{"id":1550,"date":"2011-09-14T00:24:20","date_gmt":"2011-09-13T22:24:20","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.com\/inutilmanual\/?p=1550"},"modified":"2011-09-14T00:24:20","modified_gmt":"2011-09-13T22:24:20","slug":"el-arte-de-la-promesa-politica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/2011\/09\/14\/el-arte-de-la-promesa-politica\/","title":{"rendered":"El arte de la promesa pol\u00edtica"},"content":{"rendered":"<p>Para que Jonathan Swift pudiera escribir su c\u00e9lebre ensayo sobre \u00abEl arte de la mentira pol\u00edtica\u00bb fue menester que ya en su \u00e9poca, la denominada por Enrique de Diego \u00abCasta parasitaria\u00bb se destacase principalmente por una habilidad que hasta entonces le estaba reservada al comerciante, cu\u00e1l es, la de engatusar, embaucar, enga\u00f1ar, estafar y sucesivos en la cadena idiom\u00e1tica fronteriza con la ciencia de la impostura y el disimulo, en tiempos predemocr\u00e1ticos para vender gato por liebre en el mercado y en democracia para hacerse con los votos que dan acceso al libre manejo de los caudales p\u00fablicos, que no otra cosa interesa a esos piquitos de oro. Sin embargo, actualmente si por algo distinguimos a un especimen de esta clase chupoptera, no es tanto por las mentiras en las que les pillamos, cuanto por el n\u00famero de promesas que son capaces de emitir en campa\u00f1a electoral y de incumplir durante el resto de la legislatura. Podr\u00eda decirse entonces que es necesario reflexionar sobre esta otra vertiente de su quehacer y plantearnos como trabajan el arte de la promesa pol\u00edtica. <\/p>\n<p>Una promesa, se fundamenta en la intenci\u00f3n sincera por parte de quien la profiere de darle cumplimiento. De ah\u00ed, que seamos due\u00f1os de nuestros silencios y esclavos de nuestras palabras y que los pol\u00edticos hilen cada vez m\u00e1s fino para evitar comprometerse utilizando toda suerte de frasolog\u00eda tautol\u00f3gica y terminolog\u00eda ambigua rimbombante. Porque, como bien sabemos todos, la promesa a diferencia de un deseo, est\u00e1 sujeta a verificaci\u00f3n en la realidad, de modo que, si la misma no se realiza positivamente, el interlocutor tiene todo el derecho del hablante a buscar una explicaci\u00f3n cuando menos o a emitir en su vagancia una acusaci\u00f3n de fraude con la esperanza de que en su defensa se la ofrezca quien ha efectuado la promesa. Ante una promesa que no se cumple, pueden ofrecerse varias explicaciones: la m\u00e1s socorrida es la que todav\u00eda usan los cristianos para justificar que a\u00fan se siga esperando el regreso victoriosos de nuestro se\u00f1or Jesucristo, cuando su vuelta parec\u00eda inminente, a saber: \u00abQue no se haya cumplido hasta ahora, no significa que no se cumplir\u00e1\u00bb Por eso nuestros pol\u00edticos ya no emiten promesas a plazo fijo, para evitar entramparse con el calendario. Una segunda explicaci\u00f3n a tan extendido fen\u00f3meno la hallamos, en el famoso cambio de escenario; Seg\u00fan parece, el contexto en el que se emite una promesa justifica que esta no se cumpla cuando cambia la circunstancia en que fue proferida. Esta red psicol\u00f3gica, permite a todo pol\u00edtico decir una cosa en la oposici\u00f3n y la contraria gobernando, pues no hay mayor contexto para un hablante que promete, que su propia condici\u00f3n y evidentemente para un sujeto que promete fuera del poder y despu\u00e9s ha de cumplir su promesa en el Gobierno, ciertamente ha cambiado su contexto. Una tercera<br \/>\nexcusa muy esgrimida a la hora de dar cuenta de una promesa no cumplida consiste en reconocer la dificultad t\u00e9cnica de su cumplimiento. El prometedor, no renuncia a su promesa e incluso la mantiene con m\u00e1s fuerza si cabe, s\u00f3lo necesita m\u00e1s tiempo para poderla sacar adelante, cosa que normalmente a un gobernante le vale para su reelecci\u00f3n, pues la gente reacciona como cuando ha llegado a la mitad del paso de peatones y este se pone en rojo, o sea, \u00a1Tira para adelante! Y por \u00faltimo, para no aburrir con esta disecci\u00f3n mental, una cuarta manera de dar raz\u00f3n del no cumplimiento de una promesa, consiste en reconocer la propia ignorancia del prometiente cuando se efectu\u00f3 la promesa de que la misma era imposible de cumplir. Cuando un pol\u00edtico llega a este extremo, suele dar tambi\u00e9n excelentes r\u00e9ditos electorales, pues le hace m\u00e1s humano ante su gente e incluso levanta admiraci\u00f3n entre sus adversarios por su sinceridad, no faltando quien le tenga por ingenuo, impresi\u00f3n que resulta fatal para conocer la aut\u00e9ntica verdad que se esconde tras una promesa electoral:Que la mentira vuela, mientras la verdad se arrastra.