{"id":823,"date":"2015-07-20T13:18:42","date_gmt":"2015-07-20T11:18:42","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.com\/historiasdelosvascos\/?p=823"},"modified":"2015-07-20T13:18:42","modified_gmt":"2015-07-20T11:18:42","slug":"el-bombardeo-de-otxandio-segun-el-general-salas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/2015\/07\/20\/el-bombardeo-de-otxandio-segun-el-general-salas\/","title":{"rendered":"El bombardeo de Otxandio seg\u00fan  el general Salas"},"content":{"rendered":"<p><em>M\u00e1s de medio centenar de personas, muchas de ellas ni\u00f1os, murieron el 22 de julio de 1936 en el bombardeo sobre Otxandio de aviones cuyos pilotos las atrajeron a la plaza. El general Salas manipular\u00eda luego la realidad de la masacre.<\/em><\/p>\n<p>Un reportaje de<strong> Xabier Irujo<\/strong><\/p>\n<p><span style=\"text-transform: uppercase;\">E<\/span>L 22 de julio de 1936, mi\u00e9rcoles, dos <i>Breguet Br.19<\/i> con insignias republicanas procedentes del aer\u00f3dromo de Recajo, situado a unos diez kil\u00f3metros al este de Logro\u00f1o, aparecieron sobre Otxandio. Tal como expres\u00f3 un testigo del bombardeo, citado por Gabriel Otalora, \u201cera el cuarto d\u00eda del levantamiento militar franquista. Estando el pueblo en plenas fiestas de la patrona, volaron sobre \u00e9l a eso de las nueve de la ma\u00f1ana unos aviones a regular altura, m\u00e1s bien baja, ya que casi tocaban la torre de la iglesia. Dieron varias vueltas al pueblo. Los pilotos saludaban con las manos a la gente que absorta les contemplaba y aclamaba\u201d.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/blogs.deia.com\/historiasdelosvascos\/files\/2015\/07\/import_7900841.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" size-full wp-image-824 aligncenter\" src=\"http:\/\/blogs.deia.com\/historiasdelosvascos\/files\/2015\/07\/import_7900841.jpg\" alt=\"import_7900841\" width=\"384\" height=\"373\" \/><\/a><\/p>\n<p>Carmelo Bernaola corrobor\u00f3 que, volando a la altura del campanario de Santa Marina, los pilotos atrajeron mediante gestos a un nutrido n\u00famero de ni\u00f1os que, como hab\u00eda ocurrido en d\u00edas anteriores, esperaban una lluvia de cuartillas gritando \u201cPapelak die!, papelak die!\u201d (\u201c\u00a1Octavillas, octavillas!\u201d). Tras practicar varias vueltas a unos setenta metros de altura, bombardearon y ametrallaron el centro urbano. Si bien los menores desconoc\u00edan el significado de la guerra ni sab\u00edan en qu\u00e9 consist\u00eda un bombardeo de terror, a esa altura los pilotos eran conscientes de que las v\u00edctimas eran civiles porque los ve\u00edan perfectamente. Lo hicieron durante unos 25 minutos, ejecutando repetidas pasadas y lanzando todas las bombas que portaban.