{"id":37,"date":"2012-02-28T14:36:48","date_gmt":"2012-02-28T13:36:48","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.com\/historiasdelosvascos\/?p=37"},"modified":"2012-02-28T14:36:48","modified_gmt":"2012-02-28T13:36:48","slug":"la-maleta-mexicana-tres-de-los-retratados-hablan-para-deia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/2012\/02\/28\/la-maleta-mexicana-tres-de-los-retratados-hablan-para-deia\/","title":{"rendered":"La maleta mexicana: tres de los retratados hablan para DEIA"},"content":{"rendered":"<figure style=\"width: 600px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/static.deia.com\/images\/2012\/02\/25\/maleta.jpg\" alt=\"\" width=\"600\" height=\"320\" \/><figcaption class=\"wp-caption-text\">Tres vidas en &#39;la maleta mexicana&#39;<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: center;\">\n<p><strong>C. M. SACRIST\u00c1N<\/strong><\/p>\n<p>Gatika\/Bolibar\/Bilbao<\/p>\n<p>Los famosos fot\u00f3grafos Robert Capa, Gerda Taro y David Seymour, <em>Chim<\/em>,  realizaron miles de fotograf\u00edas de la contienda civil espa\u00f1ola para  medios internacionales. Seymour dedic\u00f3 largas semanas a inmortalizar a  milicianos, ni\u00f1os, adultos y religiosos especialmente en Bizkaia. 4.500  negativos y algunas fotos impresas de esta arriesgada experiencia  conformaron <em>La Maleta Mexicana<\/em>, tres cajas desaparecidas durante  70 a\u00f1os, y que el International Center of Photography expuso en 2011 en  Nueva York, recientemente en el MNAC de Barcelona y, a partir del martes  28, en el Museo de Bellas Artes de Bilbao.<\/p>\n<p>DEIA ha seguido las pisadas de <em>Chim<\/em> por Bizkaia y ha conseguido identificar y charlar con algunos <strong>protagonistas de aquellas im\u00e1genes.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Balbina Onaindia:<\/strong><strong> \u00abC\u00f3mo silbaban las bombas. Ya hemos pasado, ya&#8230;\u00bb<\/strong><\/p>\n<p>Balbina Onaindia Urionaguena, nacida en 1922 en Bolibar (entonces  Anteiglesia de Zenarruza) se encuentra sentada bajo un generoso sol en  su baserri <em>Zabala Ganekua<\/em>, del barrio Zeinke de Ziortza-Bolibar. Ella y su familia desconoc\u00edan la historia de <em>La Maleta Mexicana<\/em>,  y atienden, sorprendidos, a DEIA ante la llamada de su paisano Jes\u00fas  Urkidi (Bolibar, 1926). Se muestra alucinada ante el despliegue de fotos  y negativos que realiz\u00f3 <em>Chim<\/em> en su pueblo y en toda Bizkaia, en  los primeros meses de 1937, y el hecho de ser una de sus protagonistas.  \u00abAintzine hil zen Julia Mallea\u00bb, comenta, echando la mirada atr\u00e1s, la  guapa nonagenaria, en referencia a la jovencita que posa a su lado en  una de las fotos de David Seymour. El fot\u00f3grafo polaco inmortaliz\u00f3 a una  serie de ni\u00f1as y adolescentes una tarde de domingo entre enero y  febrero de 1937, en la iglesia de Bolibar, Santo Tom\u00e1s. De ello se  acuerda v\u00edvidamente Urkidi, quien viv\u00eda en la casa de enfrente, pero  Balbina no recuerda aquel momento. Y sostiene las im\u00e1genes de <em>La Maleta Mexicana<\/em> con gran curiosidad e inter\u00e9s.