{"id":4264,"date":"2015-01-29T13:43:45","date_gmt":"2015-01-29T11:43:45","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.com\/inutilmanual\/?p=4264"},"modified":"2015-01-29T13:46:37","modified_gmt":"2015-01-29T11:46:37","slug":"la-atlantida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/2015\/01\/29\/la-atlantida\/","title":{"rendered":"LA ATL\u00c1NTIDA"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/blogs.deia.com\/inutilmanual\/files\/2015\/01\/\u00edndice.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-4269\" src=\"http:\/\/blogs.deia.com\/inutilmanual\/files\/2015\/01\/\u00edndice.jpg\" alt=\"\u00edndice\" width=\"324\" height=\"156\" \/><\/a><\/p>\n<p>hace cosa de dos a\u00f1os, un asiduo a este Blog me requiri\u00f3 en varias ocasiones que me pronunciara sobre el asunto de la Atl\u00e1ntida. Sobre el particular yo ya me hab\u00eda confesado fiel partidario de su posibilidad y le deb\u00eda una entrada como la presente. Ahora que ya lo tengo publicado a modo de introducci\u00f3n del Segundo volumen de mi HISTORIA OCULTA DE LA MASONER\u00cdA, paso a satisfacer esta antigua deuda con los lectores.<\/p>\n<p>LA ATL\u00c1NTIDA<br \/>\nNo es preciso explicar de nuevo los dr\u00e1sticos cambios del ecosistema acontecidos en tan corto periodo de tiempo como fue el Mesol\u00edtico, apenas un suspiro de 4.000 a\u00f1os en c\u00e1lculos generosos entre el -12.000 y el -8.000, entre cuyas consecuencias m\u00e1s notables estuvo un considerable aumento del nivel del mar causado por el deshielo que hizo retroceder las zonas habitables del litoral, especialmente en la cuenca Mediterr\u00e1nea. Pero, s\u00ed recordarlo, pues podemos especular que estrechamente vinculado a este fen\u00f3meno, estar\u00edan buena parte de los mitos confeccionados con im\u00e1genes simb\u00f3licas de una civilizaci\u00f3n remota, seres acu\u00e1ticos semidivinos, el Diluvio Universal, la colina primigenia, etc.<br \/>\nUno de los mitos que m\u00e1s hondo ha calado en el imaginario colectivo capaz de galvanizar todos los elementos apuntados, lo constituye aquel que apunta a una antigua civilizaci\u00f3n avanzada, perteneciente a un tiempo anterior de la que no ha quedado vestigio salvo un vago recuerdo en la tradici\u00f3n oral, pudiendo esta revestir distintas formas y haber desaparecido de diversas maneras y evidentemente adoptar distintos nombres seg\u00fan la cultura donde se transmita su memoria, acaso deber\u00edamos decir legado. Desde mi formaci\u00f3n Occidental, paso a exponer el caso de la Atl\u00e1ntida, como posible, si no origen de la civilizaci\u00f3n actual, s\u00ed al menos, su levadura.<br \/>\nLa primera menci\u00f3n de la Atl\u00e1ntida se la debemos a Plat\u00f3n en su di\u00e1logo Timeo con motivo de una remota batalla ateniense explay\u00e1ndose sobre la cuesti\u00f3n en su otro di\u00e1logo Critias. Su relato viene a contarnos que, m\u00e1s all\u00e1 de las columnas de H\u00e9rcules en el oc\u00e9ano, hab\u00eda una isla-continente en su d\u00eda encomendada a Poseid\u00f3n quien enamorado de una de sus habitantes llamada Clito le hizo construir un suntuoso palacio de belleza sin igual. De su estirpe, salieron cinco pares de gemelos entre los cuales dividi\u00f3 aquellos dominios instaurando como rey a su primog\u00e9nito Atlas. Favorecidos por una fauna y climatolog\u00eda propicias, el buen gobierno, hizo del lugar una tierra pr\u00f3spera donde la ciencia y la cultura consolidaron la civilizaci\u00f3n. Mas, cuanto mayor era su fuerza militar, su poder\u00edo econ\u00f3mico, comercial y mar\u00edtimo aparecer\u00eda tambi\u00e9n la corrupci\u00f3n pol\u00edtico-moral de sus gobernantes, de sus gentes y sus costumbres, circunstancia que a la postre les conducir\u00eda al colapso, no sin antes, haber entablado una dura batalla por establecerse en tierra firme, entre el -12.000 y el -9.000 momento durante el cual, si no derrotados, fueron frenados a las puertas de la ciudad de Atenas. Tras aquel suceso, la Atl\u00e1ntida sufri\u00f3 un cataclismo que la ocult\u00f3 para siempre entre las aguas, no sabi\u00e9ndose nunca m\u00e1s de ella ni de sus habitantes, salvo por esta historia que Plat\u00f3n puso en boca de Critias, que se la hab\u00eda o\u00eddo a su abuelo a qui\u00e9n se la hab\u00eda contado su padre Dropides que en su d\u00eda coment\u00f3 que hacia el -600 el gran sabio Sol\u00f3n hab\u00eda escuchado de labios de un anciano sacerdote quien le revelara el secreto estando de viaje por Egipto.