<\/p>\n<p>Jos\u00e9 Antonio Maurolagoitia, m\u00e9dico de Otxandio, fue uno de los primeros en llegar al lugar: \u201cSal\u00ed a la calle dirigi\u00e9ndome a la plaza Andicona. Nada m\u00e1s terrible a pesar de haber asistido, dado el car\u00e1cter de mi profesi\u00f3n, a episodios doloros\u00edsimos, que la visi\u00f3n de la plaza Andicona. No eran los tejados desvencijados, ni las l\u00edneas el\u00e9ctricas derribadas. Era algo m\u00e1s grave y m\u00e1s terrible; era el dolor humano. Gente despedazada, ni\u00f1os mutilados, mujeres decapitadas. Eran los gritos de los aldeanitos, en euzkera, suplic\u00e1ndome que los curara; era el torrente de sangre que corr\u00eda hacia el agua de la fuentecilla que se levanta en la mitad de la plaza. Requer\u00ed el auxilio de algunos, que me fue prestado urgentemente y con toda solicitud. Con s\u00e1banas, con tiras de s\u00e1banas, proced\u00ed a realizar curas urgentes. Hab\u00eda algunos, muchos, que por desgracia, no necesitaban nada. Hab\u00edan perecido segados por la metralla b\u00e1rbara de muchas bombas arrojadas dos veces. Otros ni\u00f1os y ni\u00f1as, con extremidades colgando, recurr\u00edan a m\u00ed con frases euzkericas que todav\u00eda tengo clavadas en mi coraz\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>Diversos testimonios lo corroboran: \u201cCuando se alejaron los aviones, pasamos por el lugar del bombardeo. Sin poder reconocer a los familiares, muy desfigurados, vimos muertos aplastados contra la pared, algunos cortados por la cintura, otros sin cabeza\u201d. Tambi\u00e9n el corresponsal del diario <i>Euzkadi<\/i> escribi\u00f3: \u201cUnos grandes charcos de sangre que nadie se ha preocupado de hacer desaparecer y varios restos humanos: un trozo de cabeza, unos dedos, masa encef\u00e1lica pegados a las piedras y a la fuente, dan macabra impresi\u00f3n a un lugar que es de suyo alegre y reidor\u201d.<\/p>\n<p>\u00c9ste fue el primer bombardeo a\u00e9reo sobre suelo vasco de la guerra, y de la historia de Euskadi. El rotativo <i>Euzkadi<\/i> ofreci\u00f3 una primera lista de v\u00edctimas: 39 muertos, 27 identificados y doce sin identificar, adem\u00e1s de un n\u00famero indeterminado de fragmentos humanos. <i>El Liberal<\/i>, <i>El Nervi\u00f3n<\/i> y <i>El Noticiario Bilba\u00edno<\/i> publicaron un d\u00eda m\u00e1s tarde el registro de las v\u00edctimas mortales del hospital de Basurto: ocho muertos y 24 heridos. Dos a\u00f1os m\u00e1s tarde, el Gobierno de Euskadi cifr\u00f3 en 57 las v\u00edctimas mortales del bombardeo de Otxandio. La cifra era muy precisa. Tras estudiar los registros de Otxandio y Ma\u00f1aria, el archivo del hospital civil de Bilbao, el archivo municipal de Durango, el archivo Irargi, la prensa de la \u00e9poca y, diversos testimonios orales y escritos, Jon Irazabal dio en 2006 la n\u00f3mina de 57 personas fallecidas en su obra <i>Otxandio Gerra zibilean <\/i>(Durango: Gerediaga Elkartea, 2003 &amp; 2006). Cinco a\u00f1os m\u00e1s tarde, Zigor Olabarria en su libro <i>Gerra Zibila Otxandion<\/i> (Donostia: Eusko Ikaskuntza, 2011) registr\u00f3 la n\u00f3mina de 61 v\u00edctimas mortales.<\/p>\n<p>Tal como expres\u00f3 Olabarria, 45 de las v\u00edctimas eran civiles; cinco, milicianos; cuatro, soldados, y no existen datos sobre los otros siete. Esto es, al menos un 73,77% de las v\u00edctimas eran civiles. 24 eran menores de edad, un 39% del total. 16 de los muertos eran de menos de 10 a\u00f1os (26%).