{"id":699,"date":"2015-02-02T11:58:54","date_gmt":"2015-02-02T10:58:54","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.com\/historiasdelosvascos\/?p=699"},"modified":"2015-02-02T12:02:46","modified_gmt":"2015-02-02T11:02:46","slug":"eta-en-el-cine","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/2015\/02\/02\/eta-en-el-cine\/","title":{"rendered":"ETA en el cine"},"content":{"rendered":"<p><em>ETA ha sido protagonista de numerosas pel\u00edculas y documentales que han abordado desde muy distintos puntos de vista, no exentos de pol\u00e9mica, las consecuencias de la violencia que ha padecido Euskadi durante varias d\u00e9cadas<\/em><\/p>\n<p>Un reportaje de<strong> Igor Barrenetxea Mara\u00f1\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>Con cerca de mil v\u00edctimas mortales en su haber y otras tantas derivadas de sus atentados, la traslaci\u00f3n de una mirada cr\u00edtica sobre ETA y su entorno, en su ligaz\u00f3n a la izquierda abertzale siempre ha representado un reto. De hecho, muchos de los filmes que han retratado este tema con simpat\u00eda han provocado boicots, amenazas de bombas y protestas para impedir que fueran estrenados en distintos festivales de cine, en Espa\u00f1a. ETA despierta demasiadas sensibilidades encontradas. Pero, \u00bfcu\u00e1l es la visi\u00f3n que se ha dado de la banda? Sin querer ser del todo exhaustivos, debemos partir de que no ha sido nada sencillo el acercarse a ese tema por el hecho de que su violencia ha corrido en paralelo con su retrato f\u00edlmico. En 1979, se estrenaba en el Festival de San Sebasti\u00e1n El proceso de Burgos, de Imanol Uribe. Este documental, precedido de una intensa pol\u00e9mica, presentaba a los procesados, antiguos activistas de ETA, como luchadores antifranquistas.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/blogs.deia.com\/historiasdelosvascos\/files\/2015\/02\/invitados_10200.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-700\" src=\"http:\/\/blogs.deia.com\/historiasdelosvascos\/files\/2015\/02\/invitados_10200-580x388.jpg\" alt=\"invitados_10200\" width=\"580\" height=\"388\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/files\/2015\/02\/invitados_10200-580x388.jpg 580w, https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/files\/2015\/02\/invitados_10200.jpg 700w\" sizes=\"auto, (max-width: 580px) 100vw, 580px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Su pr\u00f3logo, explicado por el historiador Francisco Letamendia, era una lectura aber-tzale de la historia vasca. Aunque el director pretendi\u00f3 quitarlo, al final, por presiones lo mantuvo. En \u00e9l se codific\u00f3 una imagen heroica de la lucha armada contra el franquismo, que es la \u00fanica que sostiene la izquierda aber-tzale. Pero, sin duda, era un marco de superaci\u00f3n del pasado, del despertar de la democracia aunque el filme no valoraba que casi todos los participantes y condenados en el proceso hab\u00edan tomado ya caminos diferentes a los de la violencia. Sin embargo, serv\u00eda para entender, en cierto modo, el origen de ese sentimiento de ultraje en ciertos sectores sociales, c\u00f3mo la dictadura despert\u00f3 una imagen muy negativa de Espa\u00f1a en Euskadi y, por lo tanto, aliment\u00f3 el mito del conflicto vasco a favor de la violencia.<\/p>\n<p>Ese mismo a\u00f1o se estrenar\u00eda Operaci\u00f3n Ogro (1979), del italiano Gillo Pontecorvo, que ven\u00eda avalado por su soberbio documental La batalla de Argel (1965). De nuevo, ETA se presentaba como una contumaz organizaci\u00f3n contra la dictadura; si bien en estos a\u00f1os ya se iba mostrando que el terrorismo no era tanto antifranquista como antiespa\u00f1ol. Dos a\u00f1os m\u00e1s tarde, Uribe volver\u00eda a fijarse, esta vez desde la ficci\u00f3n, en otro territorio inexplorado, los presos, en La fuga de Segovia (1981). Claro que el nuevo contexto auguraba el final de un largo proceso en que una rama de ETA, la pol\u00edtico militar, iba a poner fin a las armas, conformando, posteriormente, Euskadiko Ezkerra, actualmente integrada en el Partido Socialista de Euskadi. En ese sentido, Uribe ofrec\u00eda una nueva visi\u00f3n en la que encadenaba el pasado, la represiva dictadura, con el presente, con una nueva oportunidad de paz.