<\/p>\n<p>Pues bien, el hecho de que hasta fecha tan tard\u00eda como lo fuera en la que escribi\u00f3 Plat\u00f3n, ni la historia ni la literatura tuvieran noticia de tan magn\u00edfica realidad, unido al hecho de que el autor es dado a transmitir sus ense\u00f1anzas por medio de mitos igualmente c\u00e9lebres como el de la \u00abCaverna\u00bb o \u00abLa Ca\u00edda del alma\u00bb, han contribuido a presentar este relato como enormemente sospechoso de no albergar m\u00e1s que una exquisita pieza literaria fruto fantasioso de su \u00e1nimo did\u00e1ctico.<br \/>\nIndudablemente, el texto plat\u00f3nico est\u00e1 labrado con m\u00faltiples recursos narrativos rezumando una inequ\u00edvoca finalidad moralizante; pero ello, no obsta, para que el mismo Plat\u00f3n se hubiera servido de antiqu\u00edsimas tradiciones orales sobre distintos hechos olvidados para el vulgo, m\u00e1s subsistentes desdibujadas, encriptadas, quien sabe si ocultas, en un lenguaje simb\u00f3lico entre las \u00e9lites religiosas que, pese a todo, conservaban, el principio original que el paso de las generaciones habr\u00eda corrompido inevitablemente hasta convertirlo en una ficticia leyenda, caudal que el fil\u00f3sofo supo reelaborar con la suficiente verosimilitud como para que, casi veinticinco siglos despu\u00e9s, sigamos discutiendo sobre si la Atl\u00e1ntida, tuvo o no, un correlato en la realidad que diera pie al mito. En esta misma l\u00ednea apuntan varios argumentos que encajan a la perfecci\u00f3n:<br \/>\nEn primer lugar, el disc\u00edpulo de S\u00f3crates, gracias a Herodoto (-485 -425) estar\u00eda al corriente del misterioso imperio de los Tartesos, cuyo esplendor militar y comercial da cuenta el historiador, situ\u00e1ndolo justamente m\u00e1s all\u00e1 de las columnas de H\u00e9rcules, coincidencia de localizaci\u00f3n a a\u00f1adir a que, como la Atl\u00e1ntida, hasta la fecha de hoy, se evapor\u00f3 del mapa y de la historia, sin dejar m\u00e1s rastro arqueol\u00f3gico que tres o cuatro piezas de museo y el nombre de uno de sus reyes, Argent\u00f3n.<br \/>\nEn segundo lugar, no podemos obviar a Homero, a quien Plat\u00f3n no solo habr\u00eda le\u00eddo, sino tambi\u00e9n estudiado, porque actualmente es indudable que su figura, rebasa los l\u00edmites de la poes\u00eda, para adentrarse en el terreno de la historia, como dej\u00f3 demostrado el descubrimiento de la m\u00edtica ciudad de Troya a manos de Schilemnann tras su lectura de La Il\u00edada; y tambi\u00e9n en los de la ciencia a tenor de los datos expuestos en su otra gran obra La Odisea, donde se nos narran dos viajes bien distintos: La Telemaquia, realizado por Tel\u00e9maco en busca de su padre por el mediterr\u00e1neo, traves\u00eda descrita con etapas cortas, visitando puertos conocidos, entablando contacto con personajes hist\u00f3ricos, sufriendo peripecias del todo mundanas\u2026 y La Odisea propiamente dicha de Ulises, quien sin la menor duda, cruz\u00f3 las columnas de H\u00e9rcules adentr\u00e1ndose en el ancho oc\u00e9ano, viaje descrito por grandes jornadas de navegaci\u00f3n, visitando parajes ins\u00f3litos, trabando contacto con todo g\u00e9nero de seres mitol\u00f3gicos y c\u00f3mo no, sufriendo un sin fin de aventuras que rayan la ciencia-ficci\u00f3n de su \u00e9poca y a\u00fan de la nuestra. A este respecto, resulta esclarecedor seguir las investigaciones de Jos\u00e9 \u00c1lvarez L\u00f3pez donde se desmenuza con maestr\u00eda los precisos datos geogr\u00e1ficos, climatol\u00f3gicos, astrol\u00f3gicos, bot\u00e1nicos, etc., que con soltura manejaba Homero en sus descripciones. As\u00ed El ciego de Quios, habla de profundas corrientes oce\u00e1nicas, el viento del norte es preponderante en todo el relato, cosa imposible en el Mediterr\u00e1neo, Calipso recomienda a Ulises tener la Osa Polar siempre a la izquierda para retornar a \u00cdtaca; no son pocos los pasajes donde se describen islas volc\u00e1nicas en erupci\u00f3n que es como deben interpretarse a los c\u00edclopes, monstruos de un solo ojo, o, numerosos paisajes tropicales de clima agradable, vegetaci\u00f3n abundante y ex\u00f3ticos frutos. As\u00ed mejor se comprende que Circe a su partida, recomiende a Ulises, dejarse llevar por el soplo del viento boreal, de lo que se desprende que su siguiente destino, la tierra de los Cimerios, por fuerza deb\u00eda situarse geogr\u00e1ficamente m\u00e1s al sur, este otro paraje es presentado con una extra\u00f1a neblina que atardec\u00eda al d\u00eda, circunstancia que podr\u00eda quedar esclarecida por el fen\u00f3meno del