<\/p>\n<p>Aquellos eran tiempos en que, como ha podido comprobar DEIA entre sus  protagonistas, el rosario reun\u00eda \u00abcasi m\u00e1s gente que la misa\u00bb. Y, a  ra\u00edz de uno de esos momentos, David Seymour se dedic\u00f3 a hacer fotos a  vecinos del pueblo y a sacerdotes, especialmente al Padre Jes\u00fas Jaio,  persona de gran relevancia por su valiosa labor como capell\u00e1n de  gudaris. Entre esas instant\u00e1neas aparece, favorecida y sonriente,  Balbina. Alegre y abierta, le \u00abgustaba mucho bailar. Y no me dejaban  bailar con Jos\u00e9 (Longarte Arriola), antes de casarnos\u00bb. Tambi\u00e9n  disfrutaba yendo de romer\u00eda y de excursi\u00f3n. \u00bfY en la guerra? \u00abEn la  guerra ya no hab\u00eda bailes. A la iglesia y a casa\u00bb, resume la mujer  retratada por Seymour en su tierna adolescencia.<\/p>\n<p>\u00abNuestro suegro estuvo en la c\u00e1rcel por <em>peneuvista<\/em>. A veces  quitaban dinero. A uno le quitaron 5.000 pesetas y a otra, 4.000. En las  votaciones, si votabas en contra hab\u00eda multas de 2.000 pesetas\u00bb,  rememora esta vecina de Bolibar, en referencia especialmente a los  nacionalistas. Ante la pregunta sobre si en la contienda civil pasaban  miedo, responde con energ\u00eda: \u00ab\u00bfMiedo? \u00a1Menudos sustos! Cuando ven\u00edan los  aviones \u00edbamos de casa al monte, a meternos en&#8230; como en un zulo. Ya  hemos pasado, ya&#8230;\u00bb, afirma, asintiendo con la cabeza.<\/p>\n<p>Balbina va rememorando, a medida que hablamos de aquellos a\u00f1os.  Entonces, se\u00f1ala un monte entre Markina y Aulestia: \u00abAll\u00ed estuvo el  frente, y lanzaban ca\u00f1onazos de un lado a otro. \u00a1Se o\u00edan unos silbidos!  Desastre fue\u00bb, comenta con rotundidad y pasando del bizkaiera a un  castellano aprendido en la adolescencia. Desde entonces, se\u00f1ala su hija  Txaro, \u00abno puede ver los fuegos artificiales. Se tiene que meter en  casa, y se tapa los o\u00eddos\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abPor la pol\u00edtica\u00bb, confirma, \u00abmuchos se tuvieron que ir fuera\u00bb.  Adem\u00e1s del suegro, un hermano, un cu\u00f1ado y un vecino, Tom\u00e1s, sufrieron  c\u00e1rcel. Ella y Jes\u00fas Urkidi siguen viajando en el tiempo, evocando  cuando mataron a su vecino Bonifacio Egurrola porque estaba afiliado al  Partido Comunista, c\u00f3mo Pedro Aizpitarte Zuazo y Jos\u00e9 Jaio Bernedo se  fueron al frente, los muertos en Kanpazar, la chica que mataron en el  Hospital de Sangre, al ser objetivo militar&#8230; \u00bfY qu\u00e9 hacer en el  franquismo ante las represalias contra gudaris y nacionalistas de a pie?  Balbina se hace una cremallera en la boca: \u00abCallar\u00bb, para salvar la  vida.<\/p>\n<p>Esta sonriente mujer siempre ha sido de car\u00e1cter alegre y positivo  -\u00abcon m\u00e1s vitalidad que nosotros\u00bb, valora su hija Txaro- y, seg\u00fan dice  ella misma, \u00abnunca me he enfadado con nadie\u00bb. Ella naci\u00f3 y vivi\u00f3 en un  caser\u00edo de Bolibar, <em>Alegrixe<\/em>, hasta que se cas\u00f3, con 27 a\u00f1os, con  Jos\u00e9 y ya se instal\u00f3 en el amplio baserri en que ahora reside su  familia. Pero los a\u00f1os no pasan en balde, de forma que pronto la tendr\u00e1n  que operar de la vejiga y de vez en cuando tiene achaques. Pero ya, sin  miedo.<\/p>\n<p><strong>Asensio Lekanda:<\/strong><strong> \u00abRecuerdo el fuego bajo y que no pod\u00edamos protegernos\u00bb<\/strong><\/p>\n<p>Pedro Argaluza mira al objetivo de David Seymour en los albores de  1937, con su familiar y vecino Jos\u00e9 Lekanda en segundo plano. Se hallan  trabajando en el campo, frente a su baserri, <em>Zugasti<\/em>. Cerca, <em>Chim<\/em> recogi\u00f3 una imagen de Mar\u00eda Lekanda -entonces cinco a\u00f1os-, que en una  campa del citado caser\u00edo de Gatika sostiene en brazos a su hermano  Asensio, de escasos dos a\u00f1itos. Julen nacer\u00eda en el 41, as\u00ed que no vivi\u00f3  aquella cruenta guerra. S\u00f3lo la otra guerra: la que vino despu\u00e9s.