{"id":942,"date":"2016-03-24T10:00:52","date_gmt":"2016-03-24T09:00:52","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.com\/historiasdelosvascos\/?p=942"},"modified":"2016-03-20T17:36:56","modified_gmt":"2016-03-20T16:36:56","slug":"ohazeru-cama-bajo-el-cielo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/2016\/03\/24\/ohazeru-cama-bajo-el-cielo\/","title":{"rendered":"Ohazeru, cama bajo el cielo"},"content":{"rendered":"<p><strong>Los muebles, y entre ellos las camas, han sido en la \u0007tradici\u00f3n familiar vasca entroncada en la vida del caser\u00edo bienes a transmitir de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n, convirti\u00e9ndose en muchos casos en verdaderas obras de arte<\/strong><\/p>\n<p><em>Un reportaje de Amaia Mujika y Pedro Erice<\/em><\/p>\n<figure id=\"attachment_943\" aria-describedby=\"caption-attachment-943\" style=\"width: 580px\" class=\"wp-caption alignnone\"><a href=\"http:\/\/blogs.deia.com\/historiasdelosvascos\/files\/2016\/03\/ohe0001.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-943\" src=\"http:\/\/blogs.deia.com\/historiasdelosvascos\/files\/2016\/03\/ohe0001-580x369.jpg\" alt=\" Caser\u00edos en Mungialde. Foto: Euskal Museoa, Bilbao.\" width=\"580\" height=\"369\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/files\/2016\/03\/ohe0001-580x369.jpg 580w, https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/files\/2016\/03\/ohe0001-940x598.jpg 940w, https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/files\/2016\/03\/ohe0001.jpg 1000w\" sizes=\"auto, (max-width: 580px) 100vw, 580px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-943\" class=\"wp-caption-text\"><br \/>Caser\u00edos en Mungialde. Foto: Euskal Museoa, Bilbao.<\/figcaption><\/figure>\n<p>En la sociedad tradicional, el mobiliario de una casa es la suma de los ejemplares llegados en los sucesivos arreos con cada nuevo matrimonio y, por tanto, imagen de prestigio social para la familia. Raz\u00f3n por la que en el espacio dom\u00e9stico cohabitan formas y estilos en funci\u00f3n de las modas, los vaivenes econ\u00f3micos de la familia o incluso de la procedencia o el taller de fabricaci\u00f3n. Los muebles son adem\u00e1s un bien familiar a transmitir, aunque su lugar y preeminencia dentro del espacio dom\u00e9stico vayan cambiando con el paso del tiempo y las necesidades familiares. As\u00ed, al morir los abuelos su cama se convierte en la de los nietos y el arca de ropa estropeada por el tiempo se saca de la habitaci\u00f3n y se destina a contener grano. Un equipamiento que, siendo de producci\u00f3n espec\u00edficamente masculina est\u00e1 s\u00f3lidamente unido a la mujer, que lo trae, lo usa, lo cuida e incluso le dota de una nueva vida \u00fatil cuando se deteriora o pierde aquella funci\u00f3n para la que fue construido.<\/p>\n<p>La mujer, al casarse, aportar\u00e1 al matrimonio, al menos, una cama completa, una cuna y un contenedor con el ajuar textil, expresi\u00f3n de sus futuros deberes como esposa y madre. En la nueva casa, la cama y el arca se colocar\u00e1n en el \u00fanico espacio privado del que dispondr\u00e1 el matrimonio, la habitaci\u00f3n de dormir, estancia donde guardar\u00e1n adem\u00e1s la ropa blanca, la de vestir y las contadas pertenencias personales de ambos, mientras que la cuna se subir\u00e1 al camarote hasta que su funci\u00f3n, con la llegada del primer hijo, lo requiera. En la b\u00fasqueda de uno de estos tesoros de lo cotidiano, tan familiares y al tiempo tan lejanos para la actual sociedad de consumo, en la que todo es desechable o reemplazable en funci\u00f3n de la econom\u00eda familiar, vamos a visitar uno de los valles septentrionales de Bizkaia y, viajando hacia atr\u00e1s en el tiempo, vamos a cruzar el umbral de sus antiguos caser\u00edos, hoy sustituidos por enormes y despersonalizados chalets para descubrir una singular cama policromada de dosel. Un mueble que, construido y usado por sus moradores durante m\u00e1s de cien a\u00f1os, hoy casi ha desaparecido en su lugar de origen y, en cambio, es objeto de deseo para coleccionistas y anticuarios.