{"id":1539,"date":"2020-01-23T12:06:32","date_gmt":"2020-01-23T11:06:32","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.eus\/historiasdelosvascos\/?p=1539"},"modified":"2020-01-20T12:08:10","modified_gmt":"2020-01-20T11:08:10","slug":"aldana-cuarenta-anos-de-un-crimen-sin-castigo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/2020\/01\/23\/aldana-cuarenta-anos-de-un-crimen-sin-castigo\/","title":{"rendered":"Aldana: cuarenta a\u00f1os de un crimen sin castigo"},"content":{"rendered":"\n<p><em>Cuarenta a\u00f1os despu\u00e9s del atentado contra el bar Aldana, de Alonsotegi, que caus\u00f3 cuatro muertos y veinte heridos, las v\u00edctimas siguen sin su derecho a la verdad, la justicia y la reparaci\u00f3n<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Un reportaje de <strong>Sonia Hernando<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Para quienes no conocieron el bar y lo que all\u00ed sucedi\u00f3, lo que se ve cuando pasas por la carretera es la entrada al pueblo de Alonsotegi. Para quienes lo conocimos, lo que hay es un agujero\u00bb. El agujero al que se refiere el actual alcalde de G\u00fce\u00f1es, Imanol Zuluaga, es el lugar donde hace cuarenta a\u00f1os estaba el edificio que albergaba el bar Aldana, el bar de Garbi. All\u00ed, a las puertas de esta taberna, el 20 de enero de 1980 alguien dej\u00f3 una caja con una bomba que explot\u00f3 de madrugada, asesinando a Liborio Arana L\u00f3pez, de 54 a\u00f1os; a Manuel Santacoloma Velasco, de 57, y al matrimonio formado por Mari Paz Ari\u00f1o, de 38 a\u00f1os, y Pac\u00edfico Fika Zubiaga, de 39. Los dos primeros eran vecinos de Alonsotegi, la pareja formada por Mari Paz y Pac\u00edfico resid\u00eda en Sodupe. <\/p>\n\n\n\n<p>Algunos de los familiares de los cuatro muertos y veinte heridos en ese atentado con los que pudimos hablar en el documental Aldana 1980. Explosi\u00f3n de silencio no saben si podr\u00edan perdonar a quienes lo cometieron, pero si lo pudieran hacer, no sabr\u00edan a qui\u00e9n. Cuarenta a\u00f1os despu\u00e9s de aquellos hechos a\u00fan no se conoce ni qui\u00e9n lo ide\u00f3, ni qui\u00e9n dej\u00f3 esa noche el paquete que conten\u00eda en su interior seis kilos de Goma 2. Las sospechas de que la colocaci\u00f3n de la bomba est\u00e1 conectada con los elementos parapoliciales que actuaban con total impunidad en aquellos a\u00f1os de plomo no sirven para curar las profundas heridas que dej\u00f3 este atentado indiscriminado. Un d\u00eda despu\u00e9s de la explosi\u00f3n, un grupo autodenominado GAE (Grupos Armados Espa\u00f1oles) asumi\u00f3 la autor\u00eda de la colocaci\u00f3n de la bomba en una llamada an\u00f3nima efectuada a El Diario Vasco. Es la \u00fanica certeza a la que se lleg\u00f3 en unos tiempos en los que se hac\u00eda impensable que la polic\u00eda estuviera interesada en llegar hasta el final en la investigaci\u00f3n de unos cr\u00edmenes que apuntaban a elementos parapoliciales como responsables de la masacre. La investigaci\u00f3n recay\u00f3 en el entonces comisario de polic\u00eda Jos\u00e9 Amedo que, seg\u00fan cuentan los testigos de lo ocurrido, se dedic\u00f3 a interrogar de manera \u00abofensiva e insultante\u00bb a las propias familias de las v\u00edctimas y testigos del atentado. En doce meses la investigaci\u00f3n qued\u00f3 archivada, sin actas ni informes sobre los interrogatorios llevados a cabo. Este, el de la ausencia de una investigaci\u00f3n, es uno de los agujeros negros de este atentado. Amedo, posteriormente, cont\u00f3 que fue el entonces jefe superior de Polic\u00eda Santos Anechina quien orden\u00f3 que se paralizasen las investigaciones. Amedo, once a\u00f1os despu\u00e9s de esa investigaci\u00f3n, fue condenado a 108 a\u00f1os de c\u00e1rcel por la Audiencia Nacional por seis asesinatos frustrados.