<\/p>\n<p>Pero ETA militar sigui\u00f3 matando. As\u00ed que tres a\u00f1os m\u00e1s tarde, en 1984, se estren\u00f3 La muerte de Mikel, siendo una agria cr\u00edtica contra la izquierda abertzale y sus hipocres\u00edas morales. Su trilog\u00eda vasca, de este modo, reflejaba cada vez m\u00e1s, aunque no con toda la hondura posible, la evoluci\u00f3n de una perspectiva de desenga\u00f1o. ETA no era un modelo de lucha contra la opresi\u00f3n y la tiran\u00eda sino que se hab\u00eda convertido en la excusa para otra clase de perversiones de la realidad. A tal punto que, en 1994, Uribe explor\u00f3 esta vertiente en la s\u00f3rdida y m\u00e1s descarnada D\u00edas contados, que tuvo un \u00e9xito tremendo. Desapareci\u00f3 el mundo idealizado de ETA para hablar de los bajos fondos y el clima descarnado y deshumanizado en el que transcurr\u00edan las vidas clandestinas de sus activistas.<\/p>\n<p>La desgarradora \u2018Yoyes\u2019 Sin embargo, aprovechando el sustancial inter\u00e9s que propon\u00eda ETA y su entorno, se estrenaron otros filmes de endeble calidad como El Pico (1983), Goma-2 (1984), la m\u00e1s lograda, Ander eta Yul (1989), en donde Ana D\u00edez retrata la justicia de ETA para acabar con el tr\u00e1fico de drogas en Euskadi. Adem\u00e1s, cabr\u00eda se\u00f1alar D\u00edas de humo (1989), de Ant\u00f3n Eceiza, Amor en off (1992), A ciegas (1997), de Daniel Calparsoro, fallido trabajo que desvela la angustia del terrorista tras matar a sus propios compa\u00f1eros de comando, hasta llegar a la d\u00e9cada siguiente en la que las propuestas no solo han ganado en calidad y entidad sino que han puesto el acento en la mirada sobre las v\u00edctimas. En primer lugar, cabr\u00eda destacar Yoyes (2000), de Helena Taberna, porque la historia de la que fuera una de las primeras dirigentes femeninas de ETA, asesinada por la misma banda para impedir su reintegraci\u00f3n en la vida civil, nos desnuda de una manera desgarrada y soberbia ese perfil tan totalitario de la banda.<\/p>\n<p>Otros dos filmes a destacar, aunque el primero pasar\u00eda m\u00e1s desapercibido, fueron El viaje de Ari\u00e1n (2000), de Eduard Bosch y La playa de los galgos (2002), de Mario Camus. El primero retrata con crudeza la verdadera faz de un comando terrorista en sus intimidades, desnud\u00e1ndolo de todo el romanticismo que pudiera a\u00fan guardar la violencia. El segundo se destaca porque se revelaba la conciencia culpable del terrorismo; en otras palabras, el efecto negativo y desgarrador que produce la violencia en las personas que viven de ella. Ambos trabajos son dignos ejemplos de un cine de compromiso, con una intenci\u00f3n muy clara de desvelar las claves afectivas y morales que el uso de la violencia trae consigo para las personas que viven de ella. Un desvelo interior que, sin duda, les acaba rompiendo por dentro.<\/p>\n<p>Mostraba, en todo caso, un cambio de tendencia, con un cine m\u00e1s contundente que desvelaba las intimidades del terrorismo. Luego, le siguieron trabajos m\u00e1s comerciales e intranscendentes como Lobo (2004) o GAL (2006) que no han aportado nada a la filmograf\u00eda, salvo el a\u00f1adir nuevos puntos de vista tem\u00e1ticos.<\/p>\n<p>En 2008, se estrenaron dos filmes muy distintos a destacar, Todos estamos invitados, de Manuel Guti\u00e9rrez Arag\u00f3n, y Tiro en la cabeza, de Jaime Rosales, envuelto por la consabida pol\u00e9mica al retratar al terrorista como una persona corriente. Cabe remarcar el filme de Guti\u00e9rrez Arag\u00f3n porque es uno de los m\u00e1s logrados retratos hechos desde la ficci\u00f3n del sufrimiento de las v\u00edctimas de ETA, desde el momento en que el protagonista es amenazado y, luego, perseguido. Se hab\u00edan producido varios documentales de enorme calidad como Asesinato en febrero (2001) y Perseguidos (2004), de Eterio Ortega, Voces sin libertad (2004), Trece entre mil (2005), El infierno vasco (2008) o, recientemente, 1980 (2014), todas estas de I\u00f1aki Arteta, que se han convertido en el testimonio vivo de las v\u00edctimas. En el contrapunto a estos trabajos se encontrar\u00eda Asier ETA biok (Asier y yo) (2013), de Aitor Merino y Amaya Merino, retrato de la amistad entre el etarra Asier Aranguren y Aitor Merino, buceando en las causas de la decisi\u00f3n de Asier de introducirse en ETA. Y Barrura begiratzeko leihoak (Ventanas al interior) (2012), que se acerca al mundo de los presos de ETA en las c\u00e1rceles. As\u00ed, la pol\u00e9mica en torno al cine de ETA o el conflicto siempre est\u00e1n a la orden del d\u00eda. Pensemos en La piel contra la piedra (2003), de Julio Medem, cuando varias de las v\u00edctimas que intervienen en el mismo, criticaron la visi\u00f3n que hace el director vasco del conflicto.