{"id":479,"date":"2014-02-27T14:21:27","date_gmt":"2014-02-27T13:21:27","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.com\/historiasdelosvascos\/?p=479"},"modified":"2014-02-28T12:52:01","modified_gmt":"2014-02-28T11:52:01","slug":"cuarenta-anos-del-caso-anoveros","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/2014\/02\/27\/cuarenta-anos-del-caso-anoveros\/","title":{"rendered":"Cuarenta a\u00f1os del &#8216;caso A\u00f1overos&#8217;"},"content":{"rendered":"<p>Hace cuarenta a\u00f1os, la Iglesia de Bizkaia, encabezada por monse\u00f1or A\u00f1overos, y el r\u00e9gimen de Franco chocaron por una catequesis que abordaba el &#8216;problema vasco&#8217;; el obispo estuvo a punto de ser expulsado y el Gobierno, de ser excomulgado.<\/p>\n<h1><b>F\u00e9lix Garc\u00eda Olano<\/b><\/h1>\n<p>EL domingo 24 de febrero de 1974 se ley\u00f3 en las parroquias de Bizkaia una catequesis, titulada El cristianismo, mensaje de salvaci\u00f3n para los pueblos. Ni don Antonio A\u00f1overos, ni sus colaboradores, imaginaron que iba a provocar la mayor crisis entre la Iglesia y el r\u00e9gimen de Franco.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/blogs.deia.com\/historiasdelosvascos\/files\/2014\/02\/anoveros_30453_1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-480\" alt=\"anoveros_30453_1\" src=\"http:\/\/blogs.deia.com\/historiasdelosvascos\/files\/2014\/02\/anoveros_30453_1-580x326.jpg\" width=\"580\" height=\"326\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/files\/2014\/02\/anoveros_30453_1-580x326.jpg 580w, https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/files\/2014\/02\/anoveros_30453_1.jpg 614w\" sizes=\"auto, (max-width: 580px) 100vw, 580px\" \/><\/a><em>Monse\u00f1or A\u00f1overos rodeado de fieles. (Sabino Arana Fundazioa)<\/em><\/p>\n<p>Para comprender a qu\u00e9 intentaba dar respuesta ese texto, conviene situarnos, muy brevemente, en los a\u00f1os 60. Desde 1960, un buen n\u00famero de curas de las di\u00f3cesis vascas hab\u00edan expresado sus opiniones cr\u00edticas, tanto con las actuaciones del r\u00e9gimen, como con algunas de la Iglesia, en cartas p\u00fablicas (1960, 1963, 1967\u2026). Ese mismo clero apoy\u00f3 huelgas como la de Bandas, la de m\u00e1s larga duraci\u00f3n del movimiento obrero durante el franquismo (noviembre 1966-mayo 1967). Las autoridades sancionaron con multas a sacerdotes porque en sus homil\u00edas denunciaban situaciones de grave injusticia.<\/p>\n<p>Algunos de esos curas fueron internados en la c\u00e1rcel concordataria de Zamora. Tambi\u00e9n tuvieron eco los encierros de sacerdotes en el Obispado de Bilbao y en el Seminario de Derio (1968, 1969\u2026).<\/p>\n<p>El 18 de noviembre de 1968 falleci\u00f3 don Pablo G\u00farpide. Hab\u00eda sido nombrado obispo de Bilbao el 22 de febrero de 1956. El balance de su episcopado puede ser considerado negativo, si tomamos como referencia los criterios del Concilio Vaticano II (1962 &#8211; 1965).<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente de su fallecimiento, don Jos\u00e9 Mar\u00eda Cirarda fue nombrado administrador apost\u00f3lico, a la vez que segu\u00eda siendo obispo de Santander. En Bizkaia encontr\u00f3 un clero dividido y una di\u00f3cesis tensionada. Padeci\u00f3 muchas dificultades por parte del poder pol\u00edtico, con el que mantuvo enfrentamientos por defender la autonom\u00eda de la Iglesia. Tambi\u00e9n sufri\u00f3 la incomprensi\u00f3n de distintos sectores del clero. Pese a todo, y con el apoyo de colaboradores leales y eficaces, coloc\u00f3 los primeros cimientos de la renovaci\u00f3n conciliar en la di\u00f3cesis. Fue un buen obispo.