<\/p>\n\n\n\n<p>El abogado Txema Montero relata en el documental c\u00f3mo puso en conocimiento de las autoridades una pista \u00abfiable\u00bb que hab\u00eda recibido y que apuntaba a dos miembros de la Polic\u00eda Nacional de la comisar\u00eda de Barakaldo. Esa pista contrastada por el Departamento de Interior del Gobierno vasco, entonces dirigido por Luis Mar\u00eda Retolaza, y puesta tambi\u00e9n en conocimiento de la Polic\u00eda Nacional, no llev\u00f3 a ninguna parte. El caso del bar Aldana es uno de los 24 atentados de la extrema derecha sobre los que no hay un solo dato. <\/p>\n\n\n\n<p>Silencio Pero esta historia tiene muchos m\u00e1s agujeros. Durante numerosos a\u00f1os las familias de los asesinados en el bar Aldana, de Alonsotegi, vivieron lo ocurrido sin el soporte p\u00fablico e institucional que merec\u00edan. I\u00f1aki Arana, hijo de Liborio, se hizo ertzaina con el prop\u00f3sito de poder culminar una investigaci\u00f3n que esclareciera qui\u00e9nes fueron los autores del asesinato de su padre. Arana cuenta en el documental que realizamos hace cuatro a\u00f1os que a\u00fan no hab\u00eda sido capaz de contarle a su hijo lo que ocurri\u00f3. \u00abEn casa no se hablaba de aquello. Lo aguantamos, lo resistimos como pudimos, pero lo hicimos en casa. Lo nuestro, nuestro\u00bb, cuenta. Un testimonio parecido al que recabamos en la entrevista conjunta que realizamos a Arantxa y Joseba, hijos de Mari Paz y Pac\u00edfico. Joseba, conmovido, cuenta c\u00f3mo tampoco hab\u00eda podido contar a sus hijas lo que les hab\u00eda ocurrido a sus abuelos. En su relato se estremece al reconocer que es incapaz de explicarles la espiral de violencia de aquellos a\u00f1os en los que unos y otros se asesinaban indiscriminadamente dejando profundas heridas personales y familiares. Joseba y Arantxa ten\u00edan 12 y 14 a\u00f1os cuando sus padres fueron asesinados aquella noche. Mari Paz y Pac\u00edfico decidieron parar en el bar de Garbi cuando regresaban de un cine de Bilbao ese s\u00e1bado por la tarde. A Arantxa nunca se le ir\u00e1 de la mente la imagen de sus padres al coger el coche para irse aquella tarde. Ella se qued\u00f3 en la plaza jugando, fue la \u00faltima vez que los vio con vida. Ese d\u00eda, tal y como dice Joseba en uno de los momentos del documental, a ambos se les acab\u00f3 la infancia. <\/p>\n\n\n\n<p>A\u00fan hoy, cuarenta a\u00f1os despu\u00e9s de lo sucedido, cuando te acercas como periodista a esta historia, puedes entrever que hay muchas l\u00e1grimas que todav\u00eda no se han llorado. Las que apenas puede contener Mar\u00eda Eugenia, hija de Liborio, cuando recuerda c\u00f3mo ella y sus hermanas tuvieron que recoger los restos de su padre \u00abpedacito a pedacito\u00bb porque estaban pegados a las fachadas de los edificios colindantes. La misma emoci\u00f3n contenida por Mar\u00eda Eugenia mezclada con un enfado que en aquel momento no pudo expresar contra aquellos que no tuvieron la m\u00ednima empat\u00eda para retirar