{"id":1439,"date":"2019-06-03T12:15:25","date_gmt":"2019-06-03T10:15:25","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.eus\/historiasdelosvascos\/?p=1439"},"modified":"2019-06-03T12:15:26","modified_gmt":"2019-06-03T10:15:26","slug":"sanchicorrota-rey-de-las-bardenas-y-otros-bandidos-navarros","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/2019\/06\/03\/sanchicorrota-rey-de-las-bardenas-y-otros-bandidos-navarros\/","title":{"rendered":"Sanchicorrota, rey de Las Bardenas y otros bandidos navarros"},"content":{"rendered":"\n<p> Las Bardenas Reales han sido a lo largo de los siglos refugio de  salteadores de caminos y pr\u00f3fugos. El escritor Patxi Irurzun ha recreado  en su \u00faltima novela, \u2018Diez mil heridas\u2019, la vida del m\u00e1s famoso de  todos ellos, Sanchicorrota. En este art\u00edculo nos habla de \u00e9l y de otros  bandidos que han acechado en los caminos, mugas y valles de Nafarroa <\/p>\n\n\n\n<p>Un reportaje de<strong> Patxi Irurzun<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Qui\u00e9n no conoce a Robin Hood? \u201cRobaba a los ricos para d\u00e1rselo a los pobres\u201d, son las palabras que nos brotan de los labios casi de manera autom\u00e1tica cuando pensamos en \u00e9l. Como si fuera una de las frases promocionales de cualquiera de las pel\u00edculas que han engrandecido la leyenda del bandido bondadoso y justiciero. Una de ellas fue <em>Robin y Marian<\/em> -en la que Marian era Audrey Hepburn, y Robin, Sean Connery-, rodada, entre otros lugares, en la localidad navarra de Artajona, ignorando seguramente quienes lo hicieron que tambi\u00e9n Nafarroa cuenta con un Robin Hood aut\u00f3ctono. Su historia, claro, es mucho menos universal, desconocida incluso entre nosotros, a pesar de que las peripecias de nuestro salteador de caminos no tengan nada que envidiar a las del ladr\u00f3n de los bosques de Sherwood y sean dignas igualmente de una superproducci\u00f3n hollywoodiense.  <\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/static.deia.eus\/images\/2019\/06\/01\/historias_21062.jpg\" alt=\"\"\/><figcaption>Sanchicorrota encontr\u00f3 refugio en la Bardena Blanca.<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>La Hermandad de La Estaca Estamos hablando de Sanchicorrota, un bandido que a mediados del siglo XV se convirti\u00f3 en el azote de arrieros, diligencias y caravanas reales en este espectacular p\u00e1ramo lunar de la Ribera navarra, que antes fue tupido bosque y siempre refugio de forajidos y huidos de la justicia, tal y como se\u00f1ala en sus obras el Padre Moret: \u201cEn tiempo de Sancho el Fuerte, terminadas las guerras contra Castilla y Arag\u00f3n, muchos soldados, hechos a la licencia de las presas y robos, se hicieron salteadores e infestaban la Bardena, por ser tierra quebrada y cubierta de boscaje\u201d.\n<\/p>\n\n\n\n<p>Y Jos\u00e9 Mar\u00eda Iribarren a\u00f1ade: \u201cTantos deb\u00edan de ser y tan audaces, que en 1204 se instituy\u00f3, para perseguirlos, una hermandad entre los pueblos comarcanos de Arag\u00f3n y Navarra\u201d. \n<\/p>\n\n\n\n<p>Dicha hermandad sol\u00eda reunirse cada a\u00f1o en un t\u00e9rmino denominado La Estaca, lo cual ya da cierta idea de sus prop\u00f3sitos, pues seg\u00fan sus estatutos cada uno de los cofrades pod\u00eda ahorcar a todo salteador de caminos que atrapase. Y fue precisamente esta hermandad la que siglos m\u00e1s tarde propiciara la muerte del m\u00e1s famoso de los bandidos de Las Bardenas, el referido Sanchicorrota.\n<\/p>\n\n\n\n<p>El rey de Las Bardenas Pero empecemos por el principio. Sanchicorrota, como suele suceder casi siempre en estos casos, no naci\u00f3, sino que se hizo -o las circunstancias lo hicieron- bandido. Antes, en su Cascante natal, fue un humilde y fornido molinero, como, por cierto, delata su nombre, Sanchicorrota, Sancho Rota o Sancho Errota, es decir, Sancho el del molino, lo cual por otra parte nos da indicios de que el euskara no era ni mucho menos una lengua desconocida en la Ribera navarra. Un d\u00eda, en una discusi\u00f3n violenta mat\u00f3 a un hombre, no est\u00e1 muy claro si fruto de una disputa entre