<\/p>\n<figure id=\"attachment_944\" aria-describedby=\"caption-attachment-944\" style=\"width: 580px\" class=\"wp-caption alignnone\"><a href=\"http:\/\/blogs.deia.com\/historiasdelosvascos\/files\/2016\/03\/cmaas.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-944\" src=\"http:\/\/blogs.deia.com\/historiasdelosvascos\/files\/2016\/03\/cmaas-580x526.jpg\" alt=\"Cama del caser\u00edo Mentxaka, barrio Elgezabal, Mungia.  Foto: AMG \" width=\"580\" height=\"526\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/files\/2016\/03\/cmaas-580x526.jpg 580w, https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/files\/2016\/03\/cmaas-940x853.jpg 940w, https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/files\/2016\/03\/cmaas.jpg 1000w\" sizes=\"auto, (max-width: 580px) 100vw, 580px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-944\" class=\"wp-caption-text\">Cama del caser\u00edo Mentxaka, barrio Elgezabal, Mungia. Foto: AMG<\/figcaption><\/figure>\n<p>Las camas con dosel habituales en el mueble culto desde el siglo XVI, al igual que el resto del mobiliario dom\u00e9stico, se construyen con un fin utilitario y, por tanto, acordes con las condiciones de vida de sus destinatarios. En nuestro caso hay que tener en cuenta que hasta muy entrado el siglo XX, el \u00fanico espacio confortable del caser\u00edo era la cocina donde se encontraba el hogar en torno al que se reun\u00eda y depart\u00eda la familia. Las anexas alcobas de dormir, separadas del camarote o el pajar superior por un simple techo de tabla por el que se colaba el polvo, y las permanentes corrientes de aire que entraban por puertas y ventanas sin aislamiento ni cristal, las convert\u00eda en estancias fr\u00edas y h\u00famedas. Para paliar estas condiciones de vida fue habitual cubrir el techo situado sobre la cama con un lienzo llamado guardapolvo, utilizar gruesos cobertores y, por supuesto, repasar con un calentador el interior de la cama, eliminando as\u00ed la humedad de las s\u00e1banas. Las camas policromadas de dosel, que hoy vamos a conocer, son la sorprendente y expresiva soluci\u00f3n local dada por sus art\u00edfices a las necesidades de sus convecinos. Una imagen ins\u00f3lita muy alejada de la sobriedad mon\u00f3tona que se atribuye a la carpinter\u00eda tradicional que si en alg\u00fan caso presenta un acabado de color \u00e9ste se limita al negro, bien por la acci\u00f3n de d\u00e9cadas de humo, bien por el obligado tintado inducido por el luto.<\/p>\n<p>Ohazeru Estas camas, a las que sus antiguos due\u00f1os denominan ohazeru, ohezeru, obazeru, ogazeru\u2026, en clara referencia al cielo que las cubre, son originarias del valle formado por la cuenca del r\u00edo Butr\u00f3n que inicia su recorrido de treinta kil\u00f3metros hasta el mar en Morga, a los pies del monte Bizkargi, atraviesa Rigoitia, Fruniz, Arrieta y Gamiz, en direcci\u00f3n a Mungia, contin\u00faa hasta Me\u00f1aka y Larrauri, y se dirige a Maruri, Jatabe y Gatika, pasando por Laukiz y Urduliz antes de desembocar en Plentzia. Pero al estar destinadas al arreo de las mujeres casaderas se localizan tambi\u00e9n fuera del valle, como lo demuestran las llegadas por matrimonio a Galdakao, Sodupe, Ziordia o Lezama. A su vez la aportaci\u00f3n de, al menos, una cama por arreo generaba la existencia coet\u00e1nea en los caser\u00edos, de dos, tres y hasta cuatro ejemplares con estructura y decoraci\u00f3n parecidas, pero de diferente mano y cronolog\u00eda, caso del caser\u00edo Elortegi Bekoa de Maruri-Jatabe con seis camas, cuatro de ellas policromadas, dos del arreo de Celestina Bilbao y la m\u00e1s moderna, del primer cuarto del siglo XX, tra\u00edda por Magdalena Agirre al casarse con el mayorazgo de la casa, Alejandro Elortegi.