Cuestión de método

He consultado someramente y con curiosidad malsana el libro “Mentalidad ganadora; el método Emery”, escrito por el técnico vasco del Valencia y en el cual se compara con el Capitán Trueno. “Una especie de elegido, un superviviente que sale triunfante en los momentos más difíciles” (sic) para saber si en sus tácticas y estrategias para llegar al triunfo o atizar la mula hasta que muerda  figura denigrar a los jugadores; decirles que no valen un pimiento y qué leches hacen en Primera, pringaos, más que pringaos, y creo que algo parecido, aunque más sutil, aparece en el memorándum de Unai el hombre más guay.
“Algunos dicen que soy blando, yo no lo creo. Prefiero servir de pararrayos antes de que los aficionados pongan a caldo a mis jugadores», refleja Emery en su libro de auto ayuda para megacampeones, y a mí me parece que Javier Clemente pretende hacer algo parecido, aunque a su manera, ya saben que la finura nunca fue su fuerte, y con esas se plantó Clemente, en plan megapararrayos. Poniendo a parir sobre todo a los ingenieros que confeccionaron la plantilla, es decir, a la gerencia y dueños del Sporting por rácanos con el dinero y por fichar jugadores mediocres y sin categoría para “competir en una carrera de fórmula 1”.
Así que Clemente se siente liberado del entuerto, y si aceptó el empleo fue por necesidad, pues un parado, con los tiempos que corren, pilla lo que sale, natural, y no porque no pueda con la empresa, faltaría más.
He ahí el asunto: en realidad Clemente está más crecido que nunca y, como el Capitán Trueno de Unai el más guay, montó un quilombo descomunal para concitar sobre sí todas las iras populares, retroalimentarlas y  dirigirlas al palco de El Molinón, descargando así de malos rollos y complejos a sus futbolistas, no en vano les está diciendo que siendo de segunda están jugando en Primera, luego bastante mérito tienen ya.
La catarsis
Las apariencias engañan. No. Clemente no ha tirado la cuchara, ni mucho menos sus métodos son del pleistoceno, sino que es un revisionista de la cosa, hasta el punto de que con el akelarre que ha levantado en Gijón busca una catarsis colectiva, una descarga descomunal que finalmente reactivará a sus muchachos.
Fíjense, si no, en el cachazas de José Luis Mendilibar, que tras ganar Osasuna en casa del Levante (0-2) en la trigésima jornada y alcanzar los 43 puntos, dijo aquello de “¡ya estamos salvados!, objetivo cumplido”. Los rojillos tomaron buena nota y cerraron el quiosco mental. Consecuencia: Osasuna, 1; Real Madrid, 5. Rayo Vallecano, 6; Osasuna saco goles, 0.
Si hubiera dicho: “Ahora, a por la Champions”, ¿habrían reaccionado de otra forma la tropa rojilla?
Otro ejemplo paradigmático es  nuestro simpar Marcelo Bielsa, que ha sabido mezclar sabiamente ciencia balompédica, orden, psicología y liturgia cristiana, con ese pacto con las monjas clarisas de Gernika, para sacarle un lustre tan deslumbrante al Athletic que aún estamos alucinando con tanta dicha. Si fuera poco lo del Schalke, que nos ha puesto a las puertas de la final de la Europa League, el equipo rojiblanco retomó ayer el buen rumbo liguero cuajando un magnífico partido ante el Sevilla, un rival que vino a San Mamés dispuesto a tutear al Athletic, y eso es digno de agradecer, más que nada porque permitió un encuentro de ida y vuelta, vicisitud que potencia las virtudes rojiblancas.
Bielsa, sin embargo, añadió una faceta prácticamente inédita de su abigarrado libreto. En cuanto pudo, preservó a sus hombres maltrechos por tanta batalla, y eso ocurrió en cuando el gran Llorente anotó su gol número quince en la Liga. Encarrilado el partido, el técnico argentino tomó la senda de la prudencia reforzando el centro del campo con la entrada de San José por De Marcos, apostando por el doble pivote, y ordenó además contener el brioso cabalgar de sus corceles, salvo los de refresco, Toquero e Ibai, y el desaforado Muniain. Cercano el final del encuentro, flotaba sobre San Mamés la duda metódica: ¿Nos empatarán en el último minuto? Más que los rezos de las monjas clarisas, el Athletic se pertrechó bien en defensa y supo aguantar los instantes finales con más cautela de la acostumbrada.
Unai el guay tomó buena nota. En breve saldrá una nueva edición de su libro, donde sobre todo quedarán recogidas las últimas hazañas de este Capitán Trueno, o cómo aleccioné yo solito al Valencia para frenar en seco al Madrid en el Bernabéu y poner la Liga patas arriba.

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