{"id":640,"date":"2014-10-13T12:20:41","date_gmt":"2014-10-13T10:20:41","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.com\/historiasdelosvascos\/?p=640"},"modified":"2014-10-13T12:25:48","modified_gmt":"2014-10-13T10:25:48","slug":"abbadia-templo-del-conocimiento-y-embajada-universal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/2014\/10\/13\/abbadia-templo-del-conocimiento-y-embajada-universal\/","title":{"rendered":"Abbadia, templo del conocimiento y embajada universal"},"content":{"rendered":"<p><em>Antoine d\u2019Abbadie vivi\u00f3 con pasi\u00f3n sus facetas de explorador, ge\u00f3grafo, astr\u00f3nomo y ling\u00fcista, con una especial atenci\u00f3n al euskera, pero muchos le recuerdan sobre todo por el castillo que mand\u00f3 construir hace 150 a\u00f1os<\/em><\/p>\n<p>Un reportaje de <strong>Viviane Delpech<\/strong><\/p>\n<p><span style=\"text-transform: uppercase;\">150<\/span> a\u00f1os ya, o mejor, 150 a\u00f1os solo, que fue solemnemente implantada la primera piedra del castillo de Abbadia por su extravagante propietario, Antoine d\u2019Abbadie. Solo, porque, a pesar de su apariencia de recuerdo medieval perdido en unos acantilados oce\u00e1nicos, este fascinante edificio es de verdad una construcci\u00f3n moderna, que refleja las preocupaciones de una \u00e9poca de b\u00fasqueda identitaria y de progreso de la industria en Francia.<\/p>\n<figure id=\"attachment_641\" aria-describedby=\"caption-attachment-641\" style=\"width: 580px\" class=\"wp-caption alignnone\"><a href=\"http:\/\/blogs.deia.com\/historiasdelosvascos\/files\/2014\/10\/gaia66703_02_5916.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-641 size-medium\" src=\"http:\/\/blogs.deia.com\/historiasdelosvascos\/files\/2014\/10\/gaia66703_02_5916-580x397.jpg\" alt=\"gaia66703_02_5916\" width=\"580\" height=\"397\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/files\/2014\/10\/gaia66703_02_5916-580x397.jpg 580w, https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/files\/2014\/10\/gaia66703_02_5916.jpg 610w\" sizes=\"auto, (max-width: 580px) 100vw, 580px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-641\" class=\"wp-caption-text\">La construcci\u00f3n del castillo de Abbadia abarc\u00f3 veinte a\u00f1os, de 1864 a 1884. Foto: C. Rebi\u00e8re-Ballo\u00efde Photo<\/figcaption><\/figure>\n<p>Pero, \u00bfa qui\u00e9n le surgi\u00f3 esta idea loca de edificar un castillo neog\u00f3tico, decorado con un extra\u00f1o bestiario de piedra, compuesto por salas isl\u00e1micas, pinturas et\u00edopes, un observatorio astron\u00f3mico y una capilla medieval y orientalista? Interesarse en Abbadia implica obligatoriamente conocer a su emblem\u00e1tico creador, Antoine d\u2019Abbadie (1810-1897), quien fue un protagonista de \u00e1mbito internacional tanto por sus centros de inter\u00e9s como por sus or\u00edgenes.<\/p>\n<p>De hecho, la historia empieza durante la Revoluci\u00f3n Francesa de 1789. Oriundo del pueblo de Arrast, en Xiberoa, su padre Arnauld-Michel, hijo de un notario real mon\u00e1rquico, huy\u00f3 a Andaluc\u00eda y luego a Inglaterra para escapar del requerimiento militar revolucionario. En el Reino Unido, espos\u00f3 a una irlandesa cat\u00f3lica, llamada Elizabeth Thompson, en 1807. La pareja tuvo seis ni\u00f1os, de los cuales Antoine, nacido en 1810 en Dubl\u00edn, era el mayor.<\/p>\n<p>El restablecimiento de la monarqu\u00eda en 1815 favoreci\u00f3 la vuelta de Arnauld-Michel a Francia. Su familia y \u00e9l se instalaron entonces en Toulouse, en 1818, y en Par\u00eds, nueve a\u00f1os m\u00e1s tarde. Su doble nacionalidad de facto proporcion\u00f3 a Antoine una cultura rica y diversificada. Ya de ni\u00f1o, sus principales rasgos de car\u00e1cter eran la curiosidad y la apertura al mundo. Ten\u00eda como libro de cabecera el relato de viajes del explorador escoc\u00e9s James Bruce, quien hab\u00eda descubierto en 1790 la fuente del Nilo azul en Etiop\u00eda. Tambi\u00e9n era un apasionado de la literatura cl\u00e1sica y moderna, en particular de los autores rom\u00e1nticos como Chateaubriand o Walter Scott.