{"id":803,"date":"2015-06-15T13:21:26","date_gmt":"2015-06-15T11:21:26","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.com\/historiasdelosvascos\/?p=803"},"modified":"2015-06-15T13:21:26","modified_gmt":"2015-06-15T11:21:26","slug":"los-chimbos-en-sus-chacolis","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/2015\/06\/15\/los-chimbos-en-sus-chacolis\/","title":{"rendered":"Los \u2018chimbos\u2019 en sus chacol\u00eds"},"content":{"rendered":"<p><em>En el pujante Bilbao de hace un siglo, los chacol\u00eds de Bego\u00f1a eran punto de encuentro para sus vecinos, los \u2018chimbos\u2019<\/em><\/p>\n<p>Un reportaje de <strong>Amaia Mujika Go\u00f1i<\/strong><\/p>\n<p><span style=\"text-transform: uppercase;\">E<\/span>N los alrededores de Bilbao el domingo de Pascua empezaba el espiche en los chacol\u00eds, una costumbre decimon\u00f3nica que sobrevivi\u00f3 hasta la explosi\u00f3n urban\u00edstica de 1960 al llevarse consigo los escasos caser\u00edos que sobreviv\u00edan en Deusto y Bego\u00f1a. De la mano de la \u00faltima generaci\u00f3n de hombres y mujeres que han conocido la Bego\u00f1a rural, la de las campas verdes con frutales, huertas y parrales, la de los caser\u00edos enlazados por caminos, estradas y lavaderos cercados por las f\u00e1bricas y las cada vez m\u00e1s amplias carreteras, evocaremos una costumbre que forma parte del imaginario bilbaino: el peregrinaje de <i>chimbos<\/i> y <i>mahatsorri(s)<\/i> a los chacol\u00eds de Monta\u00f1o, Matico y Zurbaran, Garaizar, Txabola y Uriarte, Larracoechea, Puerta Roja y Puentenuevo.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/blogs.deia.com\/historiasdelosvascos\/files\/2015\/06\/vacos_32739.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-804\" src=\"http:\/\/blogs.deia.com\/historiasdelosvascos\/files\/2015\/06\/vacos_32739-580x212.jpg\" alt=\"vacos_32739\" width=\"580\" height=\"212\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/files\/2015\/06\/vacos_32739-580x212.jpg 580w, https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/files\/2015\/06\/vacos_32739-940x343.jpg 940w, https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/files\/2015\/06\/vacos_32739.jpg 950w\" sizes=\"auto, (max-width: 580px) 100vw, 580px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Bilbao, hasta que en 1861 inicia sus proyectos de ensanche a costa de las vecinas anteiglesias de Abando, Deusto y Bego\u00f1a, se circunscrib\u00eda al casco urbano que todos conocemos como las<i> 7 calles<\/i>. A esta, su Villa, bajaban los pobladores de la Tierra Llana, a\u00fan despu\u00e9s de perder definitivamente su condici\u00f3n de rep\u00fablicas, porque en su peque\u00f1ez se desarrollaba todo un mundo que les era ajeno y propio a la vez. En ella viv\u00edan los propietarios de sus caser\u00edos y heredades a los que pagar la renta por Santo Tom\u00e1s, el mercado para sus excedentes agropecuarios, la plaza para la venta de coronas por Todos los Santos y el espacio de oportunidades para los hijos-as que deb\u00edan labrar su futuro al margen de la unidad productiva familiar destinada al mayorazgo.<\/p>\n<p>Este Bilbao rebosante de actividad, progreso y contrastes confinado entre la R\u00eda y las laderas de los montes, era en cambio para sus habitantes un espacio constre\u00f1ido. Y sent\u00edan por ello el campo circundante como su escape natural, bien orillando la r\u00eda hasta los Ca\u00f1os o en sentido contrario por el Campo de Volant\u00edn hasta La Salve; cruzando los puentes hacia las vegas de Abando o sencillamente subiendo a Bego\u00f1a por las Calzadas, Zabalbide y caminos y estradas de nombre perdido para llegar al alto de Artagan donde se encontraba la Amatxu y a cuyas faldas el Botxo crec\u00eda y se expand\u00eda.<\/p>\n<p>Por ello el bilbaino de entonces, que no la bilbaina confinada a un espacio a\u00fan m\u00e1s reducido que el urbano, el dom\u00e9stico, recib\u00eda el apelativo de <i>chimbo<\/i> y <i>chacolinero<\/i>, al ser estos, seg\u00fan el lexic\u00f3n de Arriaga, sus principales aficiones campestres.<\/p>\n<p><i>Chimbo<\/i> por su dedicaci\u00f3n a la caza intensiva de unos pajarillos, de igual nombre y amplia variedad, <i>que entre septiembre y octubre poblaban los campos en busca de insectos, zarzamoras y frutas<\/i>, y cuyo destino era la cazuela, un delicado y apreciado manjar que, con ajo y cebolla, asado vuelta y vuelta en su propia manteca, se serv\u00eda con pimientos entreverados. Y <i>Chacolinero<\/i>, por su asiduidad a los chacol\u00eds de los alrededores donde saborear el vino de la tierra junto con cazuelas de bacalao al pil-pil cocinadas a fuego lento por las <i>etxekoandres<\/i>, en amable y chispeante tertulia al caer la tarde.