{"id":1741,"date":"2011-12-15T15:50:35","date_gmt":"2011-12-15T13:50:35","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.com\/inutilmanual\/?p=1741"},"modified":"2011-12-15T15:55:06","modified_gmt":"2011-12-15T13:55:06","slug":"ida-y-vuelta-al-hermitage","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/2011\/12\/15\/ida-y-vuelta-al-hermitage\/","title":{"rendered":"Ida y vuelta al Hermitage"},"content":{"rendered":"<p>\u00a0<\/p>\n<p>As\u00ed como los pobres hacen turismo acudiendo de compras a la quincena dedicada a la India en el Corte Ingl\u00e9s o yendo a comer a un chino los fines de semana, en estos tiempos de crisis, he decidido sustituir mi a\u00f1orado viaje a San Petersburgo y hacer el Transiberiano, por ir en Alvia hasta Madrid y pagar religiosamente los doce euros que cuesta la entrada a la exposici\u00f3n que El Prado, en colaboraci\u00f3n del Hermitage, ha tenido a bien ofrecer estos d\u00edas a modo de regalo de Navidad.<br \/>\nTras alojarme debidamente, apresur\u00e9 el paso en direcci\u00f3n al Museo con la ansiedad de encontrarme con viejos amigos a los que no he tenido oportunidad de conocer ni en pintura, s\u00f3lo por medio de reproducciones en libros o en diapositivas en clase. As\u00ed, pensando en el fest\u00edn impresionista, abstracto, vanguardista que me aguardaba a eso de las seis de la tarde, recorr\u00ed toda la Gran V\u00eda, no sin reparar en que a cada paso que daba, entre los centelleantes adornos de esta \u00e9poca del a\u00f1o, hombres anuncio vendiendo oro, chicas en las esquinas que si no lo val\u00edan, seguro que lo costaban, infinidad de puestos callejeros vendiendo loter\u00eda, espont\u00e1neos sali\u00e9ndome al encuentro para rellenar una encuesta, una ya no inusual presencia policial, destacando la municipal \u2013 si no me cruc\u00e9 con veinte durante el trayecto, no lo hice con ninguno \u2013 la omnipresente hilera de comercios y restaurantes en competencia desleal con el perenne tr\u00e1fico\u2026mirase a la izquierda o a la derecha, era imposible esquivar la molesta presencia de gente durmiendo en la calle recubiertos de cartones o enfundados en una manta.<br \/>\nHace tiempo que el fen\u00f3meno, no s\u00f3lo ha dejado de ser noticia, que hasta puede haberse convertido en imprescindible se\u00f1a de identidad para que una gran ciudad sea reconocida como tal, no digamos entonces, toda una capital europea que aspira a convertirse en sede Ol\u00edmpica, pues de no haberlos \u00a1Habr\u00eda que contratarlos! Pero esta vez, eran m\u00e1s que de costumbre en el santuario del despilfarro y el consumo en que se han convertido los centros de las junglas de asfalto.<br \/>\nEs verdad, que en esta ocasi\u00f3n, la postal humana no me impresion\u00f3 tanto como cuando hace veinte a\u00f1os vi por primera vez tras el ventanal del autob\u00fas pasando por la M-30, una especie de trogloditas New Age alojados en los entresijos de la autopista al m\u00e1s puro estilo Carpanta &#8211; a todo se hace uno &#8211; e incluso me agrada ver de cuando en cuando a alg\u00fan que otro desgraciado al objeto de no incurrir en lo que los Neoliberales han dado en bautizar \u201cRiesgo Moral Social\u201d de saberse rescatado en caso de extrema necesidad, salvo que seas un Banco, se sobre entiende.<br \/>\nCon todo, el contraste de una muchedumbre atiborr\u00e1ndose de hamburguesas y patas fritas, \u201cCoca Trola\u201d en mano, sin ning\u00fan pudor tras el escaparate del gigantesco \u201cMal Comas\u201d con las escenas entra\u00f1ables de los miserables navide\u00f1os que invitan a despertarnos los m\u00e1s c\u00e1lidos instintos cristianos, pegados a sus cristales como si vieran en la tele \u00bfQui\u00e9n vive ah\u00ed?, arranc\u00f3 en mi un impulso irrefrenable, parecido al que se parodia en la serie del detective \u201cMonc\u201d y sin pens\u00e1rmelo dos veces, di media vuelta, retroced\u00ed hasta la entrada del hotel y desde all\u00ed, reloj en mano, me dispuse a contar los \u201cSin Techo\u201d con los que me encontrara por la acera, al m\u00e1s puro estilo period\u00edstico de contabilizar victimas de carretera o mujeres muertas a manos de sus\u2026\u201damantes\u201d queda mal, \u201camigos\u201d, peor, mejor de sus asesinos.<br \/>\nSin hacer trampas, o sea, sin computar los que se adivinaba en la acera paralela, ni dar por buenos los que desde las calles colindantes entraban por el rabillo del ojo, con paso firme y decidido rescat\u00e9 de mi juventud la infantil costumbre de contar chicas guapas heredada de las ense\u00f1anzas del Conde Drako de Barrio S\u00e9samo, solo que esta vez aplicada a los vagabundos, aunque sin puntuarles, m\u00e1s que nada porque llevaba prisa para entrar a la Pinacoteca Nacional, pues no crean ustedes, que entre el Cuarto Mundo hay m\u00e1s igualdad que en el Primero, \u00a1Ni mucho menos! tambi\u00e9n hay diferencias como he podido constatar en esta investigaci\u00f3n de campo. No saben ustedes lo bien equipados que est\u00e1n los nuevos pobres en este pa\u00eds que va camino del subdesarrollo; Un poco m\u00e1s y podr\u00edan pasar por \u201cIndignados\u201d.