{"id":390,"date":"2013-10-21T13:17:00","date_gmt":"2013-10-21T11:17:00","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.com\/historiasdelosvascos\/?p=390"},"modified":"2013-10-21T13:17:00","modified_gmt":"2013-10-21T11:17:00","slug":"beethoven-y-la-batalla-de-vitoria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/2013\/10\/21\/beethoven-y-la-batalla-de-vitoria\/","title":{"rendered":"Beethoven y la batalla de Vitoria"},"content":{"rendered":"<p><strong>El genial m\u00fasico alem\u00e1n compuso la banda sonora de la derrota que las tropas napole\u00f3nicas sufrieron a manos de Wellington en suelo vasco<\/strong><\/p>\n<p><em><b><span class=\"MayusculasNegrita\">Elorrio<\/span><\/b><\/em><\/p>\n<p><span class=\"Mayusculas\">EL<\/span> 21 de junio de 1813 tuvo lugar en la llanada alavesa el choque militar m\u00e1s se\u00f1alado a nivel internacional que ha acontecido nunca en tierras vascas. Vista con trazos gruesos, la de Vitoria dio el carpetazo definitivo al frente peninsular, colocando a los aliados a un paso de territorio franc\u00e9s y tuvo el privilegio de ser, por unos meses, la m\u00e1s festejada de todas las batallas habidas contra Napole\u00f3n Bonaparte.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/blogs.deia.com\/historiasdelosvascos\/files\/2013\/10\/import_15606758_11.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-391\" alt=\"Movimientos de tropas en la capital alavesa.\" src=\"http:\/\/blogs.deia.com\/historiasdelosvascos\/files\/2013\/10\/import_15606758_11-580x377.jpg\" width=\"580\" height=\"377\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/files\/2013\/10\/import_15606758_11-580x377.jpg 580w, https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/files\/2013\/10\/import_15606758_11.jpg 583w\" sizes=\"auto, (max-width: 580px) 100vw, 580px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Londres, Viena, Berl\u00edn y Mosc\u00fa celebraron la victoria de Wellington en nuestro suelo, organizando bailes y fuegos artificiales. El regocijo se adue\u00f1\u00f3 de las cortes europeas, asfixiadas por el poder de un Napole\u00f3n cuyas tropas estaban siendo barridas de Rusia y la pen\u00ednsula Ib\u00e9rica, lo que dio nuevos br\u00edos a la Sexta Coalici\u00f3n. Por tanto, al margen de su indudable trascendencia local, la batalla de Vitoria resulta un puntal decisivo en la historia b\u00e9lica de las guerras napole\u00f3nicas, de Europa y, por extensi\u00f3n, del mundo. Como Lepanto, Austerlitz, Las Dunas o Stalingrado, forma parte de la gran historia. En realidad, y sin desmerecer el m\u00e1s arriba citado papel decisivo que jug\u00f3 con respecto a la historia m\u00e1s cercana, es por esto por lo que es verdaderamente importante. Y se dirimi\u00f3 en \u00c1lava.<\/p>\n<p>La batalla comenz\u00f3 a primera hora de la ma\u00f1ana, cuando las m\u00e1s numerosas fuerzas brit\u00e1nicas -78.000 hombres contra 64.000- atacaron sobre el frente de La Puebla de Arganz\u00f3n, alcanzando el objetivo. Hacia el mediod\u00eda, se inici\u00f3 la ofensiva contra Durana y Gamarra, logrando cortar la huida hacia Irun de los imperiales. Mientras tanto, en el frente central, los aliados lograron cruzar el Zadorra por Trespuentes, guiados por un lugare\u00f1o, Jos\u00e9 Ortiz de Z\u00e1rate, que muri\u00f3 en la refriega. A mitad de la tarde de aquel d\u00eda, los derrotados imperiales se transformaron en una abultada peregrinaci\u00f3n de hombres que, sin demasiado orden y cerrada la ruta de Irun, intentaban alcanzar la frontera francesa por el camino de Pamplona.