vecinos o de un arrebato de ira ante las demandas abusivas de un recaudador de impuestos. De lo que no cabe ninguna duda es de que Sanchicorrota huy\u00f3 y encontr\u00f3 refugi\u00f3 en Las Bardenas, entre las bandas de salteadores que hac\u00edan de ellas un territorio sin ley, o el \u00fanico en que la ley no era injusta con aquellos a los que el hambre o la persecuci\u00f3n no les dejaba otra opci\u00f3n que la de la delincuencia. \n<\/p>\n\n\n\n<p>La leyenda cuenta -y desdibuja en este punto el mito del bandido noble y fil\u00e1ntropo- que Sanchicorrota construy\u00f3 su guarida en una cueva en lo alto de un collado o cabezo, que hoy lleva su nombre y se encuentra pr\u00f3ximo al paraje conocido como El Rall\u00f3n, en la Bardena Blanca, y que para ello contrat\u00f3 a algunos vecinos de los pueblos colindantes, a los cuales dio en pago la muerte, con el objeto de que no revelaran la ubicaci\u00f3n de dicha cueva; cueva que, por otra parte, nada ten\u00eda que envidiar a la de Al\u00ed Bab\u00e1, pues se describe en ocasiones como un laberinto de galer\u00edas atiborradas de los esplendorosos botines que Sanchicorrota, rey de Las Bardenas, obten\u00eda en sus saltos de caminos.\n<\/p>\n\n\n\n<p>Muerte de Sanchicorrota No muy lejos de la cueva de Sanchicorrota, en otro cabezo, el de Pe\u00f1aflor, se alzan las ruinas de un castillo que mandara construir Sancho el Fuerte para defender al reino de Navarra de las incursiones aragonesas y en el que se dice que permaneci\u00f3 prisionera la princesa do\u00f1a Blanca de Navarra, hermana del pr\u00edncipe de Viana, encarcelada por su propio padre, don Juan II de Arag\u00f3n, al negarse a casarse con un pretendiente af\u00edn a los intereses del monarca. Y se dice tambi\u00e9n que all\u00ed acud\u00eda a visitarla por las noches, rendido de amor, nuestro fugitivo Sanchicorrota. Todo un follet\u00edn rom\u00e1ntico, que a menudo se atribuye al escritor Navarro Villoslada, el autor de <em>Amaya o los vascos en el siglo VIII<\/em>, cuando lo cierto es que en su obra <em>Blanca de Navarra<\/em>, el enamorado y libertador de esta es otro bandido, un jud\u00edo, de nombre Jimeno, quien precisamente contaba entre sus m\u00e9ritos haber sido quien diera muerte a Sanchicorrota, raptor de la princesa. \n<\/p>\n\n\n\n<p>Pero la verdad es que, como antes hemos dicho, Sanchicorrota pereci\u00f3 tras ser perseguido por 200 caballeros, probablemente muchos de ellos miembros de la hermandad de La Estaca, enviados a Las Bardenas por el rey Juan II en 1452, desquiciado por las tropel\u00edas del que fuera molinero de Cascante; y que ni siquiera este peque\u00f1o ej\u00e9rcito pudo acabar con \u00e9l, bastante hizo con dar con su paradero, pues Sanchicorrota hac\u00eda perder el rastro a sus perseguidores herrando del rev\u00e9s su caballo y los de los treinta hombres que compon\u00edan su banda. Fue el propio Sanchicorrota quien, vi\u00e9ndose acorralado, decidi\u00f3 acuchillarse el coraz\u00f3n, antes que perder su libertad.\n<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, su cad\u00e1ver fue paseado por los pueblos bardeneros y colgado en una horca en Tutera, donde permaneci\u00f3 expuesto durante semanas, como aviso para todos aquellos que pretendieran seguir su ejemplo.\n<\/p>\n\n\n\n<p>Un rastro delator El escarmiento, no obstante, no sirvi\u00f3 de mucho, no solo porque todav\u00eda hoy recordamos con admiraci\u00f3n las gestas de Sancho Rota, sino tambi\u00e9n porque tras su muerte fueron muchos los que siguieron prefiriendo la vida fugitiva, violenta y a salto de mata en un paisaje hostil como era la Bardena Blanca, antes que las punzadas del hambre, la injusticia o la mansedad de la servidumbre. \n<\/p>\n\n\n\n<p>De algunos de ellos nos hablan autores como Fernando Videg\u00e1in, autor de <em>Bandidos y salteadores de caminos. Historia del bandolerismo navarro del siglo XIX<\/em> o como el ya citado Jos\u00e9 Mar\u00eda Iribarren, quien en un art\u00edculo titulado <em>Bandidos y salteadores<\/em> nos recuerda a otro c\u00e9lebre bandolero, el tuterarra Moneos, del cual cuenta que tras asaltar a un marqu\u00e9s y arrebatarle una torta y unas merluzas, desat\u00f3 el adorno que llevaba la torta y se la ofreci\u00f3 a su v\u00edctima para que la conservara como regalo para su mujer. En cuanto a las merluzas, resultaron fatales para el galante ladr\u00f3n, pues husmeando el olor de las mismas los perseguidores de Moneos pudieron dar con \u00e9l y detenerlo.