<br \/>\nComo les dec\u00eda, en un recorrido que no tendr\u00e1 m\u00e1s de kil\u00f3metro y medio desde la salida del Metro en Gran V\u00eda, Pasando por Cibeles, hasta llegar a mi destino, para el que no precis\u00e9 \u2013 sem\u00e1foros de por medio &#8211; m\u00e1s de un cuarto de hora, contabilic\u00e9 entre las seis menos veinte y menos cinco, un total de cinco tumbados, seg\u00fan iba para el Prado.<br \/>\nPero una vez dentro de la c\u00e1rcel del Arte, hice un par\u00e9ntesis mental para quitarme de la cabeza la escoria humana de nuestra \u00e9tica y poder disfrutar del sublime espect\u00e1culo de la belleza est\u00e9tica. &#8211; Hasta cierto punto\u2026si los que sufren, sufren y los dem\u00e1s sufrimos por ellos, aqu\u00ed nadie se lo pasar\u00eda bien. En cualquier caso, durante esta m\u00eda en\u00e9sima visita a El Prado, me percat\u00e9 de un hecho singular que hasta este pasado Martes 13, me hab\u00eda pasado desapercibido, cu\u00e1l es, la ausencia total de pedig\u00fce\u00f1os entre cuadro y cuadro o de personas durmiendo en sus escasos bancos en el interior de estos edificios dedicados supuestamente a la cultura. Por primera vez, ca\u00eda en la cuenta de que en los museos, como en las zonas tur\u00edsticas, es donde mejor un peque\u00f1o burgu\u00e9s puede disfrutar de sus cada vez m\u00e1s peque\u00f1as libertades.<br \/>\nSabi\u00e9ndome a salvo de manos tendidas salidas de cualquier rinc\u00f3n, de miradas tristes que en \u201cEfecto Doppler\u201d me persiguen de horizonte en horizonte entrelazadas por las farolas, de voces cansinas suplicantes y dem\u00e1s atrezos de la mendicidad, me dispuse a pasear tranquilo entre las joyas del Hermitage en el coraz\u00f3n de Madrid. All\u00ed Patterson, Rembrandt, Rubens, C\u00e9zanne, Monet entre otros muchos colocados sabiamente al inicio para no incitar en demas\u00eda al arrebato de los amantes del Arte figurativo, evitando con ello innecesarias quejas al consumidor, que podr\u00edan derivarse de presentar el susto vanguardista que les puede suponer \u201cJuego de bolas\u201d o \u201cConversaci\u00f3n\u201d de Matisse, donde uno sobrelleva mejor la corrupci\u00f3n pol\u00edtica al enterarse s\u00fabitamente de la muerte del arte, si es que antes no se queda a cuadros mirando \u201cMujer sentada\u201d de Picasso.<br \/>\nPero la paz espiritual que proporciona la mirada contemplativa de la belleza, el \u00e9xtasis de los sentidos ante lo sublime, la percepci\u00f3n intelectual de hallarse uno ante lo Absoluto, no dur\u00f3 mucho: S\u00f3lo hasta las ocho. Terminada la visita a la exposici\u00f3n del Hermitage, me vi enfrentado a desandar el camino que me hab\u00eda llevado hasta all\u00ed, trecho que se me antoj\u00f3 ahora m\u00e1s cuesta arriba de lo que la f\u00edsica ser\u00eda capaz de aceptar como plausible, pues desaparecida la prisa y la ansiedad de visitar el museo, como que regresar al hotel no era lo mismo. S\u00f3lo una cosa me sirvi\u00f3 de entretenimiento haci\u00e9ndome m\u00e1s llevadero el regreso, a saber: contabilizar de nuevo los desgraciados que han de dormir al raso, para comprobar si hab\u00edan disminuido o aumentado.<br \/>\nMientras contaba gente tirada en el suelo, reflexionaba sobre la distancia que media entre la \u00c9tica y la Est\u00e9tica que aunque parezca absurdo, va m\u00e1s all\u00e1 que la diferencia fon\u00e9tica que media entre la Astronom\u00eda y la Gastronom\u00eda. Sea como fuere, el lapso de tiempo se me hizo corto porque seg\u00fan me acercaba al alojamiento, la marca anterior fue pulverizada de manzana en manzana, hasta llegar a la nada despreciable cantidad de 22 personas durmiendo en la acera, n\u00famero que da para montar un equipo de f\u00fatbol profesional o hacer una propaganda de la Loter\u00eda Nacional. \u00a1Estaba entusiasmado! Dado que, ya antes de entrar al museo naci\u00f3 en mi dar cuenta de todo ello y sobre la marcha fui construyendo este art\u00edculo que ahora les presento, por lo que no quedaba nada mal que la cifra lejos de mantenerse estable o disminuyera, hubiera subido tan espectacularmente en menos de tres horas.