<\/p>\n<p><b><span class=\"MayusculasNegrita\">El caos <\/span><\/b><\/p>\n<p>A partir de ah\u00ed, se hizo el caos. La Vitoria cercada y abarrotada de soldados franceses, buhoneros, aprovechados y aldeanos en busca de refugio, inici\u00f3 un precipitado proceso de evacuaci\u00f3n en el que lo m\u00e1s sobresaliente fue el kilom\u00e9trico convoy de Jos\u00e9 Bonaparte. M\u00e1s de 2.000 carruajes compon\u00edan la caravana real, llena a rebosar de obras de arte, riquezas, informes, dinero y dem\u00e1s objetos de valor esquilmados de la Iglesia y la aristocracia espa\u00f1ola, adem\u00e1s de los efectos personales de Jos\u00e9 Bonaparte, su amante vasca, la marquesa de Montehermoso, y sus seguidores, popularmente conocidos como <i>afrancesados<\/i>, mayoritariamente cultos y acomodados.<\/p>\n<p>La huida, sin embargo, no fue sencilla. La cantidad de personas que escapaban, as\u00ed como la estrechez y el mal estado de unos caminos que no estaban preparados para tal despliegue provocaron una caravana que ralentiz\u00f3 la ruta. Finalmente, el carruaje de Jos\u00e9 I fue alcanzado, teniendo que escapar el rey y los suyos al galope, dejando el veh\u00edculo y sus pertenencias a merced de los saqueadores, no sin antes liberar las sacas del tesoro entre sus propios hombres, que se lanzaron a ellas \u00e1vidos de riquezas. Gracias al rico bot\u00edn obtenido en el saqueo del convoy regio, Vitoria pudo salir indemne de aquel episodio.<\/p>\n<p>El general Miguel Ricardo de \u00c1lava y Esquivel, amigo de Wellington y miembro de su estado mayor, que hab\u00eda entrado en la ciudad al frente de la <i>Kings German Legion<\/i> y ordenado cerrar sus puertas, se asegur\u00f3 de proteger la ciudad del m\u00e1s que probable saqueo que se hubiera intentado por parte de las tropas aliadas de no haberse entretenido con el rico convoy de Jos\u00e9 I. Dos meses m\u00e1s tarde, la ciudad hermana de San Sebasti\u00e1n no tuvo la misma suerte, y tras un intenso bombardeo que logr\u00f3 romper su muralla defensiva exactamente en el punto en el que hoy se encuentra el mercado de la Bretxa -de ah\u00ed su nombre-, la ciudad fue asaltada, saqueada e incendiada por las fuerzas angloportuguesas al mando del escoc\u00e9s Thomas Graham, y buena parte de sus habitantes violados y asesinados.<\/p>\n<p>Se han arg\u00fcido versiones para todos los gustos a fin de aclarar las razones que impulsaron a unas fuerzas supuestamente libertadoras a hacer lo que hicieron: la venganza de Godoy por el ofrecimiento que la Diputaci\u00f3n guipuzcoana hizo a los representantes franceses durante la Guerra de la Convenci\u00f3n, los deseos brit\u00e1nicos de librarse de la competencia mercantil donostiarra, el hecho de que el catalizador que impulsaba a los soldados -normalmente mal pagados- era la expectativa de hacerse con el bot\u00edn obtenido del saqueo de las ciudades, como ocurri\u00f3 en las tambi\u00e9n ciudades supuestamente aliadas de Ciudad Rodrigo y Badajoz\u2026 Otro de los argumentos aduce que al haberse evitado el saqueo de Vitoria, se hac\u00eda ineludible el de San Sebasti\u00e1n.