{"id":61,"date":"2012-03-23T18:46:21","date_gmt":"2012-03-23T17:46:21","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.com\/historiasdelosvascos\/?p=61"},"modified":"2012-03-23T18:47:51","modified_gmt":"2012-03-23T17:47:51","slug":"las-tocas-vizcainas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/2012\/03\/23\/las-tocas-vizcainas\/","title":{"rendered":"Las tocas vizcainas"},"content":{"rendered":"<div>\n<p style=\"text-align: center;\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter\" src=\"http:\/\/static.deia.com\/images\/2012\/03\/10\/import_11636487_11.jpg\" alt=\"\" width=\"246\" height=\"419\" \/><\/p>\n<p>EN el mundo moderno occidental  el peinado y el tocado femenino constituyen un complemento m\u00e1s del  vestido y, como tal, sometido al dictado y vaiv\u00e9n de las modas aunque,  en \u00faltima instancia, es el gusto personal de la mujer lo que determina  la adopci\u00f3n o no de los estilos en boga. Esto, sin embargo, no ha sido  siempre as\u00ed. Desde la antig\u00fcedad, la manera de peinarse y cubrirse la  cabeza era, al margen de las modas, un s\u00edmbolo, un distintivo de la  condici\u00f3n social de las mujeres, de su estado civil y, m\u00e1s a\u00fan, del  papel y la consideraci\u00f3n que tuvieron dentro de una sociedad fuertemente  jerarquizada.<\/p>\n<p>Las fuentes de que disponemos para hacer un repaso de la  historia del tocado femenino vasco son variadas. A las noticias en todo  tiempo proporcionadas por historiadores, literatos y viajeros y a las  reflexiones, de car\u00e1cter moral, de te\u00f3logos y fil\u00f3sofos, se unen desde  comienzos de la Edad Media representaciones iconogr\u00e1ficas cada vez m\u00e1s  abundantes generadas por los sucesivos estilos art\u00edsticos, las artes  gr\u00e1ficas y desde mediados del siglo XIX, las im\u00e1genes fotogr\u00e1ficas. Con  algunas reservas, derivadas de los distintos grados de exactitud y  verosimilitud que merecen, ser\u00e1n ellas quienes nos gu\u00eden en el recorrido  por este interesante cap\u00edtulo de la historia de la moda vasca.<\/p>\n<p>Las primeras referencias sobre el tocado femenino en la pen\u00ednsula nos las proporciona Estrab\u00f3n en su <em>Geographia<\/em> siguiendo un pasaje de Artemidoro de \u00c9feso (siglo I a. C.) en el que se  recoge, sin precisar los lugares de procedencia, cuatro distintas  formas de tocado a base de armazones forrados y velos e incluso la  costumbre de raparse la cabeza. Costumbres que, al parecer, en esta  \u00e9poca no se estilaban en Euskalerria ya que el cronista, en la \u00fanica  referencia que hace del vestido femenino de los pueblos del norte, s\u00f3lo  menciona que llevan adornos florales. Ya en la Edad Media la mujer,  seg\u00fan el modelo de conducta cristiano, vestir\u00e1 de largo, con varias  t\u00fanicas superpuestas y amplios mantos, abiertos o cerrados, dispuestos  desde la cabeza a los pies ocultando las formas del cuerpo, acorde con  la modestia y el decoro que deb\u00eda mostrar la mujer virtuosa. Bajo estos  mantos, las doncellas llevar\u00e1n su larga mata de pelo recogido con una  cinta o tira pero, una vez casadas, todas ellas, sin distinci\u00f3n de  clase, lo mismo en casa que fuera de ella, traer\u00e1n la cabeza siempre  cubierta. Una imposici\u00f3n de los Padres de la Iglesia a la mujer como  signo de sumisi\u00f3n a la autoridad del hombre y, \u00abporque el pecado entr\u00f3  al mundo a trav\u00e9s de ellas\u00bb (Ambrosiastro, siglo IV d.C.). Esta  interpretaci\u00f3n patriarcal y jer\u00e1rquica de la historia b\u00edblica de la  creaci\u00f3n contribuy\u00f3 a que en la sociedad estamental, y posteriormente en  el mundo tradicional hasta finales del siglo XIX, el tocado fuera  utilizado para reconocer la condici\u00f3n civil de las mujeres,  distinguiendo entre doncellas, casadas, y viudas, dando lugar en la  historia de la indumentaria a una gran variedad de peinados o  cubrimientos de cabeza. Ser\u00e1 el arte rom\u00e1nico quien nos muestre a las  mujeres cubiertas con mantos pero tambi\u00e9n con tocas de