<\/p>\n<p><span class=\"MayusculasNegrita\">Leyenda del Nilo, un motor de vida <\/span>Cuando finaliz\u00f3 el bachillerato en el colegio real de Tolosa en 1827, decidi\u00f3 realizar su valiente sue\u00f1o de toda la vida, que, por verg\u00fcenza, sol\u00eda esconder: descubrir la fuente del Nilo blanco. Efectivamente era un desaf\u00edo tan viejo y m\u00edtico como el mundo, en el que fracasaron numerosos exploradores, algunos tan legendarios como Alejandro el Grande o Ciro II de Persia. Tambi\u00e9n representaba una pugna de pol\u00edtica internacional contempor\u00e1nea que opon\u00eda especialmente a Francia y a Gran Breta\u00f1a e implicaba el progreso industrial, el ascenso cient\u00edfico y el control -y el poder- de territorios desconocidos. Desde ese momento, su vida cotidiana de joven rom\u00e1ntico se vio condicionada por sus clases de Derecho y de Ciencias en la Sorbona. Tambi\u00e9n prepar\u00f3 su ambiciosa expedici\u00f3n con ejercicios f\u00edsicos, corriendo por ejemplo decenas de kil\u00f3metros en las monta\u00f1as vascas. Y encontr\u00f3 a exploradores experimentados que le relataban sus peregrinaciones arriesgadas a trav\u00e9s del mundo.<\/p>\n<p>As\u00ed, despu\u00e9s de una primera expedici\u00f3n a Brasil, d\u2019Abbadie se reuni\u00f3 con su hermano Arnauld (1815-1891) en Egipto en 1837. Durante once a\u00f1os permaneci\u00f3 en \u00c1frica oriental y en la regi\u00f3n del mar Rojo, recorriendo los montes, las selvas y las sendas et\u00edopes, negociando con los soberanos locales y mezcl\u00e1ndose con la poblaci\u00f3n ind\u00edgena. Se le puede imaginar deambulando descalzo, vestido con ropa oriental, la cabeza cubierta con un turbante, hablando fluidamente cuatro idiomas et\u00edopes, y, al contrario de sus cong\u00e9neres europeos, rechazando las armas en favor de un bast\u00f3n.<\/p>\n<p>Los principios de su expedici\u00f3n se apoyaban en valores e intereses que ilustran fielmente la personalidad de fuertes contrastes de d\u2019Abbadie. Se dedic\u00f3 simult\u00e1neamente al estudio etnogr\u00e1fico y ling\u00fc\u00edstico del pueblo, a la pr\u00e1ctica cartogr\u00e1fica y tambi\u00e9n, dando un aspecto pol\u00edtico-religioso a su estancia, al desarrollo de misiones cat\u00f3licas y a la expansi\u00f3n diplom\u00e1tica francesa en esta parte estrat\u00e9gica del mundo. Por todo eso, la poblaci\u00f3n local le consideraba a la vez como un sabio y un monje, un tanto extra\u00f1o porque se mov\u00eda siempre con sus instrumentos de astronom\u00eda y de cartograf\u00eda.<\/p>\n<p>Sus a\u00f1os de investigaci\u00f3n acabaron por llevarle a una ubicaci\u00f3n hipot\u00e9tica de la fuente m\u00edtica en el centro de Etiop\u00eda, donde su hermano y \u00e9l plantaron la bandera francesa en 1846. D\u2019Abbadie empez\u00f3 entonces su vuelta a Europa, que complet\u00f3 tres a\u00f1os despu\u00e9s.<\/p>\n<p>As\u00ed, al principio de los a\u00f1os 50 del siglo XIX, tuvo que familiarizarse de nuevo con el modo de vida occidental. Procedi\u00f3 a la valoraci\u00f3n de sus extractos etnogr\u00e1ficos y geogr\u00e1ficos, por ejemplo trazando el primer mapa de Etiop\u00eda o redactando el primer diccionario am\u00e1rico-franc\u00e9s. Pronto recibi\u00f3 premios prestigiosos por su descubrimiento -err\u00f3neo- del Nilo, como la Gran Medalla de Oro por la Soci\u00e9t\u00e9 de G\u00e9ographie de Paris o la Legi\u00f3n de Honor por el Estado franc\u00e9s. Adem\u00e1s, la Acad\u00e9mie des Sciences, a quien ulteriormente leg\u00f3 su castillo, le eligi\u00f3 corresponsal en 1852 y miembro titular en 1867.