No obstante, ante la incomprensi\u00f3n de sus <i>camaradas<\/i> varones, la lucha de las trabajadoras del servicio dom\u00e9stico parec\u00eda no poder encauzarse en los sindicatos de clase, deb\u00eda hacerse desde el feminismo. Y as\u00ed fue como en 1985 se cre\u00f3 la Asociaci\u00f3n de Trabajadoras de Hogar de Bizkaia (ATH-ELE). Como se\u00f1al\u00f3 Pilar Gil, una de sus fundadoras, el primer objetivo de la asociaci\u00f3n era igualar la situaci\u00f3n de estas trabajadoras al resto de sectores. El segundo, m\u00e1s ambicioso, era extinguir el servicio dom\u00e9stico a trav\u00e9s de la colectivizaci\u00f3n de servicios. Esta organizaci\u00f3n pionera y referente en todo el Estado, adapt\u00f3 del feminismo la acci\u00f3n directa y, de esta forma,<\/p>\n<p>Cuando una trabajadora de hogar hab\u00eda sido despedida de malas maneras, no dudaron en realizar <i>escraches<\/i> para denunciar su situaci\u00f3n. Asimismo, el feminismo pudo llevar a la pr\u00e1ctica a trav\u00e9s de la ATH los presupuestos de la econom\u00eda feminista, ya que si el trabajo de las trabajadoras de hogar se remuneraba, quer\u00eda decir que el trabajo del hogar ten\u00eda valor monetario. A partir de la d\u00e9cada de los 90, con mujeres migradas esta vez extracomunitarias, al movimiento de las trabajadoras de hogar se le sumaron nuevos retos y nuevas conquistas ya que, no nos olvidemos, este movimiento simboliza, m\u00e1s que ning\u00fan otro, la lucha por la igualdad.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La situaci\u00f3n de las trabajadoras de hogar ha pasado por diversas fases, siempre bajo el influjo del momento pol\u00edtico y social del pa\u00eds. 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