{"id":336,"date":"2013-06-04T22:25:40","date_gmt":"2013-06-04T20:25:40","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.com\/historiasdelosvascos\/?p=336"},"modified":"2013-06-04T18:30:58","modified_gmt":"2013-06-04T16:30:58","slug":"historia-de-los-vascos-horacio-echevarrieta-un-empresario-vasco-en-el-rearme-de-alemania","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/2013\/06\/04\/historia-de-los-vascos-horacio-echevarrieta-un-empresario-vasco-en-el-rearme-de-alemania\/","title":{"rendered":"Historia de los vascos: Horacio Echevarrieta: un empresario vasco en el rearme de Alemania"},"content":{"rendered":"<div>\n<p>El magnate bilbaino se embarc\u00f3 en el proyecto de fabricar el submarino E-1 de la mano de la Rep\u00fablica de Weimar, que quer\u00eda superar el Tratado de Versalles.<\/p>\n<p><strong>Por Patxi L\u00e1zaro.\u00a0<\/strong>Bilbao.<\/p>\n<figure style=\"width: 614px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" alt=\"\" src=\"http:\/\/static.deia.com\/images\/2013\/05\/18\/empre_22935_1.jpg\" width=\"614\" height=\"344\" \/><figcaption class=\"wp-caption-text\">El empresario vasco, a la izquierda, chalra con ALfonso XIII<\/figcaption><\/figure>\n<p>MEDIANTE el Tratado de Versalles las potencias vencedoras de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) impusieron a la derrotada Alemania condiciones que en la pr\u00e1ctica implicaban una completa renuncia a su defensa nacional: recortes territoriales, cesi\u00f3n de colonias, una tropa de tan solo 100.000 hombres para funciones de polic\u00eda y finalmente la prohibici\u00f3n de construir tanques, aeroplanos, submarinos y barcos de guerra de gran tonelaje. Raro es el pa\u00eds que se conforma con este estado de cosas, disponiendo de medios y recursos para evitarlo. Es un hecho comprobado que el rearme de Alemania no comenz\u00f3 con Hitler, sino mucho antes, apenas firmado el armisticio y bajo la direcci\u00f3n de los gobiernos progresistas de la Rep\u00fablica de Weimar. Esta tarea se llev\u00f3 a cabo en tres etapas. En primer lugar se establecieron relaciones diplom\u00e1ticas y comerciales con pa\u00edses excluidos de la comunidad internacional -como la naciente Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica- o aquellos otros que hab\u00edan permanecido neutrales durante la Gran Guerra -Espa\u00f1a- para construir y ensayar en secreto prototipos de armas avanzadas cuya producci\u00f3n prohib\u00eda el Tratado de Versalles. En una segunda fase, ya en la \u00e9poca nacionalsocialista, se emprende la fabricaci\u00f3n en serie de grandes cantidades de material de guerra, con letras de cambio emitidas por la sociedad tapadera con sede en Berl\u00edn Metallforschungsgesellschaft (MeFo) y diversas maniobras de ingenier\u00eda financiera. Finalmente, en v\u00edsperas de la Segunda Guerra Mundial, dejados a un lado todos los disimulos ante los inspectores de la Sociedad de Naciones, el mundo pudo contemplar el retorno al escenario geopol\u00edtico de una Alemania rearmada y en son de guerra.<\/p>\n<p><strong>Astilleros de C\u00e1diz<\/strong><\/p>\n<p>A comienzos de la d\u00e9cada de 1920 la red clandestina habilitada por el gobierno alem\u00e1n para organizar el rearme extiende sus tent\u00e1culos hacia el sur de Europa y establece contacto con un industrial llamado Horacio Echevarrieta. En 1917 este empresario vasco, que ya manten\u00eda cierta relaci\u00f3n con Alemania a trav\u00e9s de los grupos Krupp y Blohm &amp; Voss, hab\u00eda adquirido Astilleros de C\u00e1diz para explotar el auge naval que inevitablemente seguir\u00eda al cese de las hostilidades. La recuperaci\u00f3n tuvo lugar antes de lo previsto, y a partir de 1922 sobrevino un estancamiento en el sector naval. <!--more-->Esto, unido a las cr\u00f3nicas dificultades de financiaci\u00f3n de la casa Echevarrieta y Larr\u00ednaga, precipit\u00f3 a las instalaciones de C\u00e1diz en una prolongada crisis, a la que se intent\u00f3 poner remedio mediante la fabricaci\u00f3n de material ferroviario, puentes y aparejos de ingenier\u00eda civil. Finalmente Horacio Echevarrieta vio la salida a sus problemas en la construcci\u00f3n de buques de guerra para la armada. As\u00ed surgi\u00f3 la idea de crear una f\u00e1brica nacional de torpedos y construir submarinos en Astilleros de C\u00e1diz. La idea tambi\u00e9n resultaba interesante para un gobierno espa\u00f1ol que se hab\u00eda propuesto aumentar su influencia en el Mediterr\u00e1neo. De inmediato los alemanes, dirigidos por el enigm\u00e1tico Wilhelm Canaris y un capit\u00e1n de marina llamado Walter Lohmann -posteriormente implicado en un esc\u00e1ndalo de producciones cinematogr\u00e1ficas con los fondos del rearme- se hicieron cargo de las ventajas que ofrec\u00eda una colaboraci\u00f3n con el magnate bilbaino, conocido por su audacia emprendedora, sus tendencias republicanas y su amistad con el rey Alfonso XIII.