{"id":1398,"date":"2019-04-02T12:12:26","date_gmt":"2019-04-02T10:12:26","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.eus\/historiasdelosvascos\/?p=1398"},"modified":"2019-04-02T12:12:27","modified_gmt":"2019-04-02T10:12:27","slug":"la-belleza-de-la-traduccion-el-euskera-en-la-liturgia-de-la-iglesia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/2019\/04\/02\/la-belleza-de-la-traduccion-el-euskera-en-la-liturgia-de-la-iglesia\/","title":{"rendered":"La belleza de la traducci\u00f3n. El euskera en la liturgia de la Iglesia"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>\u00c1ngel Mari Unzueta Zamalloa<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p> <em>La Iglesia vasca afront\u00f3 a partir de 1963 el reto de traducir al euskera  los textos lit\u00fargicos, empe\u00f1o en el que coincidi\u00f3 con la  unificaci\u00f3n de la lengua desde sus dialectos <\/em><\/p>\n\n\n\n<p>EL pasado jueves, d\u00eda 28, tuvo lugar en la sede de Euskaltzaindia un sentido acto de reconocimiento a la labor realizada por quienes tras el Concilio Vaticano II tradujeron los textos lit\u00fargicos oficiales al euskera. La iniciativa llevaba por t\u00edtulo Euskararen ibilbidea gure elizbarrutietan: itzultzaileen e(us)karria. Se trataba de recordar a curas y religiosos pertenecientes a las di\u00f3cesis de Baiona, Iru\u00f1ea, Donostia y Bilbao, cuya aportaci\u00f3n al mantenimiento y al desarrollo del euskera (ekarria eta euskarria) es indiscutible. A la mayor\u00eda de ellos el reconocimiento p\u00fablico les llega tarde. Ya no est\u00e1n entre nosotros. Viven la liturgia definitiva. Perviven en nuestra memoria.<br><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/static.deia.eus\/images\/2019\/03\/30\/foto-1_4513.jpg\" alt=\"\"\/><figcaption>Los traductores de los textos lit\u00fargicos al euskera, en Roma; de izquierda a derecha, Bizente Hernandorena, Karmelo Etxenagusia, Pedro Mari Zabalza, Mixel Idiart, Miguel Azpiroz, Piarres Xarriton y Jes\u00fas Gazta\u00f1aga.<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p><br>Aun ci\u00f1\u00e9ndose el acto principalmente al grupo mencionado, su trasfondo evocaba la labor de traducci\u00f3n llevada en otros \u00e1mbitos como la Biblia, la catequesis, las pastorales de los obispos y los textos de religi\u00f3n, entre otros. M\u00e1s a\u00fan, el contexto m\u00e1s amplio se refer\u00eda a la aportaci\u00f3n de la Iglesia y de sus diferentes sujetos y entidades al cuidado y desarrollo del euskera. Ello no se reduce a traducciones, por creativas que puedan ser, sino que abarca aut\u00e9nticas creaciones en el \u00e1mbito de la teolog\u00eda y de la acci\u00f3n pastoral.<br><br>Con todo, las siguientes l\u00edneas se refieren principalmente a la aportaci\u00f3n del primer grupo de traductores, cuya \u00e1rea se desarroll\u00f3 en un marco de impulso al euskera, en el inicio del proceso de unificaci\u00f3n de la lengua.<br><br>Recorrido hist\u00f3rico El 4 de diciembre de 1963, la asamblea del Concilio Vaticano II aprob\u00f3 el primero de sus documentos. Se trataba de la Constituci\u00f3n Sacrosanctum Concilium, que propon\u00eda la reforma de la liturgia, tomando como un principio b\u00e1sico la participaci\u00f3n plena del pueblo en las celebraciones. Consecuencia de ello fue la inclusi\u00f3n de las diversas lenguas en los ritos que hasta entonces se celebraban \u00fanicamente en lat\u00edn. De este modo, el Concilio ven\u00eda a proclamar la oficialidad de toda lengua en la Iglesia. Tal reconocimiento se produc\u00eda en pleno franquismo, en un contexto sociopol\u00edtico en el que al euskera no solo se le negaba car\u00e1cter oficial, sino que se pretend\u00eda su debilitamiento. Se dejaba ver la contradicci\u00f3n de un r\u00e9gimen que, por una parte, se consideraba confesional cat\u00f3lico y, por otra, no pod\u00eda asumir lo que la Iglesia cat\u00f3lica declaraba en esos momentos. La Iglesia acababa de admitir lo que el Estado no dejaba de reprimir.<br><br>La proclamaci\u00f3n conciliar abr\u00eda la puerta a las traducciones. Pocos d\u00edas despu\u00e9s de la aprobaci\u00f3n de la citada Constituci\u00f3n, por iniciativa del obispo de Donostia, don Lorenzo Bereciart\u00faa, en una de las capillas laterales de la bas\u00edlica de San Pedro, tuvo lugar un coloquio al que asistieron los obispos de las di\u00f3cesis vascas y obispos vascos que ejerc\u00edan su ministerio en otros lugares. Fue un primer intercambio de impresiones acerca de los pasos a dar para la aplicaci\u00f3n de la reforma lit\u00fargica y el empleo del euskera en la misma.