Williams y la conjunción astral

Aquella arrogante frase sirvió a modo de epitafio para el sevillismo y causa de mucho jolgorio entre la hinchada del Athletic, pues que José María del Nido, a la sazón presidente del club andaluz, tuviera la ocurrencia de decir de vísperas que del león se iban a comer “desde la melena a la cola” acabó en franca indigestión. A punto de cumplirse diez años del trepidante partido, vuelta de semifinales de Copa, la feligresía ha sentido el mismo calambre. Entonces celebró que el Athletic volvía a clasificarse para una final 24 años después. Ayer notó un alivio descomunal. ¡El equipo está vivo!, y la pesadilla del descenso se desvanece al compás de la inmensa cabalgada de Iñaki Williams.
A modo de ligazón entre la histórica noche copera y la incandescente tarde de ayer asoma Joaquín Caparrós, hace una década entrenador del Athletic y ahora muñidor de “uno de los mejores equipos del mundo”, según catalogó Gaizka Garitano al Sevilla. Aunque suene a exagerado, tampoco le falta razón al técnico vizcaino, lo cual realza el lustre de un equipo que ha resucitado bajo su mando (11 puntos de 15 posibles) y a poco que espabile estará en condiciones de pelear por una plaza europea, y no es ninguna barbaridad. Del abismo se ha pasado a la esperanza, la hinchada ha recobrado la ilusión y por todo eso, que es bastante, el partido entra por derecho en los anales del club.
También conviene recordar ahora otra frase memorable: “Para mí, que habría dado mi vida por jugar un sólo partido con el Athletic, esto ha sido un sueño”, dijo Ibai sin apenas contener la emoción en su despedida rumbo al Alavés va para tres años. Su regreso realzó la emoción del partido, con la afición recibiendo con entusiasmo al jugador cuando sustituyó a Oskar de Marcos allá por el 65, veinte minutos antes de la portentosa exhibición física de Williams y el segundo gol que amarró la victoria.
Han pasado más de dos años desde el último tanto que marcó Williams en la catedral y tenía que ser ahora, en plena angustia, el día más necesario, cuando pone fin a su sorprendente mala racha.
Realmente hubo una conjunción astral. El poderoso Sevilla enfrente. Caparrós en el palco de San Mamés rememorando viejas batallas. Ibai Gómez de vuelta, feliz de la vida y proclamando a los cuatro vientos “su sentimiento por el Athletic”. Generoso, Ibai también ha dejado a la gente del Alavés la mar de contenta: han recibido un pico de millones por un futbolista que cumplía contrato el próximo verano y encima se va agradecido y repartiendo flores.
Antes del partido escucho al gran Dani a través de la radio quitarle importancia a la poca fortuna que tiene Williams con el gol cuando juega en casa. Al fin y al cabo, razona, sí lo consigue fuera y brega como el que más en bien del equipo. Bajo su discreta exigencia surge el gran temor: como el delantero bilbaino logre conjugar la velocidad del guepardo con el olfato de gol de, pongamos, Aduriz, se lo llevan.
Así que, por desgracia, hay que rezar para que los futbolistas rojiblancos sean buenos, ma non troppo, que antecedentes hay un buen puñado.
Por ejemplo, Fernando Llorente, aquel apolíneo delantero riojano que rechazó la “irrechazable” oferta del club hace cinco años, ahora está dispuesto a volver y Elizegi prepara el terreno lanzando un críptico mensaje a través de los medios del club. “La familia debe estar unida”, viene a decir el presidente, sabiendo de sobra que el hipotético fichaje de Llorente provocaría precisamente el efecto contrario.
Por esto ha sido también de suma importancia el triunfo sobre el Sevilla, que permite al Athletic alejarse del descenso, a sus jugadores recuperar la autoestima y a la hinchada mostrar con orgullo, más que nunca, sus señas de identidad, y alardear del mito de los once aldeanos, y paladear con fruición el sabor de jugadores comprometidos con la causa, verbigracia Ibai.
En definitiva, y por razones meramente deportivas, ya carece de sentido fichar al suplente del suplente en el Tottenham para ser suplente en el Athletic, encima hacerle un plan de pensiones a costa del socio y postergar a ¿Williams? ¿Aduriz? ¿Raúl García?, para hacerle un hueco.

