{"id":1435,"date":"2019-05-28T12:43:13","date_gmt":"2019-05-28T10:43:13","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.eus\/historiasdelosvascos\/?p=1435"},"modified":"2019-05-28T12:43:13","modified_gmt":"2019-05-28T10:43:13","slug":"la-mar-y-los-vascos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/2019\/05\/28\/la-mar-y-los-vascos\/","title":{"rendered":"La Mar y los vascos"},"content":{"rendered":"\n<p> La Mar ha forjado la personalidad del Pueblo Vasco, que ha llevado su  esencia a todos los continentes y se ha nutrido de las experiencias  vividas en ellos <\/p>\n\n\n\n<p>Un reportaje de <strong>Eduardo Araujo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Un reportaje de A m\u00e1s de 2.200 millas (4.150 km.) de su hogar, mientras su alma escapaba ya entre los nubarrones que cubr\u00edan completamente las tierras y el litoral de Ternua, las \u00faltimas palabras de Domingo de Luza fueron para su esposa, Mari Mart\u00edn de Aginaga. Al punto, quien atend\u00eda, que hab\u00eda tomado nota con la precisi\u00f3n del escribano de todo lo que hasta aquel momento hab\u00eda pronunciado el desafortunado marino, dej\u00f3 de escribir movido por el pudor: ah\u00ed daba por concluido el testamento puesto que lo que ahora estaba escuchando, apenas audible entre los crujidos de la tablaz\u00f3n y los ruidos propios de la mar golpeando el casco del barco, era una \u00edntima y p\u00f3stuma declaraci\u00f3n de amor\u2026 <\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/static.deia.eus\/images\/2019\/05\/25\/fiel_22906.jpg\" alt=\"\"\/><figcaption>Fiel recreaci\u00f3n de la nao ballenera vasca \u2018San Juan\u2019 (construida en Pasaia y hundida en la actual Canad\u00e1 en 1565) que lleva a cabo en la actualidad la Factor\u00eda Albaola, que es un ejemplo de preservaci\u00f3n del patrimonio y la cultura mar\u00edtima vasca.<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>Juan de Blancaflor trat\u00f3 de memorizar una a una cada s\u00edlaba, con el mismo celo con el que hab\u00eda caligrafiado las disposiciones testamentales. Sab\u00eda por experiencia que, si bien el texto legal servir\u00eda para aclarar el destino de los humildes bienes del marino, aquellas palabras tendr\u00edan el valor de confortar el coraz\u00f3n de la desconsolada viuda. A unos metros sobre su cabeza, en cubierta, la tripulaci\u00f3n segu\u00eda trabajando en los preparativos de la partida, sin permitir que la tragedia que se viv\u00eda en el vientre del barco ballenero les retrasase un solo minuto. En breve, el capit\u00e1n ordenar\u00eda al piloto poner rumbo a casa y las pr\u00f3ximas semanas la proa marcar\u00eda la posici\u00f3n de la costa vasca, hasta que la pericia y la fortuna de la tripulaci\u00f3n hiciesen que la silueta de Hondarribia se dibujase cercana en el horizonte.<br><br>El escribano donostiarra supo cumplir su cometido y el testamento de Domingo de Luza se encuentra entre los documentos que enriquecen el patrimonio hist\u00f3rico de nuestro pa\u00eds. Custodiado en el Archivo Hist\u00f3rico de Protocolos de Gipuzkoa (Archivo Hist\u00f3rico Provincial de Gipuzkoa: http:\/\/artxiboataria.gipuzkoa.eus\/ (Diputaci\u00f3n Foral de Gipuzkoa), a d\u00eda de hoy, el documento civil m\u00e1s antiguo redactado en Canad\u00e1 y Estados Unidos del que se tiene noticia.