<br><br>A lo largo de 1964 se fueron creando en las di\u00f3cesis comisiones para la traducci\u00f3n de los textos lit\u00fargicos al euskera. La primera de ellas se reuni\u00f3 en el monasterio benedictino de Belloc. En esta primera fase, en la que en cada di\u00f3cesis se elaboraba la traducci\u00f3n m\u00e1s apropiada para su realidad ling\u00fc\u00edstica, coexistieron cinco versiones de la eucarist\u00eda en euskera. No resultaba nada extra\u00f1o, conociendo la realidad dialectal, pero tropez\u00f3 con serias dificultades para su aceptaci\u00f3n por el Consilium, organismo creado por Pablo VI para la aplicaci\u00f3n y acompa\u00f1amiento de la reforma lit\u00fargica. Su presidente, el cardenal Lercaro, hab\u00eda propuesto a los presidentes de las Conferencias Episcopales la unificaci\u00f3n de las traducciones y la conveniencia de una \u00fanica traducci\u00f3n por idioma. Este principio, reiterado por Pablo VI en su alocuci\u00f3n a los participantes en un congreso organizado en 1965 para los traductores, dejaba en el aire la aprobaci\u00f3n de los textos en euskera.<br><br>Los problemas quedaron resueltos en una reuni\u00f3n de los equipos diocesanos con el secretario del Consilium, Annibale Bugnini, celebrada en Iru\u00f1ea en oto\u00f1o de 1967. Se adoptaron dos criterios que deb\u00edan guiar las traducciones: m\u00e1ximo de uniformidad para el texto ordinario de la Misa y flexibilidad para el empleo del dialecto propio en lecturas y oraciones. El mayor bien colateral del encuentro fue el impulso definitivo al trabajo conjunto, que pocos meses despu\u00e9s adquiri\u00f3 car\u00e1cter institucional.<br><br>1968, referente para la historia reciente de Europa, result\u00f3 ser de especial relevancia tambi\u00e9n para el tema en cuesti\u00f3n. Confluyeron, en efecto, acontecimientos de diversa \u00edndole: en Roma se publicaron nuevos textos para la Misa diaria y se aprob\u00f3 la traducci\u00f3n al euskera de la primera plegaria eucar\u00edstica, en tres di\u00f3cesis hubo relevo episcopal -en Iru\u00f1ea, con don Arturo Tabera; en Donostia, con don Jacinto Argaya, y en Bilbao, con don Jos\u00e9 Mar\u00eda Cirarda como administrador apost\u00f3lico- y Euskaltzaindia tomaba la decisi\u00f3n acerca de la lengua com\u00fan o euskara batua.<br><br>En estas circunstancias, y a propuesta de los obispos, se cre\u00f3 en enero de 1969 un \u00fanico equipo de traductores para las cinco di\u00f3cesis, al que se le encomend\u00f3 la responsabilidad sobre las nuevas traducciones y la supervisi\u00f3n de las versiones realizadas anteriormente en las di\u00f3cesis. Pronto se tom\u00f3 la decisi\u00f3n de publicar en el futuro tres variantes de un texto base elaborado conjuntamente: una para la di\u00f3cesis de Baiona, otra para la de Bilbao y otra para las restantes. Esta \u00faltima era muy af\u00edn a la forma unificada propugnada por Euskaltzaindia. Con ello quedaban a salvo tanto la unicidad del texto como el respeto a la variedad dialectal.<br><br>Menci\u00f3n aparte merece la labor de la comisi\u00f3n encargada de musicalizar los textos del ordinario de la Misa y de componer himnos y cantos para las celebraciones. Tambi\u00e9n esta labor tuvo car\u00e1cter interdiocesano.<br><br>Los frutos del trabajo conjunto no se hicieron esperar, de modo que en pocos a\u00f1os quedaron aprobados un gran n\u00famero de textos. Con todo, la labor coordinada requer\u00eda una institucionalizaci\u00f3n que asegurara una respuesta conjunta adecuada a los retos culturales y ling\u00fc\u00edsticos. El proceso hacia el euskera batua, a pesar de las dificultades pedag\u00f3gicas del proyecto, segu\u00eda su curso y exig\u00eda una respuesta positiva y unitaria por parte de la Iglesia, ya que no faltaban en ella n\u00facleos frontalmente opuestos a la unificaci\u00f3n. En este contexto se cre\u00f3 Eliz-idaztien Ba-tzordea, comisi\u00f3n para publicaciones eclesi\u00e1sticas en euskera, que adopt\u00f3 un doble criterio para sus trabajos, teniendo en cuenta a los destinatarios: en lo tocante a la liturgia y a la catequesis, se ratificaron las opciones ya adoptadas; para los ya alfabetizados se adopt\u00f3 fundamentalmente el euskera unificado.<br><br>La diferenciaci\u00f3n de ambos criterios no resultaba siempre f\u00e1cil, como lo muestra la publicaci\u00f3n de la Liturgia de las Horas (Breviario) en 1977. Al ser muy limitado el n\u00famero de destinatarios (b\u00e1sicamente curas y comunidades religiosas), era impensable la aparici\u00f3n de diferentes versiones, por lo que la comisi\u00f3n interdiocesana se decant\u00f3 por una \u00fanica traducci\u00f3n, aunque no asumi\u00f3 las reglas ortogr\u00e1ficas del batua. La h era la manzana de la discordia. La comisi\u00f3n opt\u00f3 por no incluirla. M\u00e1s tarde, alg\u00fan miembro de la comisi\u00f3n aduc\u00eda la raz\u00f3n con un toque de humor: bastantes destinatarios del Breviario no iban a hacer uso de \u00e9l en caso de incluir la h, mientras que la mayor\u00eda de defensores de la h no iban a hacer uso del Breviario.