los restos de su padre, que d\u00edas despu\u00e9s de la explosi\u00f3n, a\u00fan pod\u00edan verse esparcidos en paredes y tejados. O las l\u00e1grimas que tampoco asoman en el rostro de Amelia, la hija de Manuel Santacoloma, cuando recuerda c\u00f3mo su padre ese mismo d\u00eda le dijo que se hab\u00eda librado de la muerte \u00abde chiripa\u00bb porque en la f\u00e1brica casi le hab\u00eda ca\u00eddo un rodillo encima. Horas despu\u00e9s de que su padre le contara aliviado c\u00f3mo se hab\u00eda librado de la muerte, a Amelia la despertaron de madrugada para contarle que Manuel era uno de los muertos en el atentado.<\/p>\n\n\n\n<p>Jos\u00e9 \u00c1ngel Gonz\u00e1lez Arrieta, viudo de Garbi, y sus hijas Agurtzane y Garbi\u00f1e cargan sobre sus espaldas con un dolor muy profundo. Era la familia propietaria del bar Aldana y los cuatro estaban all\u00ed aquella noche. Jos\u00e9 \u00c1ngel, Garbi\u00f1e y Agurtzane nos ofrecieron su testimonio sentados alrededor de la mesa del comedor de la casa familiar. Recuerdo perfectamente el paisaje que se pod\u00eda ver tras las ventanas de ese comedor mientras realizaba la entrevista a esa familia porque, en ocasiones, mi mirada ten\u00eda que acudir a \u00e9l para soportar el dolor que asomaba en esos rostros. Antes de realizar esta entrevista los integrantes del equipo del documental hab\u00edamos recibido varios mensajes de personas muy cercanas a Jos\u00e9 \u00c1ngel que nos advert\u00edan de que \u00abno le gustaba nada hablar de aquello\u00bb. Sin embargo, durante la grabaci\u00f3n, Jos\u00e9 \u00c1ngel fue capaz de contarnos sin demasiadas palabras el rastro de dolor que dej\u00f3 el atentado en sus vidas. Un hombret\u00f3n como \u00e9l, anciano, pero con una constituci\u00f3n emocional y f\u00edsica muy fuerte, agarraba firme el pa\u00f1uelo que usaba durante la grabaci\u00f3n para secarse las l\u00e1grimas. Jos\u00e9 \u00c1ngel recordaba c\u00f3mo su mujer, ya fallecida, recibi\u00f3 tras el atentado, y durante muchos a\u00f1os, llamadas an\u00f3nimas que la amenazaban de muerte a ella y a toda la familia. De hecho, Garbi, tras el atentado, quiso poner en marcha otro negocio, pero las due\u00f1as del local que quer\u00eda alquilar desistieron al recibir ellas mismas amenazas para que no lo hicieran. <\/p>\n\n\n\n<p>\u00abDuro, muy duro\u00bb Al escuchar a Jos\u00e9 \u00c1ngel, era m\u00e1s que evidente la admiraci\u00f3n que sent\u00eda hacia su mujer, Garbi, mientras relataba c\u00f3mo ella, una y otra vez, recib\u00eda esas llamadas, pero no contaba nada de ellas a su familia para no preocuparles. Jos\u00e9 \u00c1ngel se rompi\u00f3 al contar lo duro que le resultaba ver c\u00f3mo ella soportaba esa situaci\u00f3n en silencio. \u00abEra duro, muy duro\u00bb, relat\u00f3. Los rostros de sus hijas Agurtzane y Garbi\u00f1e, tratando de contener la emoci\u00f3n mientras miraban a su padre cuando contaba lo que sufrieron durante todos esos a\u00f1os, es una de las im\u00e1genes que se me ha quedado pegada en la memoria.