polvo Aliso que en las proximidades del cabo Bajador, en \u00c1frica Ecuatorial, impregna la atm\u00f3sfera de una ligera capa de part\u00edculas producida por las bruscas oscilaciones t\u00e9rmicas que levanta el polvo de la superficie terrestre en aquellas latitudes. En este orden de cosas, hallamos la notable menci\u00f3n de la tribu de los Lot\u00f3fagos dados a masticar una planta muy dulce que deb\u00eda ser la ca\u00f1a de az\u00facar, desconocida para los vecinos contempor\u00e1neos del autor. Por \u00faltimo, el personaje arriba a Esqueria, precedente literario de la Atl\u00e1ntida plat\u00f3nica a la luz de los paralelismos entre ambas figuras: ambas son islas, de climatolog\u00eda favorable, vegetaci\u00f3n frondosa, ricas en minerales, donde nacen frutos ex\u00f3ticos y los animales no requieren de demasiados cuidados dada la ausencia de depredadores, en ambas reina la abundancia y la armon\u00eda y su potente flota mar\u00edtima garantizan el comercio, la prosperidad, evitando la escasez, tambi\u00e9n las dos poseen en su origen a Poseid\u00f3n, en la Atl\u00e1ntida se enamor\u00f3 de Clito y en Esqueria de Peribea. A las dos islas se accede por una estrecha boca fluvial. En Homero, Esqueria se halla rodeada de exclusas y alcantarillados mientras en la Atl\u00e1ntida de Plat\u00f3n estas son idealizadas por anillos de tierra y agua. En ambos reinos se guardaban las embarcaciones bajo techo en vez de a cielo abierto como era habitual. Los palacios principales de sus reyes estaban rodeados de muros recubiertos de metales, en sus dominios la tecnolog\u00eda era avanzada verbigracia sus naves no precisaban timonel. Etc.<br \/>\nY en tercer lugar, es probable que a lo largo de su azarosa vida, tuviera noticia de grandes viajes como el realizado por el Almirante fenicio Am\u00f3n en el siglo \u2013VI, quien seg\u00fan parece naveg\u00f3 por el Atl\u00e1ntico comerciando a lo largo de toda la costa Africana o las navegaciones transoce\u00e1nicas por el Pac\u00edfico de los Egipcios en sus relaciones con el Pa\u00eds de Punt.<br \/>\nA parte lo referido, se antoja veros\u00edmil que varios hechos hist\u00f3ricos singulares que conmocionaron la antig\u00fcedad confluyeran en las tradiciones recibidas por Plat\u00f3n. Motivo que J.V. Luce aporta, pues si no son a mi parecer el origen del relato, si el marco motor que imprimi\u00f3 el impulso necesario para hacerlo formidablemente convincente a las generaciones que lo transmitieron oralmente. Seg\u00fan este autor, el relato de la Atl\u00e1ntida hemos de localizarlo dentro del Mediterr\u00e1neo, muy cerca de Grecia, concretamente en Creta entre -1500 y -1470 cuando varias erupciones, terremotos y maremotos hicieron desaparecer una peque\u00f1a isla del Egeo llamada Tera. Fue de tal virulencia, que los pueblos situados en las costas del Mediterr\u00e1neo occidental ver\u00edan gravemente afectadas sus flotas y por extensi\u00f3n, su comercio e industria, siendo la cultura Cretense su mayor v\u00edctima, pues, como el continente perdido, toda ella se esfum\u00f3 de repente, acontecimiento registrado con estupor en documentos de la \u00e9poca hallados en Egipto, Grecia, Asia Menor y Mesopotamia, por consiguiente, es aceptable conjeturar que, en el relato de la Atl\u00e1ntida confluye la desaparici\u00f3n por cat\u00e1strofe de la isla de Tera y la desaparici\u00f3n de la floreciente cultura Cretense. J.V. Luce basa su hip\u00f3tesis en el paralelismo entre Creta y la Atl\u00e1ntida: ambas son grandes islas, con culturas ricas y avanzadas para su \u00e9poca con ecosistemas similares\u2026 Creta, como la Atl\u00e1ntida, estaba dividida en diez territorios, gobernados desde Cnosos situado en lo alto de una colina. Ambas culturas sent\u00edan predilecci\u00f3n por la columna como motivo arquitect\u00f3nico, adoraban a Poseid\u00f3n y manten\u00edan estrechas relaciones con Egipto, y ambas desaparecieron en un breve lapso de tiempo.