El Real Madrid y los tópicos rotos

El Santiago Bernabéu vivió ayer un partido paradigmático, donde algunos tópicos saltaron por los aires. Otros no, como ese tan socorrido de a entrenador nuevo victoria segura. La Real Sociedad no ganaba en el coliseo blanco desde el 23 de mayo de 2004, y mira por donde catorce años y un montón de goleadas después Imanol Alguacil ha roto el ciclo desde su nueva atalaya, ejerciendo de revulsivo tras la destitución de Asier Garitano el pasado 26 de diciembre. Ojo al dato con el detalle, pues la directiva de la Real tuvo la elegancia de cesar al técnico guipuzcoano justo después de la Navidad, permitiéndole comer el turrón (otro tópico) en la paz de Dios.
Ahora bien, el madridismo ha salido de la refriega echando chispas de indignación y frotándose los ojos de puro asombro. De repente, uno de sus aliados más sólidos, la grey arbitral, se ha reído en sus mismísimos morros. Como saben, otro tópico inevitable proclama que el colegiado de turno en caso de duda siempre ha tenido una irrefrenable inclinación en volcar sus decisiones en favor del equipo blanco. Con la instauración del VAR se dijo que la consabida cantinela (así, así, así gana el Madrid…) pasaría al baúl de los recuerdos, pues si surge la incertidumbre ahí estaría el videoarbitraje para impartir serena justicia y terminar al fin con la tiranía. Pero lo que nadie pudo ni imaginar es que en fecha tan importante, con otra crisis gorda en puertas, se produjera el efecto contrario. Es decir, que se plantara tan gallardo en el Bernabéu el colegiado andaluz Munuera Montero, que pasó olímpicamente de consultar con el VAR dos penaltis de libro, a entender de los madridistas, sobre Sergio Ramos y Vinicius.
El personal la tomó contra el trencilla, por rumboso y descarado, alucinado de sufrir en propia carne lo que de forma cotidiana, año tras año, han padecido las hinchadas de sus rivales. Santiago Solari cuestionó el funcionamiento del VAR, natural, en vez de poner el énfasis en la decadencia de su equipo y su ineficacia para corregir la deriva. O sea que el colegiado Melero López, responsable del VAR, también se puso rumboso y descarado. “Munuera culpable, Melero cómplice”, clama la prensa madrileña a través de la red alimentando una teoría de la conspiración que irremediablemente mueve a la risa.
Con seis derrotas y tres empates, es decir, fallando en la mitad de los partidos, el Real Madrid se desmadeja y estamos a mitad de la temporada. A diez puntos del Barça, se puede decir que ya está descartado para la carrera por el título liguero, y no ha sido precisamente por un capricho del VAR.
Gaizka Garitano también debutó con victoria, más modesta eso sí, ante el Girona, y aunque desde entonces no ha perdido, tampoco ha vuelto a ganar, con lo cual el Athletic se mantiene congelado en el pozo de la clasificación mientras todos sus rivales (Real Sociedad, Leganés, Villarreal, Rayo Vallecano y hasta el Huesca) dan síntomas de reacción. Se puede decir que hay brotes verdes (cinco puntos de nueve posibles con el nuevo entrenador) y se puede añadir que el partido frente al Celta en Balaídos es clave para recuperar la moral de la tropa o alimentar soluciones desesperadas, y me estoy refiriendo a posibles refuerzos en el mercado invernal.
¿Ibai Gómez por cuatro millones, según se dice por ahí porque de súbito le quiere media Europa, cuando en junio acaba contrato y vendría, de venir, gratis?
¿Fernando Llorente?, suplente del suplente en el Tottenham, a punto de cumplir 34 años, que se fue del Athletic de manera ignominiosa y seguramente levantará ampollas entre la afición si finalmente se fragua su fichaje. ¡Ah!, que el otro día le marcó tres goles al potentísimo Tranmere Rovers, de la cuarta división inglesa, en un partido de Copa (0-7). Y encima sería previo pago de un dinero a los spurs, cuando el delantero riojano también acaba contrato con el club londinense al término de la presente temporada.
Se podría añadir que el mozo, en caso de regresar, lo haría oxigenado y poco zurrado dado lo poco que juega, y a lo mejor hasta tiene el detalle de cobrar el salario mínimo interprofesional para limar asperezas y fraguar la reconciliación.
Ganar en Vigo. La mejor terapia para huir de las tentaciones.