<\/p>\n\n\n\n<p>La historia del bar Aldana tiene muchos nombres. Tambi\u00e9n los de cada uno de los veinte heridos que dej\u00f3 la explosi\u00f3n: Jos\u00e9 Ignacio Etxebarria, Garbi\u00f1e Zarate, la due\u00f1a del bar que permaneci\u00f3 meses en el hospital con casi 500 puntos de sutura, o Andoni Mendoza quien perdi\u00f3 una pierna en la explosi\u00f3n, son solo tres de ellos. O el de Jos\u00e9 Antonio Larrinaga, Larri, primo de Garbi, y una de las personas clave en la recuperaci\u00f3n de la memoria del atentado. Sabemos todos sus nombres. No sabemos los de aquellos que colocaron la bomba, ni tampoco sabremos nunca el nombre de aquella alta funcionaria del Ministerio del Interior que trat\u00f3 con amabilidad y cari\u00f1o a Mar\u00eda Eugenia Bideguren -hija de Liborio- hasta que esta le relat\u00f3 en una conversaci\u00f3n telef\u00f3nica que a su padre lo hab\u00edan asesinado los grupos parapoliciales de extrema derecha. En las siguientes ocasiones en las que Mar\u00eda Eugenia llam\u00f3 al Ministerio no le fue posible volver a hablar con la funcionaria. Nunca m\u00e1s se volvi\u00f3 a poner al tel\u00e9fono. Esos nombres no los conocemos, pero s\u00ed intuimos qui\u00e9nes fueron algunos de los que hicieron todo lo posible por ocultar pruebas, por entorpecer la investigaci\u00f3n o incluso qui\u00e9nes alentaron a sus autores. <\/p>\n\n\n\n<p>Hay un consenso casi un\u00e1nime al se\u00f1alar la necesidad de que las v\u00edctimas de cualquier violencia necesitan verdad, justicia y reparaci\u00f3n para comenzar a curar heridas. Las tres forman un tejido que permite a las v\u00edctimas y a la sociedad avanzar hacia la reconstrucci\u00f3n de sus vidas y hacia la convivencia social. Sin una de las tres, las dem\u00e1s est\u00e1n incompletas. En el caso del bar Aldana, como en otros muchos de nuestra historia reciente, la verdad, la justicia y la reparaci\u00f3n han sido sustituidas por agujeros negros de impunidad, ausencia de investigaci\u00f3n, mentiras o, simplemente, por el silencio. Como si las v\u00edctimas no merecieran ni siquiera una mirada, un intento de esclarecimiento. El tiempo no lo cura todo, de hecho no cura casi nada. El paso de los a\u00f1os puede haber servido para que duela menos, pero el abismo de la ausencia sigue pesando demasiado. Alonsotegi sigue, cuarenta a\u00f1os despu\u00e9s, esperando respuestas.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuarenta a\u00f1os despu\u00e9s del atentado contra el bar Aldana, de Alonsotegi, que caus\u00f3 cuatro muertos y veinte heridos, las v\u00edctimas siguen sin su derecho a la verdad, la justicia y la reparaci\u00f3n Un reportaje de Sonia Hernando Para quienes no conocieron el bar y lo que all\u00ed sucedi\u00f3, lo que se ve cuando pasas por &hellip; <a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/2020\/01\/23\/aldana-cuarenta-anos-de-un-crimen-sin-castigo\/\" class=\"more-link\">Sigue leyendo <span class=\"screen-reader-text\">Aldana: cuarenta a\u00f1os de un crimen sin castigo<\/span><\/a><!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[37165],"tags":[1157,156464],"class_list":["post-1539","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-historias-de-los-vascos","tag-alonsotegi","tag-bar-aldana"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1539","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1539"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1539\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1540,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1539\/revisions\/1540"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1539"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1539"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1539"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}