lienzo, de origen  bizantino &#8211;<em>ibiquia<\/em>&#8211; que, enmarcando la cara, tapan la cabeza,  cuello y escote y que han sobrevivido en las utilizadas por las monjas  bajo el h\u00e1bito. Otra variedad son las tocas de bandas rizadas que,  enrolladas sobre la cabeza, forman un casquete que se ata bajo la  barbilla, y que podemos admirar en Andra Mari de Elexalde, en Galdakao o  Santa Columba, en Argando\u00f1a. Con el paso del tiempo estas tocas y  otras, como las moriscas enrolladas a la cabeza a modo de turbantes, o  los altos tocados en forma de cono truncado y ap\u00e9ndice, caracter\u00edsticos  del vestido castellano del siglo XIII, dar\u00e1n paso en la siguiente  centuria, en los pueblos situados en torno al Golfo de Bizkaia, a la  utilizaci\u00f3n de una gran variedad de tocados de lienzo en cuanto a sus  formas y hechuras, sin parang\u00f3n en la \u00e9poca y, por esa raz\u00f3n, percibidos  como una rareza por vecinos y for\u00e1neos y, con el tiempo, censurados e  incluso condenados por las altas instancias civiles y eclesiales.<\/p>\n<p>Las Tocas Vizcainas Las <em>tocas a la vizcaina<\/em> por las que ser\u00e1n reconocidas nuestras mujeres fuera del territorio y nombradas por propios y extra\u00f1os como <em>tocada, tontorra, curbitzeta, juichia<\/em> o <em>jucichia<\/em>, <em>moco<\/em> o <em>sapa<\/em>,  ser\u00e1n reproducidas una y otra vez y con toda clase de detalles, tanto  en los Libros de Trajes (Weiditz, Enea Vico, Vecellio, Desserps\u2026) como  en los Atlas, publicaciones magn\u00edficamente ilustradas que en el siglo  XVI se consideraban los <em>best-seller<\/em> del momento. La variedad de  las formas y hechuras ser\u00e1n, as\u00ed mismo, descritas por los cronistas y  viajeros contempor\u00e1neos, como Schaschek en 1466-67: \u00abA veces hechos de  forma de cantarelo, a veces en la frente y a veces como platos llenos y  las mozas con las cabezas rapadas\u00bb; o el de Navagero, cincuenta a\u00f1os m\u00e1s  tarde: \u00abDe lienzo a la morisca, pero no en forma de turbante, sino de  capirote, con la punta doblada, haciendo una figura que semeja el pecho,  el cuello y el pico de una grulla; solo que cada mujer hace que el  capirote semeje una cosa diversa\u00bb.<\/p>\n<p>Para apreciar globalmente esta riqueza de formas contamos con  los tres \u00f3leos pintados, en torno a 1600, por Francisco V\u00e1zquez de  Mendieta que, no por conocidos dejan de ser muy ilustrativos para su  conocimiento. Las doncellas que, al menos desde el siglo XV, se hab\u00edan  distinguido por llevar el cabello rapado o cortado a cepillo con unos  mechones largos enmarcando la cara, aparecen peinadas a la moda  castellana, con el pelo rizado y levantado sobre la frente denominado  copete. El resto de las mujeres, a las que el pintor en una de las  pinturas relaciona <!--more-->por la forma del cubrecabezas a su lugar de origen,  llevan tocados de lienzo entre las que cabe distinguir las cofias  ce\u00f1idas al cuero cabelludo, los rollos que a modo de casquete presentan  protuberancia forradas y una gran variedad de tocas, que van desde la  simple a modo de velo, a las m\u00e1s llamativas y altas con formas  tubulares, c\u00f3nicas, piramidales f\u00e1licas y\/o corniformes. En todo el  conjunto, sobresale un \u00fanico ejemplar de toca de lienzo negro. El hecho  de que sea de este color nos remite a la condici\u00f3n de viuda que, adem\u00e1s  del color seg\u00fan recoge el inquisidor P. Lancre, no llevaban <em>cresta<\/em>,  ahondando en la interpretaci\u00f3n f\u00e1lica que algunos han dado a los  tocados de las mujeres casadas. Analizadas en conjunto podemos decir que  en sus formas se aprecia un gran n\u00famero de influencias y modas  residuales y contempor\u00e1neas, pero con un claro predominio de la  tendencia g\u00f3tica de estilizar la silueta, iniciada en el siglo XV con la  moda de los tocados franco-borgo\u00f1ones, reproducidos en las figuras  yacentes de los sepulcros de reyes y mercaderes del siglo XV como Mar\u00eda  de Sarmiento esposa de Fern\u00e1n II P\u00e9rez de Ayala, en Quejana o de Mar\u00eda  S\u00e1nchez de Salinas, mujer de Pedro L\u00f3pez de Vitoria, en Bilbao.