Demagogias electorales

Como los resultados de forales y municipales en la demarcación eusko-autonómica —en Nafarroa, la vaina es otro cantar, ¿por qué será?— se parezcan un poquito a lo que avanzan las mil y una encuestas que hemos visto hasta la fecha, nos vamos a echar unas risas. O, bueno, depende del lado que se mire, serán unos llantos y unos crujires de dientes del copón de la baraja. Vaya bajón, oigan, que el pueblo soberano nos salga tan idiota como hasta la fecha y aumente las mayorías de los que tan penosamente lo vienen haciendo en las chopecientas instituciones que gobiernan.

Escribo, lógicamente, tirando de ironía, pero también llevado por el desconcierto de ver cómo partiduelos en serio peligro de extinción se propugnan como los salvadores de una ciudadanía que lo que les está diciendo voto a voto es que cambien o se hagan a un lado. Da entre pena y vergüenza que un PP cada vez más residual tenga los bemoles de llamar a rechazar los muros, como el conductor borracho que va por la autopista en sentido contrario ciscándose en los que circulan correctamente.

Y en la contraparte progresí, los otrora disputadores de la hegemonía que hoy se conforman con ser segundos y los nuevos prematuramente viejos, compitiendo entre sí por ver quién suelta la mayor demasía demagógica. Venga y dale contra las ciudades escaparate, los grandes eventos y las obras faraónicas, como si en las rojimoradas Madrid y Barcelona o en la Donostia del ahora reciclado Izagirre se hubiera renunciado a algún acontecimiento convertible en relieve y pasta. De Copenhague, la ciudad con una señora incineradora, como modelo medioambiental, mejor ni hablamos.

Un comentario sobre “Demagogias electorales”

  1. Hay un «dèja vu» muy interesante en el reto bildutarra al PNV sobre con quién va a pactar después del 26M. Me ha parecido ver a Arrimadas, y después Rivera, retándole a Pedro Sánchez a que dijera si iba a pactar con independentistas golpistas y nacionalistas después del 28A. Curioso la maní de decir lo que deben hacer los demás se ha extendido como la árgoma.
    ¿Tendrán los mismos asesores? ¿O es que igualmente prefieren no defender su programa?.
    Parece que todavía no se ha aprendido entre la clase asesora que las elecciones las pierde el que sólo critica al contrario y las gana quien mejor defiende lo que va a hacer él por la gente?
    A todos les digo: Yo, por lo menos, apoyaré el que me venda futuro, no descalificaciones. Y los resultados últimos avalan el que no soy yo solo al que le pasa eso.

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