{"id":22,"date":"2012-01-21T18:11:58","date_gmt":"2012-01-21T17:11:58","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.com\/historiasdelosvascos\/?p=22"},"modified":"2012-02-20T18:15:21","modified_gmt":"2012-02-20T17:15:21","slug":"la-muerte-negra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/2012\/01\/21\/la-muerte-negra\/","title":{"rendered":"La muerte negra"},"content":{"rendered":"<div>\n<div>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter\" src=\"http:\/\/static.deia.com\/images\/2012\/01\/21\/import_11258629_11.jpg\" alt=\"\" width=\"600\" height=\"426\" \/><\/p>\n<p>Navarra sufri\u00f3 en  1348 la primera epidemia de peste que, desde entonces y hasta el siglo  XVII, asolar\u00eda de forma peri\u00f3dica los territorios vascos<\/p>\n<\/div>\n<p><strong>Peio J. Monteano.<\/strong> VILLABA-ATARRABIA.<\/p>\n<p>HOY  en d\u00eda, apenas algunas expresiones coloquiales dan una borrosa idea de  la peste: \u00abechar pestes\u00bb, \u00abtemer algo m\u00e1s que a la peste\u00bb, \u00abapestar\u00bb,  etc. Y es que el paso del tiempo ha hecho olvidar el extraordinario  papel que esa enfermedad ha tenido en nuestra historia.<\/p>\n<p>La peste no es sino una infecci\u00f3n producida por un bacilo  peque\u00f1o y redondeado aislado por primera vez en 1894. Propia de los  roedores como la rata dom\u00e9stica, puede pasar a los humanos a trav\u00e9s de  sus pulgas o incluso por v\u00eda respiratoria. Una vez contagiada, se  presenta en tres formas. La m\u00e1s frecuente es la bub\u00f3nica, caracterizada  por la aparici\u00f3n de bultos en ingles y axilas y de manchas oscuras. La  facilidad de su contagio y la elevada mortalidad justifica el p\u00e1nico que  siempre despert\u00f3 entre la gente.<\/p>\n<p>En los \u00faltimos a\u00f1os han aparecido varios estudios sobre el  impacto de esa enfermedad en el Pa\u00eds Vasco, pero sigue siendo Navarra el  territorio que cuenta con una informaci\u00f3n m\u00e1s antigua y completa  gracias a sus extraordinarios fondos documentales. De ah\u00ed que lo  utilicemos como gu\u00eda para extraer unas conclusiones que, en lo  fundamental, son extensibles al resto del pa\u00eds.<\/p>\n<p>Aunque existen testimonios de pestes durante los llamados <em>siglos oscuros<\/em>,  todo comenz\u00f3 a mediados del siglo XIV. Sin duda, aquel viajero -poco  importa ahora que fuera peregrino, mercader o simple campesino- que all\u00e1  por la primavera de 1348 recorr\u00eda los caminos navarros llevando en su  cuerpo el mortal bacilo de la peste no pod\u00eda ni imaginar que estaba a  punto de abrir una nueva y terrible edad en la historia de nuestra  tierra. Porque es forzoso reconocer que la plaga y la lucha contra ella  condicion\u00f3 la vida de los navarros y del resto de los vascos y europeos  durante casi cuatro siglos. Todo habitante de este pa\u00eds que alcanzase  los veinticinco a\u00f1os -una duraci\u00f3n de vida bastante habitual- pasar\u00eda al  menos una vez por la traum\u00e1tica experiencia de convivir con la amenaza  de la epidemia.<\/p>\n<p><strong>La Era de la Peste<\/strong><\/p>\n<p>Como decimos, la caja de los truenos se abri\u00f3 en 1348. Tras varios  siglos de crecimiento, Navarra era por entonces un mundo lleno y  hambriento. Sus campos no volver\u00edan a estar tan poblados hasta el siglo  XIX. Desde sus cuarteles asi\u00e1ticos y siguiendo la ruta del norte de los  Pirineos, la enfermedad lleg\u00f3 <!--more-->al reino muy pronto, de forma que en tan  s\u00f3lo tres a\u00f1os el hambre primero y los estragos de la mort\u00edfera  enfermedad despu\u00e9s acabaron con m\u00e1s de la mitad de sus habitantes.