<\/p>\n<p>Tras varias reuniones a alto nivel celebradas en Berl\u00edn a finales de marzo y comienzos de abril de 1926, en presencia de varios ministros alemanes y el propio Canciller del Reich Hans Luther, la colaboraci\u00f3n entre Horacio Echevarrieta, el gobierno espa\u00f1ol y la Rep\u00fablica de Weimar comenz\u00f3 con una serie de acuerdos de gran envergadura cuyo proyecto principal consist\u00eda en la construcci\u00f3n en Astilleros de C\u00e1diz, con tecnolog\u00eda alemana y piezas suministradas desde Holanda, del submarino E-1. Esta nave, de capacidad ofensiva y prestaciones superiores a las de los otros sumergibles de su \u00e9poca, ser\u00eda la antecesora del c\u00e9lebre modelo VII, que constituy\u00f3 la columna vertebral del arma submarina alemana durante la Segunda Guerra Mundial. Se esperaba que tras la botadura y la realizaci\u00f3n exitosa de las pruebas entrasen pedidos de buques del mismo tipo para Espa\u00f1a y otras flotas extranjeras. Sin embargo la crisis mundial de los a\u00f1os 30 y la llegada de la Segunda Rep\u00fablica, que modific\u00f3 la pol\u00edtica exterior espa\u00f1ola y cancel\u00f3 todos los compromisos con Alemania, dieron al traste con los ambiciosos planes de Horacio Echevarrieta, dejando en dique seco al E-1, que finalmente hubo de ser vendido a Turqu\u00eda en 1935.<\/p>\n<p>El episodio del submarino supone el c\u00e9nit de la carrera empresarial de Horacio Echevarrieta y constituye la expresi\u00f3n m\u00e1s evidente del temperamento audaz y emprendedor del capit\u00e1n de industria vasco. Aunque la aventura fracas\u00f3, esta semiclandestina colaboraci\u00f3n con los alemanes puso en marcha algunos proyectos con visi\u00f3n de futuro que a largo plazo influir\u00edan de manera perceptible en el desarrollo de la econom\u00eda espa\u00f1ola. Los a\u00f1os comprendidos entre 1890 y 1930 constituyen una especie de era axial en la cual aparecen la mayor parte de las innovaciones que dan forma a la civilizaci\u00f3n contempor\u00e1nea: la electricidad, el motor de explosi\u00f3n, el cinemat\u00f3grafo, la radio y la televisi\u00f3n, el aeroplano, etc. Es en dicho escenario, con los esfuerzos del programa de rearme dirigido a espaldas de la legalidad internacional por Canaris y Lohmann, la fascinaci\u00f3n ante una tecnolog\u00eda alemana que aparentemente lo pod\u00eda todo y la energ\u00eda vital irradiada desde una Rep\u00fablica de Weimar en pleno delirio de creatividad modernista, donde se ha de situar la euforia empresarial e innovadora de Horacio Echevarrieta: fundaci\u00f3n de Iberia con participaci\u00f3n de la alemana Lufthansa, planes para fabricar gasolina artificial por el procedimiento Fischer-Tropsch, plantas de montaje de camiones, construcci\u00f3n de lanchas r\u00e1pidas, aeroplanos experimentales, estaciones de se\u00f1alizaci\u00f3n mar\u00edtimas y otros dispositivos e instalaciones por el estilo.<\/p>\n<p>Horacio Echevarrieta y sus socios alemanes fueron m\u00e1s all\u00e1 de la fabricaci\u00f3n de prototipos navales, llegando probablemente a realizar pruebas secretas en el sector m\u00e1s puntero de la tecnolog\u00eda militar de entonces: la construcci\u00f3n de motores de aviaci\u00f3n, incluyendo las primeras plantas de propulsi\u00f3n a chorro. Como prueba de esto he podido encontrar en las notas personales de Juan Antonio Aldecoa, ingeniero vasco que fue mano derecha de Echevarrieta en Astilleros de C\u00e1diz, el diagrama de un rudimentario motor a reacci\u00f3n del a\u00f1o 1932 -anterior en tres a\u00f1os al turbocompresor de Virgilio Leret-. Imaginemos los quebraderos de cabeza que todos estos indicios de un esfuerzo tan diligente en pro del rearme alem\u00e1n supondr\u00edan para el gobierno espa\u00f1ol a\u00f1os m\u00e1s tarde, cuando el r\u00e9gimen de Franco, en su intento por procurarse una mayor proximidad diplom\u00e1tica a las potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial, hac\u00eda todo lo posible por disimular su colaboraci\u00f3n anterior con el Eje.