<\/p>\n<p>La batalla de Vitoria no fue solamente un enfrentamiento entre anglosajones y franceses con escenario vasco. Fue una guerra multinacional en la que soldados de casi todas las nacionalidades europeas combatieron en uno u otro bando, y en el que los vascos jugaron un papel que no fue \u00fanicamente circunstancial. Adem\u00e1s de los que se encontraban alineados en los ej\u00e9rcitos regulares, tanto de uno como de otro bando, la guerra produjo en nuestra tierra una nutrida cantidad de guerrilleros &#8211;<i>Longa<\/i>, Ibaibarriaga, Espoz y Mina, Sebasti\u00e1n Fern\u00e1ndez de Leceta, <i>Dos Pelos<\/i>; Gaspar Ja\u00faregui, Prudencio Cort\u00e1zar\u2026- que insertos dentro del S\u00e9ptimo Ej\u00e9rcito de Gabriel de Mendizabal apoyaron directa o indirectamente a las fuerzas aliadas y que supusieron un importante respaldo sin el que los de Wellington lo habr\u00edan tenido mucho m\u00e1s dif\u00edcil. Ejemplo del primer caso ser\u00eda Francisco Tom\u00e1s de Anchia, llamado <i>Longa<\/i> por la denominaci\u00f3n del caser\u00edo familiar, que al mando de su Divisi\u00f3n Iberia tom\u00f3 parte directa en la batalla en el flanco de Durana. Ejemplo del segundo ser\u00edan las divisiones de Mina, que acosaron a las fuerzas de Clausel, logrando evitar que se unieran al grueso del contingente imperial, facilitando el triunfo aliado.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n los civiles dieron una olvidada pero trascendental aportaci\u00f3n en la derrota de los imperiales, mediante la transmisi\u00f3n de informaci\u00f3n, el contrabando y el apoyo log\u00edstico. De todos ellos nos ha quedado el nombre de Jos\u00e9 Ortiz de Zarate, labriego natural de Trespuentes que inform\u00f3 al estado mayor aliado que el puente de su localidad no estaba vigilado, convirti\u00e9ndose en una de las claves de la victoria.<\/p>\n<p><b><span class=\"MayusculasNegrita\">Celebraciones <\/span><\/b><\/p>\n<p>La derrota napole\u00f3nica fue celebrada con fiestas y espect\u00e1culos taurinos, que hab\u00edan sido recuperados por Jos\u00e9 Bonaparte en un vano intento de congraciarse con el pueblo. Adem\u00e1s, Fernando VII instaur\u00f3 en 1815 una nueva condecoraci\u00f3n que bajo el revelador lema de <i>Irurac Bat<\/i>, institucionalizado de antiguo por la Rsbap y que con el pr\u00f3ximo desarrollo del foralismo adquirir\u00eda un cierto marcado cariz pol\u00edtico, premiaba a los h\u00e9roes de la batalla de Vitoria. Su resplandor fue, sin embargo, solapado por el de otras, m\u00e1s celebradas por haber resultado determinantes en la ca\u00edda del imperio franc\u00e9s y haber acontecido en el coraz\u00f3n de la Europa continental, lejos pues del escenario peninsular, algo marginal debido a la posici\u00f3n perif\u00e9rica y el peque\u00f1o valor pol\u00edtico internacional de Espa\u00f1a y Portugal, los dos reinos que por aquel entonces lo conformaban pol\u00edticamente. La batalla de Leipzig (octubre de 1813) o la definitiva batalla de Waterloo (junio de 1815), que liquid\u00f3 definitivamente la segunda intentona imperial de Napole\u00f3n tras retornar de Elba, se llevaron los laureles m\u00e1s frescos, dado el hecho de que supusieron el aldabonazo definitivo al primer imperio y al ep\u00edlogo de los Cien D\u00edas, respectivamente.