<\/p>\n<p>Eran malos tiempos para los baserritarras euskaldunes, y Pedro, que  adem\u00e1s era gudari, fue apresado y salv\u00f3 la vida saltando de un cami\u00f3n y  huyendo a Francia. Pero la familia de Jos\u00e9, a pesar de las detenciones y  las palizas, sobrevivi\u00f3 sin salir de su Gatika natal. Julen Lekanda nos  conduce al caser\u00edo en el que par\u00f3 Seymour hace ahora 75 a\u00f1os, y su  hermano Asensio, el ni\u00f1o peque\u00f1o de la foto, sale a recibirnos, rodeado  de sus perros y gatos en sana convivencia. Su rostro est\u00e1 curtido por el  sol que ilumina con fuerza su baserri, aunque los surcos de su rostro  delatan muchos a\u00f1os duros. Adem\u00e1s, Mar\u00eda, su hermana, la ni\u00f1a que lo  sujeta en brazos en la imagen de Seymour, acaba de fallecer el pasado 30  de diciembre. Cosas del coraz\u00f3n, nos explican los Lekanda, pese al  garbo que la caracterizaba, y a que era esbelta.<\/p>\n<p>Y es que, confirman a DEIA, todos ellos han sido siempre delgados,  excepto Julen, ahora, despu\u00e9s de haber dejado de fumar. A Asensio, ese  ni\u00f1o retratado en la campa, no le gusta hablar de la guerra civil, y  frunce el ce\u00f1o al recordar las experiencias vividas. Pero, a medida que  va viendo las im\u00e1genes de Seymour, relaja la expresi\u00f3n de su cara, y  empieza a rememorar. No la foto del reportero -era demasiado peque\u00f1o  cuando fue inmortalizado-, pero s\u00ed cuando \u00abo\u00edamos los aviones, y  corr\u00edamos asustados. Hasta el ganado corr\u00eda. No hab\u00eda b\u00fankeres, \u00edbamos  para Lujua, para atr\u00e1s y para adelante. Nos met\u00edamos detr\u00e1s de un  manzano y escuch\u00e1bamos las ametralladoras\u00bb.<\/p>\n<p>Mujeres en avanzado estado de gestaci\u00f3n, trabajando en el campo, el  fuego bajo&#8230; Asensio recuerda aquellos momentos en los que \u00abpas\u00e1bamos  mucha hambre. No hab\u00eda nada, ni dinero tampoco (hace el gesto juntando  los dedos). Mol\u00edamos el trigo a mano dentro de casa\u00bb, evoca. M\u00e1s  adelante, har\u00eda la <em>mili<\/em> en Tenerife. Pero su vida siempre ha  estado vinculada al caser\u00edo Zugasti. Nunca se ha casado ni tenido  descendencia. Al igual que su hermano Julen, quien, por ejemplo, fue  detenido en el franquismo por tener una ikurri\u00f1a. Como otras personas  consultadas en esta investigaci\u00f3n por DEIA, el ser euskaldunes era un  motivo de gran represalia. Y otro aspecto en el que coinciden nuestras  fuentes: las envidias provocaban \u00abchivatazos\u00bb de vecinos, con graves  consecuencias, como detenciones y torturas.<\/p>\n<p>En Gatika hay otra gran testigo ocular del tiempo en que Seymour  realiz\u00f3 sus trabajos, Eleta Landaluce, de 95 a\u00f1os. Ella identific\u00f3  r\u00e1pidamente a los retratados por <em>Chim<\/em>. No en vano suele jugar a  cartas todas las tardes en el Club de Jubilados Guztiontzat, que preside  Manu Arrizabalaga, quien fue presentando a los Lekanda y los Argaluza a  DEIA.