<\/p>\n<p>As\u00ed describi\u00f3 el episodio Jes\u00fas Salas en la p\u00e1gina 96 de su obra <i>Guerra a\u00e9rea: 1936\/39<\/i>: \u201cEl 22 de julio los <i>Breguet XIX<\/i> de Logro\u00f1o destruyeron la moral combativa de las columnas bilba\u00ednas que pretend\u00edan acercarse a Vitoria. El capit\u00e1n [\u00c1ngel] Salas despeg\u00f3 por la ma\u00f1ana de Agoncillo con la misi\u00f3n de reconocer Bilbao y San Sebasti\u00e1n, y a su paso por Ochandiano descubri\u00f3 varios camiones llenos de soldados y milicianos, a los que bombarde\u00f3; logr\u00f3 varios impactos directos y caus\u00f3 un gran descalabro y una total confusi\u00f3n. Salieron despu\u00e9s de Agoncillo nuevos <i>Breguet<\/i>, entre ellos los pilotados por \u00c1lvarez Pardo y Mu\u00f1oz y por los capitanes Gregorio G\u00f3mez Mart\u00edn y Jes\u00fas Calder\u00f3n, que remataron la acci\u00f3n de Salas. La prensa de Bilbao public\u00f3 listas de bajas en las que figuran siete muertos y 23 heridos. De los muertos citados, uno era soldado y tres probablemente milicianos, completando la relaci\u00f3n una mujer y dos ni\u00f1as; en cuanto a los heridos, uno era teniente, cinco soldados, quince varones entre 16 a 30 a\u00f1os (probablemente milicianos), tres de m\u00e1s de 35 a\u00f1os y dos mujeres (una joven y una ni\u00f1a). A partir de este ataque a\u00e9reo no volver\u00eda a o\u00edrse hablar de la toma de Vitoria hasta el mes de noviembre\u201d (Madrid: Instituto de Historia y Cultura Aeron\u00e1uticas, 1998).<\/p>\n<p><span class=\"MayusculasNegrita\">Toda una lecci\u00f3n de poes\u00eda \u00e9pica <\/span>S\u00ed que es cierto que el 22 de julio el piloto \u00c1ngel Salas parti\u00f3 del aer\u00f3dromo de Recajo para bombardear Otxandio, pero no lo hizo solo. El autor no precisa qui\u00e9n dio la orden de ataque y no describe un \u00fanico bombardeo sino que lo divide en dos, pero no establece con precisi\u00f3n cu\u00e1ntos aviones participaron en el segundo ataque -que nadie ha registrado sino \u00e9l- ni explica si fueron cuatro aparatos tripulados por un \u00fanico piloto cada uno o dos aparatos gobernados por dos tripulantes. Tampoco establece qu\u00e9 significa exactamente \u201csalieron despu\u00e9s\u201d. No aclara c\u00f3mo sabe que los citados camiones estaban llenos de soldados y milicianos ni c\u00f3mo, habiendo tantos combatientes, Salas vol\u00f3 tan bajo. Y, fundamentalmente, reduce dr\u00e1sticamente la cifra de v\u00edctimas mortales dando a entender que la mayor parte de las mismas fueron soldados, desdibujando as\u00ed la naturaleza del ataque. Esto es algo a lo que el autor nos tiene acostumbrados cuando escribe sobre Durango, Gernika y otros bombardeos. Llama la atenci\u00f3n, no obstante, la forma en que lo hace: no afirma que fueran siete los muertos, aunque \u00e9sa es la impresi\u00f3n que quiere dar al escribir que la prensa public\u00f3 \u201clistas de bajas en las que figuran siete muertos\u201d. Deja a otros la responsabilidad de afirmar que los muertos fueron siete. Asimismo, exime a su hermano \u00c1ngel de la masacre al indicar que fueron los <i>Breguet<\/i> del segundo grupo los que \u201cremataron\u201d la \u201cacci\u00f3n\u201d de aqu\u00e9l.<\/p>\n<p>El autor evita dar detalles del ataque porque, tal como explic\u00f3 a Southworth en cierta ocasi\u00f3n, considera que se trata de datos \u201ctremendistas\u201d. En general, omite advertir al lector de que:<\/p>\n<p>A) Los pilotos sobrevolaron varias veces Otxandio atrayendo con sus gestos al mayor n\u00famero de civiles que esperaban la lluvia de panfletos.