Poquito, puntito, pasito

Ahora resulta que todo ese tiempo, tanto esfuerzo y reiteración de movimientos hasta asimilar aquellos automatismos futbolísticos no sirven para nada. Ahora lo que vale es el fútbol directo, la agresividad y el sentido práctico con el objetivo primordial de mantener la portería a cero. Berizzo además lo reconoce con naturalidad pasmosa, sin alterar el gesto y un evidente grado de satisfacción. Resulta que el Athletic igualó con el Valencia, otro equipo desnortado que sólo ha logrado una victoria en trece partidos disputados (diez en liga y tres en la Champions). Se enfrentaron en San Mamés los reyes del empate y no ganó ni perdió nadie por pura lógica cartesiana y satisfacción de Berizzo. “El Athletic dio un paso adelante”, dijo, aunque en puridad debía haber dicho un pasito, y hablando de pasitos sucede que hasta el equipo de Ziganda cumplida la décima jornada deambulaba igualmente, pero al menos lo hacía con más donaire y firmeza.
Sin embargo conviene de momento mirar el lado positivo de las cosas y atender el mensaje lanzado por el técnico argentino. Con su planteamiento, el Athletic ha conseguido que el contrario no le meta un gol por vez primera en lo que va de temporada, y aunque el punto sumado parezca raquítico, conviene resaltar que la zona de descenso se aleja otro poquito.
Puntito, pasito, poquito. Y así, de forma cadenciosa, sin estridencias, huyendo de las glorias, pero también de los alarmismos, se ha consumido un cuarto de liga con el personal desencantado y aturdido.
El 0-0 ha dejado por fin en buen lugar a Iñigo Martínez y Yuri Berchiche, los dos fichajes más caros en la historia del Athletic y sobre quienes Berizzo mantiene su total confianza por mucho que la pifien. Como todo el mundo sabe, el precio de un jugador, y más si el que compra es el Athletic, no implica que sea un portento balompédico, por razones obvias. En cambio el mejor fichaje de la temporada, y así se puede catalogar a Iker Muniain después de sobreponerse a esa grave lesión que le mantuvo casi inédito la pasada campaña, chupó banquillo hasta el minuto 80, cuando la ofensiva final del Athletic además de músculo requería sutileza y visión de la jugada. Muniain es también el goleador del equipo, y de largo con sus cuatro tantos, pero según parece al mocete navarro le penaliza su levedad corporal. Con el Berizzo de pelota al piso, presión adelantada, orden e imaginación, Muniain sería capitán general. Con el Berizzo actual, de prudencia sobrevenida, ese a quien el nuevo empate le ha “dejado satisfecho” y descubre de súbito a Mikel Rico, Muniain se cae del once titular.
¿Esto es un fraude o hablamos de sentido común, a pesar de los pesares?
A la espera de noticias, asombran sucedidos que acontecen por ahí, como la fiabilidad del Alavés, que tampoco tiene luminarias, o del Espanyol, el próximo rival del Athletic, cuyos jugadores sí han pillado a la primera el estilo propuesto por Rubi; y qué me dicen del Valladolid, recién ascendido y con el presupuesto más bajo de la categoría. Un equipo, sobre todo, necesita alma y un estado anímico con la fuerza suficiente como para contrarrestar las carencias.
El clásico ha sido otro ejemplo palmario. Sin Messi, el Barça trituró al Real Madrid, que cuajó una primera parte lamentable, únicamente tuvo diez minutos lúcidos tras el descanso, y donde sus figuras y referentes (Sergio Ramos, Isco, Bale…) ni aparecieron cuando más se les esperaba, frente al gran contrincante, mostrando toda esa grandeza que les llevó al club más laureado del mundo.
Julen Lopetegui sale mal parado de la empresa apenas 134 días después de saltar por los aires de otra, la selección española, que también dejó por la puerta de atrás seducido por el gigante blanco. Si entonces la RFEF le pagó cinco millones de indemnización por despido, el técnico vasco se podría embolsar del Real Madrid 18 millones de euros por lo mismo, es decir, que el hombre suma fracaso tras fracaso hasta la fortuna total, de tal modo que el muy taimado está en condiciones de comprar una enorme finca para criar vacas, dar la vuelta al globo en primera clase o montarse un plan de pensiones de campeonato.
Ernesto Valverde, en cambio, sale de la empresa aclamado por crítica y público, lo bien que gestionó la baja de Messi, y lo listo que estuvo en los cambios, sacando a Dembélé y recolocando al astuto Sergi Roberto. ¡Ay!, que tiempos aquellos, cuando Txingurri vivía por aquí…

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