<\/p>\n<p><strong>Juliana urionabarrenechea:<\/strong><strong> \u00abDesde Bolibar se ve\u00eda el cielo rojo cuando lo de Gernika\u00bb<\/strong><\/p>\n<p>A Juliana Urionabarrenechea (Bolibar, 1928) no le gusta hablar de la  guerra civil. Para ella, es agua pasada que no mueve molino. De hecho,  recuerda, en su familia evitaron el hambre con la huerta, y dice  que no  pas\u00f3 miedo. Eso s\u00ed, recuerda v\u00edvidamente el d\u00eda del bombardeo de  Gernika, cuando desde Lapuebla de Bolibar se divisaba un cielo rojo  intenso en el horizonte. \u00abCada vez que hablan de aquel bombardeo, me  acuerdo perfectamente de c\u00f3mo me impact\u00f3 aquello\u00bb, enfatiza.<\/p>\n<p>Eran d\u00edas de m\u00e1quinas Singer -sus mayores eran modistas-, y al ver  las fotos hechas por Seymour de la Iglesia de Santo Tom\u00e1s relata c\u00f3mo  ella y sus amigas saltaban el muro, entre las vigas, cuando los chicos  las segu\u00edan. Para Juliana -Julitxu para sus vecinos- y su hija Conchi,  las im\u00e1genes de <em>La maleta mexicana<\/em> son un recuerdo refrescante, y  r\u00e1pidamente van asociando ideas e identificaciones. A Juliana hemos  llegado gracias a Jes\u00fas Urkidi y la directora del Museo Sim\u00f3n Bol\u00edvar,  Ana Arriaga: se trata de la ni\u00f1a que aparece en varias fotos, junto con  su prima In\u00e9s Illoro Guerenabarrena -ya fallecida-; Miren Karmele  Bustindui Azumendi, con un <em>txori<\/em> en el pelo; creen que, en primer  plano, con un dedo en la boca, Maritxu Mendibe, y de lejos, otra ni\u00f1a,  Mar\u00eda Illoro, hermana de In\u00e9s.<\/p>\n<p>Tanto Juliana como Conchi detectan algunos lapsus en el libro de <em>La maleta<\/em>.  Ya unos reporteros de Televisi\u00f3n Espa\u00f1ola observaron varias lagunas y  ellas, r\u00e1pidamente, creen que algunas fechas no son exactas, as\u00ed como  algunas localizaciones. Y es que Juliana es muy resuelta y tiene una  mente l\u00facida, y en cuanto puede se va al Mediterr\u00e1neo a tomar el sol y a  pasarlo bien. Ella se traslad\u00f3 a Bilbao pronto, con 12 a\u00f1os, donde  estudi\u00f3 y se cas\u00f3 con Antonio Cuevas Isusi, a quien conoci\u00f3 trabajando  en una oficina de Abando. Ahora reside en el barrio de San Inazio. All\u00ed  va hilando recuerdos de la cuadrilla, de sus maestras&#8230; pero tambi\u00e9n de  c\u00f3mo algunos se escond\u00edan en la torre de la iglesia y c\u00f3mo \u00ablos cazas  ametrallaban todos los pinares y a mi hermana no la llevaron por delante  por los pelos\u00bb.<\/p>\n<h2>Historia de \u00abLa maleta mexicana<\/h2>\n<p>En 1995 salieron a la luz las tres cajas que compon\u00edan la conocida como <em>La<\/em> <em>Maleta mexicana<\/em>,  en la Ciudad de M\u00e9xico. El general retirado Francisco J. Aguilar  Gonz\u00e1lez, diplom\u00e1tico, hab\u00eda custodiado los 4.500 negativos y otros  documentos que Robert Capa, Gerda Taro y David Seymour compilaron en la  guerra civil espa\u00f1ola. Fue Seymour, alias <em>Chim<\/em>, quien pas\u00f3 m\u00e1s  tiempo en Euskadi, especialmente en Bizkaia. Seg\u00fan datos de la  Asociaci\u00f3n Sancho de Beurko, lleg\u00f3 en enero de 1937.<\/p>\n<p>Tras el hallazgo de <em>La<\/em> <em>Maleta<\/em>, despu\u00e9s de estar 70 a\u00f1os  en paradero desconocido, en 2007 fue entregada al International Center  of Photography de Nueva York (ICP). Antes, Benjamin Tarver la recogi\u00f3 de  su primo mexicano y, al comprender su valor hist\u00f3rico, las entreg\u00f3 al  ICP fundado por el hermano de Robert, Cornell Capa. Una vez en el ICP y  tras su clasificaci\u00f3n, la comisaria Cynthia Young organiz\u00f3 una  exposici\u00f3n que tuvo lugar el pasado a\u00f1o en su centro de Nueva York.  