¡Ave Leo!, los que van a perder te saludan

Ave Lío, los que han perdido te saludan, y te felicitan, y hasta te dan las gracias por no apurar y anotar solo dos goles, y quedarte a uno del récord que ostenta el alemán Müller desde hace cuarenta años, porque será otro equipo, y no el Athletic, quien pase a la historia del fútbol adosado a la efemérides, la desorbitada cifra de 85 goles marcados en un año natural, pedazo de animal.
De esas trazas acabaron el partido los chicos de Marcelo Bielsa, saludando con galantería versallesca a los futbolistas azulgrana, como si hubieran disputado un partido amistoso, y no de fiera competición; como si antes de comenzar  tuvieran asumido como irremediable la tunda que les iba a caer encima, porque también es virtud de buen cristiano la resignación.
El universo entero pudo ver, jalear, maravillarse, extasiarse incluso del filigranero juego de los azulgranas, en grado sumo de inspiración. Se lo pasaron bomba los discípulos de Tito Vilanova pero, claro, quien pudo ver el esplendor en la hierba del Camp Nou también se preguntó: ¿y quién es ese rival tan flojo que permite con donaire semejante exhibición?
Un futbolero malayo con residencia en Kuala Lumpur que observó en directo el partido reconoció de inmediato al Athletic, aunque con asombro y sorpresa, pues tenía grabado en la memoria otro partido suyo de no hace mucho, en Old Trafford,  doblegando con poderío y formas exquisitas al Manchester United.
También los futboleros de aquí recuerdan aquel encuentro, y otros del estilo, y parece que han transcurrido cien años, o que era otro Athletic, y otros jugadores, quienes protagonizaron aquellos hechos.
Pero son los mismos, más o menos. Entonces la cuestión es: ¿por qué todo el mundo, comenzando por los propios jugadores, tenía asumido de antemano que el Athletic iba a perder, y además por paliza?
Es cierto que era el Barça, el mejor equipo del mundo, y también es cierto que hay complejo, porque en la pasada final de Copa ocurrió tanto de lo mismo. Pero hay algo más: el Athletic no transmite la ilusión de entonces, las ganas. Está bien que Marcelo Bielsa sea fiel a sus principios futbolísticos, pero de momento sus principios llevan al desastre, para felicidad de los grandes, como el Real Madrid quince días antes, cuyos jugadores también agradecieron planteamientos así, ideales para mostrar su poderío ofensivo.
El Athletic vuelve a ser el equipo más goleado de los veinte que componen la Primera División, y así no se va a ninguna parte que merezca la pena. Si el fútbol es un estado de ánimo, el Athletic reflejó en Barcelona entreguismo y claudicación. Simplemente, no creían.
Las explicaciones
Por eso los chicos intuyeron que iban derechos al matadero, a inmolarse para más gloria de Messi y el Barça, que pudo firmar con brillantez el mejor arranque de la competición liguera desde su fundación, con 13 victorias y un empate en 14 encuentros. Por eso felicitaron deportivamente al rival. En la imagen de arriba podemos ver el cálido abrazo de Fernando Llorente a Lionel Messi, o cómo Cesc Fàbregas se dispone a cruzar un efusivo saludo a Gorka Iraizoz, como debe ser.
Llorente jugó todo la segunda parte como alma en pena, al igual que todos los demás. Tuvo una, pero la falló. Probablemente esté presionado y deprimido por su condición de suplente. Son circunstancias del futbolista profesional y de la vida, que muchas veces viene dura. Me lo imagino cabreado y hasta cierto punto frustrado por su actual situación, pero no hasta el punto de olvidar los principios. Desde que el sindicato mundial de futbolistas (FIFPro) denunció que el Athletic chantajea al futbolista por no haber renovado su contrato, habló Bielsa desmintiendo rotundamente tal circunstancia, y lo mismo ha hecho el presidente Josu Urrutia, y sin embargo Llorente se refugia en un silencio sepulcral que invita a pensar que es así, que se siente chantajeado.
Quien calla otorga, y Llorente calla, luego otorga, porque si es mentira  ha perdido una oportunidad estupenda para librar al Athletic, su club, del oprobio de ser señalado ante la humanidad por ejercer la extorsión sobre una persona, intentando cercenar su libertad de elección, que la posee y en ello está. Pero mientras esté bajo contrato que cumpla, en el terreno de juego y fuera de él, porque ya es una cuestión de dignidad.
Desde el jueves ha dispuesto de tiempo suficiente para contar su verdad; vía twiter, a través del gabinete del prensa del club o de viva voz, que la tiene, y la usa, sobre todo para contar sus penas allende Euskadi.

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