<\/p>\n<p><b>Una invitaci\u00f3n a la renuncia<\/b> El sucesor de don Jos\u00e9 Mar\u00eda Cirarda en Bilbao fue don Antonio A\u00f1overos, obispo de C\u00e1diz. Fue nombrado el 3 de diciembre de 1971. Hab\u00eda sido presentado al Gobierno, siguiendo un procedimiento excepcional, como \u00fanico candidato para la sede de Bilbao, cuando la v\u00eda concordataria exig\u00eda tres candidatos, para que el Jefe de Estado eligiera uno. Un peque\u00f1o grupo de sacerdotes, pr\u00f3ximos al Gogor, envi\u00f3 una comisi\u00f3n a C\u00e1diz para invitarle a renunciar a su nombramiento. Su respuesta fue que cumplir\u00eda siempre lo mejor que pudiera todo servicio que le mandara el Papa.<\/p>\n<p>Monse\u00f1or A\u00f1overos hab\u00eda asumido las teor\u00edas emanadas del Concilio Vaticano II. Para \u00e9l este Concilio hab\u00eda supuesto un reciclaje como obispo. Don Antonio quer\u00eda que sus reflexiones y sus decisiones se hicieran desde el punto de vista conciliar. Los sectores m\u00e1s progresistas de la Iglesia espa\u00f1ola le llamaban el Helder Camara espa\u00f1ol, porque algunos de sus escritos y decisiones recordaban a los del obispo brasile\u00f1o.<\/p>\n<p><b>Una vieja petici\u00f3n<\/b> Una vez que don Antonio A\u00f1overos entr\u00f3 en la di\u00f3cesis de Bilbao, profundiz\u00f3 en la l\u00ednea de su antecesor. Entre las muchas decisiones que tom\u00f3, una de ellas fue dar respuesta positiva a una antigua y reiterada petici\u00f3n del Consejo Presbiteral, para estudiar y recoger en un documento una serie de <!--more-->problemas de orden social, laboral y pol\u00edtico. Encomend\u00f3 el estudio de dos temas (La salvaci\u00f3n cristiana y La Iglesia, sacramento de salvaci\u00f3n) al Secretariado Social y a algunos profesores, y un tercero, El cristianismo, mensaje de salvaci\u00f3n para los pueblos, al Secretariado Social. A medida que los escritos fueron madurando, intervino el propio obispo en el trabajo.<\/p>\n<p>De los dos primeros hubo dos versiones. La edici\u00f3n mayor fue una presentaci\u00f3n amplia, para que los grupos cristianos pudieran reflexionar a fondo. La m\u00e1s breve, llamada catequesis, para ser le\u00edda en las parroquias. Del tercer tema, s\u00f3lo hubo la versi\u00f3n de la catequesis.<\/p>\n<p><b>Un texto muy medido<\/b> Febrero de 1974. Distribuidas en las parroquias, las dos primeras catequesis pasaron con normalidad.<\/p>\n<p>El tema de la tercera, tratado muy medidamente, se apoyaba en el magisterio conciliar y de los papas, especialmente de Juan XXIII y Pablo VI. El vicario general de pastoral escribi\u00f3 a los p\u00e1rrocos para que el texto fuera le\u00eddo \u00edntegramente y sin hacer comentarios. En algunas consultas personales aclar\u00f3 que, si a juicio del sacerdote que hac\u00eda la consulta, exist\u00edan razones graves para no leerla, que no se leyera.<\/p>\n<p>El cristianismo, mensaje de salvaci\u00f3n para los pueblos, comenzaba as\u00ed: \u00abUno de los problemas que da\u00f1an m\u00e1s seriamente la convivencia ciudadana en el Pa\u00eds Vasco y que afecta igualmente a la buena marcha de la Iglesia es el, as\u00ed llamado, problema vasco. Reduci\u00e9ndolo a lo esencial, puede expresarse de esta manera: mientras unos grupos de ciudadanos, aunque con matices distintos, afirman la existencia de una opresi\u00f3n del pueblo y exigen el reconocimiento pr\u00e1ctico de sus derechos, otros grupos rechazan indignados esta acusaci\u00f3n y proclaman que todo intento de modificar la situaci\u00f3n establecida constituye un grave atentado de orden social. Este problema, dentro de ciertos l\u00edmites, entra dentro del campo de la misi\u00f3n evangelizadora de la Iglesia diocesana. As\u00ed lo ha reconocido recientemente el Papa Pablo VI\u00bb.