<\/p>\n<p>&#8216;puerta del diablo&#8217; La  funci\u00f3n de los tocados inicialmente impuesta a la mujer como s\u00edmbolo de  sumisi\u00f3n al hombre, se ve trastocada con las formas apuntadas de las  tocas vizcainas que ser\u00e1n interpretados por la autoridad eclesial como  un ejemplo m\u00e1s de que el cuerpo de la mujer es \u00abla puerta del diablo\u00bb,  llegando a ser prohibidos por los obispos de las di\u00f3cesis vascas. En  este sentido es muy elocuente el mandato dado en 1600, en Lesaka por el  Licenciado Felipe de Obreg\u00f3n, visitador del Obispado de Pamplona: \u00abpor  ser figura indecente y <em>scandalosa<\/em> se manda a las dichas mujeres  so pena de excomuni\u00f3n desde aqu\u00ed a veinte d\u00edas de este mes se le quiten  cada una a lo menos no entren con ella en la Iglesia y se pongan otra  manera de tocados como las dem\u00e1s\u00bb, aludiendo con esta \u00faltima frase a la  generalizaci\u00f3n paulatina pero inexorable de tocas \u00absin figuras\u00bb y a la  introducci\u00f3n de la mantilla castellana. La autoridad civil tambi\u00e9n  regular\u00e1 el uso de los tocados pero, en este caso, por considerar que la  gran cantidad de fino lienzo y los adornos de seda, oro y plata  utilizados en su confecci\u00f3n supon\u00edan un gasto excesivo para las familias  y contraven\u00edan la legislaci\u00f3n reguladora del lujo, tanto central como  las emanadas por Juntas y Concejos. Un ejemplo de ello ser\u00e1n las  ordenanzas de la villa de Deba aprobadas en 1434: \u00abNinguna mujer de la  misma poblaci\u00f3n y jurisdicci\u00f3n trajeses en el tocado de su cabeza m\u00e1s de  treinta y un varas de lienzo delgado ni mas de seis de gordo o grueso  (&#8230;) oro ni seda alguna so pena de dos doblas de oro\u2026\u00bb. Normativas que,  sin embargo, ser\u00e1n sucesivamente contestadas por las mujeres, al  considerar el tocado y su confecci\u00f3n como parte del traje de la tierra,  convirtiendo su preservaci\u00f3n en objeto de pleitos y sanciones, en los  que, mayoritariamente, ser\u00e1n respaldadas por las autoridades locales. El  uso de estos tocados, conocido al menos desde el siglo XIV, empieza a  declinar a partir del siglo XVII, para desaparecer totalmente en la  primera mitad del XVIII tal y como recoge Iturriza: \u00abEs rara la mujer  que lo trae al presente y dentro de poco ninguna usar\u00e1: \u00fanicamente vi  traerle el a\u00f1o pasado de 1783, en la fiesta de la Asunci\u00f3n de Ntra.  Se\u00f1ora de Cenarruza a la mujer del fiel de Arbacegui\u00bb.<\/p>\n<p>tocado moderno: Buruko-zapia A  partir de este momento el tocado de lienzo simplifica su volumen y su  uso se circunscribe al traje popular. Las cofias y los rollos  desaparecen y las tocas pierden sus exageradas formas apuntadas aunque  manteniendo la variedad geogr\u00e1fica en cuanto a sus formas, derivando en  el blanco pa\u00f1uelo de lienzo &#8211;<em>sabanilla<\/em>&#8211;<em>buruko-zapia, buruko-zuria, izaratxoa<\/em>&#8211; utilizado, hasta el primer cuarto del XX, por nuestras <em>etxekoandres<\/em>,  convertido en elemento identificador de su traje, como la txapela lo ha  sido en el del hombre. La transici\u00f3n al traje moderno alcanzar\u00e1 tambi\u00e9n  al cabello de las doncellas, que lo llevar\u00e1n largo y atado a la espalda  en una o dos trenzas, con cintas y lazos, a menudo regalo de sus  pretendientes, mientras que las casadas recoger\u00e1n su pelo en un rodete o  mo\u00f1o y cubrir\u00e1n la cabeza, entera o parcialmente, con un lienzo de lino  cuadrado, aderez\u00e1ndolo seg\u00fan el gusto y la habilidad personal de cada  una en sinton\u00eda con la tradici\u00f3n o est\u00e9tica local. A falta de un estudio  sistem\u00e1tico sobre la variedad y persistencia de las distintas formas  utilizadas en Euskalerria, podemos agruparlos en hechuras que van desde  el elevado cono truncado atado en el frente, con reminiscencia en las  tocas medievales, pasando por las