Baldomero Membrillo, un árbitro listillo

El defensa del Getafe Cata Días comete un posible penalti sobre Llorente.

La prensa deportiva le elogiaba en cada actuación: no había lugar a la duda. El colegiado Castellano-Leones Baldomero Collado Membrillo es el mejor árbitro, pero de aquí a Lima. Por eso recibió la escarapela FIFA e inició su brillante carrera internacional. Es que al tío no se le escapa ni una, y además se comporta con donaire cuando un encendido jugador se dirige a él reclamándole entre aspavientos. Ni un gesto autoritario, y encima dialogante: “Te pongas como te pongas ha sido fuera de juego; por una nariz, pero fuera de juego. Si en tu lugar habría estado tu compañero Andrei Ciprinski, que es así de chato, la acción habría sido válida”. Valderrama se quedó pasmado y, conociendo el legendario tino del colegiado, lo dejó correr.
La grey arbitral estaba aturdida y más de uno hacía comentarios por lo bajines. Aquí hay gato encerrado, señaló García Vertientes. Es imposible. No se puede ser infalible, esto es cosa de brujas, puntualizó Close Gómez. Para mí que ha hecho un pacto con el diablo, añadió Bueno Gañán. Lo peor del asunto es que comenzaba a cundir entre el colectivo una irrefrenable sensación de envidia, no en vano Baldomero Collado Membrillo, además de congregar el agasajo general, había firmado un jugoso contrato con una multinacional de la óptica… Hasta que se descubrió el pastel.
El lince de Baldomero Collado Membrillo tenía sintonizado el pinganillo con los árbitros asistentes, como todos los demás colegiados, pero también disponía de una frecuencia que le conectaba con un primo suyo que vivía en Navalcarnero. El muchacho, frente a su televisor de 48 pulgadas y HD, le describía en tiempo real las circunstancias de cada jugada, así que Baldomero Collado Membrillo, ayudado por la tecnología básica de un simple televisor, tenía la oportunidad de pitar los partidos con sentido común, precisión, justicia y equidad, algo que está prohibidísimo por la FIFA, porque de esa forma se impide que el aficionado se haga mala sangre con el denominado error arbitral, una especie de retorcida penitencia que al parecer hunde sus profundas raíces en la tradición judeo cristiana (la imperfección del ser humano; Dios quita, pero también da; inescrutables son los designios del Señor…).
En cuanto se descubrió el tinglado, las autoridades futbolísticas se echaron sobre él como lobos; le acusaron de tramposo, de adulterar la competición por aplicar la ecuanimidad de forma tan subrepticia y canalla, y le despidieron con cajas destempladas del colegio de árbitros, por traicionar a esta especie de Santa Hermandad.
Hay que ponderar en lo que vale que si la FIFA hubiera permitido el recurso a tecnología tan básica no se producirían atracos semejantes al que sufrió el Athletic en el Sánchez Pizjuán frente al Sevilla, pero tampoco habríamos conocido que existe Juanma Delgado, ese vocal del Athletic que se bajó del florero (pues así lucen los directivos en la junta de Macua) y se coló en la página web del club para clamar contra el cielo indignadísimo, y asegurar que el colectivo arbitral “ha perdido el respeto a nuestro club”.
¿Y qué le habría dicho el primo de Navalcarnero a Baldomero Collado Membrillo en la circunstancia según la cual el trencilla catalán Estrada Fernández señaló penalti de Rafa sobre Muniain en el Athletic-Getafe disputado anoche en San Mamés?
¿Habría señalado también penalti?, ¿o quizá le dijera que el mocete navarro es un astuto malandrín, además de buen futbolista?
¿Se habría atrevido a pitar penalti en otras acciones evidentes, como la que recoge la foto, en la que el Cata Díaz le hace una llave como de avezado judoka a Fernando Llorente, pero como es tan grandullón y antes había señalado el de Muniain, de dudosa legalidad, no se atrevió a sancionarlo por cobardica?
El gol de San José, transformando la pena máxima a los once minutos, sirvió para liquidar prácticamente el partido en favor de las huestes rojiblancas, que por fin pudieron ganar a un rival de estirpe europea. Sirvió también para corroborar la amplia gama de prestancia que ofrece Muniain, que lo mismo hace de engañabobos arbitral y sacatarjetas que de geniecillo de la lámpara maravillosa. Probablemente asentado en el equipo titular de Caparrós para disfrute de la hinchada bilbaina y desquicie del rival, el vivaracho futbolista marcó poderosamente el sino del encuentro. Y cuando, agotado, fue sustituido mediada la segunda parte sólo quedaron parabienes: efectivamente, inescrutables son los designios del Señor; el árbitro en vez de quitar dio, el Geta no tuvo su día y hasta el cuarto gol que anota Gabilondo, tan inútil y bello como los anteriores, supo a gloria.

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