<br \/>\nTomando todo lo anterior en consideraci\u00f3n, al margen de la opini\u00f3n del propio Plat\u00f3n, se me antoja harto dif\u00edcil contemplar el mito de la Atl\u00e1ntida como una argucia literaria m\u00e1s que sumar al conocido recurso de situar en otro tiempo y lugar el modelo pol\u00edtico-social que el autor desea hacer llegar a sus contempor\u00e1neos. En consecuencia, abiertamente disiento del jocoso parecer superficial del sism\u00f3logo L. Don Leet quien en su d\u00eda se mofara del asunto afirmando con necia rotundidad que, \u00abenviar un submarino a buscar la Atl\u00e1ntida es como sufragar una expedici\u00f3n arqueol\u00f3gica para encontrar el Pa\u00eds de las Maravillas\u00bb, pues la literatura est\u00e1 plagada de lugares fantasiosos desde el Jard\u00edn de las Hesp\u00e9rides, hasta Jauja y sin embargo, ninguno como la Atl\u00e1ntida, ha levantado tanta pol\u00e9mica en torno a su existencia geogr\u00e1fica. As\u00ed, desde fechas bien tempranas, han sido muchos los autores que no han dejado pasar la oportunidad de pronunciarse sobre la cuesti\u00f3n: su propio disc\u00edpulo Arist\u00f3teles (-384 -322) ya neg\u00f3 la existencia de la Atl\u00e1ntida, apreciaci\u00f3n suya que extra\u00f1amente, no debi\u00f3 tener repercusi\u00f3n, pues el primer comentarista de los Di\u00e1logos plat\u00f3nicos Cranton, si dio cr\u00e9dito a su existencia, igual que hiciera Plinio El Viejo. Ya en el siglo I Diodoro de Sicilia habla de la Atl\u00e1ntida como realidad hist\u00f3rica perdida en los inicios del tiempo, le sigue Plutarco en Vida de Sol\u00f3n. Con la ca\u00edda del Imperio Romano, la Atl\u00e1ntida vuelve a sumergirse, esta vez en la memoria, para asomar en 1627 de la mano de F. Bacon en forma de publicaci\u00f3n p\u00f3stuma de su ensayo La nueva Atl\u00e1ntida. Poco despu\u00e9s, A. Kirchen en Mundos subterr\u00e1neos, situ\u00f3 su localizaci\u00f3n en el mapa entre Am\u00e9rica y Europa. Desde que estos dos genios de la ciencia la rescatasen del olvido, la Atl\u00e1ntida no ha vuelto a desaparecer de la Conciencia colectiva.<br \/>\nY lo que es peor, no ha parado quieta ni un momento, pues ha sido localizada a lo largo y ancho del globo terr\u00e1queo, de polo a polo, en toda altitud, latitud y longitud, y por los seis continentes. Para poder seguir su rastro y las andanzas de los aventureros que en su b\u00fasqueda han zarpado como el Capit\u00e1n Hackab tras Moby Dick, he cre\u00eddo oportuno ordenarlos seg\u00fan dos criterios : Primero el geogr\u00e1fico y segundo mi personal apreciaci\u00f3n de verosimilitud que cada hip\u00f3tesis me merece en relaci\u00f3n con el relato principal, porque como se podr\u00e1 constatar, todos los elementos son interesantes por si mismos y lo que es inaceptable sea ligarlos a la Atl\u00e1ntida plat\u00f3nica, aunque como ya veremos, hay una l\u00ednea de interpretaci\u00f3n muy interesante capaz de casar todas las piezas del rompecabezas.<br \/>\nComenzar\u00e9 entonces, nuestra singular expedici\u00f3n en la otra parte del mundo donde se encuentra el correspondiente cultural de la Atl\u00e1ntida en el Oc\u00e9ano Pacifico conocida como Lemuria tambi\u00e9n llamada Mu. Hacia mediados del siglo XIX, el Abate Braseur, estudiando el alfabeto maya, crey\u00f3 encontrar en sus signos una inequ\u00edvoca evocaci\u00f3n del m\u00edtico territorio de Mu. Esta extraordinaria conjetura que entrelazaba las culturas precolombinas con las del Pacifico Sur no pas\u00f3 inadvertida a los antrop\u00f3logos quienes con prontitud ampliaron, con m\u00e1s palabras que datos, la idea o por arque\u00f3logos como Le Plongeon (1826-1906) que fue mucho m\u00e1s lejos atrevi\u00e9ndose a relacionar Lemuria con la construcci\u00f3n de la Esfinge en el Egipto prefara\u00f3nico logrando as\u00ed completar la simetr\u00eda por el extremo oriental de la tradici\u00f3n occidental que liga la aparici\u00f3n de la cultura egipcia con la desaparici\u00f3n de la Atl\u00e1ntida. Tampoco vacil\u00f3 J. Churchvard sumando a dicha l\u00ednea de investigaci\u00f3n, antiguas tradiciones y textos chinos que recog\u00edan la desaparici\u00f3n de una isla continente de similares caracter\u00edsticas a la Atl\u00e1ntida, planteando la hip\u00f3tesis de que sus gentes, apercibidos con tiempo de su inmediata desgracia, tuvieron tiempo de echarse a la mar en embarcaciones, las cuales, a causa del subsiguiente maremoto, se dispersaron por las distintas costas africanas, asi\u00e1ticas, americanas, de Ocean\u00eda y el vasto conjunto de islas que salpican sus mares, as\u00ed se explicar\u00eda la similitud ling\u00fc\u00edstica, cultural y gen\u00e9tica de pueblos dispersos, pero no dispares. En una carrera por ver qui\u00e9n es m\u00e1s original, no faltan investigadores que relacionan a los supervivientes de Lemuria con los habitantes del T\u00edbet, no faltando incluso quienes se atreven a afirmar que Lemuria a diferencia de la Atl\u00e1ntida, en vez de hundirse emergi\u00f3 de las aguas encumbrada a la cima del Himalaya. Quiz\u00e1 la obra m\u00e1s entretenida para adentrarse en los variopintos remotos engarces culturales en los que poder asentar las visiones omnicomprensivas de estas latitudes sea el texto de D. H. Childress Las ciudades perdidas de Lemuria.