<\/p>\n<p><strong>Operaci\u00f3n subversiva<\/strong><\/p>\n<p>La epopeya emprendedora de Horacio Echevarrieta con la construcci\u00f3n del submarino E-1 no sobrevivi\u00f3 a la crisis mundial de los a\u00f1os 30, ya que, como antes se ha dicho, la Segunda Rep\u00fablica no asumi\u00f3 los acuerdos establecidos con Alemania bajo el depuesto Alfonso XIII. Para colmo el propio Horacio se vio involucrado sin saberlo en una operaci\u00f3n subversiva para suministrar armas a los mineros asturianos. Estas armas las hab\u00eda adquirido Horacio Echevarrieta por cuenta del gobierno de la Rep\u00fablica para ayudar a los revolucionarios portugueses que se opon\u00edan al r\u00e9gimen salazarista, pero Indalecio Prieto y otros l\u00edderes de la izquierda se apoderaron de ellas para emplearlas en la insurrecci\u00f3n de octubre de 1934. El alijo fue descubierto a bordo del buque Turquesa, los hilos llevaron hasta el industrial vasco y este, aparte de las p\u00e9rdidas sufridas por sus negocios, no tard\u00f3 en hallarse en una apurada situaci\u00f3n personal -incluyendo su encarcelamiento en la Modelo- que conseguir\u00eda remontar durante los primeros a\u00f1os de la dictadura franquista. Una catastr\u00f3fica explosi\u00f3n destruy\u00f3 gran parte de las instalaciones en 1947. Finalmente, a comienzos de los 50, los astilleros fueron traspasados al Instituto Nacional de Industria, lo cual supuso el fin de la azarosa carrera de Horacio Echevarrieta en el sector de las construcciones navales, cumplidos ya los ochenta a\u00f1os de edad.<\/p>\n<p>Ser\u00eda impropio criticar a Horacio Echevarrieta por su participaci\u00f3n en un programa de rearme que tuvo consecuencias tr\u00e1gicas para Europa y el mundo. El per\u00edodo de entreguerras fue una \u00e9poca dif\u00edcil. En ella se hizo patente el fracaso del gran imperialismo europeo del siglo XIX y la pol\u00edtica de equilibrio de potencias, en un momento en que a\u00fan no han aparecido los actuales sistemas de seguridad colectiva basados en la cooperaci\u00f3n internacional y los grandes acuerdos de comercio. En tales circunstancias no hab\u00eda modo de evitar que se impusieran la l\u00f3gica de la fuerza y la raz\u00f3n de estado. El Tratado de Versalles, con sus cl\u00e1usulas cartaginesas y su atribuci\u00f3n unilateral de culpabilidades, era hip\u00f3crita y pernicioso para la estabilidad de Europa. Todo el mundo lo sab\u00eda, y nadie discut\u00eda el derecho de las naciones a armarse, aunque fuese a espaldas de una legalidad internacional por lo dem\u00e1s impuesta de modo revanchista e injusto. Tampoco ha de olvidarse que la rep\u00fablica alemana de Weimar era un r\u00e9gimen democr\u00e1tico. Que Hitler terminara convirti\u00e9ndose en inesperado beneficiario de sus programas clandestinos de rearme no acredita juicios de valor hechos a toro pasado.<\/p>\n<p><strong>Talento visionario<\/strong><\/p>\n<p>La hom\u00e9rica derrota de Horacio Echevarrieta es parte del drama de su tiempo, como lo son del nuestro los modestos logros que la generaci\u00f3n actual aspira a cosechar aplicando la ley del m\u00ednimo esfuerzo y sin arriesgar nada m\u00e1s que lo justo. Aquella \u00e9poca fue pobre en capital y recursos tecnol\u00f3gicos, pero conoci\u00f3 individuos con gran talento visionario y un arrojo fuera de lo com\u00fan. La nuestra, por el contrario, abunda en medios financieros y conocimiento, pero no quiere saber nada de riesgos ni de emprendizajes. Antes de juzgar a los hombres de hace un siglo desde la perspectiva contempor\u00e1nea, como m\u00ednimo se impone una reflexi\u00f3n acerca del poder creativo de la audacia empresarial. Puede que el fracaso de aquellos en su empe\u00f1o de comerse el mundo tuviera m\u00e1s m\u00e9rito que nuestro \u00e9xito en la conservaci\u00f3n de lo poco que nos queda, a base de refinadas t\u00e9cnicas de gesti\u00f3n y de poner t\u00edmidamente el pie fuera de los c\u00f3modos reductos de nuestra mediocridad funcionarial y peque\u00f1oburguesa.<\/p>\n<\/div>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El magnate bilbaino se embarc\u00f3 en el proyecto de fabricar el submarino E-1 de la mano de la Rep\u00fablica de Weimar, que quer\u00eda superar el Tratado de Versalles<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1544],"tags":[24885],"class_list":["post-336","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-sin-categoria","tag-horacio-echevarrieta"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/336","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=336"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/336\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":338,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/336\/revisions\/338"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=336"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=336"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=336"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}