<\/p>\n<p>En la semana anterior a la lectura de esta tercera catequesis, el texto fue enviado, desde Bilbao al Gobierno de Madrid, en un ambiente de denuncia, por personas afines a los grupos conservadores m\u00e1s influyentes y duros de la capital vizcaina.<\/p>\n<p>Recibido en Madrid, representantes del Gobierno plantearon a la Nunciatura y a la Conferencia Episcopal la posibilidad de que don Antonio retirase el texto. Hechas las gestiones, monse\u00f1or A\u00f1overos mantuvo su posici\u00f3n de que se leyera en las parroquias. Consider\u00f3 que no hacerlo ser\u00eda confirmar la connivencia y las cesiones de la Iglesia ante el poder civil. La catequesis fue le\u00edda el 24 de febrero en la mayor\u00eda de las parroquias.<\/p>\n<p><b>Una reacci\u00f3n exagerada<\/b> La reacci\u00f3n por la lectura de este texto, que los medios de comunicaci\u00f3n llamaron la \u00abhomil\u00eda\u00bb de A\u00f1overos, fue enorme por parte del Gobierno. Los primeros sorprendidos fueron el propio obispo, su vicario general de pastoral, Jos\u00e9 \u00c1ngel Ubieta, y los que hab\u00edan participado en su elaboraci\u00f3n.<\/p>\n<p>A los pocos d\u00edas de su lectura, don Antonio A\u00f1overos y su vicario sufrieron arresto en sus domicilios. Posteriormente fueron invitados, por representantes del Gobierno, a abandonar la di\u00f3cesis. En el aeropuerto de Sondika hab\u00eda un avi\u00f3n preparado, con la misi\u00f3n de trasladarles fuera de Espa\u00f1a. Monse\u00f1or A\u00f1overos respondi\u00f3 que no abandonar\u00eda la di\u00f3cesis hasta recibir una orden del Papa y plante\u00f3 una posible excomuni\u00f3n a quien utilizara la fuerza para expulsarles, tanto a \u00e9l como a su vicario general. Mientras dur\u00f3 el arresto, miles de personas se congregaron delante de la casa del obispo, como gesto de solidaridad.<\/p>\n<p><b>Pulso Gobierno-Iglesia<\/b> La Comisi\u00f3n Permanente de la Conferencia Episcopal se reuni\u00f3 d\u00edas despu\u00e9s y, una vez levantado el arresto domiciliario, pudo escuchar a don Antonio, en Madrid. Esta Comisi\u00f3n tom\u00f3 una posici\u00f3n favorable al obispo de Bilbao. Le reconoci\u00f3 el derecho a expresarse ante un problema pastoral, tal como \u00e9l lo ve\u00eda y en la forma que \u00e9l lo hab\u00eda hecho. En el seno del Gobierno espa\u00f1ol, que presid\u00eda Arias Navarro, parec\u00eda que el sector m\u00e1s duro era el que iba a imponer la decisi\u00f3n de expulsar de Espa\u00f1a a A\u00f1overos, aun a riesgo de la ruptura de relaciones con el Vaticano. Al final, se impuso el criterio de los menos intransigentes, con el decisivo visto bueno de Franco. Acept\u00f3 el regreso a Bilbao de A\u00f1overos y su vicario general. Pocos d\u00edas despu\u00e9s, por decisi\u00f3n propia, los dos se ausentaron de Bilbao para descansar.<\/p>\n<p>En un primer momento, el cardenal de Toledo, don Marcelo Gonz\u00e1lez, hab\u00eda mediado con Franco. Pero el hombre clave en la resoluci\u00f3n del caso A\u00f1overos fue el cardenal Taranc\u00f3n, presidente de la Conferencia Episcopal. Aunque su criterio inicial fue que el obispo de Bilbao retirase la homil\u00eda, una vez que estall\u00f3 la crisis puso todos sus conocimientos y recursos, para que se resolviera a favor de don Antonio. Y lo consigui\u00f3.