La traca final de Aitor Elizegi

Comenzó vacilante, que si hoy me presento, pero mañana no, al día siguiente quizá y más tarde, definitivamente, sí, como iluminado después de un sueño abrasador, y resulta que detrás del aparente desconcierto había un plan. Aitor Elizegi se multiplicó por diez, estuvo en todos los saraos mediáticos, fue soltando sus ideas cadenciosamente y al final tiró de traca, nombres propios. Gente del Athletic con más o menos categoría, pero reconocible y apreciada por el socio. Probablemente en esa exigua ventaja, los 85 votos de margen, tuvo mucho que ver la figura de Rafa Alkorta, convertido en la apuesta del nuevo presidente del Athletic para revitalizar Lezama (el eterno desiderátum) porque, aunque no tenga experiencia en la gestión, se crió en la fábrica y sabe de sobra de qué va este invento del fútbol. Alkorta, sobre todo, retrotrae al socio a un episodio fantástico de la historia rojiblanca. En estos tiempos donde la desafección (Llorente, Amorebieta, Javi Martínez, Herrera, Arrizabalaga…) carcome las esencias del club y lleva el desánimo y la melancolía al hincha, la memoria susurra que Rafa fue empujado a fichar por el Real Madrid muy a su pesar. El club más laureado del mundo, dinero, fama y títulos, y el chico, joder, empeñado a seguir por la senda de los once aldeanos. La leche.
Manolo Delgado… qué quieren que les diga: Asesor externo de una comisión deportiva formada por Ricardo Hernani, Óscar Beristain y Óscar Arce, anunció Elizegi. No se sabe muy bien qué es eso, pero creo que da igual. Manolo es un bilbaino al que le dio la gana de nacer en Alcázar de San Juan. Siempre de buen humor, contagia su bonhomía pero también sugiere felicidad. Nos retrotrae a los años de esplendor, cuando ejercía de preparador físico de aquel equipo ganador diseñado por Javier Clemente a comienzos de los ochenta.
Intuyo que hubo un factor psicológico en los comicios que orbitó en favor de Aitor Elizegi y en contra de Alberto Uribe-Echevarría por su condición de candidato continuista. El proceso electoral ha coincidido con un momento amargo, cuando el socio comienza a interiorizar que la eventualidad del descenso ha dejado de ser una entelequia para alzarse como una amenaza real. Y estos tiempos de zozobra están inevitablemente ligados, por injusto que parezca, a Josu Urrutia y los ha heredado Uribe-Echevarría.
Elizegi, con tan solo aportar buenas palabras y vender ilusión salió fortalecido a los ojos del votante. No es que hubiera un clamor por el cambio, pero sí expresión de hartazgo hacia una gestión que paradójicamente había sido respaldada por abrumadora mayoría dos meses antes, en la asamblea del club. Entonces Josu Urrutia recurrió al anuncio que supuestamente puso en el Times el explorador Ernest Shackleton ante su tercera incursión a la Antártida para reflejar de manera muy elocuente cuál fue su experiencia al mando de la nave rojiblanca y aventurando la procelosa singladura que le aguarda al sucesor.
Y a eso se ha lanzado Aitor Elizegi, que sin embargo apareció en las escalinatas de Ibaigane con el rostro iluminado, a punto de levitar de satisfacción por haber cumplido el sueño: ser presidente del Athletic, quizá el escalafón más alto al que se puede llegar en la sociedad bilbaina.
En vez de un viaje con mil penalidades, los primeros pasos del nuevo presidente sugieren todo lo contrario. Justo lo que el socio buscó con su voto: talante positivo y renovación.
Talante positivo tampoco le faltaba a Uribe-Echevarría, desde luego, ni capacidad, pero se le fue de las manos de puro confiado. Probablemente le faltó dar algún nombre sugerente y le sobraron consejeros, aquellos que dieron por sentado que solo con la inercia alcanzaría para encontrar el éxito.
Se fue Urrutia y sus luces de esplendor se difuminan ante las sombras que atenazan al Athletic. Ganó Elizegi, pero eso no cambia casi nada. Realmente, son malos tiempos para la lírica.