<br \/>\nEstando casi al lado de mi Hotel, en la Plaza del Carmen, observ\u00e9 bajo unos andamios un bulto sospechoso. Estuve por pasarlo por alto, pues en principio, no se ajustaba a lo estipulado. Ante el dilema de si sumarlos al c\u00f3mputo traicionando mi estad\u00edstica o por el contrario darles el visto bueno corrigi\u00e9ndola, decid\u00ed acercarme para comprobar si se trataba de un vagabundo m\u00e1s o si por el contrario, solo era algo de lo que en opini\u00f3n de la Concejal Ana Botella, deber\u00eda ocuparse la Brigada de Limpieza. No crean ustedes que fue tarea f\u00e1cil despejar la inc\u00f3gnita, entre lo oscuro que estaba aquello, la poca vista que tengo y que los muy sinverg\u00fcenzas se tapaban hasta la cabeza, casi me voy de all\u00ed sin contarles; \u00a1Menos mal! que la naturaleza nos ha dado pies y mantas cortas para poder adivinar que bajo aquellas con tres pies sobresaliendo, hab\u00eda no menos de dos personas.<br \/>\nEn ese momento me asaltaron infinidad de preguntas como por ejemplo \u00bf Est\u00e1n all\u00ed por su propia voluntad? \u00bfA caso por su mala vida? \u00bfPor qu\u00e9 no van a un albergue? \u00bfSon buena gente con mala suerte? \u00bfO por el contrario son mala gente que se merece estar como est\u00e1?&#8230;Acord\u00e1ndome de la sabia advertencia de Spinoza de que \u201cel preguntar no tiene fin\u201d me dispuse a cruzar la plaza, asalt\u00e1ndome la duda de si deb\u00eda o no ayudar a aquella pobre gente que iba a pasar la noche a la intemperie sin nada caliente que llevarse a la boca, mientras yo dormir\u00eda en una habitaci\u00f3n con cama limpia, ducha, televisi\u00f3n en color y conectado al WiFi. \u00a1No era justo! No era justo que alguien tan sensible como yo, tuviera que tenerles justo al lado. \u00bfD\u00f3nde estaban los Servicios Sociales madrile\u00f1os, me da igual que sean los de Zapatero, los de Rajoy, los de Gallard\u00f3n o los de Aguirre para apartarlos de mi presencia?<br \/>\nPero, pens\u00e1ndolo mejor, dado que de la tem\u00e1tica yo iba a sacar provecho escribiendo todo este art\u00edculo y el motivo de su malograda circunstancia particular venia que ni de perlas para destacar mi calidad como persona, tome la decisi\u00f3n de desempolvar mi instinto caritativo, compr\u00e1ndoles algo de fruta, embutidos, pan, galletas y cerveza en un supermercado cercano, bolsa a la que adjunt\u00e9 veinte euros extra en met\u00e1lico para que pudieran desayunar y comer algo caliente al d\u00eda siguiente. \u00a1Qued\u00e9 como Dios! Me dieron las gracias mil veces, pero no consent\u00ed que fuera a cambio de nada: me enter\u00e9 de que eran dos hermanos, que su madre hab\u00eda fallecido y la casa donde viv\u00edan se la hab\u00eda comido el banco, que no ten\u00edan sitio en los albergues, que no les permit\u00edan entrar en los bares\u2026.en fin, un melodrama al que solo faltaba el acento.<br \/>\nEsa noche dorm\u00ed a pierna suelta recordando haber estado cerca de los genios de la pintura y de haber tocado con la yema del dedo \u00edndice derecho el cuadro \u201cNegro sobre blanco\u201d de mi admirado Mal\u00e9vich. Pero sobre todo, de lo que m\u00e1s feliz me sent\u00eda, era de saberme una excelente persona, hasta el extremo de preguntarme \u00bfPor qu\u00e9 soy tan bueno? antes de cerrar los ojos.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 As\u00ed como los pobres hacen turismo acudiendo de compras a la quincena dedicada a la India en el Corte Ingl\u00e9s o yendo a comer a un chino los fines de semana, en estos tiempos de crisis, he decidido sustituir mi a\u00f1orado viaje a San Petersburgo y hacer el Transiberiano, por ir en Alvia hasta &hellip; <a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/2011\/12\/15\/ida-y-vuelta-al-hermitage\/\" class=\"more-link\">Sigue leyendo <span class=\"screen-reader-text\">Ida y vuelta al Hermitage<\/span><\/a><!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":16,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4269,155],"tags":[99678,4481,4480,540],"class_list":["post-1741","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-arte","category-general","tag-arte","tag-estetica","tag-etcia","tag-pobreza"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1741","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/wp-json\/wp\/v2\/users\/16"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1741"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1741\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1746,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1741\/revisions\/1746"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1741"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1741"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1741"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}