<\/p>\n<p><span class=\"MayusculasNegrita\">El renacimiento vasco <\/span>Paralelamente, d\u2019Abbadie supo situar en primera l\u00ednea sus propios or\u00edgenes, siguiendo sin duda el ejemplo de su padre quien hab\u00eda contribuido en las primeras publicaciones sobre el euskera. Un a\u00f1o antes de su viaje, d\u2019Abbadie public\u00f3, en colaboraci\u00f3n con su amigo xiberotarra Agust\u00edn Xaho, un estudio gramatical del idioma vasco.<\/p>\n<p>Tras el par\u00e9ntesis africano, volvi\u00f3 con mucha m\u00e1s fuerza y motivaci\u00f3n para reavivar el inter\u00e9s por su cultura paterna. En pleno contexto de emergencia de los regionalismos, se encontr\u00f3 con una audiencia particularmente receptiva. Organiz\u00f3 a partir de 1851 en Urrugne sus famosos concursos de poes\u00eda y de pelota, donde entregaba premios. Esos juegos, llamados <i>Lore jokoak<\/i>, se diversificaron r\u00e1pidamente incluyendo bertsolaris, irrintzina, ezpata-dantza, aurresku, carreras de portadoras de agua o de nataci\u00f3n\u2026 y se exportaron a los dos lados de los Pirineos. En resumen, se convirtieron en lo que Pierre Bidart calific\u00f3 de \u201cfiestas totales\u201d celebrando la identidad y el alma vascas. En 1892, los <i>euskaldun<\/i> rindieron homenaje a d\u2019Abbadie ofreci\u00e9ndole un makila de honor y el afectuoso apodo <i>Euskaldunen aita<\/i>, durante las fiestas de San Juan de Luz organizadas bajo su famoso lema <i>Zazpiak bat<\/i>.<\/p>\n<p>A esta valoraci\u00f3n social y tradicional se asoci\u00f3 una dimensi\u00f3n intelectual, que concret\u00f3 d\u2019Abbadie con su estudio filol\u00f3gico y su colecci\u00f3n de 1.136 obras en euskera, porque defend\u00eda la tesis de que idioma, cultura y biolog\u00eda son interdependientes, como lo formularon m\u00e1s eficientemente Aranzadi y Barandiaran. L\u00f3gicamente intent\u00f3 identificar, aunque vanamente, los or\u00edgenes del euskera, usando extractos antropol\u00f3gicos y comparaciones con idiomas et\u00edopes, ya que se adher\u00eda a la hip\u00f3tesis usual de la \u00e9poca, la que tomaba partido por sus ra\u00edces africanas.<\/p>\n<p><span class=\"MayusculasNegrita\">El castillo, encarnaci\u00f3n art\u00edstica <\/span>Adem\u00e1s de su sacerdocio cient\u00edfico, d\u2019Abbadie ten\u00eda supuestamente planes personales, que comenzaban por la construcci\u00f3n de una burguesa residencia de veraneo en la cornisa oce\u00e1nica de Urrugne. Este s\u00edmbolo de estatus social le met\u00eda igualmente en una b\u00fasqueda m\u00e1s impresionante que, desde su punto de vista, los cocodrilos del Nilo, y que era el matrimonio\u2026<\/p>\n<p>Tras nueve a\u00f1os de tramitaciones complicadas por su perfil de explorador y su edad mayor, encontr\u00f3 a Virginie Vincent de Saint-Bonnet, oriunda de la zona de Lyon, con la que se cas\u00f3 en 1859. Desde entonces, organizaron sus vidas entre ciencias y formulismos mundanos. De esta manera persiguieron el proyecto de residencia ya empezado por el arquitecto Cl\u00e9ment Parent en 1858 con un observatorio astron\u00f3mico en forma de torre almenada.<\/p>\n<p>Ante la despedida de sus dos primeros arquitectos, la pareja recurri\u00f3 urgentemente, en 1864, a Eug\u00e8ne Viollet-le-Duc, el l\u00edder carism\u00e1tico del movimiento neog\u00f3tico, quien, de entrada, tom\u00f3 cartas en el asunto. Bajo la \u00e9gida de las teor\u00edas arquitect\u00f3nicas del racionalismo nacionalista, las obras se compartieron entre el genial <i>maestro<\/i>, autor del plan, de las elevaciones y del bestiario esculpido, y su talentoso disc\u00edpulo, Edmond Duthoit, quien atendi\u00f3 las obras y concibi\u00f3 la decoraci\u00f3n, el mobiliario y el nuevo observatorio.