<br \/>\nNos trasladamos al Polo Norte pues es all\u00ed donde D. Duville sit\u00faa la realidad geogr\u00e1fica a la que hac\u00eda menci\u00f3n Plat\u00f3n, la m\u00edtica Tule donde resid\u00edan los Hiperb\u00f3reos, pen\u00ednsula a la que pertenecer\u00eda la actual Islandia que permitir\u00eda el transito septentrional entre Europa, Am\u00e9rica y Asia. A este respecto conviene destacar que Hes\u00edodo, localiz\u00f3 el Para\u00edso terrenal al noroeste del Oc\u00e9ano Atl\u00e1ntico y Plutarco cit\u00f3 Islandia a cinco d\u00edas de navegaci\u00f3n de las islas brit\u00e1nicas apuntando que en el pasado fue una tierra f\u00e9rtil y pr\u00f3spera. Un cataclismo relacionado con un vuelco del eje terr\u00e1queo debi\u00f3 acabar con el aislado Para\u00edso hiperb\u00f3reo, provocando la hu\u00edda de sus habitantes en todas direcciones hacia latitudes inferiores, dando raz\u00f3n as\u00ed de las extra\u00f1as coincidencias figuro-mitol\u00f3gicas en las culturas de todo el hemisferio norte.<br \/>\nY ahora, encaminemos nuestros pasos al Polo opuesto, la Ant\u00e1rtida, porque son varios los Atlantistas que no dudan en identificar el hoy continente blanco con la Atl\u00e1ntida antes de que el \u00faltimo cambio clim\u00e1tico cubriera su superficie con un manto de hielo. Tambi\u00e9n en este caso, sus habitantes se dispersaron por los oc\u00e9anos Atl\u00e1ntico y Pacifico. La hip\u00f3tesis de trabajo viene reforzada por las investigaciones de Happgood y el enigm\u00e1tico mapa de Piri-Reis.<br \/>\nY bueno, ya va siendo hora de adentrarnos en el Atl\u00e1ntico, aunque de cuando en cuando haremos alguna que otra incursi\u00f3n continental. Empezamos por el mar del Norte, lugar en el que J. Espanut sit\u00faa el referente f\u00edsico de las historias que el sacerdote egipcio relatara a Sol\u00f3n, a la que tambi\u00e9n aludir\u00eda un fresco de Medinar Habu reminiscencias de la repentina inmersi\u00f3n de la isla Helgoland acontecida hacia -1200 frente a las costas de Alemania.<br \/>\nNos trasladamos a las acogedoras playas de Bimini (Bahamas) donde influenciados por Edgar Cayce (1877-1943) quien predijera la inminente aparici\u00f3n de los restos de la Atl\u00e1ntida, los expedicionarios R. Ferro y M. Grumley descubrieron en su litoral en 1968 formas rocosas geom\u00e9tricas que no dudaron en identificar como antigua calzada atlante.<br \/>\nToda Am\u00e9rica central es foco de atenci\u00f3n para los atlantistas que aprecian en sus distintos pueblos y culturas vestigios de la di\u00e1spora atlante y enormes paralelos con otras realidades lejanas como la egipcia o mesopot\u00e1mica. No es oportuno, empero, adelantar aqu\u00ed los detalles mitol\u00f3gicos de las tradiciones, folclore y mitolog\u00eda de sus pueblos, por no merecerse ser expuesta a la sombra de ning\u00fan otro relato. Con todo, cabe apreciar que por su situaci\u00f3n geogr\u00e1fica, ecosistema y lejan\u00eda, tras un espor\u00e1dico casual contacto, no pudi\u00e9ndose reeditar, contribuyera a convertir su referente en mito.<\/p>\n<p>En Am\u00e9rica del Sur, obviando el Amazonas donde tambi\u00e9n se ha cre\u00eddo hallar la exuberante Atl\u00e1ntida, llegamos al borde del lago Titicaca a casi 4000 metros de altura para alcanzar Tiahuanaco todo un puerto mar\u00edtimo, realidad explicada por Hoerbiger. En su opini\u00f3n el lugar era un puerto de mar, pero en un momento dado una segunda luna que pose\u00eda el planeta se precipit\u00f3 contra la tierra haciendo descender los mares unos 3000 metros repentinamente, posible raz\u00f3n del origen de la salinidad de sus aguas.<br \/>\nCruzamos de nuevo el charco y nos vamos a \u00c1frica donde Herodoto ya mencionaba al pueblo Atarante localizado en el monte Atlas, claro que no fue hasta la entrada en escena del arque\u00f3logo F. Berlioux que relacionase esta afinidad fon\u00e9tica con una realidad emp\u00edrica. M\u00e1s al sur, en el reino de Ben\u00edn y en la regi\u00f3n nigeriana de los Yoruba, el explorador L. Frobniux estableci\u00f3 el origen de la Atl\u00e1ntida. Pero entre todas las hip\u00f3tesis arqueol\u00f3gicas ancladas en \u00c1frica, incluidas las que apuntan a Cartago, la m\u00e1s veros\u00edmil, con mucho, es la del Sahara como probable enclave de la Atl\u00e1ntida, solo que, en vez de estar sumergida entre las aguas, lo estar\u00eda bajo un mar de dunas de arena. Para