Ter Stegen y el susto final

Y para rematar una intensa noche de mociones, el VAR. En el último segundo hubo como una parálisis generalizada en el graderío de San Mamés. La afición contuvo el aliento, como rumiando ¡no puede ser! Carlos del Cerro Grande, el árbitro de la contienda, primero señaló el final del encuentro y luego aletargó el tiempo, atento al pinganillo. Hay que reconocer que hubo un momento de angustia colectiva, mira que si por una fricción tan sinsorga entre Semedo y Yeray el colegiado pita penalti y se nos va al guano el que posiblemente fue el mejor partido del Athletic en toda la temporada… Los segundos se estiraron hasta el infinito y en interín caí en la cuenta, ¡ay!, pero si es Del Cerro Grande, el mismo que anuló aquel golazo de Williams en el Estadio de la Cerámica cuando manejaba el VAR, ¿se acuerdan?, efectivamente, con Undiano Mallenco ejerciendo de infortunado trencilla frente al Villarreal. Del Cerro Grande y Cuadra Fernández, su colega en el videoarbitraje, optaron sin embargo ayer por dejarlo estar, no sé muy bien si en recta actitud (para nada fue penalti), cuestión de mala conciencia (la que montamos aquel día en Vila-Real, virgen Santa) o por el qué dirán (la prensa madrileña entrando a degüello, por deterministas y culés).
El personal respiró aliviado, y pasado el mal trago pudo caer en la cuenta de lo mucho que había pasado. Pudimos constatar que el Barça había salido vivo de San Mamés gracias a la inspiración de su portero, el alemán Marc-André Ter Stegen. En pocos, quizá ningún otro partido, el Athletic tuvo tantas oportunidades de gol, y enfrente estaba el Barça, con Messi visiblemente irritado en un claro síntoma de frustración ante la incapacidad de generar juego y ocasiones de peligro, lo cual es otro acontecimiento por raro e inusual.
Así que podemos concluir tres cosas: que el Athletic se ha dejado escapar dos puntos ante el equipo azulgrana. Que Muniain, nuestro Messi, debería tener cabida en todos los planteamientos futbolísticos de Garitano, por muy obtusos que sean. Y que la derrota del otro día en Anoeta ha pasado a tener la condición de lapsus, un tropiezo en el empedrado camino hacia la redención iniciado tras el cambio de entrenador.
De vísperas, lo admito, y con el Barça en puertas me vinieron dos imaginarios: el de Joaquín Caparrós y su estridente comparación con el dentista y su antítesis, o sea, la estampa de Santo Tomás metiendo los dedos en la yaga de Jesucristo resucitado por falta de fe. No fue para tanto, pero casi. El Athletic jugó sin complejos, generó ocasiones y supo arroparse convenientemente durante ese cuarto de hora de dominio tan absoluto como estéril que tuvo el Barça al comienzo de la segunda parte. Pero salió San José por el evanescente Beñat y el equipo recuperó el equilibrio, y la iniciativa después con Iker Muniain al mando.
El Athletic, además, se ha convertido en el único equipo a quien el Barça no pudo batir en lo que va de liga, lo cual confirma el rigor defensivo alcanzado desde que Gaizka Garitano se hizo cargo del equipo.
La consecuencia es que volvemos a lanzar las campanas al vuelo, consignando que la zona de descenso está a cuatro puntos de distancia, la de Europa a solo cinco y queda un mundo por recorrer.
Instalado en tierra de nadie y pasado con bien el desafío contra el líder y campeón de la competición, al Athletic le llega la hora de marcar el camino con el calendario que se avecina. Enfrentándose a esa pléyade de equipos que están en la misma situación. Por ejemplo el Leganés, que estaba empatado con el Athletic, y a resultas de su contundente victoria frente al Betis está a tres de la zona UEFA.
El partido se disputó justo a la hora de la concentración de las derechas en la madrileña plaza de Colón, lo cual sin duda redundó en el fracaso de la convocatoria, pero cómo se le ocurre al ultra de Tebas programar un partido nada menos que del Leganés en momento de exaltación. Es la sutileza: el Barça se vistió como de amarillo para jugar en la Catedral. ¿Es un gesto subliminal y solidario ante el juicio contra los líderes independentistas catalanes que arranca esta semana?