<\/p>\n<p>Pues bien, el hecho de que en pol\u00edtica, la tardanza en el cumplimiento de una promesa no le suponga al responsable de la misma ninguna merma en sus ingresos como le sucede a todo proveedor que no entrega a tiempo su mercancia, a todo transportista que no llega a tiempo a su lugar de descarga, a todo aut\u00f3nomo que no se pone al d\u00eda con hacienda&#8230;la negligencia de no haber previsto un cambio de escenario en un terreno en constante evoluci\u00f3n como son los asuntos sociales, no les supongan a quienes emiten constantemente promesas sobre los mismos, ser sancionados o despedidos como ocurre con los m\u00e9dicos que han hecho un mal diagn\u00f3stico, los gerentes de hotel que no tuvieron en cuenta las fiestas en Alemania, el chofer de autob\u00fas que ante un trayecto largo no puso suficiente combustible&#8230;la falta de preparaci\u00f3n para el cargo al que se postulan no les lleve ante los tribunales por intromisi\u00f3n profesional ni se les acuse o multe por imprudencia o temeridad como se hace con los dentistas sin t\u00edtulo, los conductores borrachos, los policias que sacan su pistola en via p\u00fablica atestada de gente persiguiendo a un peat\u00f3n infractor&#8230;Y la ignorancia no les desprestigia ante la sociedad que les ha elegido precisamente porque confiaba en que s\u00ed sabian&#8230;contribuye sobremanera a que en nuestra democracia, se reedite el problema Malthusiano que preconizaba que mientras la producci\u00f3n de alimentos crecer\u00eda de modo aritm\u00e9trico, el n\u00famero de bocas a alimentar lo har\u00eda de modo geom\u00e9trico, s\u00f3lo que en nuestro caso, sucede a la inversa, pues mientras los electores somos capaces s\u00f3lo de creernos sus promesas de modo aritm\u00e9trico, ellos, los pol\u00edticos, continuan emiti\u00e9ndolas de modo geom\u00e9trico. Y como muestra comp\u00e1rense los dos millones de puestos de trabajo ofrecidos por Felipe Gonz\u00e1lez en las elecciones del 82 y los Tres millones y medio de empleos prometidos por Rajoy para los comicios del 20-N.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Para que Jonathan Swift pudiera escribir su c\u00e9lebre ensayo sobre \u00abEl arte de la mentira pol\u00edtica\u00bb fue menester que ya en su \u00e9poca, la denominada por Enrique de Diego \u00abCasta parasitaria\u00bb se destacase principalmente por una habilidad que hasta entonces le estaba reservada al comerciante, cu\u00e1l es, la de engatusar, embaucar, enga\u00f1ar, estafar y sucesivos &hellip; <a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/2011\/09\/14\/el-arte-de-la-promesa-politica\/\" class=\"more-link\">Sigue leyendo <span class=\"screen-reader-text\">El arte de la promesa pol\u00edtica<\/span><\/a><!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":16,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[155],"tags":[99676],"class_list":["post-1550","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general","tag-politica"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1550","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/wp-json\/wp\/v2\/users\/16"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1550"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1550\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1551,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1550\/revisions\/1551"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1550"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1550"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1550"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}