{"id":4341,"date":"2015-03-07T16:28:41","date_gmt":"2015-03-07T14:28:41","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.com\/inutilmanual\/?p=4341"},"modified":"2015-03-07T16:28:41","modified_gmt":"2015-03-07T14:28:41","slug":"zascandil","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/2015\/03\/07\/zascandil\/","title":{"rendered":"Zascandil"},"content":{"rendered":"<p>La belleza de la palabra Zascandil, se me impuso por sorpresa de jovenzuelo con no m\u00e1s de doce a\u00f1os, leyendo la obra \u201cZalaca\u00edn el aventurero\u201d. Todav\u00eda recuerdo el enorme deleite evocador que produjo en mi conciencia ver escrita por primera vez esta voz a la que hoy hago el honor de entrar en el Diccionario de Bellas Palabras.<\/p>\n<p>La encantadora palabra \u201cZascandil\u201d es un buen ejemplo de c\u00f3mo el DBP no se deja engatusar por la senda del significado como algunos detractores de la iniciativa me han acusado, cuanto del significante y la entonaci\u00f3n intencionada con que se emplea por la comunidad parlante.<\/p>\n<p>Para la RAE \u201cZascandil\u201d designa a alguien despreciable, enredador, astuto, enga\u00f1ador y estafador. Evidentemente, si fuera por su denotaci\u00f3n, la palabra ser\u00eda m\u00e1s que fea. Sin embargo, algo hay en su fon\u00e9tica que la delata como muy agradable a la mente de quienes la pronuncian y a\u00fan escuchan.<\/p>\n<p>Es verdad que para un esp\u00edritu pillo como el mio, t\u00e9rminos como tunante, botarate, mequetrefe\u2026poseen cierto atractivo, aunque no tanto como para introducirlos en el DBP, de modo que, algo debe haber en \u201cZascandil\u201d que la convierta en merecedora de este secreto honor.<\/p>\n<p>Para empezar, bueno es saber que la palabra \u201cZascandil\u201d es una onomatopeya en su origen; debi\u00f3 nacer en una \u00e9poca en que hab\u00edan candiles cuando los truhanes y p\u00edcaros al entrar y salir de los lugares zingando para cometer sus fechor\u00edas, apagaban al paso de sus correr\u00edas los candiles que iluminaban las habitaciones, las casas o las callejuelas, de ah\u00ed el \u00a1Zas! Candil. Ya s\u00f3lo por la cuna ling\u00fc\u00edstica, la palabra merece su entrada en el DBP. Pero hay m\u00e1s\u2026<\/p>\n<p>Si Zascandil sobresale en belleza ante p\u00edcaro, truh\u00e1n, malhechor, brib\u00f3n, fechor\u00edas, tarambana, ratero, travieso, granuja y ese largo etc\u00e9tera que todos conocemos, es debido a varios elementos entre los que se puede contar:<\/p>\n<p>-La presencia de la z al inicio de la palabra. Cuando una palabra posee un sonido z, ya la hace agradable al o\u00eddo como le sucede a \u201csucede\u201d \u201cacontece\u201d \u201cAcaece\u201d por acariciar los dientes. Dicha cualidad, se ve reforzada en el hablante al verla escrita con una z mucho m\u00e1s bonita en su trazo que una vulgar c. El zigzagueo de una z suele ser bastante reconfortante a nivel neuronal por estar ligada simb\u00f3licamente desde la aparici\u00f3n del Homo sapiens al discurrir acuoso. Su presencia en mitad de la palabra tiene menor fuerza como en \u201cFuerza\u201d que si va por delante como ocurre en \u201cZascandil\u201d. Cuando la z inicia la palabra, introduce al hablante en un laberinto donde el placer reside en la incertidumbre de la b\u00fasqueda. No obstante, la energ\u00eda de la z se muestra en todo su esplendor al final de la palabra como veremos el pr\u00f3ximo d\u00eda con la entrada \u201cRegaliz\u201d.<\/p>\n<p>-Introducido el inconsciente por la z en la b\u00fasqueda, la s empapa de sonoridad el aspecto acuoso salibaceo y serpenteante de la acci\u00f3n, multiplicando la expectaci\u00f3n.<\/p>\n<p>-La continuaci\u00f3n \u2013Candil, por una parte ilumina con su significado coloquial el camino de esa b\u00fasqueda emprendida provocando cierto sosiego del alma que se adentra en lo desconocido; mas, tambi\u00e9n como cualquier otra palabra esconde sus cualidades, pues \u201cCandil\u201d por si misma podr\u00eda ser buena candidata a entrar en el DBP.<\/p>\n<p>-En Candil hallamos esa t\u00edpica i que nos hace sonre\u00edr. En su caso, mucho m\u00e1s, por ir acompa\u00f1ada de la liquidez de esa ele final que adorna como toda consonante final la palabra.<br \/>\nPero f\u00edjense c\u00f3mo ese \u2013il final, nos retrae los m\u00fasculos faciales, y casi imperceptiblemente ello tiene reflejo en nuestra mirada, la cual, por un fugaz instante, se echar\u00e1 hacia el rabillo del ojo, provocando cierta complicidad con la posici\u00f3n sonriente labial entreabierta antedicha.<\/p>\n<p>El conjunto de factores aqu\u00ed explicados posiblemente hayan favorecido que esta voz sea una de las m\u00e1s simp\u00e1ticas de la lengua castellana.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La belleza de la palabra Zascandil, se me impuso por sorpresa de jovenzuelo con no m\u00e1s de doce a\u00f1os, leyendo la obra \u201cZalaca\u00edn el aventurero\u201d. Todav\u00eda recuerdo el enorme deleite evocador que produjo en mi conciencia ver escrita por primera vez esta voz a la que hoy hago el honor de entrar en el Diccionario &hellip; <a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/2015\/03\/07\/zascandil\/\" class=\"more-link\">Sigue leyendo <span class=\"screen-reader-text\">Zascandil<\/span><\/a><!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":16,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[50012,155],"tags":[4509,4304,12777],"class_list":["post-4341","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario-de-bellas-palabras","category-general","tag-belleza","tag-lenguaje","tag-palabra"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4341","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/wp-json\/wp\/v2\/users\/16"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4341"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4341\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4344,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4341\/revisions\/4344"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4341"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4341"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/inutilmanual\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4341"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}