El factor Kodro (Meho) y sus circunstancias

Las circunstancias me llevan hasta el 28 de mayo de 1995, jornada electoral y una de esas tardes marcadas a fuego en la historia de la Real Sociedad. Se puede decir sin ánimo de exagerar (bueno sí, quizá un poco) que aquel 5-0 transportó a la hinchada txuri-urdin al nirvana. El personal hizo la ola henchido de felicidad y hay quien jura haber visto al entonces alcalde Odón Elorza levitando sobre el palco de Anoeta. Resulta que Meho Kodro, el eficaz goleador de la Real, nunca le había metido un gol al Athletic. Pero ese día marcó tres a modo de grandiosa despedida, pues un mes después fichó por el Barça dejando en las arcas del club donostiarra un dineral y entre sus feligreses el regusto de la sabrosa victoria.
Como es lógico, aquello no se pudo comprender sin la generosa contribución del equipo rojiblanco, y de forma especial del entonces entrenador, Jose Mari Amorrortu, que organizó un temerario plan, con una defensa adelantada que hizo las delicias de Meho y compañía, para solaz, jolgorio y recuerdo infinito de la afición blanquiazul.
El pasado sábado no se llegó a tanto, válgame el cielo, entre otras cosas porque Gaizka Garitano no va de temerario por la vida, sino todo lo contrario, pero sí hubo dos lazos de unión: errores groseros y el grado de entusiasmo, muy superior en las filas de la Real. Por eso Imanol Alguacil reconoce sin ambigüedad alguna que el derbi es el partido más importante para ellos, y en consecuencia el triunfo adquiere dimensión de felicidad absoluta.
Pongamos el caso de Mikel Oyarzabal, que anotó el primer tanto del encuentro y fue protagonista singular en el derbi anterior, en San Mamés, donde marcó de penalti sendos goles. En ambas circunstancias el fino extremo zurdo alcanzó el paroxismo, y así lo quiso expresar besándose el escudo con embeleso y fruición. Es una forma suprema de exteriorizar ante los suyos un sentimiento profundo, que va más allá de la espontaneidad que surge de un hecho cotidiano en el fútbol profesional. El ceremonial con el que Oyarzabal se reafirma ante la tribu se incrementa según arrecian los rumores de una oferta por parte del Athletic, que el club donostiarra agradece (y él todavía más) con otra mejora sustancial del contrato, o se cierra el fichaje de un jugador con pasado txuri-urdin. Verbigracia Kenan Kodro, el hijo de aquel formidable delantero que hizo trizas al equipo rojiblanco el 28 de mayo de 1995. Esa tarde jugó unos minutos Joseba Etxeberria, antes de cambiarse de bando, y como es lógico también disfrutó de lo lindo de la soberana paliza.
¿Será silbado Kenan cuando juegue en Anoeta? ¿Llegará a hacerlo? ¿El grado de decibelios de la pitada será comparable a las que soportaron Etxebe e Iñigo Martínez o habrá comprensión con el chico, más que nada por respeto a su ilustre progenitor?
Rafa Alkorta ha puesto mucho empeño en defender la conveniencia del fichaje, el hijo de, aunque se sabe que ha estado dando tumbos por Alemania, Suiza y Dinamarca con escasa fortuna. Es verdad que contribuyó al ascenso de Osasuna a Primera en la temporada 2015-16, como dos años antes Kike Sola para evitar el descenso, y parece evidente que su llegada supone un mensaje de poca confianza por parte de la dirección técnica hacia los chicos de la cantera, como Guruzeta, Villalibre o Iñigo Vicente.
Sin embargo y con todo Kenan Kodro se merece el beneficio de la duda, al albur de los hechos consumados y porque no queda otra, aunque siga pareciendo un gesto desesperado de la directiva por fichar como sea a un delantero.
Ya lo advirtió Garitano de vísperas, cuando la victoria ante el Betis hizo que el fantasma del descenso quedara conjurado: un par de derrotas seguidas, y vuelve la angustia. El Athletic perdió en Anoeta tres puntos y buena parte de la credibilidad recobrada, y lo peor del asunto es que pueden confirmarse los malos augurios de Gaizka. El domingo llega a San Mamés el Barça y la sombra de una segunda derrota consecutiva. Confiemos en la prudencia de Ernesto Valverde, con el doble enfrentamiento con el Real Madrid en ciernes, para que no cometa excesos. Y sobre todo cuide mucho a Messi. No conviene arriesgar…