Tiempo para la frivolidad

A sus años y larga trayectoria futbolística, Aritz Aduriz ha decidido reinventarse. Con el personal conteniendo el aliento y el corazón palpitando aceleradamente de pura angustia, al mozo donostiarra no se le ocurre otra cosa que lanzar a lo panenka aquel penalti frente al Girona, en el último minuto, con todo lo que estaba en juego. El personal jaleó su ocurrencia comprobada la eficacia, aunque también juró por lo bajines, será posible. A la siguiente, el sábado contra el Valladolid, Aduriz tiró el penalti de una forma que no se analiza en los entrenamientos, ni tampoco se estudia en las escuelas futbolísticas, pues hay que estar muy sobrado, o ser un zascandil, para pegarla así, cuando el golpe magistral bien pudo acabar en ridículo espantoso desencadenado además la ira de la hinchada, que no tiene el cuerpo para frivolidades.
Así que un partido áspero, de picar piedra, estuvo a punto de pasar a los anales y ser recordado por los siglos por una genialidad, y sin embargo la sabrosura de lo que pudo ser dejó paso a lo que fue, un bofetón en todo el rostro del fatuo destino, que si estuvo lúcido con Aduriz finalmente acabó cabrón, con otro empate, el décimo, y en el último suspiro, que mantiene al Athletic sumido en la depresión.
Cumplida la decimoséptima jornada y con el parón navideño en marcha, resulta que solo el Huesca tiene menos victorias que el equipo rojiblanco. Resulta que sin gol, el fundamento que da la vida a este invento, no se va a ninguna parte, salvo a Segunda. Ocurre también que al amparo de la agonía el fin justifica los medios, un fútbol de patadón y tente tieso que no está sirviendo para sacarnos de pobres.
Ahora bien, tampoco es hora de invocar el Apocalipsis. Un somero repaso a la clasificación al amparo del repunte experimentado con Gaizka Garitano al mando nos puede dar otra perspectiva. Imagínense por un momento que el Athletic gana su próximo partido al Celta y la Real Sociedad, que tiene cita en el Bernabéu, pierde… ambos, rojiblancos y blanquiazules, estarían igualados en puntos, y parecía que los donostiarras poco menos paseaban por el parnaso.
Y además estamos en plena campaña, con los dos candidados contándonos cosas la mar de bonitas y dibujando un futuro prometedor, como es natural.
Antes, en el Athletic, las campañas se resolvían apostando por un entrenador a modo de estandarte. Pero ahora ambos apechugan con el que hay. Así que en la búsqueda de un sesgo diferenciador surgen dos argumentos recurrentes, la filosofía, que no se toca, aunque si uno ha nacido en Minnesota, tiene sentimiento y se le nota mirándole a los ojillos, podría valer, aventura Aitor Elizegi, y otra es la fábrica de Lezama. Un “referente mundial que vive el mejor momento de su historia”, proclama la plancha de Alberto Uribe-Echevarría. Una fruslería, destaca en cambio el equipo del contrincante, que para demostrarlo reparte un informe del CIES donde se concluye que la escuela del Athletic es la cantera número 37 de Europa, y sólo 32 canteranos de Lezama juegan en las “31 grandes ligas del continente”, frente a la del Ajax, que tiene 77, Dinamo de Kiev y Partizán, que le siguen en la lista. El informe no puntualiza que el Ajax recluta niños de todo el planeta, y el Athletic no, obviamente; ni tampoco cuáles son esas 31 grandes Ligas, o sea, que irremediablemente habría que incluir Georgia, Lituania o Kazajistán para llenar tanto bulto y donde probablemente se busquen la vida los chavales que se forjan en el Partizán, mientras los de Lezama van al Athletic o compiten en la liga española, un matiz elocuente. Aunque Urko Arroyo, uno de los nuestros, juega de extremo derecho en el Europa FC de Gibraltar. ¿Se incluye Gibraltar en esas 31 grandes ligas?
Coñas aparte, yo entiendo los esfuerzos que debe hacer Elizegi para luchar contra el establishment que representa Uribe-Echevarría, hasta el punto de imaginar una grada de animación coreografiada y donde lo más gordo que se pueda decir es mecachis. Hay que echarle imaginación, y hasta cuento, o colocar a un montañero corresponsable del área deportiva, por qué no, y hablar y hablar, a veces más de lo necesario, y oler a viento fresco y quizá aprovechar el hartazgo del socio.