<\/p>\n<p>\u2018Lasa y Zabala\u2019 M\u00e1s recientemente, nos encontramos con Lasa y Zabala (2014), de Pablo Malo, en la que aborda con entidad la guerra sucia llevada a cabo por el Estado en su lucha contra ETA aunque se olvida de hacer una visi\u00f3n m\u00e1s cr\u00edtica del mundo terrorista. Fuego (2014), de Luis Mar\u00edas, en cambio, pretende ser un retrato de la angustia y el drama que viven los afectados por un atentado de ETA. El protagonista es un antiguo polic\u00eda que busca su particular venganza contra la familia del etarra que mat\u00f3 a su mujer y amput\u00f3 las piernas de su hija. Y aunque s\u00ed desvela ese trauma personal provocado por el brutal suceso e, incluso, se interesa por el sufrimiento de las familias de los presos, no acaba de ser un filme tan revelador como cabr\u00eda esperar sobre la naturaleza de la violencia de ETA y sus consecuencias tr\u00e1gicas.<\/p>\n<p>Singularmente, la comedia ha sido un territorio poco frecuentado. Cierto es que retratar el mundo de la violencia desde el humor puede aparentar una perspectiva fr\u00edvola, pero ya se hizo con mucho acierto para otras tem\u00e1ticas como El gran dictador (1940), de Charles Chaplin, para denunciar el nazismo, o la exitosa La vida es bella (1997), de Roberto Benigni, para el Holocausto. En el caso vasco, se pueden citar \u00fanicamente los filmes C\u00f3mo levantar 1.000 kilos (1991), de Antonio Hern\u00e1ndez, que tuvo escaso \u00e9xito y la m\u00e1s reciente Ocho apellidos vascos (2013), de Emilio Mart\u00ednez-L\u00e1zaro (rod\u00e1ndose una segunda parte), aut\u00e9ntico fen\u00f3meno en la cartelera espa\u00f1ola que, si bien no es un filme en el que se retrate el terrorismo sino los ambientes abertzales, s\u00ed se r\u00ede, de una forma elegante y sutil, de las particularidades e idiosincrasias vascas, adem\u00e1s de ofrecer la visi\u00f3n o t\u00f3picos negativos que se tiene de ellos, en general, allende de nuestra autonom\u00eda. Pues no hay mejor arma contra los fanatismos que la risa, como bien desvel\u00f3 Chaplin en su d\u00eda. Motivada por este \u00e9xito, en breve se estrenar\u00e1 Negociador (2014), de Borja Cobeaga, que aborda, en tono de comedia, las conversaciones entre un pol\u00edtico vasco y ETA para conminar a esta a acabar con la violencia.<\/p>\n<p>La filmograf\u00eda sobre el terrorismo es mucho m\u00e1s amplia pero, en rasgos generales, se destaca por ser irregular. Se ha hablado mucho y con profusi\u00f3n sobre ETA en la gran pantalla, no existe ning\u00fan tab\u00fa, como alguna vez se ha dicho, aunque s\u00ed, como afirmaba Carlos Rold\u00e1n, suele ser \u201cveneno para la taquilla\u201d. Destacan, en todo caso, un nutrido pu\u00f1ado de trabajos que nos permiten desvelar no solo las claves del efecto da\u00f1ino del terrorismo en la sociedad, a partir del cine documental, sino desde la ficci\u00f3n, el descarnado y deshumanizado universo de ETA. Tal y como destaca el catedr\u00e1tico Santiago de Pablo, a la hora de perfilar una visi\u00f3n general de ETA, \u201cla lenta evoluci\u00f3n desde la comprensi\u00f3n hasta la impugnaci\u00f3n del terrorismo que ha mostrado el cine pueden tener relaci\u00f3n con la relativa simpat\u00eda ante ETA que hubo en ciertos sectores de la izquierda vasca y espa\u00f1ola en la etapa final del franquismo y la Transici\u00f3n\u201d. As\u00ed, el cambio paulatino operado en la sociedad y en la cultura vasca (donde se integraron antiguos simpatizantes) ha dado lugar a una visi\u00f3n cada vez m\u00e1s cr\u00edtica y desmitificada del fen\u00f3meno terrorista (salvo excepciones). Est\u00e1 claro que nada justifica el terrorismo a la hora de reivindicar la patria vasca, a tenor una din\u00e1mica social en la que cada vez hubo un clamor m\u00e1s contestatario contra ETA.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>ETA ha sido protagonista de numerosas pel\u00edculas y documentales que han abordado desde muy distintos puntos de vista, no exentos de pol\u00e9mica, las consecuencias de la violencia que ha padecido Euskadi durante varias d\u00e9cadas<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[37165],"tags":[6399,59798,59784,59797],"class_list":["post-699","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-historias-de-los-vascos","tag-cine","tag-eta","tag-historias-de-los-vacos","tag-un-reportaje-de-igor-barrenetxea-maranon"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/699","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=699"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/699\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":705,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/699\/revisions\/705"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=699"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=699"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=699"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}