<\/p>\n<p>Son camas altas con los largueros elevados a unos sesenta cent\u00edmetros del suelo que, sumados el jerg\u00f3n y el colch\u00f3n, alcanzan en torno a los ochenta cent\u00edmetros de alto. Para salvar este inconveniente, algunos de sus usuarios recuerdan el uso de una banqueta que, de d\u00eda se guardaba bajo la cama. Las medidas aproximadas del lecho son 185&#215;130 cent\u00edmetros, es decir camas de matrimonio, pero cortas para los est\u00e1ndares actuales. Esto \u00faltimo puede tener relaci\u00f3n con la media de altura poblacional que ha ido aumentando con la mejora de las condiciones de vida, pero el hecho de que muchas de ellas presenten la parte interior del piecero con la pintura desgastada por los pies de sus antiguos ocupantes, hace pensar que al construirlas lo importante no eran sus futuros destinatarios sino el de erigirse en el principal elemento del arreo.<\/p>\n<p>Utilizadas a partir de mediados del siglo XIX est\u00e1n hechas por carpinteros locales que, en una sociedad aut\u00e1rquica como la nuestra, hab\u00eda en todos los pueblos, unos con m\u00e1s destreza que otros, pero todos \u00fatiles para cubrir las necesidades de la comunidad. Hay pocos rastros de ellos y su oficio, pero algunos quedan, como el recuerdo de un constructor de camas, en Arrieta, que luego pintaba su mujer, o los nombres de Sime\u00f3n de Guezuraga y Orue (24-3-1868) en Morga, que es conocido por firmar el travesa\u00f1o de una de sus camas o Florentino Echevarria Zubiaur (14-3-1868) que constru\u00eda camas en su taller del caser\u00edo Bekoetxe, en Me\u00f1aka, y al que ayud\u00f3 siendo ni\u00f1o su nieto y sucesor en el oficio I\u00f1aki Llona, quien a sus 95 a\u00f1os todav\u00eda recuerda c\u00f3mo se armaban y pintaban estas camas dejadas de fabricar en torno a la guerra civil.<\/p>\n<p>Maderas de casta\u00f1o y pino Construidas en madera de casta\u00f1o, pino para los largueros y maderas poco densas como el chopo para el dosel, est\u00e1n integradas por un alto cabecero recortado con forma de arco de medio punto y un piecero de tablero rectangular, ambos ensamblados a los altos pies, que soportan a unos dos metros el dosel. Las distintas partes de la cama est\u00e1n armadas por tablas machihembradas y aseguradas por travesa\u00f1os traseros. La madera est\u00e1 pintada en color naranja o rojo, sobre estuco, y la decoraci\u00f3n de motivos geom\u00e9tricos y figurativos se localizan principalmente en el cabezal y en el dosel, repitiendo ambos la roseta central en vivos colores: blanco, azul, amarillo, verde, rojo y negro, a partir de pigmentos artificiales en polvo adquiridos en droguer\u00edas bilbainas como Barandiaran y C\u00eda., utilizando la cola de conejo como aglutinante.<\/p>\n<p>La decoraci\u00f3n suele estar distribuida sim\u00e9tricamente en torno a un motivo central en forma de estrella o flor lobulada de seis a doce puntas inscrita en c\u00edrculos conc\u00e9ntricos, abrazada por estilizados \u00e1rboles de la vida y helechos y, en algunos casos, flanqueada por p\u00e1jaros o jarrones de flores. Una ornamentaci\u00f3n sencilla e ingenua de significado posiblemente desconocido para sus autores, pero cargada con una fuerte simbolog\u00eda m\u00e1gico-protectora del lecho conyugal y de lo que en ella se desarrolla; la vida y la muerte, representada en la roseta central, emblema de las fuerzas regeneradoras y fertilizantes de la Madre Tierra; el \u00e1rbol de la vida atributo del eterno retorno y de la comunicaci\u00f3n entre el cielo y la tierra; el helecho por su gran poder sanador, el jarr\u00f3n ense\u00f1a de lo femenino y el p\u00e1jaro, imagen de la mujer como iniciadora y protectora de la familia.