<\/p>\n<p>Un  oficial real, al que se adivina todav\u00eda impresionado por la sangr\u00eda  humana que acaba de presenciar, se limita a justificar el impago de los  impuestos \u00abpor causa de la gran mortandad que sobrevino por todo el  mundo casi a comienzos del dicho a\u00f1o de 1348, la cual es notoria y el  pueblo est\u00e1 muy destruido y disminuido\u00bb. Pero la gran Peste Negra s\u00f3lo  abri\u00f3 la \u00abgran era de los muertos\u00bb. Desde 1348 a 1530, la peste se  convirti\u00f3 en una asidua visitante de nuestras tierras. A lo largo de  casi dos siglos, la enfermedad regres\u00f3 a un ritmo decenal, segando  peri\u00f3dicamente generaciones enteras y dejando a su paso pueblos  desiertos y hogares desechos. Como las r\u00e9plicas de un terremoto, la  peste sacudi\u00f3 a Navarra sin tregua: 1362, 1373, 1387, 1395, 1400, 1411,  1422, 1428, 1434, 1441, 1451, 1479, 1485, 1492, 1502, 1518, 1523 y 1530.  En el siglo que sigui\u00f3 a la cat\u00e1strofe de 1348, el reino fue  desangr\u00e1ndose hasta perder tres cuartas partes de sus habitantes y los  campos se llenaron de <em>aldeas perdidas<\/em>. Y fue precisamente la  alteraci\u00f3n del r\u00e9gimen demogr\u00e1fico, la incapacidad de la poblaci\u00f3n para  regenerarse, el principal responsable del estado de postraci\u00f3n  econ\u00f3mica, social y pol\u00edtica que caracteriz\u00f3 a la mayor parte del  Cuatrocientos navarro.<\/p>\n<p>Lentamente, a finales del siglo XV algo cambi\u00f3. La poblaci\u00f3n y  la econom\u00eda, la econom\u00eda y la poblaci\u00f3n -no sabemos el orden-  comenzaron a recuperarse y a su socaire se empez\u00f3 a conformar una nueva  actitud ante la peste. De este modo, hacia 1530 se abr\u00eda un nuevo  periodo a lo largo del cual se fue construyendo todo un sistema p\u00fablico  de lucha contra la enfermedad. Los primeros frutos no tardaron en  llegar. La peste comenz\u00f3 a perder vigor, sus ataques se espaciaron cada  treinta a\u00f1os -1564 y 1599- y sus efectos, aunque dram\u00e1ticos, ya no  consiguieron alterar la evoluci\u00f3n de la poblaci\u00f3n. A costa de un  sacrificio enorme y no sin des\u00e1nimos, nuestros predecesores lograron un  rotundo \u00e9xito a partir de 1601. Puede resultar parad\u00f3jico que el primer  a\u00f1o del siglo que ha pasado a la historia con el sambenito de la  decadencia espa\u00f1ola supusiera el inicio del tercer y \u00faltimo periodo.  Pero no cabe duda de que entre 1601 y 1723 se constat\u00f3 la ansiada  victoria sobre la plaga.<\/p>\n<p>Las medidas de prevenci\u00f3n y lucha,  trabajosamente articuladas a lo largo de toda la centuria anterior y  constantemente retocadas a la luz de experiencias propias y ajenas,  mostraron toda su efectividad. Durante todos esos a\u00f1os nuestro pa\u00eds  presenci\u00f3 con temor los amagos de la plaga, pero -con la excepci\u00f3n de  Cascante en 1653- no sufri\u00f3 los zarpazos con los que la peste a\u00fan  sacudi\u00f3 Europa Occidental: 1628, 1651, 1663, 1676 y 1722. Por entonces  los nacientes Estados tomaban protagonismo en la lucha contra la  enfermedad y se hab\u00edan sentado las bases mentales y materiales para el  nacimiento de una sanidad p\u00fablica de tipo moderno.<\/p>\n<p>Al ritmo de la sucesi\u00f3n de las epidemias, a lo largo de estos  cuatro siglos se fue operando tambi\u00e9n la transformaci\u00f3n en las  concepciones y en los medios de lucha colectiva contra la enfermedad. La  explicaci\u00f3n m\u00e1gica o religiosa sobre el origen y causas de la peste  siempre estuvo omnipresente. La mortal plaga era un castigo fruto de la  ira de Dios. Ni siquiera la difusi\u00f3n de la <em>teor\u00eda aerista <\/em>-que atribu\u00eda la enfermedad al aire infectado- consigui\u00f3 desplazarla. Tampoco la <em>teor\u00eda contagionista<\/em> que lentamente, bas\u00e1ndose en observaciones m\u00e1s precisas, se fue  abriendo camino, pero que no terminar\u00e1 por triunfar hasta Pasteur, ya a  las puertas de nuestro tiempo.<\/p>\n<p>En los siglos XIV y XV las medidas puestas en marcha fueron  raras y aisladas. Todas las esperanzas estaban puestas en la ayuda del  cielo. La extensi\u00f3n del culto a San Roque y San Sebasti\u00e1n, cuyas  im\u00e1genes llenan a\u00fan nuestras iglesias, es la mejor prueba de ello. Fue a  finales del Cuatrocientos cuando esta actitud resignada comenz\u00f3 a  cambiar y las medidas de prevenci\u00f3n y lucha se multiplicaron: cierre de  puertas, aislamiento de enfermos, asistencia a pobres, desinfecci\u00f3n de  casas, etc. Por fin, en las \u00faltimas d\u00e9cadas del siglo XVI todas estas  medidas se comenzaron a reunir, codificar y coordinar en los llamados <em>reglamentos contra la Peste<\/em> y un tono dictatorial empez\u00f3 a impregnar la lucha contra la enfermedad.  