<\/p>\n<p><b>El franquismo, crispado<\/b> Cuando hoy se lee el texto, se advierte que no existe proporci\u00f3n entre su contenido y la reacci\u00f3n del Gobierno. Sin embargo, conviene situarse en febrero de 1974. Era la primera vez, despu\u00e9s de muchos a\u00f1os de silencio, que un obispo hablaba del \u00abproblema vasco\u00bb. En principio parec\u00eda que era un obispo poco sospechoso. Durante la Guerra Civil hab\u00eda sido capell\u00e1n de una unidad carlista de ametralladoras. La gran diferencia era que en 1974 se trataba de un obispo, que hab\u00eda tomado en serio la doctrina del Vaticano II.<\/p>\n<p>Una de las explicaciones a esta reacci\u00f3n tan desmedida, hay que encontrarla en el ambiente crispado que viv\u00eda el franquismo. A la tensi\u00f3n acumulada en el Gobierno, por las numerosas denuncias que se hac\u00edan al R\u00e9gimen franquista desde distintos frentes (mundo obrero, intelectuales, partidos clandestinos, sectores progresistas de la Iglesia\u2026), hay que recordar que dos meses antes, el almirante Carrero Blanco hab\u00eda sido v\u00edctima de un atentado mortal, realizado por un comando de ETA, en Madrid.<\/p>\n<p><b>De Helder Camara a Juan XXIII <\/b>Don Antonio A\u00f1overos se reincorpor\u00f3 a la di\u00f3cesis en medio de la gratitud general. Pronto comenz\u00f3 a fallarle la salud. El 18 de septiembre de 1976, don Juan Mar\u00eda Uriarte fue nombrado obispo auxiliar. El 20 de septiembre de 1978, don Antonio renunci\u00f3 despu\u00e9s de dos a\u00f1os de enfermedad. Don Juan Mar\u00eda Uriarte fue nombrado administrador apost\u00f3lico. En 1979, don Luis Mar\u00eda Larrea, obispo de Le\u00f3n, fue nombrado obispo de Bilbao. Don Juan Mar\u00eda Uriarte sigui\u00f3 como auxiliar hasta 1991, a\u00f1o en el que fue nombrado obispo de Zamora.<\/p>\n<p>Contando con la confianza de don Luis Mar\u00eda Larrea, don Juan Mar\u00eda Uriarte fue el principal inspirador y animador del gran salto pastoral de la di\u00f3cesis de Bilbao: Asamblea Diocesana (1984), Consejo Pastoral Diocesano (1988), I Plan de Evangelizaci\u00f3n (1990)&#8230; Cirarda y A\u00f1overos, cada uno con su estilo, hab\u00edan sido unos buenos precursores en situaciones muy dif\u00edciles.<\/p>\n<p>Don Antonio A\u00f1overos falleci\u00f3 el 24 de octubre de 1987. Cuando lleg\u00f3 a Bilbao se le conoc\u00eda como el Helder Camara espa\u00f1ol. Cuando muri\u00f3, su perfil se asemejaba mucho m\u00e1s al de Juan XXIII. La gran mayor\u00eda lloramos su muerte. Y hoy la di\u00f3cesis de Bilbao le recuerda con gratitud.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace cuarenta a\u00f1os, la Iglesia de Bizkaia, encabezada por monse\u00f1or A\u00f1overos, y el r\u00e9gimen de Franco chocaron por una catequesis que abordaba el &#8216;problema vasco&#8217;; el obispo estuvo a punto de ser expulsado y el Gobierno, de ser excomulgado.<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1544],"tags":[47170],"class_list":["post-479","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-sin-categoria","tag-anoveros"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/479","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=479"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/479\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":484,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/479\/revisions\/484"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=479"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=479"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=479"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}