<\/p>\n<p>En la habitaci\u00f3n, las camas aparecen arrimadas a la pared, colocada en el \u00e1ngulo, y convenientemente vestidas en concordancia con su ubicaci\u00f3n esquinera. El lecho est\u00e1 integrado por un jerg\u00f3n de perfolla de ma\u00edz, lastaira, colch\u00f3n de lana, lastamarraga, y almohada, buruko. La ropa de cama confeccionada en lino consta de s\u00e1bana bajera y un edred\u00f3n de lana o plum\u00f3n cuya funda, ohazala, presenta un lateral ornamentado con bordado a punto de cruz en azul, a juego con el de la almohada. Del dosel, cuelga en los dos lados que quedan a la vista, una banda de tela de unos treinta cent\u00edmetros de largo, estampada durante la semana y blanca para los domingos, denominado erresela rematada con borlas. Sin embargo, llama la atenci\u00f3n que, con excepci\u00f3n de una tabla policromada con tejadillo y motivo cristiano, utilizada a modo de altarcito con repisa para devocionarios, el resto de los muebles de la alcoba, no presentan policrom\u00eda. Es m\u00e1s, se puede decir que son iguales a los utilizados en el resto del pa\u00eds como las cl\u00e1sicas arcas con el frente y el fald\u00f3n tallados.<\/p>\n<p>El hecho de que las camas que conocemos se encuentren a menudo incompletas o integradas con elementos de distinta cronolog\u00eda, se debe a que provienen de una econom\u00eda autosuficiente donde todo se reutiliza. As\u00ed, la cama estropeada por el uso se repinta o el dosel destrozado por las goteras es sustituido por uno nuevo para al arreo de alg\u00fan hijo\/hija en edad de casar o en el \u00faltimo de los casos es desarmada y sus tablas utilizadas en los arreglos de la casa, habiendo sido frecuente descubrirlas como paramento de cuadras y pajares. Algunos de estos ejemplares llegaron en los 80 al Museo Vasco de Bilbao y con ellos la curiosidad por saber de sus autores y propietarios. Treinta a\u00f1os despu\u00e9s seguimos aprendiendo porque a trav\u00e9s del conocimiento de las obras del pasado, a\u00fan de los m\u00e1s sencillos y cotidianos, se pueden entender y explicar los cambios producidos en la sociedad y su percepci\u00f3n del mundo, as\u00ed como romper con algunos estereotipos sobre la cultura tradicional.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los muebles, y entre ellos las camas, han sido en la \u0007tradici\u00f3n familiar vasca entroncada en la vida del caser\u00edo bienes a transmitir de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n, convirti\u00e9ndose en muchos casos en verdaderas obras de arte Un reportaje de Amaia Mujika y Pedro Erice En la sociedad tradicional, el mobiliario de una casa es la &hellip; <a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/2016\/03\/24\/ohazeru-cama-bajo-el-cielo\/\" class=\"more-link\">Sigue leyendo <span class=\"screen-reader-text\">Ohazeru, cama bajo el cielo<\/span><\/a><!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[37165],"tags":[79308,8890,79304,27935,79305],"class_list":["post-942","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-historias-de-los-vascos","tag-ajuar","tag-baserri","tag-cama","tag-caserio","tag-muebles"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/942","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=942"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/942\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":945,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/942\/revisions\/945"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=942"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=942"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/historiasvascas\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=942"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}