cuando el Conde Byron Kilm de Protok descubri\u00f3 en las arenas de Hoggan la tumba correspondiente a la reina Tim-Hiram la idea de que en un pasado remoto el desierto del Sahara fue un vergel con abundante fauna y flora, hac\u00eda tiempo que tomaba fuerza, la misma con la que el pueblo Tuareg consider\u00f3 al personaje, la \u00faltima regente de la estirpe de los Atlantes cuyo formidable tesoro en oro y joyas solo ser\u00eda peque\u00f1o testimonio de lo ocultado bajo la arena. Pero fue el investigador H. Lothe quien descubri\u00f3 las grutas de Tassilli cuya antig\u00fcedad se remonta al mesol\u00edtico entre -12000 y -11000. En cualquier caso, el cambio clim\u00e1tico que desertiz\u00f3 el Sahara empuj\u00f3 a sus gentes hacia el este, marcha solo interrumpida al encontrarse con el refugio del Nilo donde se debieron asentar definitivamente entremezcl\u00e1ndose con lugare\u00f1os oriundos.<br \/>\nZambull\u00e9ndonos de nuevo en el Atl\u00e1ntico; nos fijamos en los archipi\u00e9lagos de las Azores y Canarias, para muchos Atlantistas, testimonios visibles del continente sumergido, dada la semejanza de climatolog\u00eda, ecosistema y geolog\u00eda. Esta es la hip\u00f3tesis m\u00e1s plausible para Julio Verne quien la reflejar\u00eda en su novela 20.000 Leguas de viaje submarino, hip\u00f3tesis que cuenta con la gran ventaja de aparecer conforme a dimensiones y localizaci\u00f3n del relato plat\u00f3nico.<br \/>\nPor \u00faltimo, llegamos a la hip\u00f3tesis que m\u00e1s me convence, cual es, la de Tartesos. Aunque ni los autores cl\u00e1sicos, ni contempor\u00e1neos se ponen de acuerdo en su exacto emplazamiento, de lo que no hay duda, es que cerca de las Columnas de H\u00e9rcules existi\u00f3 un Imperio llamado Tartesos cuya \u00e1rea de influencia era considerable. Su origen podr\u00edamos situarlo en la interactuaci\u00f3n de las colonias fenicias con la poblaci\u00f3n aut\u00f3ctona durante la edad del bronce, todos los indicios apuntan a que en torno al -3000 se inici\u00f3 una cultura metal\u00fargica \u00fanica en el mundo cuyo refinamiento despert\u00f3 demanda en todo el Mediterr\u00e1neo y algunos puntos de la costa Atl\u00e1ntica a donde los productos de Tartesos llegaron por distintas rutas comerciales, terrestres, fluviales y mar\u00edtimas, pues entre otros objetos se han contado sus caracter\u00edsticos vasos campaniformes por toda Europa. Por su riqueza, industria, comercio, y capacidad mar\u00edtima, Tartesos debi\u00f3 albergar una cultura sofisticada que como afirma su m\u00e1ximo defensor, Adolf Schulten, resulta incomprensible, las generaciones posteriores a su existencia la hayan olvidado de tal manera que hoy nos cueste dar cr\u00e9dito a su realidad hist\u00f3rica. Seg\u00fan todos los indicios, su desaparici\u00f3n tuvo mucho que ver con su destrucci\u00f3n a manos de los Cartagineses hacia el -550, tras lo cual, estos incorporaron sus dominios, sus riquezas y sus rutas comerciales del Atl\u00e1ntico en detrimento de los Griegos, concretamente, los Focenses, hecho lo cual, cerr\u00f3 la entrada y salida de Las Columnas de H\u00e9rcules a toda embarcaci\u00f3n comercial o militar del Mediterr\u00e1neo, quedando as\u00ed libres para explorar y comerciar en el Atl\u00e1ntico sin competencia. Para salvaguardar mejor que con la fuerza de las armas los secretos y riquezas hallados en el Atl\u00e1ntico, hicieron circular todo g\u00e9nero de fabulaciones sobre un enorme abismo que se tragaba las naves y monstruos marinos que acechar\u00edan al navegante que osara rebasar aquella frontera. As\u00ed, mientras en los siglos posteriores las culturas Mediterr\u00e1neas recorr\u00edan de un extremo a otro el suelo firme o v\u00eda fluvial desde Escandinavia a la Pen\u00ednsula Ar\u00e1biga, desde Finisterre hasta la India e incluso a China, fueron contadas las ocasiones en que se aventuraron a salir al Atl\u00e1ntico por el estrecho, o eso se nos ha contado.<br \/>\nPara terminar con la Atl\u00e1ntida plat\u00f3nica, \u00fanicamente me resta confiarles mi opini\u00f3n personal sobre la cuesti\u00f3n: cuando Plat\u00f3n se refiri\u00f3 a la Atl\u00e1ntida ten\u00eda en mente a Tartesos a la que describi\u00f3 como Creta y elementos de la Esquiria Hom\u00e9rica. Se sirvi\u00f3 de Herodoto para darle el nombre de Atl\u00e1ntida y se inspiro en el cataclismo de Tera con \u00e1nimo de explicar su repentina desaparici\u00f3n.