\n<\/p>\n\n\n\n<p>Justicia social a trabucazos Da cuenta tambi\u00e9n el escritor tuterarra en su art\u00edculo de dos bandidos navarros que si bien no ubica en Las Bardenas, tambi\u00e9n se asemejaban en su proceder al esp\u00edritu justiciero social y libertario de Robin Hood o de Sanchicorrota. El primero de ellos es el Cura de Elso, aunque no lo era, lo llamaban as\u00ed porque <em>en su juventud ahorc\u00f3 los h\u00e1bitos; y dicen que era el prototipo del salteador generoso, que robaba a los ricos y favorec\u00eda a los indigentes. Un loco de altruismo que trataba de resolver (a su manera y con trabuco) la dichosa cuesti\u00f3n social<\/em>, escribe Iribarren.\n<\/p>\n\n\n\n<p>El segundo era conocido como <em>Txitos<\/em>, y merodeaba por los altos de Belate, en una de cuyas ventas encontr\u00f3 una vez a una desconsolada mujer que al d\u00eda siguiente iba a ser desahuciada y a la que <em>Txitos<\/em> le ofreci\u00f3 la cantidad que deb\u00eda y pidi\u00f3 que, una vez saldada la deuda, reclamara al escribano la carta de pago. Al d\u00eda siguiente, <em>Txitos<\/em> recuper\u00f3 su dinero asaltando a dicho escribano. <em>Txitos<\/em>, por cierto, hab\u00eda sido seminarista, por lo que nos aventuramos a decir que tanto \u00e9l como el falso Cura de Elso eran una especie de precursores de la teolog\u00eda de la liberaci\u00f3n.\n<\/p>\n\n\n\n<p>Tierra de bandidos Los bandidos han proliferado a lo largo de los siglos por Nafarroa, tierra fronteriza y de caminos. Desde la muga con Gipuzkoa, pasando por los valles de Basaburua, Ultzama, o Anue -en Lantz una de sus figuras m\u00e1s destacadas es la del bandido Miel Otxin-, hasta Las Bardenas. As\u00ed lo atestiguan el paso de ilustres viajeros por el territorio, como el obispo de Oporto, quien ya en el a\u00f1o 1120 tuvo que disfrazarse de mendigo para desalentar a aquellos <em>asesinos crueles y desvergonzados, siempre dispuestos a maltratar a los pasajeros y cuya lengua nadie conoc\u00eda<\/em>.\n<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s conocido es el caso del peregrino Aymeric Picaud, quien en el famoso <em>C\u00f3dice Calixtino<\/em> -aquel que sustrajo rocambolescamente no hace tantos a\u00f1os de la catedral de Santiago un electricista- acusa a los navarros no solo de robar a los peregrinos, sino adem\u00e1s de cabalgarlos como asnos, am\u00e9n de todo tipo de lindezas, que van desde la zoofilia, el excesivo gusto por el vino, comer como cerdos, hablar en una lengua b\u00e1rbara que se asemeja a ladridos o ense\u00f1arse sus verg\u00fcenzas los hombres a las mujeres y viceversa mientras se calientan al fuego.\n<\/p>\n\n\n\n<p>Incluso en una obra de ficci\u00f3n, como la famosa novela <em>Robinson Crusoe<\/em>, cuando este permanece atrapado durante veinte d\u00edas en Iru\u00f1ea por un temporal, lo que m\u00e1s atemoriza al c\u00e9lebre n\u00e1ufrago no son las manadas de lobos que puedan acecharle en los caminos nevados, sino \u201cotra especie de lobos que iban en dos pies\u201d, dice el personaje de Daniel Defoe.\n<\/p>\n\n\n\n<p>Teniendo en cuenta todo lo cual, para acabar, no est\u00e1 de m\u00e1s, si queremos deshacernos de esa mala fama, volver a reivindicar a nuestro propio Robin Hood, el bandido Sanchicorrota, que, como aquel, robaba a los ricos para entreg\u00e1rselo a los pobres. Eso asegura, al menos la leyenda. Y eso es tambi\u00e9n lo que, por supuesto, algunos preferimos seguir creyendo.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las Bardenas Reales han sido a lo largo de los siglos refugio de salteadores de caminos y pr\u00f3fugos. El escritor Patxi Irurzun ha recreado en su \u00faltima novela, \u2018Diez mil heridas\u2019, la vida del m\u00e1s famoso de todos ellos, Sanchicorrota. 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