<\/p>\n<p>B) Habiendo congregado en Andikona a un buen n\u00famero de gente, atacaron desde menos de 70 metros, conociendo perfectamente que en su mayor\u00eda eran civiles, muchos de ellos menores de edad.<\/p>\n<p>C) A pesar de todo, atacaron durante cerca de 25 minutos, lanzando todas las bombas (el <i>Breguet<\/i> pod\u00eda cargar hasta 472 kgs. de explosivo).<\/p>\n<p>D) Tras la masacre, los pilotos dieron una vuelta m\u00e1s sobre Otxandio porque no exist\u00eda fuego antia\u00e9reo ni ten\u00edan nada que temer.<\/p>\n<p>Afirmando que a partir de \u201cese ataque a\u00e9reo\u201d (evita la palabra \u201cbombardeo\u201d) \u201cno volver\u00eda a o\u00edrse hablar de la toma de Vitoria hasta el mes de noviembre\u201d da la impresi\u00f3n de que en efecto exist\u00eda un plan para conquistar la capital alavesa, pero no aporta documento alguno que lo avale.<\/p>\n<p>En suma, Jes\u00fas Salas disfraza la atrocidad de acci\u00f3n t\u00e1ctica de gran calado estrat\u00e9gico. Y, a fin de evitar caer en el tremendismo, afirma que el bombardeo \u201ccaus\u00f3 un gran descalabro y una total confusi\u00f3n\u201d pero evita explicar cu\u00e1l es el significado de esas palabras en este contexto. Y \u00e9sta es una grave omisi\u00f3n. Significa que todos los miembros de la familia Aldai Kapanaga murieron aquel 22 de julio: junto con Bixente y Feliciana, murieron sus hijos Juan, Francisco Javier e Irene. Con nueve, siete y cinco a\u00f1os de edad, los hermanos Sabin, I\u00f1aki y Justo Lasuen murieron en el bombardeo. Jon y Miren Lasuen, primos de los anteriores, perdieron a sus dos hermanos y a su padre. Nikolasa Belakortu y Tomas Aspe dejaron seis hijos hu\u00e9rfanos. Sabina Oianguren qued\u00f3 viuda. El reportero del diario <i>Euzkadi<\/i> afirm\u00f3 que Sabina ten\u00eda la mirada perdida. Hab\u00eda perdido a su marido, Emeterio Garces, y a cuatro de sus cinco hijos: Pedro, Juan Manuel, Teodoro y Mar\u00eda Mercedes. El mayor ten\u00eda 13 a\u00f1os.<\/p>\n<p>La descripci\u00f3n de Salas es err\u00f3nea y tambi\u00e9n equ\u00edvoca, propia de una corriente historiogr\u00e1fica reduccionista heredera de las corrientes negacionistas de la dictadura. Pero, m\u00e1s all\u00e1 de la cruzada historiogr\u00e1fica que contra los <i>mitos de la historia<\/i> han emprendido este y otros autores de muy diversos colores bajo el denominador com\u00fan de <i>revisionistas<\/i>, se esconde una deontolog\u00eda corrompida: negando, reduciendo o desdibujando el pasado se sepulta la memoria de las v\u00edctimas de \u00e9stas y otras atrocidades, neg\u00e1ndoseles de este modo el derecho a la memoria, a ser recordadas despu\u00e9s de haber sido asesinadas y de que muchas veces sus restos fueran inhumados en fosas sin nombre. Esto, que en algunos pa\u00edses constituye un delito, en otros se premia.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>M\u00e1s de medio centenar de personas, muchas de ellas ni\u00f1os, murieron el 22 de julio de 1936 en el bombardeo sobre Otxandio de aviones cuyos pilotos las atrajeron a la plaza. 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