<br \/>\nEsta era mi conclusi\u00f3n sobre el asunto, hasta felizmente toparme con el enfoque presentado por J. G. Atienza en su obra Los supervivientes de la Atl\u00e1ntida, a cuya verdadera luz, he podido reinterpretar mejor cuantos conocimientos poseo de historia y prehistoria, en una descomunal labor de mitolog\u00eda comparada con cuyo estudio y argumentaci\u00f3n se iluminan infinidad de pasajes oscuros de la evoluci\u00f3n cultural humana, engarzando con paciencia y no menos coherencia, las mutuas influencias entre pueblos aparentemente distintos y distantes, alarde de paciencia, erudici\u00f3n, meticulosidad, rigor interdisciplinar de una mente muy cabal, abierta y atenta a cuantas interpretaciones, teor\u00edas e hip\u00f3tesis pudieran abrigar un resquicio de verdad, aunque para ello fuera menester requerir la fuerza de titanes para remover monta\u00f1as de tergiversaciones, a fin de dar con esa brizna de realidad que estaba ah\u00ed olvidada y por redescubrir.<br \/>\nSu tesis principal establece que, en un tiempo antediluviano, verbigracia -12.000, hubo una o varias culturas avanzadas para su contexto hist\u00f3rico. Dicha cultura permanec\u00eda aislada del resto hasta sufrir un cataclismo que la oblig\u00f3 a emigrar, sus gentes eran duchas en navegaci\u00f3n pudi\u00e9ndose llevar consigo lo que juzgaron m\u00e1s fundamental, pero sobre todo sus conocimientos, lenguaje y tradiciones. Lo repentino de la situaci\u00f3n les hizo huir en varia direcciones llegando as\u00ed a las costas de Am\u00e9rica, \u00c1frica y Europa, donde arribaron con sus embarcaciones. Conforme fueran los contactos con sus lugare\u00f1os, adoptaron distintas posturas: al principio de su asentamiento continental, vivieron ocultos y separados de la poblaciones aut\u00f3ctonas, remisos a relacionarse con tribus que les debieron parecer atrasadas, cuanto para aquellas ellos eran dioses o demonios: En un momento dado, el inevitable contacto les obligar\u00eda a ejercer de gobernantes para el dominio de aquellos hombres primitivos con los que empezaban a convivir. En ocasiones, la convivencia era pac\u00edfica y mientras unos con su trabajo les procuraban bienes, los otros transmit\u00edan ense\u00f1anza y conocimiento, impacto cultural de mayor grado que el acontecido entre europeos y americanos en 1492. Esta hip\u00f3tesis seg\u00fan Atienza explicar\u00eda infinidad de asuntos:<br \/>\nPrimero, el hecho curioso de que la humanidad precisase cientos de miles de a\u00f1os para su evoluci\u00f3n, y que de buenas a primeras entorno al -8000 con el neol\u00edtico, hubiera una aceleraci\u00f3n tecnol\u00f3gico-cultural, con la formaci\u00f3n repentina de imperios en todos lados del planeta, casi instant\u00e1neamente, en un periodo de 2000 a\u00f1os, pasando de vivir en cuevas, a levantar enormes ciudades.<br \/>\nSegundo, la enorme semejanza de mitos, folclores y lenguas que hace suponer debi\u00f3 haber un origen com\u00fan aunque este no tiene por qu\u00e9 ser gen\u00e9tico sino cultural transmitido por un peque\u00f1o grup\u00fasculo en su origen descendiente de Atlantes que ejercieron de misioneros divulgando su sabidur\u00eda por todo el orbe, conocimiento que con posterioridad ser\u00eda transmitido por las \u00e9lites sacerdotales-pol\u00edticas finalmente por v\u00eda inici\u00e1tica. A este respecto puede remitir el Mito del Diluvio Universal recogido en infinidad de tradiciones, donde se relata que, un peque\u00f1o grupo se salva de una inundaci\u00f3n y va a parar a tierra seca desde donde da inicio la civilizaci\u00f3n.<br \/>\nTercero, siguiendo las costas Atl\u00e1ntico-Mediterr\u00e1neas, aparecen construcciones megal\u00edticas como Stonehenge, cuyas pautas corresponden a una misma cultura desde Escandinavia hasta Malta. Ello podr\u00eda obedecer a la transmisi\u00f3n parcial-defectuosa de los conocimientos atlantes en esta parte del mundo, seguramente debida a una convivencia no pac\u00edfica entre los pueblos aut\u00f3ctonos y los reci\u00e9n llegados a sus costas.<br \/>\nCuarto, las aptitudes descritas de los atlantes de ocultaci\u00f3n y cierta relaci\u00f3n con poblaciones aut\u00f3ctonas dar\u00eda cuenta del por qu\u00e9, en unas zonas geogr\u00e1ficas surgieron poderosas culturas mientras a pocos kil\u00f3metros de ellas quedaban regiones yermas de cualquier vestigio civilizador, resolvi\u00e9ndose as\u00ed la enorme distancia cultural entre el Occidente septentrional atl\u00e1ntico y el Oriental meridional mediterr\u00e1neo. En el primero, la poblaci\u00f3n ind\u00edgena, salvo excepciones, debieron hacerse con los conocimientos atlantes, no sin batallar, de manera sesgada e intermitente bajo formas m\u00e1gicas de adoraci\u00f3n al dios Lug y la luna, mientras en la segunda, los atlantes convinieron en presentarse como gobernantes transmitiendo su conocimiento de forma regular, v\u00eda sacerdotal canaliz\u00e1ndolo a trav\u00e9s de la cultura solar.