Muniain y la Última Cena

Cuando el árbitro catalán Xavier Estrada Fernández expulsó a Óscar de Marcos hacia el minuto 84 me vino a la cabeza el partido frente al Betis de la quinta jornada, donde Markel Susaeta también fue expulsado al borde del descanso. Aquella falta se produjo sobre el mismo futbolista, el defensa brasileño Sidnei, y de forma similar. Pero ahí acaban las semejanzas. Entonces estaba Eduardo Berizzo y ahora está Gaizka Garitano. Entonces Susaeta salió del campo tapándose la cara y musitando tierra trágame consciente de su error. Ahora recibe el reconocimiento de la hinchada, rendida a un jugador fetén que ha entrado en la leyenda tímidamente, sin estridencias. Entonces el Athletic se defendió como buenamente pudo y se dejó dos puntos. Ahora también se defendió como pudo, pero se quedó con los tres. Entonces Muniain no jugó a causa de un problema físico. Ayer sí lo hizo, marcando un gol antológico. Entonces en la portería estaba Unai Simón, pero ayer la defendía Iago Herrerín, que tiene la Última Cena tatuada sobre su pecho bizarro, o sea, que contaba con la bendición de los apóstoles, Judas incluido, y el mismísimo Jesucristo.
El paradón que le hizo a Sergio Canales se puede catalogar de magistral, y el gol de Iker Muniain parangonable a las mejores esencias de Leo Messi. Ambos retazos, que marcaron el sino del encuentro, quedarán en la retina del aficionado y están dando la vuelta al mundo, como hace quince días provocaron asombro universal las cabalgadas de Iñaki Williams.
Sevilla tuvo que ser, con su lunita plateada, testigo de esta reconciliación absoluta. El paso de los reputados equipos andaluces por San Mamés ha servido para cambiar el ánimo del aficionado, afligido antes, exultante después. Con estas victorias la sensación derrotista, la desazón por un eventual descenso, quedan definitivamente desterrados del imaginario rojiblanco. Tampoco se detecta rastro de aquel colectivo pusilánime, y se puede añadir que el Athletic ha recuperado las esencias que han dado lustre a su larga historia.
Así que el personal está encantado, pues hace un mes hasta el más descreído ponía una vela de ruega por nosotros a la Amatxu de Begoña y ahora recupera su proverbial fanfarronería notando que, de repente, resulta que los puestos europeos están a tiro de piedra.
En consecuencia, aquellos debates en tiempo electoral sobre la necesidad de montar una zona de animación, coreografía incluida, caen por su propio peso. Si el Athletic transmite buenas vibraciones, la afición corresponde generosa, como ayer, como toda la vida. Sufre, goza, se emociona con su equipo del alma y si hace falta monta un enorme barullo en los instantes finales, cuando el Betis aprovechó la expulsión de Óscar de Marcos para lanzar su desesperada y fútil ofensiva.
“El Athletic está muy fuerte físicamente”, justificó Quique Setién, el técnico del equipo verdiblanco. Y tiene razón. Ya no sufre el tremendo desgaste al que le obligaba la estrategia de Berizzo y tampoco tiene otra cosa entre manos que salir del atolladero. Se puede considerar incluso una bendición la eliminación copera, circunstancia que no ha disgustado a casi nadie y de la que ha sacado un rédito evidente, pues mientras Sevilla y Betis tienen que hacer rotaciones para no quemar a la tropa, el Atlhetic dispone de tiempo suficiente para el descanso y la recuperación. Y así será hasta final de temporada, con el añadido de la ilusión recobrada, algo vital para comprender este deporte tan pasional.
Aquel caluroso 23 de septiembre Susaeta mostró una pesadumbre infinita. En este invernal 27 de enero De Marcos sintió una enorme aflicción. Calculó mal y llegó tarde al encuentro con Sidnei porque estaba agotado después de haber realizado, de largo, su mejor partido de la temporada.
El bravo lateral alavés se perderá el apasionante derbi de Anoeta del próximo sábado tras el cual el Athletic, quien lo iba a decir, puede superar en la clasificación a la Real Sociedad, que en casa tan solo ha ganado dos (Celta y Espanyol) de los diez partidos disputados. Iñigo Martínez sin dudar recibirá flores y agasajo por doquier y soplan vientos de revancha. Tiene tan buena pinta el desafío…