diversas variantes que trasladan el  vuelo hacia atr\u00e1s y lo anudan sobre la cabeza o el rodete, dejando uno,  dos y hasta tres picos &#8211;<em>belarrik<\/em>&#8211; sobresaliendo, en altura o  hacia los lados, o s\u00f3lo uno, como abertura o envoltorio para las trenzas  colgantes, hasta terminar en el casquete de confecci\u00f3n, <em>motho<\/em>,  utilizado en Iparralde para cubrir el rodete de pelo. Tras la moda de  los pa\u00f1uelos estampados de algod\u00f3n a base de listados, peque\u00f1os cuadros y  motas, surgida con la implantaci\u00f3n de la industria textil en el pa\u00eds y  utilizada por las m\u00e1s j\u00f3venes frente al blanco de las mayores, podemos  decir que la \u00faltima generaci\u00f3n de mujeres que ha llevado la cabeza  cubierta en el \u00e1mbito tradicional lo ha hecho mayoritariamente en negro o  medio luto, a tono con su traje, debido al estado de viudedad y edad  avanzada de la mayor parte de ellas, tras sobrevivir a la guerra civil.<\/p>\n<p>Para terminar mencionaremos la mantilla-<em>mantelina<\/em>,  prenda que fue impuesta por la autoridad eclesial a doncellas y mujeres  en contra de la costumbre del pa\u00eds. Esta prenda, obligatoria para  asistir a los oficios religiosos fue muy contestada en el mundo  tradicional vasco hasta la p\u00e9rdida de los Fueros, en que se implant\u00f3  definitivamente por influencia de la moda urbana, adoptando diferentes  modalidades seg\u00fan los territorios. En Bizkaia y Gipuzkoa, la mantilla se  utiliz\u00f3 \u00fanicamente por las casadas, colocada sobre la sabanilla y a  menudo sustituyendo al manto, hist\u00f3ricamente prenda de abrigo femenina.  En los valles navarros, la mantilla de pa\u00f1o con borla central, en color  rojo, morado o negro seg\u00fan el estado civil de la mujer, sustituir\u00e1 a la  elegante y particular toca de lienzo utilizada hasta entonces por las  casadas y se ampliar\u00e1 a las doncellas que, acordes con su condici\u00f3n, no  llevaban nada. En Araba, por influencia de sus vecinas castellanas,  adoptar\u00e1n la mantilla de pa\u00f1o para todas las mujeres. En Iparralde, las  doncellas usar\u00e1n <em>mantali\u00f1ac<\/em> mientras las desposadas mantendr\u00e1n, para duelos y lutos, el uso de largas y negras capas, <em>kaputxina<\/em> y <em>kaputcha<\/em>, sucesoras de los mantos envolventes desde la cabeza a los pies utilizados por las bayonesas desde la \u00e9poca medieval.<\/p>\n<p>En la actualidad el tocado de lienzo que hist\u00f3ricamente  identific\u00f3 a la mujer vasca, ha quedado relegado al \u00e1mbito folcl\u00f3rico,  obviando su gran potencial y versatilidad como complemento de moda.  Posibilidades que Crist\u00f3bal Balenciaga supo ver y plasmar con la  elaboraci\u00f3n de un personal <em>buruko zapi<\/em> como tocado de uno de sus dise\u00f1os de alta costura.<\/p>\n<\/div>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Desde la antig\u00fcedad, la manera de peinarse y cubrirse la cabeza era, al margen de las modas, un s\u00edmbolo, un distintivo de la condici\u00f3n social de las mujeres, de su estado civil y, m\u00e1s a\u00fan, del papel y la consideraci\u00f3n que tuvieron dentro de una sociedad fuertemente jerarquizada.<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":68,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1544],"tags":[31,30,32],"class_list":["post-61","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-sin-categoria","tag-mujer","tag-tocas","tag-vestido"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/61","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/users\/68"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=61"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/61\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":65,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/61\/revisions\/65"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=61"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=61"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=61"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}