{"id":2492,"date":"2012-07-10T12:47:28","date_gmt":"2012-07-10T10:47:28","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.com\/inutilmanual\/?p=2492"},"modified":"2012-07-10T12:49:23","modified_gmt":"2012-07-10T10:49:23","slug":"el-dia-que-falte-pan","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/2012\/07\/10\/el-dia-que-falte-pan\/","title":{"rendered":"El d\u00eda que falte pan"},"content":{"rendered":"<iframe loading=\"lazy\" title=\"Anuncio ONCE (1987): Traer\u00e1 cola\" width=\"660\" height=\"495\" src=\"https:\/\/www.youtube.com\/embed\/-sj22hqzly4?feature=oembed\" frameborder=\"0\" allow=\"accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share\" referrerpolicy=\"strict-origin-when-cross-origin\" allowfullscreen><\/iframe>\n<p>Aunque c\u00edclica, mi vida, por lo dem\u00e1s, no se rige seg\u00fan el calendario laboral, ni tiene en consideraci\u00f3n las fiestas de guardar o respeta lo m\u00e1s m\u00ednimo los periodos vacacionales socialmente establecidos, sencillamente discurre en funci\u00f3n de los proyectos creativos que me impongo, de modo que, no han sido pocas las ma\u00f1anas que las persianas bajadas de los comercios me han avisado de la situaci\u00f3n.<br \/>\nPues bien, el pasado Viernes, fue una de esas ocasiones en que se me pas\u00f3 por alto que en Castro era su d\u00eda Grande y no por falta de bullicio y barracas. El caso es que, fui a Bilbao a solventar peque\u00f1os asuntos por la tarde confiando en el \u00faltimo autob\u00fas que hay de vuelta a la 22:30. Y ciertamente lo hab\u00eda; Pero junto a su entrada serpenteaba una hilera como nunca antes hab\u00eda visto. \u00a1Claro! Toda aquella gente iba al Coso Blanco.<br \/>\nAnte la situaci\u00f3n, puse en pr\u00e1ctica cuantas m\u00e1ximas Tao\u00edstas conozco; Conforme a ellas, en lugar de situarme impacientemente en la fila tras no menos de doscientos j\u00f3venes, opt\u00e9 por sentarme en un banco aleda\u00f1o a leer \u201cArgon\u00e1uticas\u201d de Apolonio de Rodas. Mientras Jas\u00f3n y sus compa\u00f1eros de viaje surcaban los mares de isla en isla, los autobuses zarpaban de la terminal uno tras otro, sin que el torrente aquel pareciera encoger un \u00e1pice, pues durante un tiempo, los que se llevaba el autob\u00fas, pronto eran vomitados desde la boca del metro. Cuando el h\u00e9roe lleg\u00f3 al Colquide, como viera que de continuar tao\u00edsta bien podr\u00edan darme las tres de la madrugada, me hart\u00e9 de seguir los consejos de Lao Zi, del no actuar, del WuWei y como el resto del reba\u00f1o humano me puse a la cola, para deshonra de mi nombre.<\/p>\n<p>Llevaba a\u00f1os sin hacer cola: la primera imagen que recuerdo guardando la fila, procede de mi periodo preescolar, donde la Se\u00f1orita nos hac\u00eda estar uno tras otro cogidos de las batas azules tanto para entrar a clase como para salir de ella. Ya en el colegio \u201cXXV a\u00f1os de paciencia\u201d aquello era mucho m\u00e1s formal, pues m\u00e1s que hacer fila, desfil\u00e1bamos ante la Rojaygualda antes de acceder al edificio a las 9:30. Tras este temprano adiestramiento, no hizo falta que nadie nos ense\u00f1ara cu\u00e1ndo, ni c\u00f3mo hacer cola. \u00a1Nos encantaba hacer cola! Hac\u00edamos la fila para ir al ba\u00f1o, para llegar al comedor, para entregar los ejercicios al maestro, para recoger los cuadernos\u2026La infancia era una eterna cola.<\/p>\n<p>M\u00e1s adelante comprend\u00ed el valor pedag\u00f3gico de aquella instrucci\u00f3n que nos preparaba para la vida cotidiana en una \u00e9poca en que se hac\u00eda cola en la panader\u00eda, en el banco, en la gasolinera, ante la ventanilla del Ayuntamiento\u2026Aprendizaje imprescindible, tanto para mantener el equilibrio durante mucho rato de pie, como para no convertir el dibujo de la fila en un trazado de fichas de domin\u00f3. Por lo dem\u00e1s, tambi\u00e9n se aprend\u00eda a respetar el turno a otros y a hacerse respetar, guardar el sitio, vencer la tentaci\u00f3n de aprovechar un descuido, saber repeler a los colones y sobre todo, a comprender que la verdadera amistad no va de atr\u00e1s hacia adelante, sino de adelante hacia atr\u00e1s, pues ya es casual que los amigos se molesten en ir a saludar desde el final de la fila hacia la parte superior y nunca a la inversa.