<br><br>Los dos proyectos m\u00e1s importantes en aquel entonces fueron la traducci\u00f3n del Nuevo Testamento y la del Misal Romano, promulgado por Pablo VI en 1969. Gran parte del primero era ya conocida a ra\u00edz de su empleo en las celebraciones lit\u00fargicas, pero se trataba de tres versiones distintas. Se echaba en falta una traducci\u00f3n en euskera batua. Para ello, la comisi\u00f3n parti\u00f3 del texto original griego y vio coronado su esfuerzo en 1979 con la aparici\u00f3n de un \u00fanico texto accesible para todos. La traducci\u00f3n del Misal se prolong\u00f3 hasta su aprobaci\u00f3n en agosto de 1983 en las tres variantes antes citadas.<br><br>Esta fue la etapa inicial. Desde entonces hasta hoy ha sido incesante la cascada de traducciones de los textos b\u00edblicos, lit\u00fargicos, catequ\u00e9ticos y pastorales llevada a cabo en colaboraci\u00f3n entre las di\u00f3cesis.<br><br>Lecciones de la historia El recorrido hist\u00f3rico descrito en grandes trazos y limitado a una primera \u00e9poca, permite extraer una serie de ense\u00f1anzas de corte ling\u00fc\u00edstico y teol\u00f3gico, que pueden servir para iluminar el presente y poder encauzar acertadamente el futuro.<br><br>La traducci\u00f3n de textos oficiales de la Iglesia muestra que su universalidad se juega en la localidad y que la concreci\u00f3n local enriquece el patrimonio com\u00fan. Dicho de otro modo, con la inculturaci\u00f3n del mensaje salen ganando tanto la lengua y cultura propias como la inteligibilidad del mensaje cristiano.<br><br>El hecho de realizar la labor de modo compartido entre di\u00f3cesis con variantes dialectales muestra que la Iglesia es comuni\u00f3n en la diversidad, unidad en la pluralidad. Quienes han formado y forman parte de los equipos de traductores pueden dar fe sobrada de ello. Sus di\u00e1logos y debates pueden verse como maqueta de lo que quiere ser una Iglesia en b\u00fasqueda permanente de la verdad, con vocaci\u00f3n de ser factor de unidad.<br><br>La traducci\u00f3n no es un mecanismo autom\u00e1tico, sino un proceso creativo. Ah\u00ed reside su belleza. Su calidad queda determinada por una doble fidelidad: al texto original y al genio de la lengua, para facilitar la comprensi\u00f3n de aquella gente a la que va dirigida. Resulta clave la mirada a las personas y comunidades destinatarias, sin menoscabo de la calidad literaria. Una acertada traducci\u00f3n de cualquier g\u00e9nero literario permite pensar a oyentes y lectores que se encuentran ante el texto original. En este sentido, los equipos de traductores han asumido ayer y hoy un criterio netamente pastoral. Ello ha sido posible gracias a su conocimiento del sentido de la liturgia, de la lengua en sus variantes y del pueblo al que iba dirigida su tarea. Tambi\u00e9n es cierto que, aunque no siempre, han contado con unas directrices de Roma que permit\u00edan conjugar letra y esp\u00edritu, posibilitando de este modo versiones mejor aplicables a cada lugar. <br><br>No es solo historia y tradici\u00f3n. Es presente y est\u00e1 asomando el futuro. La Iglesia no puede menos que utilizar, cuidar y promover el euskera all\u00ed donde se encuentra, para ser as\u00ed fiel a su misi\u00f3n original: \u201cId por todo el mundo y proclamad el Evangelio a toda la creaci\u00f3n\u201d (Evangelio de San Marcos 16,15).<br><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p> La Iglesia vasca afront\u00f3 a partir de 1963 el reto de traducir al euskera  los textos lit\u00fargicos, empe\u00f1o en el que coincidi\u00f3 con la  unificaci\u00f3n de la lengua desde sus dialectos \ufeff<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[37165],"tags":[95446,144678],"class_list":["post-1398","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-historias-de-los-vascos","tag-iglesia-vasca","tag-unzueta-zamalloa"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1398","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1398"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1398\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1399,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1398\/revisions\/1399"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1398"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1398"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1398"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}