Undiano, el VAR y otros accidentes

Alberto Undiano Mallenco, pamplonés de 45 años, licenciado en Sociología y Ciencias Políticas, que fue Subdirector de Bienestar Social y Deporte del Ayuntamiento de Iruñea bajo el mando de UPN, dejará el arbitraje al terminar la temporada, y ya se da por hecho que en premio a su trayectoria le designarán para pitar la final de Copa, donde como saben de sobra no estará el Athletic, con lo cual la parroquia rojiblanca se librará del trago de perderla otra vez frente al Barcelona y encima con el colegiado navarro levantando acta. Así que no se enfaden más de la cuenta, pues no merece demasiado la pena y piensen en cambio que la cosa podría haber sido mucho peor.
Según Ilbon Urizar Azpitarte, nuestro particular árbitro, Undiano Mallenco fue “justo y neutral” en su actuación de ayer y si finalmente decidió no conceder el gol de Iñaki Williams fue por consejo de su colega Carlos del Cerro Grande, Policía Nacional en excedencia, que estaba a los mandos del VAR. O sea, que en todo caso hubo un contubernio.
Es más. Urizar Azpitarte tampoco observó mano sancionable en la génesis del empate del Villarreal y hasta llega a calificar de “buen arbitraje” la actuación de Undiano, con lo cual nuestro entrañable colegiado o ha sufrido un ataque de gremialismo atroz o probablemente nos hemos vuelto a poner las gafas de forofogoitia, no en vano al hombre le tenemos una tirria colosal, para qué nos vamos a engañar.
Undiano, cada vez que le han preguntado al respecto, siempre responde con cortesía extrema que de ninguna manera tiene predisposición contra el Athletic, sino todo lo contrario. Ocurre sin embargo que cada vez que designan al trencilla pamplonés el hincha nota la desazón de una mosca posándose detrás de la oreja y las estadísticas gritan de pánico. Jamás ganó el Athletic cuando el colegiado navarro les dirigió un partido lejos de San Mamés, y aunque a lo mejor solo se trata de una simple casualidad, dicha casualidad se dio dieciséis veces.
Los árbitros siempre han sido un capazo fácil donde meter las frustraciones que genera el fútbol y la FIFA, ejemplo secular de inmovilismo, ha fomentado especialmente la liturgia del cabreo. Cada vez que surgían voces reclamando la implantación de las nuevas tecnologías en bien del arbitraje, sus prebostes alegaban que la gracia del fútbol también está en el error humano y todo lo que eso conlleva. Mayormente gresca, interminables debates y mucha bilis con la que sazonar el invento hasta que llegue el próximo partido.
Finalmente, la FIFA se plegó al sino de los tiempos. Pero con el VAR a pleno rendimiento el enfado parece todavía mayor porque el aficionado daba por entendido que el videoarbitraje estaba para desterrar los errores arbitrales, sobre todo los más obscenos, e impartir justicia. Se hablará mucho del comportamiento de Undiano en La Cerámica, pero mucho más se dirá del gol que marcó Luis Suárez en el Barça-Leganés previo atropello a Pitu Cuéllar, el portero del equipo madrileño, una acción desdeñada por el VAR en la jugada clave para encarrilar el partido.
También los seguidores del Valladolid estarán que trinan con el arbitraje de Jaime Latre, y pese a tanto despropósito tampoco se puede obviar las enmiendas que provoca el videoarbitraje. Corrigiendo errores de bulto o mitigando la legendaria predisposición de los colegiados a decidir en caso de duda en favor del equipo grande. Y eso lo está notando especialmente el Real Madrid, precisamente el equipo que más está poniendo el grito en el cielo maldiciendo al VAR.
En fin, todos los equipos están teniendo malas (y sobre todo buenas) experiencias, pero a mí me parece que Undiano, hombre de fe y temeroso de Dios, jamás osaría a cometer una inmoralidad contra el Athletic, y más bien me inclino a pensar que sintió profunda lástima por el Villarreal, lo cual es muy cristiano y le honra. Comidos por la ansiedad, Jaume Costa anotó en propia puerta el gol del Athletic. El Villarreal cometió diecisiete faltas de puro desenfreno y atinó a empatar la única vez que lanzó el balón contra la portería rojiblanca. Herrerín no hizo ninguna parada, y su colega Asenjo solo una. Es decir, que no estaríamos hablando tanto de Undiano y sus circunstancias si los chicos, ante un rival roto, hubieran puesto un poco más de ambición.