Despu\u00e9s, a finales de 2011, la muestra estuvo expuesta en el Museo  Nacional de Catalunya, en Barcelona. All\u00ed, el <em>Peri\u00f3dico de Catalunya<\/em> promovi\u00f3 una b\u00fasqueda de supervivientes de las im\u00e1genes de los tres  grandes fot\u00f3grafos, y en esa Comunidad Aut\u00f3noma fueron identificando a  algunos <em>ni\u00f1os de la guerra<\/em>. El pr\u00f3ximo martes, la exposici\u00f3n  llega al Museo de Bellas Artes de Bilbao, donde podr\u00e1 ser disfrutada  hasta el 10 de junio pr\u00f3ximo, con un total de 101 contactos de negativos  ampliados; 70 fotograf\u00edas (de las cuales 50 son copias de \u00e9poca), dos  audiovisuales y material documental (publicaciones peri\u00f3dicas de la  \u00e9poca, telegramas, carnets de prensa, etc.).<\/p>\n<p>Retratos de gran heroicidad cotidiana, y con resonancias emotivas.  Los tres reporteros coincid\u00edan, adem\u00e1s de en su profesi\u00f3n, en la  conciencia antifascista -eran de origen jud\u00edo-, que los llev\u00f3 a  arriesgar su vida en no pocas ocasiones. De hecho, Taro -que compart\u00eda  profesi\u00f3n y coraz\u00f3n con el m\u00edtico Capa-, falleci\u00f3 horas despu\u00e9s de ser  arrollada por un tanque en la batalla de Brunete. Su amor, Capa, afirm\u00f3  una vez que \u00absi una foto no es suficientemente buena es que no estabas  suficientemente cerca\u00bb. Gerda ejemplific\u00f3 dram\u00e1ticamente esa afirmaci\u00f3n,  y el propio Capa muri\u00f3 en 1954 al pisar una mina en Indochina.<\/p>\n<p>Capa, <em>Chim<\/em> y Taro coincidieron exiliados en Par\u00eds y vieron en  la contienda espa\u00f1ola una oportunidad para involucrarse con sus c\u00e1maras,  ilustrando las cr\u00f3nicas de las publicaciones de la \u00e9poca. En el caso de  <em>Chim<\/em>, la revista parisina <em>Regards<\/em> ten\u00eda un gran inter\u00e9s  en que reflejara c\u00f3mo Clero y republicanos conviv\u00edan pac\u00edficamente en  Euskadi -algo que no suced\u00eda con tanta <em>alegr\u00eda<\/em> en el resto del  Estado-. Como ha podido comprobar DEIA en esta investigaci\u00f3n, de la que  seguiremos informando en pr\u00f3ximos d\u00edas, distintas fuentes coinciden en  confirmar que el Gobierno del lehendakari Aguirre vigil\u00f3 hasta donde le  fue posible que no hubiera violencia sobre colegios, iglesias y  hospitales. Con todo, muchos religiosos vascos fueron ejecutados y  maltratados de muchas formas por no haberse enfrentado a republicanos y a  nacionalistas.<\/p>\n<p>Algunas fotos de <em>La<\/em> <em>Maleta<\/em> no son in\u00e9ditas, pues  pasaron a los anales de la historia. Entre ellas, la de la mujer  amamantando a su hijo en un mitin cerca de Badajoz, de <em>Chim<\/em>. O  algunas de Hemingway, realizadas por Capa. Las que tom\u00f3 Seymour del  Padre Jaio ilustran enciclopedias sobre la guerra civil y archivos como  el de los pasionistas vizcainos. Desde el martes podr\u00e1n disfrutar del  legado de estos cofundadores, junto a Cartier-Bresson entre otros, de la  agencia Magnum.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La Maleta mexicana conten\u00eda los 4.500 negativos y otros documentos que Robert Capa, Gerda Taro y David Seymour compilaron en la guerra civil espa\u00f1ola. Fue Seymour, alias Chim, quien pas\u00f3 m\u00e1s tiempo en Euskadi, especialmente en Bizkaia. 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