<\/p>\n<p><span class=\"MayusculasNegrita\">El chacol\u00ed en Bego\u00f1a<\/span> La principal actividad econ\u00f3mica de Bego\u00f1a hasta avanzado el siglo XX ha sido la agricultura y aunque la primac\u00eda de unos cultivos sobre otros ha ido variando, la existencia de vi\u00f1edos y parrales para la elaboraci\u00f3n de vino ha sido constante a lo largo de su historia. Una producci\u00f3n siempre escasa para la demanda existente pero impuesta a los labradores y jornaleros por los propietarios de sus heredades que, puestos de acuerdo o formando parte del concejo bilbaino, reglamentaron desde 1399 el consumo y comercio de vino y sidra en la Villa y por ende la producci\u00f3n vitivin\u00edcola y de manzana en las anteiglesias vecinas. Este ordenamiento ser\u00e1 el germen de la Hermandad y Cofrad\u00eda de San Gregorio Nacianceno que reunir\u00e1 a partir de 1623 a los due\u00f1os de las vi\u00f1as para mantener las medidas proteccionistas del vino de cosecha-chacol\u00edn y la regulaci\u00f3n estacional en la venta de los caldos for\u00e1neos en Bilbao hasta principios del siglo XIX.<\/p>\n<p>A partir de 1816 el inter\u00e9s de los patronos por el chacol\u00ed desaparece, entre otras razones, por el fin de la exenci\u00f3n fiscal al vino local y la implantaci\u00f3n, a buen precio, de tintos y blancos for\u00e1neos debido, en gran parte, al desarrollo del ferrocarril Bilbao-Tudela. Ante la p\u00e9rdida del mercado bilbaino, los labradores y jornaleros se hacen con su producci\u00f3n, bien para consumo propio al igual que la sidra o vendi\u00e9ndolo directamente a tabernas y otros productores, o bien convertidos en chacolineros de temporada. Una f\u00f3rmula, \u00e9sta \u00faltima, que a pesar de las guerras carlistas, los profundos cambios socio-econ\u00f3micos, las sucesivas plagas que asolaron las cepas o la anexi\u00f3n de la anteiglesia a la Villa consigui\u00f3 erigirse en una pr\u00e1ctica exitosa al conciliar econom\u00eda, gastronom\u00eda y ocio.<\/p>\n<p><span class=\"MayusculasNegrita\">Los chacol\u00eds de temporada<\/span> La temporada de chacol\u00ed en Bego\u00f1a empezaba el domingo de Pascua, coincidiendo con las primeras fresas, y duraba sin tregua hasta finales de mayo. Siendo el espiche o apertura de las barricas muy esperado, \u00e9ste se segu\u00eda por riguroso turno entre los distintos caser\u00edos chacolineros, no abriendo el siguiente sin terminar la producci\u00f3n del que estaba en curso. El reclamo para dirigir a los clientes era el branque, una rama verde de laurel clavada en los postes de luz del camino o estrada a seguir en direcci\u00f3n al chacol\u00ed abierto, en cuyo balc\u00f3n o puerta se mostraba la misma se\u00f1al. La apertura, previa licencia municipal, pod\u00eda durar desde las pocas horas de Cenobia <i>La Rubia<\/i> en Arteche al mes entero de Madariaga, que completaba su producci\u00f3n con la adquirida a sus vecinos.<\/p>\n<p>Llegados al lugar el ambiente era el de un caser\u00edo cuyos moradores combinaban sus diarias labores agropecuarias con la atenci\u00f3n a quienes se acercaban a degustar su chacol\u00ed. Habitualmente los hombres de la casa se ocupaban de servir y llenar las jarras directamente de los bocoyes y pipas en la bodega, situada detr\u00e1s de la cocina o en chabola anexa, y las mujeres de tener el fuego bajo o la econ\u00f3mica permanentemente encendidos para cocinar o calentar las deseadas cazuelas de bacalao al pilpil y alguna que otra a la vizcaina, con ensalada o pimientos, entre otras afamadas especialidades gastron\u00f3micas como el guisado de carne de Epifan\u00eda Larra\u00f1aga en el chacol\u00ed Lorente, las patitas de cordero de Trauco, las manitas de Isabel A\u00f1abeitia en Arteche, las asaduras con verduras de Larrazabal, las carnes de Patac\u00f3n seleccionadas por los matarifes del vecino matadero, las sartas de chorizo de Andresa Gaztelu en Gazteluiturri o el arroz con leche de Celeminchu.