<\/p>\n<p>Pero los inicios del derrumbamiento del imperio napole\u00f3nico en los dos extremos de Europa -Vitoria y Mosc\u00fa- nunca se olvidaron. Ludwig van Beethoven redact\u00f3 una apresurada partitura titulada <i>Sinfon\u00eda de batalla sobre la victoria de Wellington en Vitoria<\/i>, que fue registrada como <i>Opus 91<\/i> y cuya composici\u00f3n no le llev\u00f3 mucho tiempo: la inici\u00f3 en julio de 1813 y a primeros de octubre se encontraba totalmente finalizada. La idea de crear una melod\u00eda visual, que lograra hacer evocar la batalla entre los espectadores, parti\u00f3 de una peculiar personalidad de la corte, Johan Nepomuk M\u00e4lzel. Este hombre de origen checo era el creador de un instrumento musical denominado panarmonic\u00f3n, capaz de suplir a una orquesta entera. Aprovechando su amistad con Beethoven, M\u00e4lzel le propuso la idea de elaborar un tema que glorificara la victoria brit\u00e1nica y que fuera muy f\u00e1cilmente asimilable por el p\u00fablico. Lo primero se deb\u00eda a los planes que hab\u00edan hablado de instalarse en Londres y lo segundo, porque ten\u00eda que ser un \u00e9xito, como as\u00ed fue. M\u00e4ltzel le pidi\u00f3 que lo escribiera para <i>panarmonic\u00f3n<\/i>; de esta forma lograba promocionar su artefacto musical. Beethoven tan solo redact\u00f3 as\u00ed la primera parte de su sinfon\u00eda.<\/p>\n<p><b><span class=\"MayusculasNegrita\">Estreno en Viena <\/span><\/b><\/p>\n<p>La <i>Victoria de Wellington<\/i>, <i>Batalla de Vitoria<\/i> o <i>Gran Sinfon\u00eda Guerrera<\/i>, como tambi\u00e9n fue conocida la composici\u00f3n, se estren\u00f3 en el contexto de un acto ben\u00e9fico a favor de los soldados heridos en la batalla de Hanau. Fue el 8 de diciembre de 1813 en la gran sala de la Redoute de la Universidad de Viena. Para acentuar el evidenciado car\u00e1cter descriptivo de la composici\u00f3n, la melod\u00eda fue teatralizada por una serie de actores vestidos de soldados, unos franceses y otros brit\u00e1nicos, cuyos movimientos fueron r\u00e1pidamente identificados por la audiencia, ya que Beethoven hab\u00eda asignado a cada bando diferentes y caracter\u00edsticas melod\u00edas dentro de su sinfon\u00eda: <i>Rule Britannia<\/i> y <i>God save the King<\/i>, solemnes y muy representativas, simbolizaban a las fuerzas de Su Majestad, mientras que las del emperador Bonaparte tuvieron que conformarse con el no tan digno <i>Mambr\u00fa se fue a la guerra<\/i>, lo que daba la nota de cu\u00e1l era la preferencia del compositor. Junto a ella tambi\u00e9n se estren\u00f3 la S\u00e9ptima Sinfon\u00eda, pero fue la de Vitoria la que cosech\u00f3 mayor \u00e9xito. Tales fueron las aclamaciones que obtuvo al final del concierto, que tuvo que repetirse el 12 de diciembre, el 2 de enero, el 27 de febrero y el 25 de marzo.<\/p>\n<p><i>La Batalla de Vitoria<\/i> aport\u00f3 a Beethoven reconocimiento, fama y dinero, produci\u00e9ndose la ir\u00f3nica situaci\u00f3n de que la composici\u00f3n que le dio a conocer a nivel mundial fue una obra facilona, de inter\u00e9s comercial, de la que poco tiempo despu\u00e9s terminar\u00eda por renegar.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El genial m\u00fasico alem\u00e1n compuso la banda sonora de la derrota que las tropas napole\u00f3nicas sufrieron a manos de Wellington en suelo vasco Elorrio EL 21 de junio de 1813 tuvo lugar en la llanada alavesa el choque militar m\u00e1s se\u00f1alado a nivel internacional que ha acontecido nunca en tierras vascas. 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