<\/p>\n<p>Perdido en mis recuerdos, sent\u00ed cierto orgullo de que tan preciado conocimiento, no se me hubiera olvidado por falta de entrenamiento como le ha ocurrido a la ra\u00edz cuadrada.As\u00ed, me percat\u00e9 que la juventud ya no sabe hacer una fila: la cola no era recta, hab\u00edan nudos de corrillos a los que se asociaban nuevos elementos formando siluetas cangrejo, la gente formaba en horizontal de tres en tres. Pero mal que bien, aquel caos parec\u00eda guiarse por una misteriosa Ley, que no era otra que la de avanzar. Hasta que, en vez de un autob\u00fas, vinieron tres de golpe.<br \/>\nEntonces, la gente enloqueci\u00f3. En lugar de dividirse con orden en los andenes, todos empezaron a correr como si fuera el \u00faltimo bote salvavidas del Titanic. Por supuesto, yo me qued\u00e9 en la fila original donde para esa hora, me encontraba por la mitad. En esta ocasi\u00f3n, no tanto por mantener la serenidad del fracasado Tao\u00edsmo, cuanto por verificar si \u201cLa Teor\u00eda de Juegos\u201d es m\u00e1s digna de confianza. Por desgracia, el resultado fue negativo.<\/p>\n<p>Para el caso de una fila, pongamos de tr\u00e1fico o en el supermercado, la \u201cTeor\u00eda de Juegos\u201d recomienda permanecer en el tronco inicial en el que cada cual se encuentre. Y debe ser cierto que eso es lo mejor, cuando quienes hacen la cola, saben guardar la cola. Pero por la experiencia pasada, les digo, que la \u201cTeor\u00eda de Juegos\u201dno funciona cuando los elementos que concurren est\u00e1n del todo asilvestrados a este respecto.<\/p>\n<p>La gente iba y venia de una fila a otra, sin respetar nada ni a nadie; entraban cuando les venia en gana, volv\u00edan cuando les apetec\u00eda; uno guardaba la vez a veinte\u2026Sent\u00ed tanta verg\u00fcenza, que a punto estuve de volverme al banco con los Argonautas. Pero entonces \u00a1hete aqu\u00ed! que con todo aquel traj\u00edn y mi prusiano modo de comportarme en la fila bajo antiguos preceptos del respeto, al final, sucedi\u00f3 que estaba al final, o sea el \u00faltimo, de algo que de asemejarse a algo, podr\u00eda ser una especie de embudo o cono, que al m\u00e1s puro estilo de Agujero Negro, atra\u00eda a toda aquella masa de atolondrados en cuyo horizonte de sucesos unos a otros se daban codazos por entrar primero acus\u00e1ndose mutuamente de haberse colado.<\/p>\n<p>Y entonces \u00a1sucedi\u00f3 un milagro! En medio de aquella marabunta, sali\u00f3 la chofer anunciando voz en grito que s\u00f3lo quedaba una plaza. \u00bfAlguien quiere subir? Lo normal, es que tras dos horas all\u00ed, ante tan extra\u00f1a pregunta se alzasen las manos como en los antiguos parqu\u00e9s de bolsa, s\u00f3lo que en vez de \u201ccompro\u201d o \u201cvendo\u201d, exclamaran \u00a1Subo! \u00a1Subo! Pero se hizo el silencio. Sin cre\u00e9rmelo todav\u00eda, me abr\u00ed paso con mi malet\u00edn, no sin cierto miedo en el cuerpo por sentirme el blanco de todas las miradas y por una vez, algo sal\u00eda como est\u00e1 escrito, no en el \u201cTao Te King\u201d, ni en los estudios estad\u00edsticos del MIT, sino en la Biblia donde durante \u201cEl Serm\u00f3n de la Monta\u00f1a\u201d nuestro Se\u00f1or nos recuerda eso de \u201clos \u00faltimos ser\u00e1n los primeros\u201d.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Aunque c\u00edclica, mi vida, por lo dem\u00e1s, no se rige seg\u00fan el calendario laboral, ni tiene en consideraci\u00f3n las fiestas de guardar o respeta lo m\u00e1s m\u00ednimo los periodos vacacionales socialmente establecidos, sencillamente discurre en funci\u00f3n de los proyectos creativos que me impongo, de modo que, no han sido pocas las ma\u00f1anas que las persianas &hellip; <a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/2012\/07\/10\/el-dia-que-falte-pan\/\" class=\"more-link\">Sigue leyendo <span class=\"screen-reader-text\">El d\u00eda que falte pan<\/span><\/a><!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":16,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4284,155],"tags":[401,4490],"class_list":["post-2492","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-epc-2","category-general","tag-educacion","tag-estadistica"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2492","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/wp-json\/wp\/v2\/users\/16"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2492"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2492\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2496,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2492\/revisions\/2496"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2492"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2492"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2492"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}