<\/p>\n<p>El mobiliario consist\u00eda en mesas y bancos de tablero corrido que, guardados durante el resto del a\u00f1o, se sacaban al zagu\u00e1n o bajo los parrales y frutales en flor. Para el chacol\u00ed se utilizaban jarras de barro cocido y esmaltadas con babero, de 5 medidas: azumbre (de 1\u00bd l. a 2 l.), \u00bd azumbre (1 l.), cuartillo y medio (750 ml), cuartillo (\u00bd litro) y medio cuartillo (250 ml), siendo su capacidad algo m\u00e1s reducida al considerarse que en ello estribaba el verdadero negocio de la venta al menudeo. Se beb\u00eda directamente de las jarras de medio cuartillo al ser una medida individual o escanciado en vasos de vidrio prensado, grueso y estriado, de unos 10 cm de alto, boca acampanada y falso culo que en el cat\u00e1logo de 1898 de la f\u00e1brica asturiana de vidrio Pola y Cifuentes se referencia como <i>Vaso sorbete para chacol\u00ed<\/i>. Seg\u00fan la tradici\u00f3n, el uso de estos vasos en los chacol\u00eds se debe al reciclaje del remanente de unas lamparillas que se utilizaron como iluminaci\u00f3n de balcones en una visita regia a la Villa, y bien pudiera serlo si tomamos en cuenta el inventario de 1840 relativo a los enseres de la Real Junta de Comercio de Bilbao que dice tener: <i>\u201c1 partida de vasos peque\u00f1os que sirvieron para la iluminaci\u00f3n del a\u00f1o 1828 en que estuvo el Rey en Bilbao\u201d<\/i> respondiendo a la visita de Fernando VII y Amalia.<\/p>\n<p>Con el tiempo algunos chacol\u00eds como Patillas, Leguina, Lozo\u00f1o, La Choriza, Mari o Abasolo se convirtieron en establecimientos permanentes, en los que el chacol\u00ed era sustituido por vino corriente, sidra y otras bebidas junto con las cl\u00e1sicas cazuelas de bacalao y sencillos men\u00fas a base de pollo asado con ensalada, huevos fritos con chorizo, productos de temporada (setas, caracoles&#8230;) o queso y pan, dejando para postre las exquisitas variedades de fruta que se produc\u00edan en la anteiglesia, tan apreciadas en el mercado de la Ribera. Su clientela era b\u00e1sicamente familiar y en domingo, aunque tambi\u00e9n era lugar para celebraciones y onom\u00e1sticas como la de San Isidro, que cada 15 de mayo organizaba el Sindicato de Labradores para sus asociados y que en 1934 sirvi\u00f3 Mat\u00edas Sarasola en su chacol\u00ed de Zabalbide: entremeses, paella, tortilla de setas o jam\u00f3n, merluza en salsa con esp\u00e1rragos, pollo asado con ensalada, flan y fruta y todo ello regado con vino Rioja.<\/p>\n<p>Si bien la tertulia, las partidas de cartas y el domin\u00f3 eran el entretenimiento habitual de los chacol\u00eds, en sus aleda\u00f1os se organizaban tambi\u00e9n verdaderos campeonatos de lanzamiento de rana, caso de Gallaga o Abasolo, o se jugaba a los bolos en los carrejos de Mari, Urrinaga, Zizerune, Gardeazabal o Atxeta antiguo.<\/p>\n<p>El t\u00e9rmino chacol\u00ed acu\u00f1\u00f3 tal fama que se extendi\u00f3 a merenderos y tabernas, que proliferaron Zabalbide arriba, a partir de los de Katezarra y Urri\u00f1aga, en direcci\u00f3n a las cumbres de Archanda y Monte Avril tales como Oruetabarri, Merodio, Landazabal, Le\u00f3n, Sanjin\u00e9s, Jaureguizar o Isidro convertidos en lugar de esparcimiento dominical o de las romer\u00edas de Santo Domingo, Justibaso, Tetuane o la sondikatarra San Roque.<\/p>\n<p>Sirva lo aqu\u00ed escuetamente contado como homenaje a los <i>mahatsorri(s)<\/i> que nos han abandonado, especialmente a los m\u00e1s recientes que, aun sin ser nombrados, est\u00e1n en el recuerdo de todos. Y a los bego\u00f1eses-as que, con sus relatos en agradables ma\u00f1anas de conversaci\u00f3n est\u00e1n tejiendo la memoria viva de la anteiglesia, contribuyendo con ello a que no sea olvidada.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el pujante Bilbao de hace un siglo, los chacol\u00eds de Bego\u00f1a eran punto de encuentro para sus vecinos, los \u2018chimbos\u2019 Un reportaje de Amaia Mujika Go\u00f1i EN los alrededores de Bilbao el domingo de Pascua empezaba el espiche en los chacol\u00eds, una costumbre decimon\u00f3nica que sobrevivi\u00f3 hasta la explosi\u00f3n urban\u00edstica de 1960 al llevarse &hellip; <a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/2015\/06\/15\/los-chimbos-en-sus-chacolis\/\" class=\"more-link\">Sigue leyendo <span class=\"screen-reader-text\">Los \u2018chimbos\u2019 en sus chacol\u00eds<\/span><\/a><!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[37165],"tags":[37160,6405,59827,59828,59784],"class_list":["post-803","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-historias-de-los-vascos","tag-amaia-mujika-goni","tag-bilbao","tag-chacolis-de-begona","tag-chimbos","tag-historias-de-los-vacos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/803","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=803"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/803\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":805,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/803\/revisions\/805"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=803"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=803"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=803"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}