<br \/>\nQuinto, explicar\u00eda el simbolismo compartido de cruces, espirales y esv\u00e1sticas, pir\u00e1mides y n\u00famero siete y sobre todo, el culto dado a la serpiente con sus significados positivos y negativos, signo con el que aquellas gentes se identificaban o se les identific\u00f3 en su doble acepci\u00f3n de mal y sabidur\u00eda, seg\u00fan qu\u00e9 pueblo tuvo que defenderse de ellos o recibiera sus ense\u00f1anzas d\u00f3cilmente. Por supuesto, Atienza y yo mismo, auxiliados por la sabidur\u00eda y esfuerzo de la comunidad cient\u00edfica que nos ha precedido, estamos en disposici\u00f3n de dar otras explicaciones para cada punto rese\u00f1ado:<br \/>\nPrimero, ya vimos en el Volumen I c\u00f3mo la famosa Revoluci\u00f3n Neol\u00edtica est\u00e1 sometida a profunda reconsideraci\u00f3n de su categor\u00eda, por observarse en todos sus procesos etapas suaves de transici\u00f3n. Con todo es innegable una aceleraci\u00f3n en todos los \u00f3rdenes realidad que se puede explicar por las sinergias generadas por los distintos procesos entre s\u00ed. De hecho, si algo ense\u00f1a la Historia, es que pueden darse momentos de evoluci\u00f3n y de involuci\u00f3n, aceleraci\u00f3n y ralentizaci\u00f3n en los procesos que afectan a los pueblos por separado y en su conjunto a la humanidad .<br \/>\nSegundo, aceptada una misma naturaleza humana universalmente compartida, en las mismas circunstancias, ante id\u00e9nticos problemas, buscando satisfacer iguales necesidades, es plausible que tarde o temprano distintos pueblos por lejanos que est\u00e9n arriben a similares respuestas y soluciones. Ello podr\u00eda dar raz\u00f3n a las grandes coincidencias en folclore, mitolog\u00eda, forma de construir, expresi\u00f3n art\u00edstica, etc.<br \/>\nTercer y cuarto, el atraso de las gentes y culturas del continente europeo respecto a las del Mediterr\u00e1neo Oriental, se explica por el retraso en la llegada de la agricultura, am\u00e9n de factores climatol\u00f3gicos y geogr\u00e1ficos que o bien hac\u00edan imposible la aparici\u00f3n de grandes Estados o bien los hac\u00edan innecesarios.<br \/>\nY respecto al quinto punto, el ingente caudal simb\u00f3lico compartido por las distintas culturas de pueblos muy distantes, ya qued\u00f3 suficientemente razonada en el Volumen anterior, donde expuse que el conjunto de s\u00edmbolos se fragu\u00f3 mucho antes de que las razas y los pueblos se diferenciaran como lo hicieron durante el Neol\u00edtico.<br \/>\nEn buena l\u00f3gica, dejo al lector calibrar si la oportunidad que damos a esta corriente de pensamiento es poco m\u00e1s que un \u00a1por si acaso! O por el contrario, en su historia hay m\u00e1s, \u00a1mucho m\u00e1s! de lo que se nos ha revelado.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>hace cosa de dos a\u00f1os, un asiduo a este Blog me requiri\u00f3 en varias ocasiones que me pronunciara sobre el asunto de la Atl\u00e1ntida. Sobre el particular yo ya me hab\u00eda confesado fiel partidario de su posibilidad y le deb\u00eda una entrada como la presente. Ahora que ya lo tengo publicado a modo de introducci\u00f3n &hellip; <a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/2015\/01\/29\/la-atlantida\/\" class=\"more-link\">Sigue leyendo <span class=\"screen-reader-text\">LA ATL\u00c1NTIDA<\/span><\/a><!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":16,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[155,4308],"tags":[99672,99681,28857],"class_list":["post-4264","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general","category-historia","tag-antropologia","tag-historia","tag-mito"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4264","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/wp-json\/wp\/v2\/users\/16"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4264"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4264\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4270,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4264\/revisions\/4270"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4264"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4264"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4264"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}