<br><br>La nao ballenera Mar\u00eda del Juncal en la que Luza hab\u00eda servido como despensero formaba parte de la flota de altura m\u00e1s capaz y numerosa de la Europa Occidental de aquella \u00e9poca. Junto a otras doscientas embarcaciones similares fletadas por armadores vascos, aquella nave era el resultado de una evoluci\u00f3n tecnol\u00f3gica y social que hab\u00eda permitido a una naci\u00f3n con una poblaci\u00f3n muy poco numerosa hacerse con el monopolio de la caza de los cet\u00e1ceos y el dominio de buena parte de las rutas comerciales m\u00e1s importantes conocidas entonces. Era un temprano 15 de mayo de 1563, pero la \u00edntima relaci\u00f3n entre los vascos y la Mar que permiti\u00f3 aquel prodigioso esplendor, se hab\u00eda estrechado muchos siglos antes\u2026<br><br>Los tesoros de la mar Los historiadores nos hablan de c\u00f3mo el ser humano que habit\u00f3 la costa vasca comenz\u00f3 a usar los recursos marinos recolectando aquello que ten\u00eda a su alcance en los estuarios de nuestros r\u00edos, el litoral, en las playas, entre las rocas y la zona intermareal. En aquel comienzo, nuestros ancestros se mov\u00edan a pie en busca de crust\u00e1ceos, peces atrapados por la marea u otras criaturas marinas varadas. Pronto descubrieron que el oc\u00e9ano, misterioso, salvaje y dif\u00edcil, era tambi\u00e9n una fuente de recursos que no se limitaba a la estrecha franja que ellos pod\u00edan explorar caminando y que aquellos tesoros eran mucho m\u00e1s abundantes aguas adentro. Muy probablemente, el primer navegante surc\u00f3 la mar subido a un tronco de \u00e1rbol o navegando en una rudimentaria balsa, formada por varios le\u00f1os agrupados que, con el paso del tiempo, fue ganando en prestaciones, haci\u00e9ndose m\u00e1s compleja y marinera: el tronco se vaci\u00f3 para cobijar al tripulante y ganar estabilidad, la obra muerta se elev\u00f3 a\u00f1adiendo sucesivos niveles de maderos y ganando francobordo, lo que permiti\u00f3 adentrarse m\u00e1s all\u00e1 de las aguas calmas y navegar entre las olas y corrientes. Las observaciones y la experiencia de aquellos primitivos carpinteros de ribera les permiti\u00f3 ir ganando en destreza y en comprensi\u00f3n de las leyes que rigen el universo n\u00e1utico: hab\u00eda nacido la cultura mar\u00edtima, un conjunto de conocimientos que se heredaban y perfeccionaban de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n, un patrimonio que constitu\u00eda un verdadero tesoro, puesto que quienes lo dominaban ten\u00edan la inmensa ventaja competitiva de poder a\u00f1adir a la recolecci\u00f3n y la caza en tierra la extracci\u00f3n de los alimentos que la Mar ofrec\u00eda a quien era capaz de desvelar sus secretos y aliarse con ella.<br><br>A medida que las embarcaciones y aparejos fueron aumentando su eslora y capacidad y las tripulaciones su destreza, la distancia de la costa y la profundidad a la que se hac\u00edan las capturas aumentaron y con ello la variedad de estas. Los primitivos campamentos costeros temporales se convirtieron en asentamientos definitivos y aquellas primeras sociedades mar\u00edtimas conocieron el progreso. Con la prosperidad crecieron los medios y la capacitaci\u00f3n de aquellos constructores de embarcaciones, lo que les permiti\u00f3 afrontar retos cada vez mayores: del remo, la propulsi\u00f3n principal pas\u00f3 a la vela y con esta, la posibilidad de navegar m\u00e1s lejos, m\u00e1s r\u00e1pido, con m\u00e1s carga y mayor seguridad.<br><br>Sin embargo, aquellos sucesivos avances tambi\u00e9n trajeron tareas, t\u00e9cnicas, dise\u00f1os, conocimientos cada vez m\u00e1s complejos y con todo ello la imposibilidad de abarcarlo todo y la necesidad de la especializaci\u00f3n: las embarcaciones ya no las constru\u00edan quienes las tripulaban, sino artesanos altamente cualificados que, adem\u00e1s, trabajaban con la colaboraci\u00f3n de otros gremios: as\u00ed el herrero que forjaba la clavaz\u00f3n que daba solidez al casco se uni\u00f3 en el trabajo de construcci\u00f3n al carpintero y a ambos el cordelero que fabricaba los