<\/p>\n<p>D\u2019Abbadie decidi\u00f3 bautizar su imponente mansi\u00f3n <i>El castillo de Abbadia<\/i> en homenaje a la casa de sus ancestros en Arrast. El castillo vincula sus gustos y sus valores como si fuera una fantas\u00eda biogr\u00e1fica y arquitectural. Eso se manifiesta en primer lugar en el plan funcionalista organizado entre tres alas, dedicadas a la devoci\u00f3n, la acogida y la ciencia, haciendo coexistir singularmente el observatorio con una amplia capilla y apartamentos burgueses.<\/p>\n<p>Por lo que se refiere al formidable mestizaje de fuentes geogr\u00e1ficas e hist\u00f3ricas, se inscribe en la moda del eclecticismo expandida bajo el Segundo Imperio franc\u00e9s. No impide la originalidad de ciertas influencias, como las escenas etnogr\u00e1ficas et\u00edopes del vest\u00edbulo, o al contrario, explica el conformismo con otros estilos en boga, como el fumadero o el sal\u00f3n \u00e1rabe. Pero la inclinaci\u00f3n del neog\u00f3tico y la organizaci\u00f3n casi-feudal de la propiedad, con su trentena de aparceros, revela una posici\u00f3n pol\u00edtica reaccionaria, idealizando el Antiguo R\u00e9gimen, que a menudo trasparece en la correspondencia de d\u2019Abbadie. Por fin, su retrato se lee poderosamente en las innumerables inscripciones sembradas en el edificio, declinadas en los catorce idiomas que control\u00f3 el explorador, tanto m\u00e1s cuanto que realzan sus valores morales fundados en una austera filosof\u00eda cat\u00f3lica y una sorprendente apertura a la alteridad.<\/p>\n<p>Entre aquellas virtudes, una sentencia destaca la humildad; la del erudito frente al conocimiento y la del hombre frente a la existencia. Diciendo <i>Ez ikusi, ez ikasi<\/i>, se refer\u00eda a un experimento desafortunado, en que d\u2019Abbadie hab\u00eda literalmente perforado las paredes del castillo para construir un telescopio desde el que observar el monte Larrun y que nunca pudo funcionar. Un fracaso desastroso que quiso asumir p\u00fablicamente con esta sabia inscripci\u00f3n. Como un compendio literario, Abbadia recopila as\u00ed montones de cuentos ins\u00f3litos, al igual que Las m<i>il y unas noches<\/i> que alimentaron en parte el imaginario de sus propietarios.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Antoine d\u2019Abbadie vivi\u00f3 con pasi\u00f3n sus facetas de explorador, ge\u00f3grafo, astr\u00f3nomo y ling\u00fcista, con una especial atenci\u00f3n al euskera, pero muchos le recuerdan sobre todo por el castillo que mand\u00f3 construir hace 150 a\u00f1os Un reportaje de Viviane Delpech 150 a\u00f1os ya, o mejor, 150 a\u00f1os solo, que fue solemnemente implantada la primera piedra del &hellip; <a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/2014\/10\/13\/abbadia-templo-del-conocimiento-y-embajada-universal\/\" class=\"more-link\">Sigue leyendo <span class=\"screen-reader-text\">Abbadia, templo del conocimiento y embajada universal<\/span><\/a><!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[37165],"tags":[59769,89898],"class_list":["post-640","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-historias-de-los-vascos","tag-abbadia","tag-historias-de-los-vascos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/640","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=640"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/640\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":642,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/640\/revisions\/642"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=640"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=640"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=640"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}