El gran logro de estos tiempos fue sin duda la creaci\u00f3n de una red  internacional de informaci\u00f3n sanitaria. El triunfo del racionalismo y de  los absolutismos pol\u00edticos a partir de mediados del Seiscientos supuso  el principio del fin de las devastadoras plagas. La participaci\u00f3n de los  gobiernos centrales, la decidida y masiva movilizaci\u00f3n de recursos y la  coordinaci\u00f3n de esfuerzos a escala estatal e internacional fueron la  puntilla que acab\u00f3 con la peste.<\/p>\n<p>Sin embargo, las razones exactas de la desaparici\u00f3n de la  peste en Europa Occidental siguen siendo un enigma para los  historiadores. Los factores clim\u00e1ticos no parecen haber sido  determinantes. Tampoco la aparici\u00f3n de la pseudo-tuberculosis,  provocadora de una inmunidad cruzada. M\u00e1s frecuentemente invocado ha  sido el cambio de la especie de rata, principal transmisor de la  enfermedad. Pero lo cierto es que la nueva rata -llegada en el siglo  XVIII- no cumple peor ese papel. Todo apunta, pues, a que fueron varios  los factores que contribuyeron al retroceso y desaparici\u00f3n de una  enfermedad que, con sus catastr\u00f3ficos efectos, llen\u00f3 de p\u00e1nico la vida  de generaciones durante cuatrocientos a\u00f1os. Factores entre los que, sin  ning\u00fan g\u00e9nero de dudas, el principal papel correspondi\u00f3 a la tenaz lucha  protagonizada por las comunidades humanas.<\/p>\n<p><strong>El legado de la Peste<\/strong><\/p>\n<p>Se  dir\u00e1 con raz\u00f3n que la desaparici\u00f3n de la peste no supuso el final de  las epidemias. Es cierto. En lo sucesivo otras enfermedades como el  tifus, la viruela, la fiebre amarilla, el c\u00f3lera, la gripe, el sida,  etc. tomar\u00edan el testigo. Pero tambi\u00e9n lo es que para entonces las  sociedades occidentales ya no estaban indefensas. Aunque a un precio de  sangre, los cimientos de una sanidad preventiva estaban ya puestos.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 herencia nos ha legado la peste? Forzoso es reconocer que  ha sido m\u00e1s grande de lo que habitualmente pensamos. Dejando a un lado  su reflejo en el lenguaje, en la literatura y el arte, en las  mentalidades, en las concepciones religiosas o en las relaciones de  poder, la enfermedad imprimi\u00f3 su profunda huella en los m\u00e1s variados  campos. En el terreno sanitario, ella es la responsable de la  cooperaci\u00f3n sanitaria internacional, del desarrollo de las ciencias  biol\u00f3gicas, de las dotaciones hospitalarias, de la asistencia m\u00e9dica  gratuita y de los servicios de limpieza urbana. Para combatir la peste  se desarrolla la industria de los perfumes y la bisuter\u00eda. Con el mismo  fin se comienza a utilizar los desinfectantes, a blanquear con cal las  viviendas o se alejan los cementerios de los n\u00facleos de poblaci\u00f3n. M\u00e1s  nefasta, como dijimos, es la herencia del uso del tabaco, ir\u00f3nicamente  utilizado para purificar el aire.<\/p>\n<p>A lo largo de estos siglos parece, pues, que en nuestro  llamado Primer Mundo hemos conseguido desterrar a los jinetes  apocal\u00edpticos del Hambre y la Peste. Desgraciadamente, no se puede decir  lo mismo del de la Guerra. Pero, aunque s\u00f3lo sea por ego\u00edsmo, no nos  durmamos en la autocomplaciencia. No olvidemos la lecci\u00f3n que nos ha  legado la Historia. En el Tercer Mundo, los jinetes galopan a sus anchas  y la lucha contra la plaga contin\u00faa. Y, por ello, la fiera que engendr\u00f3  a la peste vuelve a estar en celo.<\/p>\n<\/div>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Navarra sufri\u00f3 en 1348 la primera epidemia de peste que, desde entonces y hasta el siglo XVII, asolar\u00eda de forma peri\u00f3dica los territorios vascos Peio J. Monteano. VILLABA-ATARRABIA. 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