cabos; el velero que tej\u00eda y reparaba las velas; el capital que financiaba todos aquellos gastos con la esperanza de obtener un beneficio en el futuro; el campesino que cultivaba la manzana con la que se fabricaba la sidra que saciaba la sed de las tripulaciones; el tonelero que constru\u00eda los recipientes en los que se almacenaba&#8230; Hoy en d\u00eda lo llamar\u00edamos industria auxiliar. Aquel impulso que naci\u00f3 en un astillero de la costa, llen\u00f3 nuestro territorio de actividad, de industria y emprendimiento, superando incluso nuestras fronteras, atrayendo recursos y complicidades for\u00e1neas. La coordinaci\u00f3n, la cooperaci\u00f3n y la confianza que eran necesarias para emprender la construcci\u00f3n de una embarcaci\u00f3n de altura y su navegaci\u00f3n tejieron alianzas, y lealtades que eran imprescindibles para garantizar el \u00e9xito de una empresa que la exigente brutalidad de la Mar pon\u00eda a prueba a diario. Nuestra cultura mar\u00edtima dej\u00f3 de ser s\u00f3lo un conjunto de t\u00e9cnicas constructivas y pas\u00f3 a convertirse en algo de mucho mayor calado: una manera de enfrentar colectivamente los retos que impon\u00eda la naturaleza voluble y mortal del oc\u00e9ano, que exig\u00eda a todos quienes participaban en ella la misma solidez que al casco de las embarcaciones en las que se jugaban la vida nuestros marinos. Aquella manera de emprender, de luchar por la supervivencia, lo empapaba todo: no s\u00f3lo supuso organizar la actividad productiva mirando a la Mar, tambi\u00e9n condicionaba la manera en la que organizamos nuestras sociedades, en la que entend\u00edamos y toler\u00e1bamos la autoridad, soport\u00e1bamos los infortunios o repart\u00edamos la riqueza.<br><br>Llegada a Ternua Cuando las ballenas que se acercaban a nuestras atalayas no fueron capaces de colmar nuestra ambici\u00f3n, decidimos buscarlas mar adentro, cruzando un oc\u00e9ano terrible y desconocido, en una epopeya que nos puso a prueba como pueblo, que nos llev\u00f3 con \u00e9xito m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00edmites de lo que entonces se consideraba posible, hasta que, como Domingo de Luza, tocamos tierra en Ternua. Es muy posible que naciese ah\u00ed esa autoestima -que algunos con poco conocimiento y mucha maldad consideran una impertinencia exagerada- que nos ha llevado a lo largo de nuestra historia a resolver retos muy por encima de lo que, en principio, nos atribu\u00edan nuestros limitados recursos.<br><br>Es seguro que la navegaci\u00f3n nos hizo conocer otras costas, otras sociedades, abriendo nuestras mentes, haci\u00e9ndonos permeables al cambio, a la adaptaci\u00f3n, enriqueci\u00e9ndonos con culturas y modos ajenos. Y convirti\u00e9ndonos tambi\u00e9n en actores primeros y principales en la construcci\u00f3n de un continente que, mucho antes de estar unido por caminos, estuvo unido por mar. La industria de la caza y procesamiento de la ballena franca glacial (o ballena de los vascos) que nos llev\u00f3 hasta la actual Canad\u00e1, impuls\u00f3 nuestra construcci\u00f3n naval y nuestra pericia n\u00e1utica y nos coloc\u00f3 en disposici\u00f3n de escalar un pelda\u00f1o m\u00e1s como naci\u00f3n mar\u00edtima. Las embarcaciones vascas ganaban en eslora, en desplazamiento; nuestras tripulaciones demostraban ser la \u00e9lite entre las que surcaban los mares y pronto descubrimos que ello no s\u00f3lo nos permit\u00eda ir a capturar la pesca m\u00e1s lejos y en mayor cantidad sino que tambi\u00e9n nos daba la posibilidad de transportar mercanc\u00edas con mucha m\u00e1s facilidad y rapidez que por tierra. El hierro de Bizkaia -conocido por su calidad desde la \u00e9poca romana- lo distribu\u00eda nuestra numerosa flota, en bruto o convertido en herramientas por nuestras forjas, por toda Europa, y aquellos marinos, originalmente dedicados a la pesca, se convirtieron en diestros marinos mercantes que surcaban, desde las aguas del litoral atl\u00e1ntico hasta los confines del Mar Mediterr\u00e1neo, tejiendo complicidades y gan\u00e1ndose el respeto de otros pueblos de los que siempre preferimos ser socios a enemigos.<br><br>Es muy probable que si todo esto que cuento no tuviese el respaldo documentado por decenas de historiadores que lo han constatado buceando en las g\u00e9lidas aguas de Red Bay o entre los miles de legajos de los archivos, habr\u00eda quien lo calificase de pura mitolog\u00eda, de una gesta que, por su calibre, fuese necesariamente una invenci\u00f3n exagerada de los propios vascos. Lo cierto es que nuestro pecado ha sido siempre el contrario: alg\u00fan rasgo de nuestro car\u00e1cter nos ha llevado a olvidarnos con rapidez y ligereza inauditas de nuestra historia como pueblo de marinos, hasta el punto de que tuvo que ser una historiadora nacida en Inglaterra, Selma Huxley, la que con el apoyo del gobierno canadiense, recuperase aquella epopeya de la que fueron protagonistas los marinos vascos y nos la mostrase, haci\u00e9ndonos como pueblo un regalo que jam\u00e1s podremos corresponder como merece.<br><br>Ahora que el \u00faltimo de nuestros grandes astilleros agoniza, ahora que nuestros puertos pesqueros est\u00e1n hu\u00e9rfanos de la actividad de anta\u00f1o, es m\u00e1s necesario que nunca no dar la espalda a la Mar, no dar por perdida nuestra cultura mar\u00edtima. Es cierto que debemos encontrar nuevas maneras de relacionarnos con ella, de aprovechar sus recursos -numerosos pero finitos- de manera responsable; de reinventar nuestra secular relaci\u00f3n para que permanezca a nuestro lado y nos impulse, como siempre hizo, a superar los retos de nuestra existencia como pueblo. Como nos ense\u00f1\u00f3, como hacen los marinos, deberemos enfrentar el futuro con confianza, determinaci\u00f3n, rigor y amor a la tarea. Tejiendo alianzas, adapt\u00e1ndonos a los cambios, aceptando voluntariamente s\u00f3lo aquella autoridad que nace de la capacidad y que act\u00faa con rigor y justicia en beneficio de todos.<br><br>Por nada del mundo quisiera ofender a Mari, la due\u00f1a de Anboto. Pero siempre he pensado que nuestra verdadera diosa madre, quien ha controlado los hilos de nuestro destino no ha sido ella. Es hora de que reconozcamos que la Mar model\u00f3 nuestro car\u00e1cter, nos hizo como somos, a su capricho, forj\u00e1ndonos a su voluntad de la misma manera en la que, tenaz e implacable, ha perfilado los acantilados de nuestra costa.<br><br><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p> La Mar ha forjado la personalidad del Pueblo Vasco, que ha llevado su esencia a todos los continentes y se ha nutrido de las experiencias vividas en ellos <!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[37165],"tags":[144709,144708],"class_list":["post-1435","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-historias-de-los-vascos","tag-mari-martin-de-aginaga","tag-pueblo-vasco"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1435","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1435"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1435\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1436,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1435\/revisions\/1436"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1435"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1435"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1435"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}